...CLARA:...
Rente un pequeño apartamento en una zona sencilla de la ciudad, no podía darme el lujo de derrochar mis ahorros en algo más costoso y prestigioso, aunque el lujo en realidad no me importaba y al llegar a mi nuevo hogar me sentí muy conforme. Se trataba de un edificio pequeño de cuatro pisos con fachada de piedra y ventanas pequeñas, aunque había uno que otro balcón, recé para que me tocara un apartamento con balcón.
Aunque yo no conocía la ciudad había llegado hasta allí cuando le pregunté a uno de los guardias sobre algún espacio en alquiler y me guió hasta ese lugar.
Todavía no conocía el espacio, cuando estuve en aquel lugar por primera vez solamente hablé con el casero, un hombre anciano demasiado amable, no puso muchas objeciones cuando le pagué tres meses por adelantado y aceptó en seguida, firmé el contrato con otro nombre, Marian Roster, un apellido común de soltera, no quería que se supiera mi verdadera identidad y mi parentesco con la realeza, quería mi vida sencilla y normal, no quería atraer a extraños curiosos de conocer a la hermana de la reina, tampoco formar habladurías que pusieran en riesgo la reputación de Liliam.
El anciano me guió hasta el tercer piso y entregó la llave después de abrir y ayudarme con las valijas, al frente de mi puerta había otra puerta, era la única en el piso.
— Disculpe ¿Ese apartamento está ocupado? — Pregunté antes de que se fuera.
— Sí ¿Por qué la pregunta? — Se llenó de curiosidad.
— Es que no me agrada el ruido y no quisiera tener un vecino ruidoso — Me excusé con esa tontería, el anciano me dió una mirada de que ese no era su problema.
— No, descuide, el inquilino de ese apartamento no duerme allí casi nunca, si no me pagara puntual ya lo hubiese desocupado — Gruñó y me relajé, lo menos que quería era un extraño tratando de socializar con la nueva inquilina.
Me relajé de nuevo, sintiéndome cómoda.
Agradecí por su ayuda y entré al apartamento.
Cerré mis ojos por un momento y respiré.
Al abrirlos me agradó lo que se encontró con mis ojos, el apartamento a pesar de ser pequeño era muy acogedor, lo había rentado equipado. Había una pequeña sala con muebles de cuero bastante sencillos, al lado había una ventana grande que daba al balcón y aplaudí.
Del otro lado de la pared estaba la cocina, con estufa y chimenea de hierro, una mesa en el medio y alacenas de madera en la pared.
Las revisé, tendría que volver a salir para comprar algunos víveres.
Caminé hacia la puerta, arrastrando la valija con mis ropas y me encontré con una pequeña habitación, una cama de fundas grises bastante pequeña, solo había un armario y un espejo en la pared.
Empecé a desempacar y a guardar mi ropa en el armario cuando una cucaracha salió volando y aterrizó en mi brazo, grité tan fuerte y la golpeé, aproveché que cayó al suelo para pisar fuertemente con mi tacón el asqueroso bicho, me crispó cuando escuché el crujido.
Me imaginé muchas más de dónde salió esa trepando por mi cuerpo mientras dormía, empecé a sentir miedo de nuevo, pero me detuve, me di una bofetada después de resoplar. Era una estupidez, yo no era una niña, era una adulta y no debía preocuparme por estupideces, tendría cosas más importantes a las que enfrentarme, como ocuparme del mantenimiento del apartamento, de cocinar, lavar mi ropa y trabajar al mismo tiempo, aprender a andar por las calles sin un carruaje con cochero experto en direcciones que le guiara, entre otras cosas más.
De pensar en eso me daba dolor de cabeza, pero registre el baño y no me tranquilice en lo absoluto, la bañera estaba sucia, al igual que el retrete y el lavabo, más tarde tendría que limpiarlo y desinfectarlo bien antes de usarlo.
Al menos había agua y estaba limpia.
Cuando salí de nuevo me observé al espejo en la pared, aún parecía de quince, aunque mi altura había aumentado, era la más alta de mis hermanas ahora y mis senos también estaban más grandes, mi rostro todavía era angelical.
— No eres una niña, eres una adulta independiente — Me dije después de sonreír y elevar mi barbilla — Le demostraré a mi padre que puedo ser útil y que puedo valer por mi misma.
