NEVAL, PUEBLO RECIÉN NACIDO

...CRISTOPHER:...

No era primera vez que viajaba a Perfi, pero ya era costumbre detenerme en las ruinas y elevar una plegaria a las almas caídas durante la guerra, lo hacía siempre en mi idioma natal, era una forma de rendirle tributo a todas las personas inocentes y también a los soldados, todos por igual.

Antes de que la guerra estallara solía vivir en una de las muchas comunidades extintas. La mayoría de los poblados de Perfi eran tradicionales y su idioma ancestral se conservó hasta que acabaron con ellas, mataron, violaron, saquearon e incendiaron los pueblos. Solo quedó el silencio después de los gritos y las tierras vacías.

Era inevitable sentir dolor, la tierra donde nací ya no existía, las personas que amé murieron, no me quedaba nada en Perfi, únicamente los amargos recuerdos.

Me quedé en silencio todo el camino restante, pero cuando divisé la gran muralla de piedra que dividía los grandes territorios ordené a la Señorita Clara que preparara sus documentos.

El carruaje se detuvo y bajamos con nuestras valijas en mano.

Las murallas eran tan altas que parecían tocar las nubes, la Señorita Clara sostuvo su sombrero para poder elevar su rostro, era imponente, era inevitable no sentirse pequeño ante la majestuosidad de la muralla.

Recordaba que antes de la guerra esos muros no existían, solo había una enorme grieta de varios metros para marcar los límites, pero el rey anterior de Perfi decidió un día que quería reclamar Adalania como suya, lo único que consiguió fue la miseria de ambos reinos.

Había muchos guardias de Perfi cerca de la enorme puerta de la muralla, había muchos vigilando desde las torres que se elevaban a ambos lados del camino.

Uno de los guardias se acercó, su uniforme negro con dorado estaba impecable, noté que su mano estaba posada en el pomo de su espada amarrada al cinto en su cintura.

— Buenas tardes — Gruñó el hombre, observando a ambos detenidamente — Supongo que desean cruzar.

— Buenas tardes, si, somos turistas — Dije, el hombre estrechó sus ojos, tenía instrucciones de facilitar nuestra entrada, al parecer aún no me había reconocido, se suponía que al mencionar la palabra "turistas" sabría cuál era mi propósito al entrar a Perfi.

Recé para que no fuese un dolor en el trasero.

— Supongo que si desean entrar tienen sus documentos de identidad y salvoconductos — Extendió su mano hacia nosotros.

— Firmados y sellados por el Rey Evans.

Le entregué mis documentos sin objetar, los revisó detalladamente y luego me los devolvió, su mirada había cambiado y supe que ya se había percatado.

Tomó los de la Señorita Clara y también los revisó.

Me hizo un gesto después de devolverlos y me acerqué.

Quería hablar conmigo de forma discreta y en privado.

— El Rey Alfonso nos ha dado instrucciones de dejarlo pasar — Susurró y asentí con la cabeza, observó a Clara quién parecía curiosa por nuestra conversación, pero giró su cabeza de nuevo a las murallas — No mencionó nada de una acompañante ¿Quién es la señorita?

Me debatí entre dejar que el soldado prohibiera su entrada y ayudar a que la dejaran crusar.

No me gustó la idea de dejarla sola a su suerte, si había llegado hasta acá con ella no la iba dejar sola.

— La señorita me ayudará en mi misión, fue un cambio de último momento y por eso no se le informó de que vendría acompañado.

— ¿Y el cochero? — Señaló con la mirada al hombre sobre el carruaje.

— Lo alquilé para que nos trajera hasta acá.

El soldado asintió y se alejó, volví con la señorita Clara.

— ¡Abran la puerta! — Ordenó el sargento y los hombres apostados a cada lado de la puerta, tiraron de las palancas ancladas al suelo.

Las puertas empezaron a elevarse.

— Adelante Señorita Clara — Ondeé mi mano cuando se quedó paralizada.

Me daba la impresión de que aquella señorita no había salido nunca de su apartamento y que apenas estaba descubriendo el mundo.

Asintió con la cabeza y caminó de forma esbelta, a prisa.

La seguí y entramos en Perfi.

...****************...

Del otro lado también habían dos torres, pero el camino estaba desolado.

— ¿A dónde vamos ahora ? — Preguntó la señorita.

— Tendremos que caminar unos minutos, cerca de aquí hay un establecimiento donde alquilan carruajes e iremos al punto de encuentro.

— ¿Punto de encuentro? ¿Dónde es eso?

— Quedamos en que no haría preguntas y debe recordar que me va obedecer en todo, sin objetar — Le recordé y elevó la esquina de su labio superior en disgusto.

