...CLARA:...
El Señor Cristopher se apartó, algunas plumas quedaron en su rostro y empezó a estornudar enrojecido.
Me cubrí la boca, apenada por mi reacción.
— Lo siento... Déjeme ayudar... — Tartamudeé, tratando de acercarme cuando se cubrió el rostro para seguir estornudando y alejándose.
— ¿Qué rayos le ocurre? ¿Por qué me golpeó con eso? — Gruñó después de sacudirse las plumas, tenía los ojos aflojados y la naríz roja, me observó un poco enojado después de estornudar de nuevo.
Me sonrojé de la vergüenza.
— Lo siento, fue un impulso, no debió acercarse así — Dije y volvió a estornudar.
— Es irracional que reaccione así, yo no iba hacerle nada — Se alejó caminando, me contuve de ir tras él, pero me estaba distrayendo de mi trabajo, así que seguí en mis labores.
Después de terminar salí de los pasillos, observando disimuladamente a todas partes, pero no encontré al espía.
— Esos libros están verdaderamente sucios — Dijo el librero tras el mostrador, estaba soltando carcajadas — Acaba salir un cliente con una alergia fatal.
— Ya terminé de limpiarlos.
La anciana apareció con una bandeja llena de tazas con chocolate caliente.
— Señorita, tenga, tome chocolate antes de irse — Dijo y la tomé después de agradecer.
Bebí de mi chocolate.
Después de terminar de organizar otras cosas, me despedí de ambos y salí del trabajo, empecé a caminar por la acera.
— Señorita Clara — Dijo alguien detrás de mí y grité, empecé a correr, pero me tomó del brazo, me percaté de que era el espía — Es usted muy asustadiza.
Elevé mi mirada, bajo la luz de los faroles sus ojos se escondían en la sombra de su cabello.
— ¿Cómo quiere que no me asuste si aparece de la nada? — Me zafé de su agarre — Ya deje de seguirme.
— La acompañaré hasta su apartamento, yo también me dirijo al mío y como somos vecinos, aprovechemos de hacernos compañía — No preguntó, solo impuso.
— Oiga, no quiero su compañía, se andar sola — Gruñí y me alejé por la acera, pero me siguió.
— Debería ser más condescendiente conmigo, usted me atacó con ese plumero, me provocó una alergia de la que aún no me recupero, lo mínimo que debe hacer es tratarme con cortesía — Dijo como si fuera la víctima, le faltó llorar y resoplé.
— Usted me mandó una nota, lo menos que debe recibir es un plumero en el rostro.
— Dejemos eso en el pasado.
Seguimos caminando.
— No tengo la capacidad de olvidar — Mi caminar era abrupto, lleno de agresividad, levantando mi falda para poder andar rápido, pero ese hombre podía mantener mi marcha sin hacer ningún ruido, en cambio mis zapatillas chocaban contra la piedra, haciendo eco en las calles solitarias.
— Es usted una rencorosa.
Lo observé por encima del hombro.
— Usted es muy molesto.
Caminé más rápido, pero algo me hizo tropezar y caí.
Unas manos en mi cintura me libraron de un golpe fatal. Estaban tan cálidas, me apoyé de sus brazos para tomar equilibrio, noté que eran firmes, duros.
— También puedo ser su protector — Dijo con sus ojos en mí.
Esa frase me provocó otra ola de escalofríos.
Me alejé — Yo no necesito que me protejan, puedo valer por mi misma sin ayuda de nadie, menos de los hombres.
— De eso no tengo duda.
El resto del camino estuvimos en silencio, no pude hacer que dejara de seguirme, así que me resigné.
Llegamos al apartamento y tuve la desgracia de encontrar al casero afuera, barriendo el pasillo, al vernos llegar juntos dejó de barrer y nos observó con enorme curiosidad.
— Señorita Marian, Señor Vladimir, buenas noches — Dijo, con ganas de alargar el encuentro.
No respondí.
— Buenas noches — Dijo el espía.
— Veo que ya se están entendiendo como vecinos — Sonrió de una forma insinuante.
