...CLARA:...
La visita de Cristopher y su actitud de querer hacerme cambiar de opinión me pusieron en alterna, algo se tramaba, yo podía ser una inexperta socializando con desconocidos, pero mi intuición no fallaba y cuando me informó sobre la hora de la partida decidí no fiarme.
Dormí solo dos horas y me levanté.
Me coloqué un vestido con falda recta, de mangas largas y cuello de tortuga, para estar más cómoda decidí llevar unas botas trenzadas de tacón bajo, me amarré el cabello en una trenza descuida y ajusté mi sombrero de verano. Tomé mi valija y salí al pasillo a esperar, puede que me haya equivocado y no me había mentido, pero era mejor prevenir, no me importaba esperar dos horas más, pero no me hizo falta cuando salió después de cinco minutos, tan silencioso como siempre, solo pude percatarme cuando la puerta se abrió y salió triunfante, pero al verme se detuvo en seco, su rostro era todo un poema de confusión.
Lo saludé, me sentía tan poderosa con mi deducción, había tirado por tierra su estrategia y eso me dejaba como una mujer fuerte ante él.
Estaba enojado, casi que echaba fuego por la boca, pero no me importó y seguí sonriendo.
— Es usted muy astuta — Estrechó sus ojos después de cerrar su puerta con llave con abrupto en sus movimientos, era la primera vez que no se tomaba la molestia en ser silencioso.
— No tengo la cabeza hueca, no me iba a engañar con sus mentiras, faltó a su palabra, yo debería ser la que esté enojada Señor Cristopher — Lo seguí observando con altanería y soltó un resoplido.
A pesar de que me había pedido que lo llamara Cristopher yo seguía llamándolo señor y eso pareció molestarle más.
— Acordamos que la palabra "señor" ya no se usaría para referirse a mi persona — Se acomodó el cuello de su chaqueta, estaba vestido con una ropa como la del librero, bastante anticuada y de color gris, pero sorpresivamente se veía guapísimo.
— Es cierto, pero me gusta llamarlo así — Me acerqué con mi valija en mano.
— No soy un anciano, eso de "señor" me hace sentir viejo — Sus ojos estaban ardiendo de enojo.
— ¿Cuántos años tiene? — Pregunté despectivamente y elevó una ceja.
— Tengo treinta y dos.
Elevé mis cejas, sorprendida, tenía casi la misma edad que Eidan, parecía más joven.
— Pensé que tenía cuarenta — Dije para burlarme y se sobresaltó.
— Usted parece de quince años — Gruñó y sonreí para provocarlo aún más.
— Eso me halaga.
— Lo digo por su comportamiento, no por su apariencia, señorita, no crea que se ha salido con la suya — Dijo con expresión severa.
— Me engañó y tuve que tomar medidas, ahora, pongámonos en marcha — Caminé hacia las escaleras, pero uso su brazo para impedir el paso.
— Lo hice por su bien, se está amarrando la soga el cuello y me está arrastrando con usted, será mejor que se retracte de su estupidez o tendré que tomar medidas precipitadas — Me observó de reojo, con amenaza, su tono me hizo sentir amedrentada, pero no mostré flaqueza.
— ¿Qué me hará? — Lo reté y apretó su mandíbula — Usted me dió su palabra, como todo caballero debe cumplir con ella.
— Fue una equivocación — Se atravesó en mi camino — No tengo tiempo para hacerle entender, regrese a su apartamento por las buenas y si es posible no vuelva a salir por mucho tiempo.
Se acercó pero elevé mi palma hacia él.
— ¡ No se atreva a ponerme una mano encima, he estado mucho tiempo encerrada en cuatro paredes para que usted quiera obligarme a volver ! — Grité enojada y me observó desconcertado.
— Señorita, lo hago por su bien, corre riesgo de salir muerta si permanece a mi lado, tal vez algún enemigo nos vió juntos y la tiene en la mira, por favor vuelva.
— Ya estuve muerta una vez y si me tienen en la mira mi mejor opción es quedarme a su lado — Susurré y su confusión se acentuó.
Se quedó un momento en silencio, observándome.
— De acuerdo, venga conmigo.
Me contuve de acercarme a abrazarlo.
Me dió la espalda y caminó hacia las escaleras.
Lo seguí de inmediato.
El casero estaba en el pasillo de la primera planta y al vernos ambos con valijas casi se le salen los ojos.
Abrió su boca al ver que yo estaba siguiendo a Cristopher.
— Señor casero, estaré un tiempo fuera, pero no preocupe, seguiré pagando sin falta mi apartamento, no lo vaya a desocupar, agradecería si hace lo que le pido — Dije con un tono demasiado meloso, Cristopher hizo un gesto de repulsión.
El casero siguió con la boca abierta y luego la cerró de golpe.
— Por... Por supuesto... Descuide... — Tartamudeó y observó a Cristopher con picardía — Señor Vladimir que la vaya bien en sus investigaciones del clima.
Él estaba de mal humor, así que solo gruño en respuesta.