— De acuerdo — Gruñó, me acerqué para tomar su valija, pero se alejó bruscamente.

No comprendía su comportamiento, en ocasiones era tan asustadiza con mis acercamientos, en otros era valiente y mayormente reaccionaba de forma agresiva.

— Déjeme ayudarla con su valija.

Me observó con orgullo y elevó su barbilla de esa forma tan altanera.

— Yo puedo sola, no necesito ayuda.

Sonreí — De acuerdo, en marcha.

No insistí y empecé a caminar después de hacer un gesto a los guardias apostados allí.

Con el otoño la caminata era fresca, la brisa nos envolvía y las hojas naranja, amarilla y café se arrastraban y llenaban el camino, dándole mucho color.

Perfi era precioso y me alegraba que sus paisajes no se vieron afectados por la guerra, seguían como siempre.

Allí también había ruinas.

— Solo serán unos pocos minutos.

Estaba dejando atrás a la Señorita Clara, a pesar de la frescura estaba agotada, pero comprendía que era por el largo viaje, yo tambien estaba agotado y deseaba dormir en una cama cálida y cómoda, pero debía atender mis asuntos apenas llegara al pueblo donde se llevaría a cabo el primer encuentro, afortunadamente tenía unas cuatro horas más para llegar, gracias al Creador me alcanzó el tiempo para estar en Perfi el día de la primera reunión.

La Señorita Clara tomó una bocanada de aire, si dejara el orgullo a un lado no estaría cargando con esa valija tan pesada.

Me detuve para beber un poco de agua de la cantimplora que colgaba de mi pecho.

Ella suspiró pesadamente, aprovechando para descansar, se sentó sobre su valija y me observó beber agua, noté que su boca estaba seca.

Tenía sed.

No iba darle agua hasta que me pidiera. No lo hacía por ser malvado, quería que ella fuese un poco más educada conmigo.

Cerré la cantimplora y frunció el ceño.

— ¿Quería agua? — Pregunté con un gesto de disculpa.

— No.

— Sigamos entonces.

Empecé a marchar de nuevo y ella se levantó a prisa con furia en su mirada.

Llegamos al pequeño establecimiento, se trataba de una pequeña cabaña a orillas de camino, con muchas filas de carruaje aparcados afuera.

También había un enorme corral dónde estaban los caballos.

— ¿Por qué no alquila dos caballos?

Observé a la Señorita Clara con confusión.

— ¿Usted sabe montar?

Me fulminó con esos ojos azules que me encantaban por completo.

— Por supuesto, aprendí desde muy pequeña.

— Eso es extraño, las mujeres no montan a caballo.

Resopló — Claro, es obvio que diría algo tan machista como eso... Debería cambiar esa forma de pensar, las cosas son diferentes ahora, las mujeres podemos hacer de todo, ya no hay límites.

— Ya nos estamos en Adalania — Le recordé — Aquí todo sigue siendo igual, no quiero llamar la atención de nadie y usted cabalgando atraería muchas miradas.

— Teme que yo sea mucho mejor que usted, por eso se niega — Alardeó con sonrisa arrogante, solté una risa sarcástica.

— Eso es demasiado gracioso.

Su sonrisa se borró — Algún día le demostraré que mi cabalgata puede superar la de cualquier hombre, eso incluye la suya.

Mi mente no pudo evitar pensar en otro tipo de cabalgata, una dónde su cuerpo desnudo estuviera sobre el mío, domando con movimientos masculinidad.

Sentí un hormigueo recorrer directo a mi entrepiernas.

Obviamente ella no estaba pensando lo mismo.

Alejé mi vista de la señorita, definitivamente me estaba volviendo loco.

Me acerqué al establecimiento y toqué la puerta.

Un anciano salió.

— Necesito alquilar un carruaje hacia Neval.

— Ah, perfecto, justo tenemos a un cochero disponible que se dirige hacia allá ¿No le molesta compartir el carruaje?

— No, no me molesta — Dije, no tenía tiempo para esperar otro cochero.

El anciano gritó un nombre y me alejé a esperar.

La señorita volvió a sentarse sobre su valija y se cruzó de brazos.

Nos tocó compartir el carruaje con otra pareja joven y no tuve más remedio que sentarme junto a mi compañera de viaje, para agravar el problema el carruaje era el pequeño y nuestros cuerpos estaban completamente pegados a los costados.

La Señorita Clara estaba sonrojada y callada, observando por la ventanilla, evitando girar su atención a mí.

La incomodidad se agravó cuando la pareja en el asiento de enfrente empezaron a besarse y abrazarse sin importarles nuestra presencia.

Noté el gesto de repulsión de la Señorita Clara mientras ambos amantes se devoraban las bocas como si estuvieran hambrientos.

