—Mamá ya te dije que no fue mi culpa—-Repito por quinta vez intentando convencerla. —Solo defendía a una compañera de clase, la estaban golpeando y no podía quedarme cruzada de brazos solo observando.
—Violetta—un suspiro audible se escapa de sus labios al pronunciar mi nombre—Cuando le pedí a Carlos que te diera clases de defensa personal, lo hice con el único propósito de que si alguna vez te encuentras en peligro puedas defenderte, no para que vayas con ínfulas de súper héroe y quieras salvar al mundo...
—Me dueles madre, me dueles. — Realmente no puedo creer que mi madre me dé este tipo de argumentos cuando ella es quién siempre me ha enseñado que debo de ayudar a aquel que me necesite, y eso fue justo lo que hice.
Caminaba de lo más tranquila por los pasillos de la universidad escuchando a Wason Brazoban. — Me casaría con ese hombre, amo sus canciones — Pero no nos desviemos del tema, caminaba por los pasillos sumergida en la profundidad de la voz de Wason cuando me percaté que dos chicas golpeaban e insultaban a otra—Podía jurar que aquel era su primer año de universidad. Los de último año solían realizar alguna novatada a los de primero, especialmente a los becados, resultaban ser muy crueles al respecto—intervine porque conocía de las cosas que eran capaz de hacer y con las que nunca he estado de acuerdo. No conocía a la chica que golpeaban, tampoco es como si me interesara conocerla, sin embargo, mi sentido de la justicia no me permitía ignorar aquella acción y pasar de largo. Además, creo fielmente que somos lo suficientemente mayores como para seguir con aquellas estúpidas bromas cómo si estuviéramos en el colegio, no eran graciosas, solo ponían en manifiesto la carencia de autoestima de sus perpetradores.
Mi plan nunca fue involucrarme en una pelea, me acerqué con el fin de que las chicas, al verme dejaran de molestar a la otra, pero como la suerte nunca está de mi lado, lo único que logré es que ellas se molestaran más de lo que estaban y la emprendieran contra mi. No iba a quedarme de brazos cruzados mientras me agredían, así que apliqué —para mí defensa—la tercera ley de Newton, me defendí. Una de las chicas quedó con la nariz que muy posiblemente necesite otra operación—Ni de broma creería que esa nariz fuese real—A la otra se le dobló el tobillo, a esa ni la toque, la física hizo su función y la justicia divina obraron en su contra y a mi favor. Su amiga quien se cubría la nariz con las manos y que permanecía con la cabeza hacia arriba intentando parar la hemorragia cayó de culo en el suelo, provocando que su compañera al ir para encima de mi tropiece con ella cayendo de costado doblándose un pies. No es que sea una devota religiosa, pero cuando el de arriba quiere, si que hace un buen trabajo.
Con lo que no llegué a contar es que sería expulsada de la universidad, estoy convencida que otra persona en mi lugar haría lo mismo que yo y el castigo no sería tan severo. Si fueran justos, con el dinero que cobran deberían dejar a los estudiantes hacer lo que les venga en gana. ¡Qué absurdo! Ni que hubiera matado a alguien.
—¡Violetta no estoy para tus bromas!—Exclama. Cierro la boca inmediatamente, busco con la mirada a papá implorando por su ayuda pero este gira el rostro ignorándome— traidor, entrecierro mis ojos en su dirección—No sé qué vamos hacer, pero no puedes quedarte fuera de la universidad, van dos de la que te expulsan en este año, no creo que te acepten en otra al ver tu expediente, a menos que sea en alguna universidad pública, y eso no lo voy a permitir.—Cierto, olvidé contarle, el enojo de mi madre no es solo porque me hayan expulsado de la universidad; es porque esta sería de la tercera de la que me expulsan en lo que va de año. En mi defensa voy a decir que… no, realmente no hay nada que decir para justificarme. Quizás en esta última ocasión antes de la expulsión obré en justicia, en las anteriores dos, lo único que quise fue salir corriendo de allí sin importar el costo, después de todo, ser hija de dos de los empresarios más influyentes del país parece ser la llave que todos necesitan para acercarse a mis padres.
Nadie se acercaba a mí por voluntad propia, porque quisiera ser mi amigo. Siempre era lo mismo; elogios absurdos cada dos por tres, para luego hablarme de sus padres y de los buenos amigos que serían de los míos. En eso se habían convertidos mis relaciones personales, mi único consuelo es que siempre podía contar con mi mejor amigo, Santi, aunque a veces sentía que no era suficiente y que necesitaba más.
—-A veces me gustaría saber qué es lo pasa por tu cabeza, quisiera entenderte y así poder ayudarte, pero no sé cómo hacerlo, me frustra no poder hacerlo—Se deja caer en una silla, sus codos reposan en la encimera de la cocina mientras cubre su rostro con las manos. Papá a su lado le acaricia la espalda.
Levanta la mirada hacía mí una vez más, sus ojos están brillosos, me observa y luego niega para de esa forma salir de la cocina sin decir ninguna otra palabra.
—La decepcioné ¿Verdad?—Pregunto a mi padre quién observa el lugar por el cuál mamá ha salido.
Asiente. Camina hasta quedar a mi lado para luego envolverme con sus brazos.
—Papá, ella debe entender que no podía quedarme cruzada de brazos, estaban golpeando a esa chica, no podía simplemente hacer como que nada estuviera pasando—Expreso al borde de las lágrimas.
—Cariño, no llores, me parte el alma verte así, te prometo que encontraremos una solución—Besa mi frente. ¿Qué haría yo sin este hombre?—Dejaremos que se le pase el enojo a tu madre y luego hablaremos con ella. ¿Si?
Sonríe tratando de transmitirme calma, no sé cómo lo hace, pero lo logra. — ¡Vamos! quita esa cara y prepárate para que me acompañes a la empresa—-Beso su mejilla y salgo corriendo hasta mi habitación para cambiarme de ropa.
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Comments
Magneli Flores de Gonzalez
Hermoso comienzo autora, quiero seguir leyendo. 🤗
2024-03-14
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