Tal vez el casero estaba pensando que éramos amantes y que me llevaría a una de sus supuestas investigaciones.
Me convenía que pensara eso, mi identidad y mi motivo de viaje eran un secreto, al parecer me estaba convirtiendo en una espía.
Salimos afuera y había un carruaje de viaje esperando en la calle, el cochero ya estaba en su lugar, sosteniendo las riendas de los tres caballos que estaban atados al carruaje.
Me pregunté si era un cochero falso, si tenía otra identidad.
¿Con cuántas personas farsantes me habré cruzado en mi camino sin saberlo?
Cristopher abrió la puerta, tenía rostro de piedra, no le agradaba en lo absoluto mi presencia en su misión y tampoco mi compañía, yo también sentía lo mismo, así que no me importó.
Entré y dejé mi valija apoyada a mi lado, se sentó en el asiento de enfrente y cerró la puerta.
El carruaje empezó a moverse.
— ¿Iremos por tierra o por mar? — Pregunté, sin aguantar la curiosidad.
— El viaje por mar es muy largo y nos dejaría muy lejos de mi destino, por tierra es la mejor alternativa, serán unas tres semanas de viaje, tendremos que quedarnos en posadas de carretera, dormir en carruaje es incómodo y peligroso si quiere conservar sus pertenencias — Dijo con expresión antipática.
— Tres semanas es demasiado, jamás he viajado tanto.
— No no lo es, pero usted no está acostumbrada y si sigue con sus quejas le pediré al cochero que se detenga y la deje — Gruñó y fruncí el ceño.
— No me estoy quejando, no sea grosero.
Me crucé de brazos y observé por la ventanilla, aún no salía el sol y las calles estaban solitarias.
— ¿De qué trata la misión? — Pregunté.
— Eso es confidencial.
— ¿Cómo pretende que haga mis apuntes si no me dice nada? — Me quejé, quitándome el sombrero.
— No sea impaciente y manténgase callada — Susurró y me provocó aventarle el sombrero, pero eso no lo iba lastimar en lo absoluto.
— ¿El cochero también es un espía?
Soltó una carcajada como si fuera preguntado algo ridículo.
— No, es un cochero al que le pagué lo suficiente para que nos deje en la frontera, es por eso que le dije que debe mantenerse callada y no mencionar nada de la misión, somos dos viajeros turistas, deseosos de conocer el reino vecino — Explicó y asentí con la cabeza — Tranquila Jenny, esposa mía, no seas impaciente.
Me sobresalté, sonrojada y se rió de nuevo.
— ¿Cómo qué esposa tuya? ¡Eso quisiera infeliz! ¡Yo no me llamo Jenny! — Gruñí y puso los ojos en blanco.
— ¿No revisaste los documentos?
Caí en cuenta — No... Los metí a la valija sin darles una mirada...
— De ahora en adelante su nombre es Jenny y es mi esposa — Dijo con una mirada intensa, me sonrojé.
— ¡Maldito, no quiero esa identidad, me niego! ¡Esposa de usted jamás!
— Lo siento, a mi tampoco me hace gracia, pero no fue mi idea — Se encogió de hombros.
— ¿Está seguro que no le dijo a mi cuñado que yo soy su acompañante? — Lo evalué con desconfianza.
— Claro, no le dije absolutamente nada, si lo fuera hecho mi cabeza no estaría sobre mis hombros... Le inventé que iría con otra espía y él eligió la identidad, es lamentable, pero es lo que hay — Me guiñó un ojo, sentí una ola de hormigueo en mis muslos, agradecí la oscuridad.
— Yo soy Alber y usted es Jenny, recuerde siempre, estamos recién casados en nuestra luna de miel, conociendo Perfi.
— Esto tiene que ser una broma — Mascullo.
— ¿Por qué le preocupa tanto? Solo es una falsa identidad.
Me quedé callada.
Salimos de Urla y las campos nos recibieron.
Jamás había ido más allá de la costa, la frontera quedaba al otro extremo del reino, el viaje sería largo y con mi encantador compañero aún más.
...****************...
Después de que los días de viaje pasaran de forma monótona, durmiendo en cuartos de posadas algunas noches y viajando sin parar de día estaba agotada.
No había muchas paradas, Cristopher no quería perder tiempo.
Me entretenía leyendo en el interior del carruaje.
Por suerte el espía no siguió con su actitud de granito en el trasero, se mantuvo callado en muchas ocasiones y en otras hablaba sobre su trabajo, pero de una forma vaga.
Anoté todo lo que pude en mi libreta, para mayor dificultad hablaba demasiado rápido y no podía captar todo lo que decía.
— ¿Cómo es que da con lo que busca? — Mordí la pluma mientras lo observaba.
— Buscando cualquier indicio.
— Explique — Exigí frustrada.
