MARA
Desde que la comida empezó a escasear, hemos tenido que empezar a hacer algunos cambios. Primero que nada, se requisó toda la comida de las casas y se creó una olla comunitaria, es allí donde todos comemos ahora, incluso mi abuela, la matriarca.
Estuvimos bien por un tiempo, pero con el paso de las semanas, las raciones se volvieron cada vez más pequeñas, también se redujo a dos comidas al día y así como van las cosas, probablemente pronto será una. Antes que el mundo cambiara podíamos sembrar y cosechar, pero ahora nada de lo que sembramos germina. Es más, hasta los pozos se están secando y escuché que mi abuela le decía a mis padres que debíamos encontrar una solución pronto o todos moriremos.
Cualquier otra persona se irá de aquí antes de que eso pase, pero nuestra familia aún entonces tendrá que quedarse a cuidar la puerta del infierno. Siempre debe haber algún miembro de nuestra familia cerca de la puerta o de lo contrario perderá estabilidad y podría ser abierta.
A veces pienso que abrirla sería lo mejor que podría pasar, el mundo se acabaría, pero al menos yo sería libre.
Suspiro, mientras me pongo a la fila para la comida de la mañana, sabiendo lo que me espera. Falta un año para que cumpla diecinueve… una vez que comprobaron que no tenía poder sobre la puerta y no puedo ni abrirla, ni mucho menos cerrarla, fueron con una vieja adivina, ella les dijo que a los diecinueve años tendría un hijo, uno con el poder de controlar no solo esta puerta, sino todas las puertas al infierno que existen y que ese niño tendría la habilidad de caminar en este mundo y en el infierno por igual, controlando la vida y la muerte.
La profecía fue tan importante que mi abuela lo guardó en secreto, temiendo que cualquiera de las otras familias quisiera obtener ese poder. Incluso es un secreto que mis padres desconocen. Los únicos que lo sabemos son mi abuela, Nico, mi mellizo, a quien se lo conté porque no podía ocultar algo así de él y yo.
Mi abuela decidió hace un año que debía casarme con Ricardo, uno de los chicos del lugar, ya que según ella es la mejor opción y no aceptará un no, ni de mi parte, ni de la de él o su familia. Nuestro matrimonio está pactado en un mes más y se llevará a cabo aún con la situación actual del mundo. El problema es que él, al igual que el resto, piensa que soy una inútil y odia tener que casarse conmigo.
No quiero un padre así para mi hijo. Pienso, sintiéndome deprimida y mucho más cuando la señora que reparte la comida, pone en mi plato una porción mucho más pequeña que la del resto.
Ella me da una mirada burlona, antes de llamar al siguiente.
Me resigno, porque siempre es así aquí, al menos desde que puedo recordar. Miro alrededor y todos los que están cerca me ignoran. Luego veo una mano levantada.
Nico.
Él está con Johan, mi hermano menor, en una mesa apartada del patio. Voy hacia ellos, sintiéndome mal como siempre, después de todo, ellos también fueron atacados por mi culpa.
Como no nací con los poderes para controlar la puerta, culpan a Nico por ser mi mellizo y por supuestamente quitar mi habilidad y a Johan lo culpan por no nacer mujer.
Es tan injusto. Ninguno de nosotros decidió nacer así.
-Mira Mara, Nico me enseñó a hacer un cuchillo- me muestra Johan el cuchillo de palo que lleva con él.
-Vaya, que bien hecho quedó- digo, mientras lo estudio detenidamente. Nico me patea, sabiendo que estoy exagerando.
Le sonrío, mientras devuelvo el cuchillo a Johan. Él me sonríe también, eso hasta que ve mi plato, luego aprieta los dientes.
-Está bien, Nico, estoy bien así- digo -siempre quise bajar de peso y ahora pronto estaré delgada.
-Estas bien así- dice Nico.
-Sí Mara, eres calentita- dice Johan, mientras me abraza.
-Eso no me hace tan feliz- le digo, abrazándolo de vuelta. Probablemente soy la que más ha perdido peso desde que esto empezó y aunque siempre quise hacerlo, la situación en la que lo estoy haciendo es triste.
-Ellos se arrepentirán Mar- dice Nico y sé que se refiere a que tendré un hijo tan poderoso, que todos se arrepentirán de haberme subestimado. Aunque desearía no tener que dar a luz a un hijo para que eso pase. Pienso frustrada. Sobre todo en un mundo condenado. Y estoy segura de que Nico lo piensa también. Sé que él intenta protegernos lo mejor que puede, pero su situación es sólo un poco mejor que la mía. Se supone que somos la familia más poderosa entre las demás, pero nosotros tres somos despreciados como si no fuéramos más que un estorbo.
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Comments
Patty Molina
que triste 😢
2024-06-24
1