...CLARA:...
Ya tenía diecinueve años, esperando que mi confusión se aclarara, pero no hubo un cambio y Eidan no había hecho ningún movimiento para cambiar nuestra amistad por una relación romántica.
No quería lastimarlo de ninguna forma, aunque lo evitara no podría lograr que no sintiera dolor al enterarse de lo que estaba apunto de hacer, había llegado el momento de tomar mi propio camino y lamentablemente Eidan no estaba incluído, siempre lo vería como mi amigo, lo quería mucho, pero no podía estar a su lado de la forma que él quería.
Acompañé a Liliam al jardín para plantearle mi decisión, ya era momento de desplegar mis alas de casa, a pesar de ser mayor de edad aún no me sabía valer por mi misma y eso me hacía sentir como una inútil, me arrepentía de no haber ayudado a Sandra cuando se quedó a cargo de los trabajos de la hacienda, eso me hubiese dado un poco de experiencia y más fuerzas, debí actuar y ser más considerada con mi hermana, también me habría ayudado a que mi padre no me viera como una debilucha que no servía para nada, nunca me lo había dicho pero lo sentía en cada poco trato y abandono, jamás intentó sacarme de mi habitación, no se preocupó en lo que me estaba sucediendo, solo le importaron sus negocios mientras yo me consumía.
Mi relación con él no había cambiado mucho en los cuatro años, pero al menos podía mantener una conversación sin querer sacarle en cara las malas decisiones que había tomado en el pasado y que ensuciaron la buena imagen que tenía de él como padre.
Ahora la distancia había aumentado, estaba enfrascado en sus asuntos, casi no venía al palacio y yo evitaba ir a la hacienda porque sinceramente allí no me quedaba nada que valiera la pena.
Bebimos té en la mesita de hierro, mientras Eveli perseguía una mariposa por el jardín, sus cabellos negros rizados volaban detrás de ella, era la viva imagen del Rey Evans, aunque la diferencia eran los ojos oscuros, esos eran de Liliam.
Mi hermana ya estaba esperando su segundo hijo, pero seguía tan hermosa y radiante, la mayoría del tiempo utilizaba pantalones, pero con su nuevo embarazo tuvo que volver a los vestidos.
Aquella moda de los pantalones se veía más en las mujeres del reinado, aunque todavía eran pocas las que se atrevían a semejante cambio, yo era una de las que seguía usando vestidos.
Mi hermana se había convertido en un ejemplo a seguir, no solamente por su forma de vestir, desde que llegó al trono generó mucha controversia por sus ideas revolucionarias que favorecían a las mujeres y ahora la presencia femenina se imponía de igual forma que la masculina, en el mismo palacio se veía el cambio, en la filas del ejército se veían muchas mujeres con sus propios uniformes.
Y gracias a ella podría lograr lo que quería, publicar un libro no sería problema con las nuevas leyes protegiendo mis derechos.
— Estás muy pensativa — Dijo Liliam, sacándome de mis pensamientos.
— Tengo algo que debo decirte — Dije, después de dejar la taza sobre el plato.
Mi hermana no había oído ese tono tan firme en mí.
— ¿Sucedió algo con Eidan? — Se tensó de inmediato.
— No, él no tiene nada que ver con lo que me inquieta.
Eidan no era responsable de mis decisiones, pero se había convertido en algo que estaba allí como mi apoyo y mi amigo, pero que no formaría parte de mi vida como un esposo.
— ¿Qué sucede? — Alzó sus cejas.
— Quería informarte que he tomado una decisión, quiero vivir aparte — Dije y su expresión pasó a ser desconcertante.
— ¿Te sientes mal aquí?
— No, me encanta el palacio, estar contigo y mi sobrina, pero quisiera emprender mi propio camino — Traté de que sonara lo más suave posible, no quería que se lo tomara mal — Me gusta escribir, ya tengo un manuscrito, deseo publicarlo, pero también me gustaría vivir sola, tener mi propio espacio para seguir mi escritura y tal vez conseguir un trabajo para cubrir mis gastos.
Su expresión se aligeró, me tomó la mano y sonrió débilmente.
— Me parece un buena idea, te apoyo, me alegra que tengas sueños que cumplir y que quieras ser independiente.
— Muchas gracias Liliam, sabía que lo entenderías — Me alegré.
— ¿Quieres qué te ayude a buscar un buen lugar?
