Capítulo 13

Es increíble que diga esto, pero es a la primera fiesta de este tipo a la que asisto. Si, la he visto innumerablemente en películas y series de televisión, sin embargo, nunca he asistido a una. Mis padres pueden ser muy liberales todo lo que quieran, no obstante, cuando se trata de la seguridad de mi hermano y la mía, pueden llegar a ser muy sobreprotectores, por lo que una fiesta de este tipo está vetada para nosotros. 

 Esa es una de las razones por la cual estoy dispuesta a divertirme está noche, creo que Rebeca me ha contagiado su entusiasmo.

Al entrar a la casa nos recibe la estridente música que sale de los altavoces, si les digo que no me siento un tanto incómoda estaría mintiendo, Rebeca se adentra entre la multitud y la sigo sin ninguna otra alternativa ¿Qué podría hacer en un lugar donde no conozco a nadie? Las únicas caras conocidas son la de la sifrinas quienes parecen bailarinas de pool dance moviéndose en la pista.

En una esquina hay disponibles unos sillones  ocupados por varios chicos sentados sobre ellos, Rebeca llega hasta allí para detenerse frente a un pelirrojo que la observa con una sonrisa de adoración en su rostro.

—Becca—Grita por encima de la música, se pone de pies y la rodea con sus brazos girando con ella mientras la aprieta contra si.—Cada día estás más bella, sino fueras familia me casaría contigo—Expresa provocándome una sonrisa.

—Adulador—Sonríe nerviosa—Mira—Me señala—Quiero presentarte a mi amiga, ella es Violetta. Violetta él es Dylan, mi primo y el chico más fanfarrón del mundo—Indica señalándole.

—He muerto he ido al cielo—Dice extendiendo su mano hacia mí—Estoy a su servicio, Ángel de alas negra, considéreme su esclavo a partir de ahora.—Este chico sí que sabe cómo ganarse a las personas.

—Te tomaré la palabra, actualmente mente necesito uno—Bromeo y el estalla en carcajada feliz. 

—¡Vaya! Bella e inteligente ¿Quieres ser mi esposa?—Pregunta con tanta seriedad que cualquiera le creería.

—Ya te dije yo, es un fanfarrón—Me dice Rebeca quitándome la respuesta de la boca.

Al final optamos por sentarnos junto a él y sus amigos. Dylan se encarga de presentarnos. 

Pasamos un rato agradable, la conversación es fluida a pesar del ruido que provoca la música, logro relajarme por completo. Una botella de ron es depositada en nuestra mesa, no obstante, me niego a beber porque no tengo planes de dejar mi auto tirado si me embriago.

De un momento a otro mi vista se dirige hacia la entrada para ver cómo Charlie ingresa por ella, parece un conejito asustado, me causa tanta ternura que al final me compadezco y les comunico a los chicos que enseguida regreso.

—¡Viniste!—Exclamo al llegar junto a él. Es difícil describir la sensación que me produce estar a su alrededor, me hace sentir como una estúpida adolescente queriendo reclamar la atención del chico que le gusta, lo que sería una metáfora porque Charlie no me gusta.

No obstante, sí, me gusta lo que siento cuando estoy a su lado, es como lo que siento por Santi, aunque en menor grado. He perdido hasta la dignidad porque después de lo pasado en la cafetería de la universidad con su amiga, no debería ni dirigirle la palabra, pero heme aquí,  sonriendo como estúpida porque vino a la fiesta.

—Te dije que lo haría—Y a pesar de la poca luz le veo sonrojarse.

—Cierto—Afirmo—¿Quieres bailar?—Pregunto señalando hacia donde están los chicos moviéndose al ritmo de Daddy Yankee.

Sus ojos se abren en su cuencas y niega repetidas veces con su cabeza.

—No sé bailar—Mi boca se abre ante la sorpresa, aunque por el comentario que hizo Lincoln cuando le pregunté que si vendría a la fiesta debí suponerlo.

—Bueno, entonces ¿Quieres salir un rato al jardín?—Realmente deseo hacerlo, la música muy alta suele provocarme migrañas y esta vez no es la excepción.

Asiente y comienzo a buscar la salida con él siguiéndome los pasos de cerca.

—Es una bonita noche—Comento con la mirada hacia el cielo después de haber conseguido un lugar para sentarnos.

—Lo es—Es todo lo que dice.

Unos minutos de silencio procede a eso hasta que decido romperlo.

—¿Puedo hacerte una pregunta?—Interrogó mirándole de frente,  a pesar de llevar anteojos, el color de su iris me deja cautivada.

—Si es sobre lo que pasó en la cafetería el otro día, lo siento. No supe cómo reaccionar, no debí permitir que Melissa te echará de la mesa—Expresa y casi siento lástima por él al verlo tan acongojado.—¡Te juro que no volverá a pasar! Eres de las pocas personas que se nos acerca sin buscar nada a cambio—Mi ceño se frunce al no comprender de lo que habla.

>>>A lo mejor es porque eres nueva, pero quiero creer que no es así, quiero creer que no eres como ellos, que eres amable y justa. por la forma en que me defendiste de esos chicos el día que nos conocimos, estoy seguro que no eres así, pero mis amigos tienen sus dudas, en especial Melissa, la han lastimado bastante y solo se protege, no la culpes de nada, por favor—Finaliza y no sé qué responder ante tal confesión.

—No sé quiénes o porqué les han hecho daño, pero te aseguro que esa no es mi intención, solo quiero ser tu amiga—Tomo su mano dándole un ligero apretón. Sus ojos van hasta donde están nuestras manos unidas y durante varios minutos no retira su mirada de allí.

>>>Agradezco que hayas compartido esto conmigo, el incidente en la cafetería queda olvidado, pero mi pregunta no gira en torno a ello.

—Entonces ¿Qué quieres saber?—Retira su mano de la mía para ajustarse los lentes.

—¿Por qué Lincoln y tú discutían después de la carrera?—Voy directo al grano sin detenerme a replantear la pregunta.

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