Al resto de la familia también le afectó, Johan quería ir a hablar con Iván y nos preguntaba constantemente cuándo volvería a dormir en nuestra casa, algo para lo que no teníamos respuesta. También mi abuela, que antes parecía más relajada, miraba con descontento la actitud de Iván y pronto se ocupaba en alguna cosa.
Si he de decir, mi madre fue la única que no le prestó atención a Iván y a su cambio de corazón, en su lugar intentó por todos los medios congraciarse con mi padre y eso era triste de ver también.
Mi madre hace mucho que perdió su voluntad e independencia. No importa lo que le digas o lo que podamos hacer, a ella lo único que le interesa es mi padre, nadie más. Ni siquiera sus hijos. Es como ver a un adicto obsesionado con su droga.
Al cuarto día, en la mañana, sucedió lo que temíamos y nuestro padre regresó a casa. No estoy segura de cómo logró entrar, pero cuando el ruido me despertó, ya estaba dentro y él y Nico se estaban peleando a golpes.
-¡¿Creíste que te habías librado de un castigo? ¿Crees mierdecilla que puedes salirte con la tuya, después de ponerte en mi contra?!- estaba gritando mi padre a todo pulmón.
Nico no le responde, simplemente se defiende lo mejor que puede y trata de dar algunos golpes, pero mi padre es más corpulento que él y Nico ya está sangrando por la nariz.
Mierda, mierda.
Ante la impotencia, Nico agarra una silla y la lanza hacia mi padre, con una expresión de rabia en su expresión. Sin embargo, mi padre la esquiva y arremete contra mi hermano. Ambos caen al suelo y forcejean.
-¡Nico!- grito y miro alrededor por algo para poder ayudarlo.
Lo primero que encuentro es un cucharón de mi abuela y corro hacia ellos, porque ahora mi padre está a horcajadas sobre Nico, dejando caer golpe tras golpe, mientras que Nico trata de cubrirse lo mejor que puede con sus brazos. Golpeo la cabeza de mi padre con todas mis fuerzas y luego vuelvo a golpearlo un par de veces más, hasta que deja de golpear a Nico para tratar de levantarse e ir a por mí. Sigo golpeándolo, esta vez no en la cabeza, sino en cualquier lugar que puedo alcanzar, hasta que el cucharón es arrancado de mi mano y lanzado lejos, luego siento el dolor de ser golpeada en el costado de mi cara, por el puño de mi padre.
Me cubro para tratar de protegerme contra un segundo golpe, pero el grito de mi abuela nos detiene a todos.
-¡Detente, ahora!- grita ella. Miramos y está apuntando un arma, una que nunca había visto y que no sabía que tenía, en dirección a mi padre. Él también debe estar lo suficientemente sorprendido, porque empieza a maldecir e insultar a mi abuela, sin embargo, se va de la casa.
Cuando la puerta es cerrada, corro hacia Nico y lo ayudo a levantarse.
-¿Estás bien?- pregunto a mi hermano. Él hace una mueca, pero asiente.
-Vete tú también. No quiero volver a verte en esta casa nunca más- escuchamos la voz de mi abuela y miramos, asustados. Es cuando nos damos cuenta de que le habla a mi madre, quien probablemente estuvo viendo todo, sin mover un dedo para defendernos.
Mi madre no se niega y sale rápidamente por la puerta, siguiendo a mi padre, sin siquiera hacer un intento por protestar o llevarse algo, lo que es decepcionante, pero no sorprendente.
-Mara ayuda a curar a Nico y después tengo que hablar con ustedes dos- dice mi abuela, luego regresa a su cuarto.
Ayudo a sentar a Nico en una de las sillas del comedor y voy por el botiquín, ahora dándome cuenta de la magnitud de lo que acabamos de vivir.
Mi cara palpita y arde, mientras traigo el botiquín, haciéndome sentir mal por la cantidad de golpes que recibió Nico. Si uno me duele así, no puedo imaginar qué tanto le dolerá a él.
-Déjame ver- le pido a Nico. Él levanta su cara y empiezo a limpiar sus heridas.
-Esto me trae recuerdos- Nico intenta sonreír.
-Sí, a mí también- digo, intentando reír igual que él, aunque no son recuerdos alegres. Varias veces pensé que Nico no sobreviviría a las graves heridas que le ocasionaron y cada vez que veo las cicatrices en su cuerpo, recuerdo lo cerca que estuve de perder a mi mellizo.
-¿De qué crees que querrá hablar la matriarca?- pregunta Nico.
-Quizá sobre correr a nuestra madre o sobre esa arma que sacó de algún lado- respondo.
-Eso fue una sorpresa, nunca pensé que tendría un arma escondida.
-Ni yo. También fue una sorpresa que nos defendiera y corriera a mamá de la casa. Eso nunca había pasado- digo, terminando de limpiar la sangre en su cara. Busco las cosas en el botiquín para desinfectar las heridas.
-Lo bueno es que parece que Johan no se despertó- dice Nico, haciendo una mueca cuando desinfecto una de las heridas.
-Tiene un sueño muy pesado- comento. Ambos tratamos de comportarnos lo más fuerte posible, pero es difícil cuando es tu propio padre quien te desprecia y golpea. La única ventaja para nosotros es que ya no esperamos nada bueno de él, tampoco de nuestra madre. El tiempo de desilución pasó hace tanto que ya no nos sorprende, sin embargo, eso no significa que no duela. -¿Cómo entró?- pregunto.
-Él tenía una llave, no sé cuándo sacó una copia de la cerradura de la puerta, pero debe haberla tenido desde antes de que el mundo entrara en crisis. Me quedé dormido cuando amaneció y desperté con el sonido de la puerta siendo abierta. Me tomó por sorpresa.
Así que estuvimos todos estos días en peligro.
Hemos estado haciendo turnos para vigilar, aunque ya no está aquí Iván y no está dándonos su apoyo, temimos que mi padre podría hacer algo igualmente.
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Comments
Patty Molina
pobre mal por Iván que los dejo de lado después de ofrecerle apoyo
2024-06-24
1
indira avila
pobres 😰😢
2024-05-25
0