Negué con la cabeza — Descuida hermana, tengo todo listo, renté un apartamento aquí en la ciudad con parte de los ahorros de las piezas que mi padre me ha dado y con eso cubriré los primeros meses de renta y comida mientras encuentro un trabajo.
Se sorprendió — Veo que tu decisión es firme.
— Sí, lo es.
— ¿Ya le dijiste a Eidan? — Preguntó ella, mi sonrisa se borró y frunció el ceño.
— No, aún no se lo digo, hablaré con él luego — Dije un poco insegura.
— ¿ Estás segura de qué no sucede algo con Eidan? — Insistió preocupada — ¿Rompió la promesa que me hizo?
— No, a pesar de que ya soy mayor de edad no se ha tomado atrevimientos conmigo, él no hará nada que yo no apruebe, Eidan ha sido el mejor y único amigo que he tenido — Suspiré, sintiéndome tan culpable conmigo misma.
— ¿Pero? — Ella arqueó las cejas.
Todos estaban convencidos de que yo terminaría casada con Eidan, con un buen título de princesa, incluso Naya, también era mi amiga, pero en ella veía la ilusión que yo siempre quise, estaba casi segura de que Naya sentía algo por Eidan, siempre fuí buena para deducir la atracción en los demás.
Aquella habilidad también me hacía sospechar de que mi padre tenía algo con la Señora Heady.
— De adolescente estaba convencida de que mi destino era Eidan y todo lo que quería era cumplir la mayoría de edad para poder estar a su lado — Dije y mi hermana solo se limitó a observarme con detenimiento — Pero, no me esperaba que mis sentimientos y mis deseos cambiaran completamente, veo a Eidan como un amigo, pero no siento lo que debería sentir si lo amara, no sé lo que sucede, ha sido tan bueno conmigo que no me explico esa ausencia en mí — Empecé a soltar lágrimas silenciosas.
— No llores hermana, esto no es tu culpa, el corazón no elige — Me limpió las lágrimas de mis mejillas — Es una pena, todos estábamos ilusionados con la idea de verlos casados, pero si no estás segura no debes hacerlo.
— Me siento tan mal, siempre soñé con esto, Eidan era para mí el amor de mi vida... Tal vez con lo que me sucedió con ese soldado tenga algo que ver...
— No, eso no es así, hermana — Gruñó en desacuerdo, abrió su boca para seguir hablando pero Eveli se acercó para tomar una galleta, mi sobrina me observó con curiosidad y preocupación.
— Tía ¿Estás triste? — Preguntó mientras apoyaba sus manos de mis piernas.
— Tal vez un poco, es porque voy a mudarme — Dije y frunció sus labios en un gesto de desilusión.
— ¿Por qué te vas?
— Porque quiero cumplir un sueño...
— ¿Vendrás a visitarme? — Preguntó con su voz de dulce y chillona.
La cargué, se sentó en mis piernas.
— Por supuesto que sí, no voy a dejar de venir, necesito serciorarme de que te estés portando bien — La abracé y se rió.
— Yo si me porto bien... ¿Verdad mamá?— Se quejó ella.
— Sí, muy bien — Liliam me guiñó un ojo.
Empecé a hacerle cosquillas a mi sobrina.
— Reunión de chicas sin mi permiso — Dijo Eidan mientras se reía, apareciendo por sorpresa en el jardín.
Eidan seguía siendo muy guapo, aunque se había hecho un cambio en su cabello, ahora lo usaba corto, rozando su frente y llevaba un traje celeste.
Me tensé, todas nos quedamos en silencio.
— ¿A caso estaban hablando mal de mí? ¿Por qué ese silencio? — Preguntó burlón, acercándose para robar una galleta del plato.
— No, no eres el centro de atención — Me burlé de la misma forma, elevó una ceja mientras masticaba el trozo de galleta.
— Estaban secreteando, a mí no me engañan, ni siquiera tú Eveli — Tomó a mi sobrina, elevándola y girando a la pequeña, las carcajadas infantes llenaron el jardín.
— ¡ Tío, bájame! — Dijo entre risas.
— La harás vomitar — Se quejó Liliam.
— Lo siento mi reina — Se disculpó Eidan, dejando a la pequeña de nuevo en el suelo — Es que me encanta ser un tío divertido.
— Si, eres muy divertido — Se rió Eveli mientras tiraba del brazo de Eidan para intentar derribarlo.
— El puesto de tío bufón ya lo tienes — Me burlé de nuevo.
— Y el de la tía amargada es para tí — Contraatacó.
