El estruendo de sus carcajadas solo provoca que mi molestia aumente ¿Es qué nadie les enseñó a no abusar del más pequeño?
—Oye nena ¿Por qué mejor no te vas para tu clase y cuando terminemos aquí te busco para pasarla rico?—Habla el chico que se encuentra a mi izquierda provocando que ruede los ojos.
¿En serio son tan estúpidos? Bueno papá, no creo que esta sea la Universidad modelo de la que tanto me hablaste.
Camino hacia ellos hasta quedar a solo dos pasos.
—Suéltalo—Le ordeno, mi paciencia tiene un límite y creo que caducó desde que me levanté en la mañana.
—Si no q...—Empieza a decir el primer chico que habló, pero lo interrumpo golpeando su cuello con dos dedos como me enseñó Carlos dejándolo inconsciente en el acto.
—¿¡Que le hiciste a mi amigo, maldita perra!?—¡Qué boca tan sucia! Escucho mentalmente a mi madre reprendiendolo. Aplico el mismo procedimiento haciendo que se calle.
—Esas no son palabras para decirle a una chica—Niego—Ahora. Volveré a repetírtelo a ti, ya que veo que tus amigos son de muy poca comprensión o están sordos—Explico al último chico que queda—¡Suéltalo! ¡Ahora!
El chico mira de mi a sus compañeros que se encuentran en el suelo debatiendo cuál será su próximo movimiento.
Al final parece que la razón le hace recapacitar y obedece.
—Muy bien—Le aplaudo—Tus amigos despertarán en diez minutos—Le informo—Ten en cuenta que como los vea otra vez cerca de este chico no seré tan benevolente como ahora.
—Oye tú, vámonos—Me dirijo al chico golpeado—Éste sin pensarlo dos veces recoge sus cosas y camina junto a mí.
—Gra..cias por ayudarme—Tartamudea—De ver..dad, muchas gracias.
Me detengo bruscamente al escucharlo hablar, giro mi cuerpo hacia él hasta quedar frente a frente, le veo tragar saliva asustado.
—No puedes dejar que vuelvan a golpearte—Sentencio—Tienes que defenderte.
—Pero...
—¡No!—Le interrumpo—No lo puedes permitir, si es necesario tienes que denunciarlo con el director.
—¿Y quedar como una gallina? No lo creo—Habla con voz temblorosa.
—¿Prefieres entonces quedar como piñata de cumpleaños? Es más, no contestes a eso—alzo mi mano en señal de stop—se hace tarde para mi primera clase—miro el reloj de mi muñeca confirmando la hora—¿Sabes dónde queda el aula 4A?—Le pregunto mientras miro el teléfono dónde tengo la programación con mi horario.
—Segundo pasillo a la izquierda—Señala.
—Gracias—Expreso emprendiendo la marcha por donde indicó.
—¡Soy Charlie!—Grita cuando casi doblo la esquina haciendo que me detenga.
—¡Violetta!—Le grito de vuelta con una sonrisa.
Al llegar al aula abro la puerta captando la atención de todos ¿¡Qué carajo pasa en esta universidad!? ¿No sé supone que estas cosas solo deben pasar en la secundaria? O en su defecto, en las películas.
Aclaro mi garganta antes de dirigirme hacia el maestro.
—Permiso—Pido permiso, ganándome una mirada entrecerrando de su parte. Le ignoro y camino hasta el final del salón hasta dar con un asiento vacío.
Coloco mis cosas en la mesa y trato de concentrarme en la clase, pero es un poco imposible por la insistente mirada de la chica a mi izquierda.
—¿Tengo algo en la cara?—Pregunto cansada de su escrutinio haciendo que se sobresalte.
—¿Me hablas a mí?—Tiene el descaro de preguntar, ruedo los ojos sin poder evitarlo—No, le hablo a la rubia de mi izquierda que me observa como una acosadora—El sarcasmo en mi voz es notorio.
—Disculpa, es que creo que te conozco de algún lado. Mi nombre es Rebeca, —extiende su mano hasta mi a modo de presentación—pero puedes decirme Beca
—Violetta—Digo escuetamente.
—Es un placer conocerte Violetta, espero llevarnos bien ¿Eres nueva aquí, verdad?—Pregunta a lo que yo me limito a asentir.
—¡Señorita Román! ¿Podría prestar atención a mi clase?—Se escucha la voz del profesor por todo el salón.
—Sí, profesor. Disculpe—Se excusa Rebeca volviendo su vista al frente, yo la imité en el acto.
El día pasa relativamente corto, volví a encontrarme con Charlie en la clase de Literatura y el chico parece ser un niño prodigio.
La hora del almuerzo llega por lo que decido ir a la cafetería por algún bocadillo dulce ya que no tengo hambre.
Cuando obtengo mis dulces, busco con la mirada un lugar disponible para sentarme, visualizo a Charlie en una mesa alejada con la cabeza metida en una computadora acompañado de varios chicos más.
—¡Hola!—Saludo provocando que todos detengan lo que están haciendo.
—¡Pellizquenme! Una chica hermosa nos está saludando.—El chico al lado de Charlie es el primero en hablar. Creo que va a darle un paro respiratorio.
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