Aún no era del todo independiente, cuando empezara a ganar piezas por mi cuenta lo sería, estaba usando piezas que me habían dado por varios motivos, cumpleaños, celebraciones entre otros.
Necesitaba conseguir un trabajo con rapidez.
Volví a la sala y empecé a sacar los libros de mi otra valija, dejé mi manuscrito sobre la mesa y también mis materiales de escritura, iría a la editorial mañana, aunque sabía la ubicación exacta del lugar no sabía cómo llegar desde mi ubicación actual, me tranquilice, preguntaría a cualquier persona.
No iba desanimarme por esas sandeces.
Apile los libros en una repisa contra la pared, era demasiados así que dejé la mitad en la valija y la arrimé a una esquina.
Recordaba que desde que aprendí a leer no había soltado los libros, me gustaba los mundos en esas páginas, pero me percaté de que mi obsesión por los libros me había alejado del mundo real, me dediqué tanto a eso que no me preocupé por lo que sucedía a mi alrededor, no siquiera cuando caímos en la pobreza quise entrar al mundo real, seguí leyendo, ignorando a todos a mi alrededor, hasta que el choque con la realidad había sido tan horrible y traumático que corrí a encerrarme, me convencí de que mi único alivio era los libros y me aferré más a ellos, me dieron un respiro, pero no me estaban ayudando a superar mi trauma, ahora leía por entretenimiento, pero sabía cuándo parar para vivir en mi verdadero mundo.
Tendría que seguir enfrentando mi miedo al mundo y a las personas.
Mi nueva vida acababa de empezar y abrí la ventana para salir al balcón, la vista era grandiosa, desde allí podía ver parte de la ciudad, también las torres del palacio y las montañas de los campos.
Mi despedida no fue tardía, la quise así, Eidan había sido el más efusivo, me dió tantos abrazos y me prometió venir a visitarme, mi sobrina me hizo jurar que iría a visitarla muy seguido y mi hermana me deseó mucha suerte.
Eso me hizo recordar que no había tenido tiempo de avisarle a Sandra, pero le escribiría una carta poniéndola al tanto, sería una sorpresa también para ella, estaba haciendo algo que la anterior Clara no se hubiese atrevido a llevar a cabo y nadie se lo esperó.
Observé hacia un lado, el balcón del otro apartamento tenía unas plantas, algunas estaban secas y otras llenas de maleza en sus propias macetas.
¿Para qué tener plantas si no iban a cuidarlas?
Volví adentro y busqué unas monedas para salir a comprar comida, las coloqué un mi pequeño monedero. Me cambié de ropa por un vestido más sencillo de mangas largas y botones hasta el cuello de color gris, con botas trenzadas de cuero café.
Salí del edificio, afortunadamente había una tienda de víveres en la calle del frente y no tuve necesidad de alejarme.
Me sentí extraña al caminar sola, como si estuviera vulnerable, pero afortunadamente las personas que caminaban no notaron mi presencia y tomé confianza.
Entré a la tienda.
...****************...
De nuevo en el apartamento.
Estaba agotada, había cargado tres bolsas grandes repletas de comida, me dolían los brazos.
En el camino me habían ofrecido ayuda muchos hombres, pero me negué en seguida, más cuando insistieron más de dos veces, sentí la inseguridad y me imaginé dejando entrar a uno de esos desconocidos a mi apartamento, dónde nadie podría auxiliarme si me atacaban y me negué tan bruscamente que se apartaron murmurando cosas que no alcancé a oír.
Bebí un poco de agua después de limpiar todos aquellos utensilios, no sabía quién había vivido allí anteriormente, pero el polvo en los cubiertos, platos y vasos me indicó que había pasado mucho tiempo sin ser usados por nadie.
Revisé la estufa, compré cerillos y queroseno, afortunadamente ya había suficiente madera cortada y apilada en el suelo.
Era la primera vez que encendería una estufa, pero para ser mi primer intento lo logré rápidamente porque había observado a mis hermanas hacerlo.
Aplaudí de nuevo, riendo.
Coloqué una olla al fuego con agua.
Compré un pollo limpio y lo coloqué en la olla.
Empecé a picar las zanahorias, estaban muy duras y me costó un poco, eso sí lo había hecho.