— Claro — Cortó el espía.
— El Señor Vladimir es muy buena persona Señorita Marian — El casero dirigió sus ojos hacia mí.
— Eso no es de mi incumbencia, buenas noches.
Empecé a subir las escaleras.
— Es bastante impetuosa — Alcancé a oír al casero.
El espía no respondió, observé por encima de mi hombro, estaba detrás de mí, siguiéndome en silencio.
Llegué al pasillo y caminé directo a mi puerta sin tomarme la molestia de despedirme.
Saqué la llave de mi bolso.
— Señorita Clara — El idiota estaba de pie frente a su puerta.
— ¿Ahora qué quiere? — Gruñí.
— Dentro de tres días me iré a Perfi — Avisó con rostro serio y me quedé indiferente.
— ¿Y eso qué?
Se tensó ante mi respuesta.
— No volverá a verme por mucho tiempo o tal vez nunca, así que ya no tendrá que arrojarme objetos y atacarme con un plumero sucio — Dijo burlón y apreté mi boca en una línea — Solo quería despedirme.
— Espero que le vaya bien — Sonó más seco de lo que pensé.
— Muchas gracias.
Abrí la puerta y entré, sin alargar la despedida más de lo necesario.
Caminé ida hacia la sala y me dejé caer en el sillón.
La noticia me había dejado en un extraño estado de desánimo.
Mi vida volvería a la normalidad, ya no más encuentros con el espías, ni discusiones, ni ataques.
Eso era diferente y me entretenía, pero se había terminado.
Observé mis hojas en blanco.
Tampoco tendría la ayuda que necesitaba para escribir mi historia de misterio, debía aceptar que me hacía falta.
Perfi, siempre me había dado curiosidad visitar ese reino, era diferente, había más estaciones y era mucho más grande que Adalania. Había leído un libro donde describían que aquel reino estaba lleno de diversos paisajes, hermosos.
Otra loca idea me surgió, pero me tomé mucho tiempo para pensarla bien y decidirme.
...CRISTOPHER:...
La señorita cerró la puerta, no tenía nada de tacto, no fue cortés y no mostró el mínimo interés en mi despedida, pero para mi sorpresa me gustó mucho más su forma de ser.
En otro momento hubiese mostrado el mismo desprecio a una dama como ella, yo no toleraba el desdén en las mujeres.
Pero esa chica me encantaba tal cual.
Lástima que debía irme a cumplir mis obligaciones.
Entré a mi habitación y me preparé para dormir.
Caí rendido sobre la cama, estaba tan agotado.
Pero un ruido me sacó del sueño de inmediato, al principio me pareció parte de mi sueño, pero volvió a oírse, estaban tocando la puerta.
Eso era extraño.
Estaba completamente desnudo, me coloqué un albornoz y fui por mi espada.
La tomé y me dirigí calladamente hacia la sala.
Tal vez algún enemigo encontró mi posición y estaba tendiendo una trampa, era típico. Alguien tocaba la puerta y cuando abriera el ataque hacia mí sería rápido, pero hasta un novato se librería de caer en esa trampa tan absurda.
Llegué a la puerta y coloqué mi oído contra la madera, quité el seguro con tanta lentitud que no hizo ningún ruido y luego tomé la perilla, con la otra mano elevé mi espada.
— Señor Cristopher, se que no son horas de molestar, pero necesito hacerle una propuesta — No me esperaba eso, esa voz era de la Señorita Clara.
Tenía que estar soñando.
No podía salir de mi asombro.
Aventé la espada hacia la funda en la silla. No había nadie que pudiera superarme en ese truco, la espada entró a la funda sin hacer el menor ruido, había asombrado a muchos con eso, pero sobre todo a las damas.
Me arrepentí de no abrir la puerta antes de hacer mi truco, me serviría mucho para impresionar a la Señorita Clara.
¿Quería impresionar?
Abrí la puerta después de peinarme el cabello y acomodar mi albornoz, me debatí si era buena idea recibirla llevando solamente una bata, pero no me preocupé.
