A nuestro paso, todos los que se encuentran alrededor se quedan callados o murmuran. Para muchos es la primera vez que ven a alguien de afuera desde hace mucho tiempo.
Lo llevo a mi casa, donde mi abuela conversa con mi madre en la mesa de la cocina.
-Matriarca Mariana, hay alguien que necesita hablar con usted- las interrumpo, sabiendo que odia que lo haga. También odia que la llamemos abuela.
Ella me lanza una mirada, estudiando mi ropa mojada, pero no dice nada, en su lugar centra su atención en el joven a mi espalda.
-Vaya joven, ¿Te perdiste?- pregunta amablemente, muy diferente al trato que nos da regularmente.
-En realidad no, vine a buscar este lugar porque alguien me dio las indicaciones- responde relajadamente, mientras que se sienta en la mesa con sólo un "permiso".
-Mara, ve a cambiarte, Lila ve a ayudar afuera- nos ordena a mi madre y a mí. Ambas nos movemos inmediatamente, sabiendo que no está contenta con la visita.
Mi madre sale de la casa, mientras que yo me quedo espiando la conversación apegada a la puerta que da a la cocina.
-Joven…
-Iván.
-Iván entonces, ¿me puedes decir quién te dio las indicaciones para llegar aquí y por qué querrías hacerlo?
-Una persona y llegué buscando algo que necesito- responde Iván, sin muchos detalles y casi puedo adivinar que se está divirtiendo, haciendo molestar a mi abuela.
-Si buscas comida ya casi no tenemos, también los pozos se están secando- aclara ella.
-No me interesa eso, vine aquí por algo mucho más raro. Dime abuela, dónde está lo que ocultas.
-No oculto nada- responde con tono enojado mi abuela. Debí advertirle sobre el carácter de ella.
-Yo creo que sí. Busco una puerta al infierno y no dejaré este lugar hasta que me lleves hacia ella- amenaza Iván.
-¿Una puerta al infierno? ¿Es una especie de broma?- pregunta la abuela, pero no es tan buena actriz y hasta yo puedo escuchar que sus palabras suenan poco convincentes, mucho más Iván que está viendo sus expresiones.
-Mira abuela, debes saber que el planeta está dejando de girar y que pronto seremos exterminados. Sé quién lo provocó, pero no podemos encontrar al maldito para que lo revierta, la única solución es sacar a alguien del puto infierno con la habilidad de encontrarlo, así que es mejor que empieces a hablar y me lleves allí- la voz de Iván se escucha mortalmente seria esta vez.
-Estás loco, eso es imposible- dice mi abuela.
-No me importa una mierda si no me crees, simplemente dime dónde está la puerta o empezaré a molestarme y no quieres que eso pase, te lo aseguro. Si tengo que matar a todos aquí para que hables, lo haré y será jodidamente fácil.
Así que esa es la razón por la que buscaba la puerta.
-Puedo llevarte a ella, pero no tiene caso hacerlo. No podemos abrirla, nadie puede- digo a Iván, saliendo de mi escondite.
-¡Mara!- grita la abuela.
-¡Es la verdad! Él busca una manera de salvar al planeta, es injusto ocultar eso de él- le respondo y se queda callada, sabiendo que tengo razón.
-Lo siento, se supone que yo debería poder abrir y cerrar la puerta, pero no puedo. Nací sin la habilidad- me disculpo con Iván, mientras que mis ojos se vuelven borrosos y me siento más inútil que nunca. Siempre supe que era un fracaso, pero resulta que ahora seré la responsable de que el mundo desaparezca.
-Ya veo, por ahora ve a cambiarte de ropa, hablaremos después de eso- dice simplemente Iván, calmadamente, como si no le hubiera perturbando mi confesión.
-Está bien- digo y esta vez sí voy a cambiar mi ropa, mientras trato de calmarme, pero es casi imposible.
Ojalá no hubiera escuchado lo que dijo Iván…
Mi alma ya dañada, se rompe un poco más por la importancia y la sensación de fracaso. También la culpa por todos aquellos que morirán, porque yo no tengo la fuerza para abrir la puerta.
La odio, odio la puerta, también odio a todos aquí, menos a mis hermanos, pero por sobre todo, me odio a mí misma. No importa lo buena que sea, no importa todo lo que me esfuerce, no importa todo lo que lo intente, nunca es suficiente, nunca será suficiente.
Cuando salgo más calmada, mi abuela me está esperando.
-Puedes llevarlo a la puerta, pero no te atrevas a decir nada sobre la profecía de la adivina. Ese es un secreto entre las dos y no debes decir nada, mucho menos a un desconocido, con una historia que puede que ni siquiera sea real. Recuérdalo y luego hablaremos de tu castigo.
-Está bien- digo, tragando saliva, no queriendo volver y ser castigada.
-Ve, él quiere hablar contigo. Parece peligroso, así que por ahora haremos lo que él quiere, hasta que decidamos qué hacer con él. Me reuniré con los demás jefes de familia.
Asiento y salgo al patio, donde veo a Iván apoyado contra el poste de la puerta del patio, mirando hacia la gente que sin disimular lo mira de vuelta.
-Esta gente es un poco chismosa ¿no? Quizá debería enseñarles una lección- me dice cuando llego a su lado.
-No puedes culparlos, no nos permiten salir de aquí sin permiso y rara vez viene alguien del exterior- explico, aunque una pequeña parte de mí está tentada a decirle que una lección es buena idea.
-Así que eres una rebelde, escapando y eso- dice, mirándome y debo admitir que al verlo a la luz del día se ve extremadamente atractivo.
-Sólo quería un poco de comida- murmuro.
-Como la mayoría últimamente- dice despreocupado. -El mundo se fue definitivamente a la mierda. Pero eso no me impedirá ver esa maldita puerta, aunque no pueda abrirla. Llévame allí Mara.
-Bien. Sígueme- empezamos a caminar por un sendero, alejándonos.
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