Cocinar no era tan difícil, aunque yo solamente sabía cocinar unos tres platos diferentes, pero recordé que tenía un libro de recetas y con eso aprendería ampliar mi escasa habilidad.
Maldije en alto cuando me corté, solté el cuchillo y observé mi mano, pero el lugar de llorar, me reí, dolía, pero la sensación que daba era gratificante, no era el corte en sí que me alegraba, si no que era mi primera marca haciendo una obligación y eso me hacía sentir que estaba siendo útil.
Me coloqué un bálsamo y vendé la herida.
Después de cocinar me senté a comer mi pollo guisado con pan, satisfecha por lo delicioso que había quedado me lo acabé en poco tiempo.
Lo siguiente en mis tareas era limpiar el baño, no me agradó mucho como cocinar, aunque al terminar me habían salido unas ampollas en las manos de tanto restregar y dolían más que la cortada.
Ésta vez no sonreí, me entraron ganas de llorar de culpa. Muchas veces había notado las manos de Sandra, hinchadas y llenas de ampollas que algunas veces se rompían y empeoraban, no me detuve a pensar, no la ayudé y fuí muy desconsiderada, jamás pedí disculpas por eso.
Terminé sollozando, todo esto me lo merecía por mala hermana.
Debí ayudarla, fuí egoísta.
Me calmé, estaba tan agotada, pero tomé un largo baño que me ayudó a tranquilizarme.
Me preparé para dormir, usé un blusón y me llevé un libro a la cama.
Era cómoda, pero estaba fría.
Empecé a leer, pero no logré llegar la segunda página cuando caí rendida.
Empecé a soñar con unos recuerdos, mis encuentros desastrosos con ese hombre llegaron, una y otra vez repitiéndose como una pesadilla, el rostro de ese hombre aparecía para abrumar mi consciencia, su rostro de aire fantasmal, tan pálido, pero tan atractivo y misterioso.
"Tenga más cuidado, señorita" Su voz sensual se repetía en eco junto con sus expresiones de irritación, enojo e indiferencia.
Abrí mis ojos como platos y la extraña habitación me asustó por un momento, empecé a respirar con fuerza, pero recordé que ese era mi nuevo hogar y me calmé, pero lo que si me hizo dar un salto fueron esos sueños.
Me sentí avergonzada de mi propia mente y de mis torpezas con ese hombre, pero recordé que él me había mandado a callar y la vergüenza se convirtió en irritación, debí contestarle groseramente, pero de la impresión no había podido hacerlo.
Después de salir del teatro ese hombre había desaparecido, no se veía ni en el vestíbulo, ni en el salón donde Naya me había convencido de tomar un cóctel, pero solo fue uno, había muchos hombres observando y me salí de aquel salón cuando uno se intentó acercar a hablarme, convencí a Naya de que me acompañara a la salida, únicamente había aceptado su invitación para ver si me encontraba de nuevo con el espía y así podría contestarle como se lo merecía, pero no estaba y todo había resultado tan incómodo que no duré ni diez minutos en ese lugar.
Naya no sabía que mi forma de actuar tan atemorizada se debía a un trauma y se terminó burlando de mí por mi actitud.
Sacudí mi cabeza.
Era imposible que me encontrara a ese sujeto de nuevo, menos ahora que no vivía en el palacio, así que debía dar por olvidado aquellos insignificantes encuentros con el desconocido, ya que no volverían a repetirse.
Me preparé un rápido desayuno, pan tostado con mermelada y café.
Me vestí con mis ropas más finas, un vestido de escote en los hombros con bordados de rosas en la falda color crema.
Arreglé mi cabello, dejándolo suelto, pero con mi rostro descubierto, colocando una peineta en la parte superior y como último toque me maquillé.
Tomé mi manuscrito y salí, rumbo a la editorial.
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Updated 68 Episodes
Comments
Yeli Martinez
a Sandra le fue peor y a la mayor ufs pero a ella le gustaba a Sandra no y llevar una finca casa, trabajadores no fue fácil para ella
2025-03-13
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Yeli Martinez
y como te odie por eso.
2025-03-13
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Mel G.
Eso niña, precavida ante todo 👏🏻👏🏻
2024-12-24
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