¿Una propuesta? Empecé a hacer especulaciones, tal vez esa propuesta implicaba que mi quitara el albornoz, mi miembro se endureció de solo pensar en saborear aquellos labios, pero me concentré y en seguida negué la posibilidad.
Esa señorita era demasiado agresiva cuando se trataba de las malas intenciones, solo una mente retorcida como la mía imaginaba una cosa que implicara a ella queriendo que la tocara y estaba lejos de ser real.
Abrí, el albornoz era largo y de tela gruesa, solo mis pies descalzos se mostraban, así que no había posibilidad de que notara que debajo estaba desnudo.
La señorita tomó una postura erguida y me observó el rostro.
— Señorita Clara — Dije asombrado, notó mi rostro soñoliento.
— Oh, lo he despertado, mejor vuelvo mañana — Se disculpó y se alejó.
— No, descuide, dígame ¿Qué se le ofrece?
— Vine a pedirle ayuda — Dijo apenada, tan contradictoria a la Clara de la que me despedí hace unas horas.
— ¿Qué ocurre? — Me alarmé.
— No es nada grave, lo que sucede es que estoy tratando de escribir una historia...
— ¿Usted es escritora? — Pregunté asombrado.
— Apenas estoy comenzando, recientemente entregué mi primer manuscrito a una editorial.
Además de inteligente era talentosa, eso era más interesante aún.
— Eso es fascinante — Murmuré y enrojeció, me pareció una reacción noble e inocente.
— Sí, pero la editora me ha pedido que escriba una historia de misterio y se me ha hecho difícil — Explicó y arqueé mis cejas.
— ¿Yo qué tengo que ver en eso?
— Usted es un espía, supongo que sabe mucho sobre ese tema, me gustaría que me explicara con detalles sobre su trabajo y así yo podría escribir fácilmente — Pidió, pero no me pareció adecuado, mi trabajo era confidencial para estar hablando abiertamente de eso y menos para que fuera publicado.
— Lo lamento, pero mi trabajo es demasiado privado, tengo prohibido hablar de eso y menos que se haga público.
A esa locura no iba darle entrada.
— Lo que me diga lo usaré de referencia para una historia de ficción, seré muy discreta — Dijo determinada.
— Señorita, agradezco que me haya tomado en cuenta, pero no podré ayudarla, me queda muy poco para partir a mi misión y necesito terminar de prepararme... Al menos que le explique de forma simple y breve — Traté de darle solución a su petición, pero ella negó con la cabeza.
— Me temo que eso no bastará.
— ¿Ah no?
— Le explico, un libro costa de muchas páginas, hasta quinientas y un párrafo de información no me servirá de mucho, usted lee debería saber eso, necesito detalles minuciosos para darle sentido a mi historia, no necesariamente tiene que ser de su trabajo, puede ser de sus experiencias en sus misiones — Dijo más impaciente y me quedé un momento sopesando su idea.
Me acaricié la nuca.
— Temo que no puedo ayudarle si es así, no me parece que quiera detalles de mis misiones secretas, eso es confidencial, tampoco tengo tiempo, lo siento — Dije lo más amable posible, pero frunció el ceño — Busque a otra persona.
— Para todo hay una solución, usted es la única que conozco que puede ayudarme, hágalo por cortesía — Exigió y negué con la cabeza.
— Si pudiera hacerlo lo haría.
— Si puede, pero no quiere — Gruñó, cruzando sus brazos.
— No es adecuado que...
— Iré con usted a su misión en Perfi — No fue una pregunta, me tensé y abrí mis ojos como platos.
— ¡Eso sí que no! — No pude evitar alzar las voz, sus ojos se encendieron.
— Claro que sí, iré como su acompañante y anotaré todo lo que vea, lo que usted me explique y lo que haga — Apretó sus manos, me observó con desafío.
¿Cómo se atrevía a exigir algo así? Era inaudito.
— ¡Eso es una locura, usted no está capacitada para estar a mi lado en una misión tan difícil, lo único que hará es estorbar! — Me enfurecí de inmediato, ella se enfureció más.
