Capítulo 9

Una semana es el tiempo que llevo asistiendo a la universidad, admito que papá tenía razón en cuanto a la calidad de la educación, ahora bien, con mis compañeros está lejos de ser lo mismo, no son los más cordiales del mundo y parece como si la mayoría estuviera en secundaria, pues su comportamiento dista mucho de ser maduro. 

Otro día más camino por los pasillos de manera relajada, estoy llegando tarde pero eso no me preocupa, intento hacer tiempo para no encontrarme con los neandertales de la semana pasada, mi mala suerte me acompaña a todos lados y me han colocado a dos como compañero en la clase de filosofía. Busco evitarlo siempre que pueda, me está gustando estudiar aquí y no quiero arruinarlo. 

Un largo suspiro sale de mi boca mientras deposito mis cosas en el casillero, tomo el cuaderno de filosofía y mi bolso para dirigirme a clase. Cuando estoy a punto de abrir la puerta, un cuerpo choca conmigo.

—Lo siento—Escucho una voz a mi espalda—Vengo distraído y por la prisa  no te vi. —Giro mi cuerpo para encontrarme con un Charlie cabizbajo.

—No te preocupes—Comento fijándome en su ropa toda desaliñada y sucia—¿Qué te pasó?—Pregunto con curiosidad señalando su estado.

-- Yo.o.o -- Comenta, pero como cada vez que he tenido la oportunidad de dirigirle la palabra nada coherente sale de su boca. 

—Ven—Lo tomo por la mano y camino con él por el pasillo mientras que con mi otra mano libre tomo mi teléfono para pedir ayuda.

Me introduzco en uno de los baños con él, cierro la puerta y me subo en el lavamanos a esperar a Mario y las cosas que le he encargado. Charlie me observa como si estuviera ideando lo mejor para salir corriendo.

—No voy hacerte daño—Intento tranquilizarlo—Pero los demás no serán tan benevolente si te ven con esa facha. Asiente comprendiendo. Algo que he notado en esta universidad es que hay un grupo de chicos que siempre andan agrediendo a todo aquel que se atraviese en su camino y por lo general al que no puede defenderse, Charlie le resulta un blanco fácil. 

—¿Qué hacemos aquí?—Al final su curiosidad para ganarle y termina formulando la pregunta que debía realizar hace veinte minutos atrás, no obstante, cuando voy a contestar unos golpes en la puerta me interrumpen.

Abrí encontrándome con Mario.

—¡Vaya! Eso fue rápido—Comentó siendo consciente que no hay ningún centro comercial cerca mientras tomo la bolsa que me ofrece.

—Para que vea cuán eficiente soy, dile eso a tu padre—Sonríe para luego desaparecer por el pasillo.

—Toma, cámbiate—Extiendo la bolsa hacia Charlie quien la observa como si estuviera una bomba dentro.

—No...

—Escucha, estás en una situación en la que tu moral no sirve de mucho—Le interrumpo al ver como quiere rechazar la ropa que le brindo—Después si quieres puedes devolverme el dinero que costó, pero ahora, necesitas cambiarte o tampoco llegaremos a la segunda clase del día.

Sin otra opción se introduce en un cubículo para cambiarse, al final sale mostrándome lo acertada que estuve en el size.

—Falta algo—Le comento mientras busco en mi pequeña bolsa—Aquí está—Saco un peine y cuando voy a peinarlo este da un paso atrás—¡Qué no muerdo!—Exclamo sujetando su cabeza contra su voluntad mientras lo peino.—Perfecto. Vamos a clase.—Finalizo. Estar enojada con él sería lo más sensato después de lo ocurrido la semana pasada, tengo muchas razones para estarlo, pero la verdad es que Charlie lo único que causa en mi es ternura y se me hace casi imposible no ayudarlo. 

Hemos perdido la primera clase de la mañana por lo que decido irme a la cafetería para esperar la próxima. Charlie parece tener la misma idea porque me sigue de cerca.

—Muchas gracias—Dice manteniendo sus manos en los bolsillos mientras mira sus zapatos. Sonrió involuntariamente al notar que cada vez tartamudea menos cuando se dirige hacia mí.

—No hay de que.

Al llegar a la cafetería está completamente llena, parece que la mayoría ha tenido la misma idea.

Observo a Charlie para saber cuál será su próximo paso, hay algo dentro de mí que desea fervientemente que me invite a sentarme con sus amigos, aunque después de la situación pasada no entiendo el  porqué.

Sus ojos se detienen por un momento en mi y es la primera vez que me mira justo a la cara, sus ojos de un color marrón claro me observan de una manera tal como si pudiera leerme el pensamiento. Un largo suspiro sale de su boca para luego caminar en dirección hacia dónde se encuentran sus amigos. Siento pesar ante ese hecho, por lo que ignoro dicho sentimiento y me dirijo hasta donde se encuentra Rebeca, la única persona que me dirije la palabra además de Abraham Lincoln, que dicho sea de paso me saluda desde dos mesas más alejadas desde donde se encuentra Rebeca.

—¿Por qué no entraste a clase de filosofía?—Pregunta inmediatamente ocupó el asiento frente a ella.

—Se me presentó un problema—Comento e inconscientemente mi mirada se dirige hacia dónde se encuentra Charlie—No creo que me haya perdido algo interesante—Le comento restándole importancia.

—En eso te equivocas—Dice—Hoy ha llegado un chico nuevo y está para confesarse con el cura—Sonrió ante esa comparación.

—Tendrás que mostrármelo—Comento.

—No será necesario, porque ahora mismo se dirige hacia nosotras—Quiero girar mi rostro para ver de quién se trata, pero Rebeca me detiene—Dime como me veo—Pregunta mientras se pasa las manos por su cabello.

—¿Puedo sentarme con ustedes?—Pregunta una voz a mis espaldas que conozco muy bien.

—Claro—Contestó Rebeca moviéndose de lugar para dejar sentar frente a mí al chico que acaba de llegar.

—¿Qué haces aquí?—Demando apretando mi puño para evitar golpearlo.

—Ahora estudiaré aquí—Comenta con una sonrisa de superioridad en su boca mientras yo lo fulmino con la mirada.

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