Me despido de Gael, prometiendo volver con armas y encargarme de cualquier problema que haya llegado al camino.
Pronto me encuentro con los dos hermanos de Gael, quienes están observando el lugar donde tienen su barricada. Me uno a ellos, haciéndoles un gesto para que guarden silencio.
Detrás de mi moto hay un vehículo todo terreno y alrededor del lugar hay cinco tipos armados, dos de ellos revisan mi moto y los otros tres conversan.
-Esos dos tipos de allí vinieron ayer- susurra para mí el segundo hermano mayor.
-Los detuvimos, pero ahora son más y tienen armas- susurra su hermano, el menor de todos los chicos.
Como pensé, dejarlos ir vivos es una mala idea.
-¿Puedes ayudarnos con tus poderes de dios?- pregunta el segundo mayor.
Hago una mueca, porque nunca debí haber dicho esa mentira. Como sea.
-¿Cómo te llamas?- preguntó.
-Víctor y él es José Luis.
-Bueno, ahora les haré una demostración de lo que puedo hacer- digo, mirando molesto como tocan mi moto y uno de esos tipos se sube a ella.
Me levanto desde donde estoy escondido y camino hacia ellos.
Cuando me ven, inmediatamente levantan sus armas.
-Tranquilos, estoy desarmado- digo levantando mis manos.
-¿Qué quieres?- pregunta uno.
-Bueno, resulta que esa moto es mía y la quiero recuperar- digo, haciendo un gesto hacia la moto, ocultando mi malestar.
Odio que toquen mis juguetes.
-Ahora es mía, piérdete si no quieres morir- dice el tipo que estaba sobre mi moto, bajando de ella, como si estuviera listo para pelear.
-Ya escuchaste, si no quieres que te disparemos, piérdete y no estorbes- dice otro.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué dijiste?! ¡No pude escucharte!- casi grito, como si aún estuviera hablando con la abuela, mientras meto uno de mis dedos en mi oído, como si hubiera algo mal conmigo.
-Qué mierda este tipo, voy a matarte- se molestan.
Dejo mi excelente actuación y sonrío satisfecho. -¿Con qué?- pregunto burlón.
Ellos se miran confundidos por un segundo, seguramente preguntándose si estoy ciego y no puedo ver sus armas, pero inmediatamente todos ellos las dejan caer de golpe.
Soy un poco genial. Pienso cuando veo las armas caer y a los tipos quejarse y gritar por las manos quemadas.
-¡Víctor, José Luis, vengan!- grito. Ambos se apresuran a venir a mi lado, mirando con satisfacción a los cinco tipos. -Ahora aprenderán una lección importante. Cinco tipos armados, volviendo al día siguiente después de que ahuyentaron a dos de ellos, ¿saben lo que eso significa?
Víctor asiente, mientras que José Luis lo piensa y luego responde. -¿Vinieron a quedarse con nuestra casa?
-Vinieron a más que eso. Vinieron a acabar contigo y con toda tu familia- respondo sombríamente.
-¡Cállate de una vez! ¡Me aburriste!- dice uno de ellos, sacando una pistola de entre sus ropas, pero inmediatamente la suelta, ya que una vez más quemo sus dedos. Todos ellos ahora están asustados y enojados.
-Salgamos de aquí- dice uno, dándose la vuelta para correr hacia el vehículo, pero lo detengo con una pared de fuego.
-Estoy impartiendo una lección importante aquí, no me interrumpas- lo reprendo, mientras que él cae al suelo, sin dejar de mirar la pared. -Bueno, continuemos. Como está el mundo ahora, hay varios tipos de personas con las que se encontrarán. Una de ellas son las ratas como ellos, matarán, violarán y harán todo tipo de cosas horrendas, luego están los desesperados, estos son casi más peligrosos, porque son muy impredecibles y por último están aquellos como ustedes que son gente buena en un lugar infernal. Son como un pequeño conejo entre una jauría de lobos.
-¿Qué debemos hacer entonces?- pregunta Víctor.
Lo pienso por un momento y luego respondo. -Si son buenos como ustedes, pueden dejarlos ir o ayudarlos, si son de las dos clases restantes, deben eliminar la amenaza.
-¿Y qué pasa si fingen ser buenos?- pregunta José Luis.
-Eso es fácil, simplemente no debes confiar en nadie más que en tu familia. Da por hecho que todo aquel que insista en pasar desde este lugar hacia delante, es malo y debe ser eliminado. No los dejen ir si tienen la más mínima sospecha de que volverán. Ayuden a Gael a cuidar de su familia como lo han hecho hasta ahora, aún si tienen que eliminar un par de ratas- digo, mientras ambos me prestan atención. Estiro mi mano y cubro los ojos de José Luis, quien aún es pequeño para ver muertes, pero que no siempre va a poder ser protegido de este horrible mundo al que el Rey Dragón nos condenó. No, al menos que pueda hacer algo rápido. -No tengan piedad con las ratas, porque ellas no la tendrán con ustedes- digo, mientras que prendo fuego a sus cuerpos y los quemo rápido, pero estando vivos. Sus gritos son especialmente terribles y el olor es nauseabundo, tanto que Víctor, en algún momento desvía su mirada y cubre su nariz. No lo culpo, no es una imagen bonita y seguramente ambos soñarán con esos gritos, pero deben ser fuertes ahora, aunque eso signifique ser un maldito desgraciado o serán sus hermanos o su hermana, quizá su abuela, la que grite de dolor y suplique luego.
Termino de quemar sus cuerpos, hasta que no quedan más que unas pilas de ceniza y sólo entonces saco mi mano de los ojos de José Luis, luego me limpio la mano en mi pantalón, ya que las lágrimas del niño la mojaron. No lo reprendo, en su lugar me siento miserable. Miserable como cada vez que termino de torturar a alguien o como cada vez que termino de asesinar.
-Víctor, recoge las armas con cuidado y se las llevas a Gael, dile que son las armas que prometí. Procuré no dañarlas, así que todas deberían servir- voy hacia el todoterreno y reviso lo que llevan. Veo que traían una motosierra, seguramente para despejar el camino, también veo amarras y algunas cadenas, una de ellas tiene sangre en ella. Aprieto los dientes, pero me concentro en buscar, no encontrando nada importante. - Lleva el todoterreno cuando puedas, les puede servir.
-Está bien- asiente Víctor, todavía medio aturdido.
-Escucha Víctor, cuéntales lo que hice y dije al resto de tus hermanos- digo, sosteniendo uno de sus hombros.
-Lo haré- dice, tragando saliva.
-¿Eres en realidad un dios de la muerte?- pregunta José Luis entonces, habiendo dejado de llorar.
-¿Un dios de la muerte?- pienso en todos los que he asesinado y decido que quizá es más apropiado que llamarme dios del fuego. -Puede, pero este dios de la muerte espera verte vivo a ti y a tus hermanos la próxima vez que venga, así que aunque sea duro, mantente con vida.
El niño asiente, me despido de ellos, subo a mi moto y voy directamente hacia donde me indicó la abuela. Hacia la primera pista de la maldita puerta del infierno.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 85 Episodes
Comments
Patty Molina
está increíble está historia
2024-06-24
2