Me concentré en los campos, había muchas ovejas pastando a lo lejos.

Del otro lado, la Señorita Clara observaba un lago en medio de dos colinas y la emoción brilló en sus ojos de diamantes.

Empezó a bostezar.

— Al llegar a Neval iremos a una posada, así podrá descansar — Murmuré y me observó desde el borde de su sombrero.

— Muchas gracias — Sonrió débilmente, le devolví la sonrisa.

La pareja frente a nosotros había dejado de besarse y nos observaban, sobre todo la mujer, se le había corrido la pintura labial y se estaba limpiando con una servilleta.

Era escandalosamente burgal, llevaba un vestido que apretaba sus senos hacia arriba, el escote hacía parecer que con un solo movimiento terminarían afuera.

El hombre junto a ella parecía más respetable, de trajes finos y era mucho mayor que la mujer.

Mis años leyendo a las personas me hicieron adivinar que no eran una pareja de casados, la mujer era una cortesana y aquel hombre de seguro estaba casado y se había fugado para aventurar con la dama.

No era mi asunto, pero no podía evitar entretenerme con eso en el aburrido viaje.

— ¿Ustedes son esposos? — La cortesana nos observó curiosa, la Señorita Clara la ignoró completamente y siguió observando por la ventanilla.

La mujer la observé con desdén a no obtener un gesto educado de parte de mi compañera.

Giró sus ojos hacia mí y pareció encontrarse con un exquisito postre, lo que afirmaba mi suposición, su mirada descarada recorrió mi rostro completo, mis hombros y mis piernas, como si estuviera evaluando a su próximo cliente.

Pero yo no estaba interesado.

Me percaté de que llevaba casi tres meses en abstinencia, tal vez eso explicaba mis fantasías con la Señorita Clara, con todos mis asuntos no había tenido tiempo y en el poco tiempo libre me distraje con mi compañera de viaje.

Debí haber aprovechado mi estancia en Urla para buscar alivio, en plena misión no podía permitir esas distracciones, pero lo cierto es que no estaba desesperado y tal vez podría sobrellevarlo hasta que terminara la misión.

Casi me sobresalto al percatarme que no sentía necesidad de pagar por una cortesana para aliviar mis necesidades masculinas, de hecho con ninguna mujer.

Jamás me había ocurrido en el pasado.

Observé a la Señorita Clara de nuevo, a excepción de ella.

Ni pensar en ponerle una mano encima, había sido una locura traer a la hermana de la reina a escondidas a una peligrosa misión y eso era grave.

No iba seguir hundiendo mi cuerpo en el barro.

Una señorita fugada y aparte mancillada me dejaría como el peor de los sujetos, me costaría mi puesto, mi honor y mi vida.

No me seguí preocupando, confiaba en que mi ansiedad se aliviara con la adrenalina de la misión, iba estar tan ocupado que olvidaría aquel asunto.

Me iba encargar de mantener a la Señorita Clara alejada.

— Somos recién casados — Corté para detener las pretensiones de la cortesana.

La mujer alzó las cejas.

— El mejor momento de una relación son los primeros meses.

¿Cómo si ella lo supiera? Obviamente estaba guardando apariencias, incluso tomó la mano del hombre, pero tal vez se refería únicamente al lecho.

Clara le dió otra mirada desdeñosa, sin preocuparse en ser discreta.

La carcajada insinuante del hombre le hizo acentuar su disgusto.

— Mi mujer y yo somos muy activos — El hombre guiñó un ojo a la cortesana, ésta se sonrojó.

Volvieron a enfrascarse en los besos.

Llegamos a Neval.

El carruaje se detuvo en la entrada del pueblo después de pasar por un puente en arco.

Bajamos primero, la Señorita Clara con más prisa.

Entramos por el umbral.

El pueblo de Neval era casi nuevo, las edificaciones eran de piedra y tejas con chimeneas en los techos.

La calle era amplia y poco circulada.

El pueblo era tranquilo y caminé por la calle para dirigirme a la posada más corriente.

La adorable pareja de supuestos esposos tomaron otro callejón, aún riendo.

— ¡Qué corrientes esos dos! — La Señorita Clara parecía querer vomitar.

— No eran una pareja, es una cortesana y un hombre que seguramente está casado.

— ¡Pero qué descaro, la esposa tal vez éste en su casa confiada mientras el hombre se revuelca con esa prostituta! — Enrojeció de la indignación.

— La mayoría de los matrimonios son así.

— ¡Con más razón no quiero casarme!

Me sorprendió lo que dijo, todas las señoritas soñaban con casarse, aunque eso explicaba muchas cosas.