— Mi tía no es amargada, es muy divertida — Eveli cruzó sus pequeños brazos.
— Solo con los niños, cuando crezca conocerás la verdadera Clara, es todo un mounstro — Dijo Eidan como si fuera un secreto, lo fulminé con la mirada.
— No, ella me quiere, mamá eso no es cierto — Eveli hizo una rabieta, corriendo hacia Liliam, se aferró a ella.
— No no lo es, no le creas a tu tío bromista y Eidan, deja decir esas cosas frente a la niña — Liliam también lo fulminó con la mirada.
— De acuerdo, estaba bromeando, Clara es un amor — Me observó de forma intensa.
— Mi tía se irá pero vendrá de visita — Dijo Eveli y me tensé, Eidan se quedó confundido y me observó.
— ¿Irás a visitar a Sandra o a tu padre?
Liliam apretó su boca en una línea, nos observabamos por un instante.
— No, Eidan, me voy definitivamente, rente un apartamento y me mudaré mañana — Dije con la barbilla elevada.
— ¿Qué? — Jadeó, tan desconcertado — ¿Cuándo pensabas decirme?
— ¡ No tengo porque hacerlo, no somos pareja ! — Gruñí y se estremeció, me arrepentí de hablar de ese modo, a veces se me salían las palabras sin poder controlarlo, cuando me molestaba lo hacía sin pensar, lastimando y enfureciendo a los que se las dirigía, era mi gran defecto, pero con los años había corregido un poco aquello.
Me dí cuenta de que responder altanera eran puros berrinches que no solucionaban nada, estar a la defensiva siempre únicamente lograba el disgusto de los demás hacia mí.
Ni hablar de mis pasados choques con el Rey Evans, ahora me daba vergüenza recordar mis desastrosas escenas que me dejaron como una adolescente rebelde en lugar de una chica sensata, era cierto que en un principio no me agradaba ese hombre tan autoritario e intimidante, menos para mi hermana, por él estuvo en peligro de muerte.
Aún seguía tratando de que hallarle atributos que no fueran físicos, pero debía aceptar que era un esposo y un padre ejemplar.
— ¡ Pues muchas gracias por dejarme por fuera en esto ! — Gruñó Eidan, devolviendo mi mente al ahora.
Me levanté de la silla y me acerqué a él.
— Hablemos en privado en la biblioteca.
Apretó su mandíbula, pero aceptó.
— Está bien, faltó el "por favor" pero acepto.
Nos marchamos del jardín y entramos en el palacio.
...****************...
Llegamos a la biblioteca, Eidan me dejó entrar primero y luego cerró la puerta.
Caminé hacia la mesa, entrelazando mis manos y tomé aire, lo que vendría sería difícil para ambos.
— ¿Por qué quieres irte? — Preguntó desconcertado, lo enfrente y suspiré antes de hablar.
— Quiero independizarse, necesito cumplir mis propios sueños, me di cuenta de que no tengo nada propio, siempre he dependido de los demás y ahora que soy mayor de edad me siento preparada para hacerlo, escribí unos manuscritos y quiero publicarlos — Dije mientras lo evaluaba detenidamente.
— Guao, Clara eso está excelente — Sonrió acercándose y me tomó las manos — Espero de todo corazón que logres lo que quieres.
— Gracias, muchas gracias Eidan.
— Quisiera visitarte en tu nuevo hogar cuando gustes ¿Dónde vivirás?
Me quedé en silencio un momento.
— Eidan, aún hay otra cosa — Dije, tensa, notó que mis manos estaban sudando y se preocupó.
— ¿Por qué estás nerviosa?
— Al irme no solamente me estoy yendo a cumplir un sueño, estoy cambiando mi futuro Eidan, yo te quiero mucho y eres mi único amigo, pero no creo estar preparada para comprometerme contigo... No..
Hizo un gesto de despreocupación, tocó mis mejillas.
— Descuida, cuando te sientas segura yo estaré aquí para tí Clara, sé que ahora tu prioridad son tus sueños de escritora — Besó mi frente — No te preocupes.
Me separé y negué con la cabeza, se desconcertó.
— Todavía no comprendes lo que quiero decir — Dije frustrada, empecé a sentir como mis ojos ardían.
— No hay nada que comprender, tienes derecho a soñar y no voy a cortar tus alas.
— Eidan, no me voy a comprometer contigo — Sollocé, se quedó quieto, sin ninguna expresión, el brillo de dolor se asomó en sus ojos pero con un parpadeo se había ido.
