...CRISTOPHER:...
Estaba estancado en Urla por un motivo demasiado importante, ese motivo me había hecho dirigirme al palacio con tanto afán, las noticias que habían llegado a mis manos eran alarmantes y me presenté de inmediato con el Rey Evans.
Llevaba quince años trabajando para ese hombre, no era solo uno, detrás de mí habían muchos hombres más, tantos que se me hacía difícil recordar la cantidad exacta y todos formaban una red secreta donde yo era el principal y el que se encargaba de llevar las noticias a Evans, era el único que estaba autorizado a acercarse al rey y el que movía todos los hilos de información en su equipo, yo era la cabeza y mis compañeros eran el cuerpo.
Hace unas semanas había llegado noticias de un ataque a un fuerte militar en la frontera con Perfi, habían incendiado el lugar en su totalidad y muchos soldados del reino vecino fueron asesinados, los responsables habían huido.
La razón por la que estaba estancado en Urla sin moverme era que esperaba noticias sobre el paradero de los vandalos y sus identidades, algo que si demoraba mucho podría volverse cada vez peor, necesitaba más información sobre los motivos de aquel ataque, estaba deseando que solo fueran unos rufianes sin otras causas más que la diversión por destruir cosas.
Alguien quería causar conflictos entre los reinos aliados y que volvieran a enemistarse, si el rey de Perfi era inteligente llegaría a la misma conclusión, pero si no lo era iba atribuir el ataque a Adalania, ya que el fuerte le pertenecía a él.
Eso fue lo que le mencioné al Rey Evans cuando estuve en su estudio, debíamos aclarar que aquel altercado no era por causa de él y la forma de hacerlo era atrapando a los culpables para demostrar que esos hombres no trabajaban para el reino.
El Rey Evans escribió una carta de inmediato a su aliado y me ordenó desplegar cada uno de mis hombres para investigar a esos rufianes.
De inmediato me había puesto en marcha, salí del estudio con mucha prisa, debía contactar a mi segundo al mando y el se encargaría de desplegar las instrucciones a cada hombre, todos teníamos contactos influyentes y no tardaría en que los nombres e identidades de los atacantes llegaran a mis manos y de esa forma podría casarlos, porque yo era quien los casaba.
De esa forma el Gobierno del Rey Evans se mantenía firme.
Mientras iba pensando en lo que debía hacer, con muchas ansias de cumplir con mi trabajo, terminé en el suelo gracias a alguien que se había atravesado en mi camino y me había hecho derribar, no me lo esperaba, de estar atento hubiese reaccionado a tiempo, pero con mi mente en mis obligaciones me distraje y allí estaba yo, en el suelo.
Mi sombrero había caído frente a la señorita con la que choqué, ella se quejó, haciendo un gesto de dolor, pero yo tenía prisa, recogí mi sombrero y me lo coloqué.
— Tenga más cuidado, señorita.
Me límite a decir aquello, en realidad no lo había planeado, me salió sin que lo evitara.
Me había marchado, no tenía tiempo para ayudarla a levantarse y no podía perder ni un segundo.
Pero sentía como si me estuviese observando detenidamente.
Terminé siguiendo mi camino sin notar mucho la apariencia de la mujer.
...****************...
Había aprendido a no llamar la atención de nadie, a no hacer ningún ruido, desaparecer sin ser visto y entrar a lugares con facilidad.
Como espía conocía cada ciudad, calle, callejón, caminos, bosque, desiertos y costas de Adalania, eso me permitía alternar rutas cuando necesitaba escapar, no dejaba rastro de mi presencia, pero había algo que me estaba haciendo fallar, alguien me estaba notando más de lo normal y se trataba de esa misma señorita con la choqué.
Me dirigí al teatro para calmar mis ansias, no estaba acostumbrado a esperar por un poco de información, siempre la recolectaba yo mismo, pero en ocasiones debía cederle esa labor a los demás espías cuando la distancia en la que se daban los hechos era muy larga y ese era el caso.
Aquella función de la noche me ayudaría a distraerme un poco y lo mejor es que tenía un pase privilegio para las primeras filas donde las personas eran más silenciosas.
Me senté en mi lugar y el telón no tardó en abrirse para dar comienzo a la obra, pero había algo diferente, había alguien junto a mí haciendo demasiado ruido y no pude tolerarlo, estaba lleno de estrés debido a la misión y eso provocó que mandara a silenciar a aquella persona.
De inmediato sentí una mirada evidente en la nueva compañera del asiento continuo, me estaba observando demasiado, seguramente con ganas de discutir por mi impertinencia y giré mis ojos con más intolerancia.
La mujer desvió sus ojos a la obra, estaba por hacer lo mismo, pero la reconocí.
Era la misma señorita con la que había chocado en el pasillo del palacio.
Me desconcertó hallarla de nuevo en el teatro.
