Ese camino que me costó varias horas recorrer, es devorado rápidamente por la moto y mientras hacemos nuestra salida de la cuidad, me pregunto cómo es que terminé viajando con un completo desconocido.
Por favor Dios, que él sea de los buenos.
En realidad fue una idiotez de mi parte venir sola a la ciudad, sin siquiera un pequeño cuchillo o algo con lo que me pudiera defender, pero cada vez que tengo hambre o veo como me miran los demás, como si fuera un desperdicio gastar comida en mí, siento que no quiero seguir de la misma manera. Quiero poder ser quien provea, quiero ser valiente.
Pero ni cuando me esfuerzo, logro hacerlo bien. Todos mis intentos siempre terminan de la misma manera.
Veo cuando dejamos las estructuras oscuras atrás y el terreno pasa a ser plano. Antes, estas tierras eran un lugar donde se sembraba y cosechaba, ahora no son nada más que tierra muerta.
Toco al tipo que me lleva, para hacerle saber que por aquí está bien, rogando para que él no intente atacarme también.
Él detiene la moto y me bajo de ella.
-¿Estás segura de que aquí está bien?- pregunta el hombre, mirando alrededor, al oscuro lugar.
-Sí, vivo cerca de aquí. Gracias por traerme- respondo. De ninguna manera puedo llevarlo más cerca de los demás.
-Oye, quiero saber algo. ¿Sabes algo sobre una puerta al infierno?- pregunta de la nada, sorprendiéndome.
¿En serio dijo una puerta al infierno?
Intento mantenerme lo más calmada posible y no dar muestras de que podría saber algo.
-¿No estamos ya en el infierno?- respondo con sarcasmo, tratando de ocultar el temblor en mi voz.
-Ese tipo inútil dijo que estaba aquí, ¿Acaso tendré que interrogar a todo el mundo?- habla para sí mismo, más que para mí.
¿A qué se refiere con interrogar?
-No sé nada, pero me tengo que ir- digo.
-Bien, no te metas en mierdas. Este mundo ya no es tan amable con ustedes- dice él, supongo que lo dice refiriéndose a las mujeres y aunque suene un poco machista, es la dura realidad. No tomo sus palabras a mal y agradezco porque parece que me dejará ir sin hacerme nada y sin preguntar más sobre la puerta al infierno.
¿Dónde escuchó sobre ella y qué quiere hacer cuando la encuentre? ¿Alguien puede preguntar algo tan raro sin parecer un loco siquiera?
-No volveré a hacerlo, gracias- digo, él asiente y me doy vuelta, empezando a caminar hacia el costado del camino, pasando por un lugar donde la cerca ya no está en pie.
Me interno un par de minutos y luego escucho como la motocicleta nuevamente se pone en marcha, lo que me tranquiliza finalmente.
La puerta del infierno… Esa maldita cosa. Él no debería saber nada sobre ella y corre peligro si continúa buscando información.
Camino por alrededor de otra hora, hasta llegar a mi comunidad. Un pueblo pequeño en el que sólo viven alrededor de siete familias, todas ellas guardando el gran secreto de la puerta del infierno que el hombre joven buscaba.
Es irónico que él la busque y yo no quiero otra cosa que desaparezca.
Las familias de la comunidad han sido por generaciones las guardianas de la puerta, pero mi familia es la única con la capacidad para abrirla y cerrarla. En específico, las mujeres de mi familia.
Mi abuela Mariana, es la matriarca de la comunidad y contaba con la habilidad de abrir la puerta al infierno, hasta que nació mi madre. En el momento en que otra mujer nace, la anterior pierde su poder y pasa al bebe recién nacido. Y así debería haber sido conmigo también, pero en el momento en que nací, mi madre perdió su poder sobre la puerta, sin embargo, yo nunca obtuve el poder.
Mi abuela dice que quizá el poder no se traspasó porque nacimos mellizos y eso pudo interferir de alguna manera. Es por eso que mi hermano Nico y yo, siempre hemos sido tratados como un fracaso, sobre todo son crueles conmigo, como si yo hubiera decidido no nacer con el poder.
Cuando vieron que no lo tenía en mí, mi madre intentó tener otra niña, pero en su lugar nació mi hermano Johan, que ahora tiene diez años y como fue un parto complicado, no pudo intentarlo nuevamente.
Así que ahora nadie tiene el poder de controlar la puerta hacia el infierno y lo que es peor, nadie tiene la habilidad de cerrarla. Si es que algo logra abrirla, será el fin de la humanidad.
No es que el fin de la humanidad esté demasiado lejos de todos modos.
Me escabullo dentro de la comunidad y en mi casa, sin que nadie se de cuenta. Luego me acuesto en mi cama y acepto que fracasé en encontrar comida y tuve suerte en regresar con vida e intacta.
Si no fuera por ese hombre que me salvó… Ahora que lo pienso, ¿Cómo empezaron a quemarse los hombres que me intentaron atacar?
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