—No es cierto—Golpeo la mesa con mis puños cerrados atrayendo la atención de varias personas en la cafetería.
—Claro que sí, si deseas...
—¿Se conocen?—pregunta Rebeca interrumpiendo lo que sea que Brayan va a decir.
Por un momento me quedo callada sin respuesta alguna, lo que menos deseo es que se enteren que soy hija de dos de los empresarios más exitosos del país. Hasta ahora mi vida ha sido muy tranquila, papá y mamá se han encargado de mantenernos lo más alejado posible de la prensa amarillista, es por eso que aquí nadie sabe quién soy y esperaba que todo siguiera así, pero ahora con Brayan en la misma universidad que yo, dudo que sea posible.
Le hago una seña con la mirada que él conoce muy bien, es algo que hacemos desde pequeños cuando queremos que el uno mienta por el otro.
-- Si.ii -- Responde con duda—Su mamá trabaja para mi papá—Dice y una sonrisa perversa se dibuja en su rostro, no hay que ser vidente para saber lo que se está imaginando.
—Cerdo—La palabra sale de mi boca sin poder detenerla—Tu mente está muy sucia, tendrás que ir a misa este domingo a confesarte.—Me dirijo a él olvidándome por un momento de Rebecca.
—Esto es extraño—Expresa mi compañera haciendo que vuelva a prestarle atención terminando el asesinato mental que le realizaba a mi hermano.
—Y tú eres hermosa—Dice provocando que ella se sonroje.
—Ni se te ocurra—Lo amenazo señalándole con mi dedo índice.—Vámonos de aquí—Hablo a Rebeca—Se me ha quitado el apetito.
—Pero, yo...
—No—La corto conociendo sus intenciones—Créeme, este tipo no te conviene—Le hago ver y ella se levanta de la silla toda avergonzada.
—Esto no se va a quedar así—Mi hermano me observa sin borrar la sonrisa engreída de su rostro.
Salgo de la cafetería con un enojo monumental mientras Rebeca me sigue pisando mis talones.
—Oye, ve más despacio— Grita dándome alcance—¿Por qué hiciste eso? Ahora las sifrinas esas lo van acaparar y yo no tendré ningún chance. —Parlotea, sé que con las sifrinas se refiera a Karina la hija del aspirante a senador con quien tuve la mala suerte de tropezar el miércoles pasado y que no ha parado de insultarme cada vez que tiene la oportunidad, especialmente cuando Lincoln se me acerca.
>>No sabes cuán feliz hubiera sido al asistir a la fiesta del sábado con él, sería la envidia de toda la universidad—Se calla para luego suspirar ruidosamente—Bueno, soñar no cuesta nada.
Me detengo abruptamente para quedar frente a ella.
—¿De qué fiestas estás hablando?—Cuestiono.
—¿No te hablé de ella?—Giro mi cabeza de un lado a otro en señal de negación—Hay carreras de coches, cada viernes al finalizar el mes las hacen, primero las carreras y después la fiesta, a veces asisto buscando no desentonar, pero aún así siempre termino haciendo algo vergonzoso.—Se sonroja, hay que buscar la manera de que deje de hacer eso.
—¿Quienes organizan las carreras?—Vuelvo a preguntar, eso es todo lo que me interesa de su incesante parloteo.
—No sabría decirte, pero Lincoln siempre participa, él quizás pueda informarte—Esta universidad se pone cada vez más interesante.
Llegamos al aula donde nos toca la siguiente clase y por las próximas tres horas logro olvidarme de Brayan y de la carrera que se llevará a cabo el viernes.
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