No me molesté en darle una larga mirada a su rostro, ella también lo había hecho, así que dejé de lado la obra ¿Quién era ella? Si estaba en el palacio era alguien importante.
Su rostro era angelical, ojos azules y pestañas doradas, una nariz pequeña un poco levantada en la punta y sus labios pequeños pintados de rosa.
Al igual que su nariz, su labio superior estaba coquetamente levantado y era más grueso que el inferior.
Tenía cabello dorado, liso y recogido en una trenza que dejó sobre su hombro, el vestido que llevaba era muy fino, con mangas abombadas y cortas, de color celeste y escote que dejaba sus hombros y su pecho a la vista.
Me pareció muy hermosa, pero su rostro parecía adolescente.
Mi mirada no tuvo ninguna intención a parte de servirme para recordar, sentía que la había visto en otros momentos del pasado.
Noté que mi mirada la estaba poniendo nerviosa, lo sabía por su postura y sus manos clavadas en los reposa brazos, así que decidí volver mi atención a la obra, aunque no me concentré en lo absoluto en ella, no podía dejar de estar atentado a la señorita junto a mí.
Un personaje entró repentinamente a la obra, haciendo que ella se asustara, un manotazo estaba por dirigirse a mi rostro pero reaccioné rápidamente, tomándola de la muñeca, era tan delgada que la rodeé, estaba cálida.
Giró sus ojos hacia mi avergonzada, fingí estar enojado para ver su reacción, lo cierto es que aquello me hizo querer reír, esa señorita parecía muy torpe.
La solté, estaba sonrojada, pero algo le hizo cambiar de postura y me dió una mirada arrogante y altanera antes de volver su atención a la obra.
Recordé entonces quién era.
Aquella señorita era la hermana de la Reina Liliam, su nombre era Clara y eso es lo único que sabía.
Yo no investigaba cosas personales que no eran de mi incumbencia, si lo hacía era por orden del Rey Evans. Recordaba que había tenido muchas misiones de ese tipo, como cuándo me dirigí a Silon para investigar a la madre biológica del rey.
Ya conocía a la familia Cuper gracias a aquella vieja lista de deudores, yo había sido quien le dió los datos y direcciones de todos al Rey Evans, pero fue porque él así lo ordenó.
También había ayudado cuando los Doqui habían secuestrado a su prometida.
Entre tantas otras.
Del resto no era mi problema inmiscuir mi nariz en la familia del Rey Evans.
Sabía que aquellos encuentros no volverían a repetirse y era algo sin importancia en lo que no me iba detener a pensar.
Pasaron los días y volví a olvidar a la señorita torpe.
...****************...
Allí estaba, de nuevo frente a mí y en un lugar en el que menos pensaría en encontrarla, comencé a sentir curiosidad cuando se detuvo frente a mí, no comprendí aquella reacción de su parte.
— Usted.
Había dicho, su voz suave pero con carácter.
Haciendo que mis ojos se apartaran del libro en mis manos.
La impresión me dominó y me quedé observando, era ella, la misma señorita, con ropas más sencillas y moño descuidado, pero sin duda lo era.
Me observó con tanta firmeza, como si estuviera a punto de demandar una explicación.
Yo no había planeado aquel encuentro, esto era una sorpresa para mí también, pero al parecer lo estaba malinterpretando y tal vez pensaba que la estaba vigilando.
Yo no perdía mi tiempo y mis habilidades de rastreo para seguir mujeres, además, no tenía razones para hacerlo.
Ella me había visto en el palacio y seguramente conocía cuál era mi oficio, tal vez se estaba haciendo suposiciones equivocadas.
Aquella librería era la que solía frecuentar, había muy buenos libros allí y al parecer esa señorita estaba trabajando como ayudante y vendedora, era algo extraño que no terminaba de comprender.
¿Por qué una señorita de la realeza estaría trabajando en lugar como ese? No pude evitar sentir curiosidad y mientras guardaba mis libros volví a observarla, su belleza era angelical, no era un secreto que me gustaba apreciarla, sus manos se movían sutilmente tomando las piezas que dejé en el mostrador y luego guardando los libros.
Ambos fingimos no habernos visto anteriormente, esperé a que algo saliera de su boca, pero no hubo nada a parte de un buen deseo, mantuvo la formalidad y me entregó mis libros.
Al tomar la bolsa sus dedos me rozaron, eran tan cálidos que recorrió algo en el cuerpo.
Me desconcertó, pero decidí que era mejor mantener la distancia y eso significaba que no volvería a pisar la librería, no mientras la chica estuviera allí.
No era tímido con las damas, al contrario, era mi fuerte, pero sabía a que mujeres acercarme y a cuáles no, esa señorita entraba en la lista de los "no"
Pertenecía a la familia real y esa era una razón lo suficientemente fuerte para alejarme de ella.