— ¿Estás segura de eso?
— Llevo mucho tiempo pensándolo y es una decisión firme — Tragué mi nudo.
— De acuerdo Clara, si es lo que quieres no me voy a oponer — Suspiró, tragando con fuerza — Siempre supe muy en el fondo que solo veías en mi a un amigo, no quería verlo, pero estaba allí.
— Eidan, lo siento tanto, perdóname por esto — Me acerqué y lo abracé.
— Descuida, no es tu culpa, debes prometer que seguiremos siendo amigos y no te olvidarás de mí — Dijo, sonriendo, fingiendo que no le estaba doliendo, lo conocía muy bien para saberlo.
— Lo prometo, te escribiré la dirección de mi apartamento para que vayas a visitarme — Busqué en la mesa un trozo de papel, siempre dejaba mis materiales sobre la mesa, escribí la dirección después e untar la pluma con tinta.
Le entregué la nota a Eidan, él la tomó pensativo, se acercó y me abrazó con tanta fuerza.
Solté más lágrimas, odiaba romperle el corazón.
— Tranquila, estás haciendo bien, estás eligiendo tus sueños y eso es lo que importa — Dijo contra mi oído.
— Te quiero mucho ¿Lo sabes?
— Sí lo sé, yo también te quiero mi pequeña gruñona.
...****************...
Salí de la biblioteca para preparar mis pertenencias y mudarme a mi nuevo apartamento, pero aún envuelta en mis pensamientos y en lo que había dejado concluido en la biblioteca.
Las decisiones eran duras y horribles, no había vuelta atrás y lo único que me quedaba era cumplir con lo que soñaba, por ahora el amor estaba tachado de mi lista de sueños frustrados, tal vez había forzado, queriendo sentir lo que mis hermanas sentían y me había apresurado a querer eso con Eidan.
Estaba distraída y quería mudarme ya, estaba ansiosa también por ir a la editorial más conocida de Urla y presentar mi manuscrito, ese sería el comienzo, una vez lo entregara, comenzaría otro.
Crucé el pasillo hacia el vestíbulo pero alguien me golpeó con tanta fuerza que caí al suelo, golpeando fuertemente mis rodillas.
Solté un quejido seguido de una maldición en alto.
El sujeto con el que había chocado también estaba a mi lado, habíamos tropezado y gracias al cruce no lo había visto.
Un sombrero negro aterrizó en el mármol pulido junto a mi.
Me quedé quejándome, ocupada en el dolor de mis rodillas que no me enfoqué en el hombre junto a mí.
Una mano pálida se extendió hasta el sombrero y de dedos lleno de cicatrices.
Elevé mi mirada.
Aquel hombre también tenía el rostro tan blanco que parecía haberse expuesto al hielo y las sombras por largo tiempo.
Sus ojos giraron hacia mí, eran grises, un color que en cualquier otra persona hubiese pasado desapercibido, pero su piel blanca le daban un aspecto sobrenatural.
Tenía el cabello tan negro como el de Evans, se le había despeinado con la caída.
Fué solo un segundo, recogió su sombrero y se levantó con agilidad.
Llevaba una capa oscura, una camisa oscura con pantalones negros y botas trenzadas negras.
Sacudió su sombrero como si el suelo estuviera sucio y se lo colocó con elegancia, cubriendo su cabello de nuevo.
Lo siguiente que supuse que haría por educación sería ayudarme a levantarme.
— Tenga más cuidado, señorita — Dijo con un tono misterioso y sin observarme.
Empezó a caminar de nuevo, alejándose tan rápido que me quedé sin asimilar nada hasta que la punta de la capa desapareció por la esquina.
Me levanté, dando tumbos y enojada por semejante desfachatez.
¿Quién era aquel sujeto tan maleducado?
Recordé que lo había visto solo un par de veces en el palacio en todos estos años y por eso no lo recordaba, siempre aparecieron y desapareciendo de esa forma.
Mis pensamientos no duraron mucho tiempo cuando recordé que debía empacar y olvidé lo sucedido por un instante.
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Comments
MARGARITA ❤️❤️
Ahhh ya le llamo la atención el espía que trabaja para el Rey Evans..., pensé que se enamoraría del príncipe Eiden....
2025-01-10
1
indira avila
mejor ahora a que se haga más ilusiones 🧐
2024-10-29
2
Yeli Martinez
lo bueno es q salio de su depresión.
el padre es de lo peor
2024-10-21
1