— ¡Yo no me voy a entrometer en su estúpida misión, lo único que haré es acompañarle, ya tomé una decisión y usted no me pondrá trabas! — Sostuvo mi mirada y yo también, nos quedamos así, sin ceder.
— ¡Le repito, acompañarme es un riesgo para usted, no tiene lo que necesita y si llega a pasarle algo la responsabilidad será solamente mía, mi trabajo saldrá comprometido y también mi vida, los reyes me cortarán la cabeza! — Gruñí, perdiendo la paciencia.
Resopló — ¿Eso es lo qué le preocupa? ¡Mi familia no tiene nada que ver en esto, yo soy dueña de mi vida y la tengo aparte!
Solté un gruñido, respirando profundo para tratar de serenarme.
— No se tome todo tan ligeramente, jamás voy aceptar que una mujer indefensa me acompañe, aunque su vida éste aparte de la de su familia sigue siendo parte de ella y le aseguro que su cuello es más valioso que el mío.
— Yo no soy una mujer indefensa y descuide, no les diré nada sobre éste viaje — Dijo como si se tratara de una simple excursión, no sabía nada.
— ¡Ya le dije que no, no voy a ceder a su capricho!
No me preparé para lo siguiente, la señorita se acercó tanto que tuve que dar un paso atrás. Elevó su cabeza y me observó a los ojos, mi cuerpo se erizó con la cercanía, estábamos tan cerca que su respiración acarició mi rostro.
Olía tan bien, tan dulce y rico, me provocaba rodear su pequeña cintura y apretar mi cuerpo contra el suyo, empezar a besarla y tocarla a mi antojo.
Mi miembro se despertó de nuevo y recé para que no se diera cuenta.
— No le estoy pidiendo permiso, el ser hermana de la Reina Liliam me deja en un rango más elevado que el de usted, así que por ende debe obedecer a mi petición — Susurró contra mis labios.
Me estaba manipulando a su antojo, ya no era la inocente de hace un momento , todo ese acercamiento era parte de su teatro, me parecía gracioso que una señorita tan inexperta como ella estuviera tratando de seducirme para conseguir que cediera a su capricho, pero yo sabía perfectamente como evadir eso.
— Yo solo obedezco al Rey Evans — Susurré, pero sonrió altanera.
— Si usted no lo hace iré de inmediato al palacio y le diré a mi hermana que me ha estado acosando, ahí si perderá su trabajo — Me amenazó y elevé mi ceja, ésta vez fui yo quien me acerqué.
Estábamos a un milímetro de besarnos.
— No rompa el panal sino sabe como enfrentar a las abejas — Observé su rostro, recorriendo cada parte hasta su boca, acariciando con mis ojos.
Su postura valiente cambio, noté como su cuerpo empezaba a temblar, su garganta se movió y sus mejillas se tiñeron, sus ojos ya no estaban llenos de reto, sino nerviosos.
— Necesito su ayuda... — Dijo con voz más débil.
— Cruzar al otro reino no es fácil y menos si usará otra identidad, lo cuál es obligatorio sino quiere que su familia descubra lo que trama, necesita documentos que solo el Rey Evans puede obtener — Expliqué contra su boca, a solo centímetros, mi miembro estaba cada vez más tenso, quería probar esos encantadores labios rosa.
— Usted los conseguirá, mueva sus influencias — Murmuró, apartándose de mí, tomando tanta distancia.
Casi pude percibir sus latidos desbocados.
Volví a mi compostura.
— Aún no he dicho sí.
— Consulte a su almohada — Dijo confiada y entró a su apartamento.
No necesitaba consultar nada, esa idea era inaceptable.
Me marché directo a la cama, pero mi cuerpo estaba demasiado despierto, no podía calmarme y tuve que usar mi mano para aliviarme.
Señorita Clara.
¿Qué me estaba ocurriendo?
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Updated 68 Episodes
Comments
Yeli Martinez
mmm y porq la quieres asombras
2025-03-13
0
Angie Olivera
escribe tan bien, que odio a su protagonista...
2025-02-10
1
Natalia Beatriz Leguizamon
que malefucada
2025-01-17
0