Me dirigí al apartamento que usaba cuando estaba en la ciudad, pero me detuve en seco, antes de pensarlo estaba girando de nuevo hacia la librería.
Esta vez no entré, caminé hacia un callejón del otro lado de la calle y me quedé apostado cerca de la pared, dónde la oscuridad era tal que podía camuflajear mi presencia en las sombras, desde allí tenía una vista completa del lugar.
Sabía que faltaban como díez minutos para que la librería cerrara.
Esperé pacientemente, hasta que la puerta se abrió y la señorita salió de la librería, despidiéndose amablemente de los ancianos.
Supuse que un carruaje vendría a buscarla para llevarla al palacio, pero descarté la idea cuando empezó a caminar por la acera, fruncí el ceño, no comprendía lo que estaba haciendo, no aguanté la curiosidad y empecé a seguirla.
Mis pasos no se escuchaban en lo más mínimo, mantuve una distancia prudente y usé las sombras a mi favor, ocultando mi cuerpo rápidamente cuando hacía ademán de girar su cabeza para observar detrás de ella.
La calle estaba solitaria y los faroles creaban sombras de su cuerpo que yo solía evitar, pegando mi cuerpo a las paredes de los edificios.
Me sorprendió lo rápido que caminaba, era un andar lleno de prisa, en ocasiones parecía que iba correr, pero volvía a disminuir el paso, lo aumentaba cuando escuchaba un ruido que obviamente no provenía de mí, si no de alguna rata o un gato en uno de los callejones, un ebrio arrastrando su cuerpo en otra calle.
La mujer se detuvo, giró su cuerpo, salté rápidamente, escondiendo mi cuerpo tras una columna.
Me relajé cuando solo lo hizo para cruzar la calle.
Esperé cuando se detuvo frente a una puerta y la abrió.
Abrí mis ojos como platos cuando me percaté, me había guiado al edificio donde estaba mi apartamento.
Esperé un poco y entre seguido.
Escuché como las escaleras de madera se quejaban con sus pasos.
La señorita estaba subiendo, la seguí sigilosamente, pero con más rapidez y me llevó al tercer piso.
Escuché como la puerta se abría y llegué a tiempo para ver como se cerraba después de que entrara.
Caminé y me detuve en medio de las dos puertas.
¡ Esto ya no era una casualidad!
¡La señorita era mi vecina!
Bajé de nuevo al primer piso y toqué la puerta del casero, al principio no abrió, pero insistí.
— ¡ Un momento ! — Gritó el anciano con irritación, abrió la puerta y me observó soñoliento, pero despertó de inmediato — ¡Señor Vladimir, no noté que llegó de su viaje! ¿Cuándo regresó?
Había usado una de mis muchas identidades para rentar aquel apartamento, a los ojos del anciano yo era un científico que investigaba el clima y por eso me ausentaba en viajes de exploración.
— Eso no importa, noté que el apartamento frente al mío ya fue ocupado — Fuí directo al grano, el anciano sonrió de una forma que no comprendí.
— Ah, tiene curiosidad por la señorita que lo rento.
— Si, es simple curiosidad.
— Hace dos semanas lo rento, su nombre es Marian Roster, es lo único que sé aparte de que es muy puntual con los pagos.
¿Marian Roster? Había mentido, pero en seguida supe la razón, estaba protegiendo su verdadera identidad, algo muy común en los nobles.
Me alejé sin decir más nada.
— Ah, no le gusta el ruido, me preguntó si su apartamento estaba ocupado y me dijo que no le gustaban los vecinos ruidosos, así que asegúrese de no hacer mucho — El anciano volvió a su apartamento, aquello del ruido no tenía sentido, pero tal vez a la señorita le agradaba el silencio como a mí, el viejo siguió hablando — Es muy bonita por cierto, ya debería ser hora de que usted tenga esposa.
Lo fulminé con la mirada, viejo metiche ¿Cómo se atrevía a insinuar semejante cosa? Ese no era su problema.
Cerró la puerta rápidamente al notar mi mirada.
Volví a mi piso y observé la puerta frente a mí.
— Después de tantos encuentros llenos de casualidad y ahora resulta que es tu vecina — Dije con ironía.
¿Por qué se habrá mudado del palacio?
No era mi problema, pero la curiosidad me carcomía.
Entré en mi apartamento, después de cambiar mis ropas y asearme tomé uno de los libros.
Empecé a leer acostado en la cama.
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Updated 68 Episodes
Comments
Carmen Juarez
Medio aburrido nada qué ver con los otros anteriores
2025-01-26
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Tinmey
Nooooo, no es sacerdote , hay que leer bien.
2025-01-09
0
MARGARITA ❤️❤️
jajajajajajaja me lo imaginé cuando Clara se mudo al apartamento que otro era del espía. Acertado /Smile/
2025-01-10
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