— ¡Es qué se le notaba por encima lo fácil que es esa mujercita, parecía que que quería lanzarse sobre usted!

Alcé mis cejas ¿A caso estaba celosa?

Notó mi mirada y cambió de expresión.

— ¿A dónde vamos ahora?

— A la posada para que descanse.

— ¿Usted también va descansar?

— No, yo tengo asuntos que atender.

No preguntó más.

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Comments

Yeli Martinez

Yeli Martinez

es lo que ocurre cuando pasa la gerra

2025-03-14

0

Yeli Martinez

Yeli Martinez

a carai y yo que dije

2025-03-14

0

Yeli Martinez

Yeli Martinez

🤣🤣🤣 si eres malvado

2025-03-14

0

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Capítulos
1 MI ILUSIÓN
2 DECIDIDA POR UN SUEÑO
3 DESASTROSA VISITA AL TEATRO
4 MI NUEVA VIDA
5 UNA VEZ MÁS.
6 EL MISTERIOSO ESPÍA
7 JUEGO DE NOTAS
8 REENCUENTRO EN LA CELEBRACIÓN
9 EBRIEDAD Y LOCURA
10 DESASTROSA IMPRESIÓN
11 ORGULLO
12 IDEA NEFASTA
13 PODER DE CONVENCIMIENTO
14 CONDENADO
15 VIAJE A UN MUNDO NUEVO
16 NEVAL, PUEBLO RECIÉN NACIDO
17 LOS TRUCOS DEL ESPÍA
18 ENCUENTRO
19 SENSACIONES INDESCRIPTIBLES
20 TENTACIÓN PROHIBIDA
21 PREGUNTAS Y RESPUESTAS
22 PERSECUCIÓN
23 DECISIÓN IRREVERSIBLE
24 LECCIONES DE BESOS
25 SIN DESPEDIDA
26 SOSPECHA SITUACIÓN
27 CAMINOS SEPARADOS
28 AHOGADO EN EL DOLOR
29 PREOCUPACIÓN
30 DÍAS LARGOS
31 ATAQUE O SEÑUELO
32 MISIÓN CONCLUIDA
33 A MILÉSIMAS DE ENCONTRARSE
34 ENCUENTRO ANHELADO
35 DETRÁS DEL ARBUSTO
36 A ESCONDIDAS
37 VISITA EN LA LIBRERÍA
38 DESCUBIERTOS
39 DAR Y RECIBIR
40 SORPRESAS DE LA VIDA
41 NO QUIERO ALEJARME
42 CONFESIONES QUE SANAN
43 SOLO TU COMPAÑÍA
44 REGRESO A MI ANTIGUA VIDA
45 LA ÚLTIMA GOTA
46 ALMA ABIERTA
47 ESPERANZA
48 REVELACIÓN
49 INSEGURIDADES
50 LA FAMILIA CRECE
51 UNA NOCHE ESPECIAL
52 GIROS DEL DESTINO
53 LA VIDA NO ES UN CUENTO DE HADAS
54 VENGANZA SIN SENTIDO
55 CONSPIRACIÓN
56 ESCAPATORIA
57 DESGRACIADAS TRAMPAS
58 JUEGO SUCIO
59 PLAN EN MARCHA
60 CONTRAATACAR
61 BATALLA A MUERTE
62 NO ES TIEMPO PARA PARTIR
63 DESPERTAR
64 CAMBIAR DE VIDA
65 AYUDANDO A RECUPERAR
66 DIGNO DE SU AMOR
67 REMEMORANDO
68 HOGAR DULCE HOGAR
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Updated 68 Episodes

1
MI ILUSIÓN
2
DECIDIDA POR UN SUEÑO
3
DESASTROSA VISITA AL TEATRO
4
MI NUEVA VIDA
5
UNA VEZ MÁS.
6
EL MISTERIOSO ESPÍA
7
JUEGO DE NOTAS
8
REENCUENTRO EN LA CELEBRACIÓN
9
EBRIEDAD Y LOCURA
10
DESASTROSA IMPRESIÓN
11
ORGULLO
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IDEA NEFASTA
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PODER DE CONVENCIMIENTO
14
CONDENADO
15
VIAJE A UN MUNDO NUEVO
16
NEVAL, PUEBLO RECIÉN NACIDO
17
LOS TRUCOS DEL ESPÍA
18
ENCUENTRO
19
SENSACIONES INDESCRIPTIBLES
20
TENTACIÓN PROHIBIDA
21
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
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PERSECUCIÓN
23
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24
LECCIONES DE BESOS
25
SIN DESPEDIDA
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SOSPECHA SITUACIÓN
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LA VIDA NO ES UN CUENTO DE HADAS
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