— Por ejemplo, hallo una pista de lo que estoy buscando en un lugar, si es una huella puedo deducir si el dueño de la huella tiene una lección en la pierna o si camina de una forma en particular, solamente con sus huellas — Se encogió de hombros con su mirada arrogante en mí, en el fondo sabía que disfrutaba mi entrevista — Si deja alguna prenda es aún más fácil, por el olor puedo deducir si usa perfume, si fuma o si huele a humedad se que pasa mucho tiempo en lugares cerrados... Eso me da otra pista de la característica de la persona... Pero obviamente no puedo descubrirlo solo en ocasiones, para eso tengo un equipo que me ayuda a rastrear lo que necesito.
— ¿En el caso seguir y vigilar a alguien?
— Para vigilar es un poco complicado, no solo debes conocer al hombre que estás persiguiendo, sino también el entorno en el que estás, eligiendo rutas alternas para huir en caso de ser descubierto... No puedes actuar como un extraño, debes sentirte parte del entorno o notarán tu presencia.
Seguía sin comprender aquel oficio, pero me entretenía escucharlo, aquel trabajo estaba lleno de mucha emoción, lo veía en su expresión llena de adrenalina cuando explicaba como trepaba las paredes y como abrir puertas y entrar por las ventanas.
Como asesinar y huir en el acto con tanta sutileza que nadie se percataba.
Pero eran muy cortas nuestras secciones.
La mayoría del tiempo se turnaba con el cochero y en algunas ocasiones me tocaba compartir el interior del carruaje con el hombre, por suerte se la pasó durmiendo en el asiento cuando le tocaba el turno de descansar, cuando estaba despierto yo usaba mi libro como escudo anti conversaciones y siempre funcionaba.
El mundo a mi alrededor era nuevo para mí, el paisaje estaba cambiando y cada vez hacia más frío.
Había bosques de pino y casi no había habitantes, a lo lejos se veía uno que otro poblado en las montañas y colinas.
Pero ese paisaje también quedó atrás y fue reemplazo por uno más hermoso, pero más helado.
Me mantuve abrigada con mi suéter de lana.
En ocasiones nos deteníamos para estirar las piernas.
La última parada en el último día de viaje me sentí curiosa por el paisaje a mi alrededor, no había mucha vegetación y los árboles que habían tenían hojas naranjas, algunos perdieron todo el follaje.
— ¿Por qué están secos? — Pregunté a Cristopher, aprovechando que se había quedado a mi lado, pero su mirada estaba perdida en sus pensamientos, el cabello se le revolvía con el viento.
Su piel pálida combinaba con la frialdad de aquel paisaje. Era como si perteneciera a aquel lugar.
— Es otoño en Perfi, ya estamos cerca de la frontera y hasta aquí puede notarse el cambio de estación — Dijo, de su boca salió una nube de humo.
Por fin conocería más estaciones a parte de verano e invierno en forma de lluvia.
Me gustaría conocer la nieve y tocarla.
— Jamás había visto el otoño, es precioso, es mejor de como lo imaginé en los libros.
Apreté mi suéter a mi alrededor.
— El cambio de temperatura puede causarle mareo, avíseme si le ocurre.
Se alejó un poco y colocó su bota sobre un pedazo de muro lleno de musgo.
Me percaté de que habían unas ruinas que apenas se notaban debido a las hojas secas que cubrían la tierra.
Cristopher empezó a balbucear algo que al principio no comprendí, pero me percaté de que era un idioma desconocido, lo hizo mientras cerraba sus ojos y mantenía su pie apoyada del trozo de muro.
Sonaba como lamentos.
Al terminar abrió sus ojos.
— ¿Qué es ese idioma? — No pude evitar sentir curiosidad.
— Es de Perfi, es antiguo, pero aún se usa en algunas zonas — Suspiró con su mirada aún en los cimientos.
— No lo conocía, pensé que en todas las zonas se hablaba igual que en Adalania.
— No, incluso el Rey Alfonso habla el idioma antiguo — Metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones.
— ¿De qué son estás ruinas?
— Son huellas de la guerra, en el pasado había un pueblo en éste lugar, debido a que está cerca de la frontera recibió el mayor ataque de Perfi — Dijo con un tono amargo.
— Gracias al Creador que la paz volvió — Sentí que debía decir algo de consuelo.
Los ojos de Cristopher parecían idos, llenos de un sentimiento misterioso, algo en su interior estaba rugiendo.
— ¿Cómo es que sabes ese idioma?
Alejó su bota de las ruinas.
— Nací en Perfi.
Me quedé callada.
Eso explicaba sus rasgos fríos y diferentes y me pregunté en mi mente si él había vivido la guerra en carne propia.
— Quedamos en que no haríamos preguntas personales — Dijo con rostro burlón, escondiendo el sentimiento de hace un momento.
— Fue simple curiosidad, además, solo fueron dos preguntas.
— Me debe dos preguntas entonces... Volvamos al carruaje.
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Updated 68 Episodes
Comments
Yeli Martinez
pensé q eiden tenia 40 🥲
2025-03-13
0
Mel G.
Mija tampoco eres una perita en dulce
2024-12-28
2
indira avila
*sesiones
2024-11-01
0