IVÁN
Me alejo un poco de la chica, luego detengo mi motocicleta y la escondo lo mejor que puedo entre los matorrales al costado del camino. Luego corro de vuelta hacia el lugar donde dejé a la chica, siguiéndola.
Preferiría estar dormido en mi campamento para este momento, pero las ratas, antes llamadas personas, les gusta merodear especialmente de noche y necesito información.
Fue una suerte que estuviera interrogando a una de esas ratas, cuando escuché los gritos de esos idiotas o de lo contrario, esa chica…
Mejor no pensar en eso.
No me toma demasiado encontrar a la chica, debido a que es ruidosa al andar, como cualquier persona normal lo sería.
Debería cambiar eso ahora que el mundo es una inmundicia. Nunca sabes quién te puede estar siguiendo.
Caminamos por alrededor de una hora, al principio en dirección paralela al camino, lo que demuestra que al menos tuvo la precaución de no darme su ubicación. Pronto llegamos a un grupo de pequeñas casas, repartidas por aquí y allá, en medio del campo.
Veo que tienen a alguien vigilando, pero está más dormido que despierto, por lo que la chica ingresa en una de las casas, sin mayor problema.
Bien, hice mi buena acción del día.
Vuelvo sobre mis pisadas, conforme con haberme asegurado de que ella regresara a salvo.
No podía hacer otra cosa más que cuidar de ella, ya que tiene alrededor de la misma edad de mi hermana Lina y de Marie, mi Dragón.
Aunque ellas dos fácilmente podrían con tres ratas.
De cualquier modo, este mundo ya no es amable con los humanos normales y que aún conservan su conciencia, como le dije a ella. Ahora los fuertes son los reyes y los desalmados están en su patio de juego.
Si no fuera por ese maldito Rey Dragón, quien en lugar de castigar solamente a la Orden de la luz, un grupo que odiaba y utilizaba a los Dragones y centinelas para su conveniencia, se le ocurrió castigar a todo el mundo, todo seguiría de la manera en que era.
Ahora por su culpa estoy persiguiendo una maldita quimera.
Llego a mi moto mucho más rápido de lo que le tomó a la chica recorrer el mismo trayecto y pongo rumbo a mi campamento, el que está hacia el sur de aquí.
Mientras conduzco, pienso en esa maldita puerta del infierno que busco. Estamos tan malditamente desesperados por encontrar al Rey Dragón, para que solucione esto, que hemos llegado al extremo de buscar posibles soluciones demasiado creativas.
Mi cuñado Alexander, un torpe y romántico Dragón Negro, está persiguiendo una historia diferente en algún lado, también lo hace Ryu, el único Dragón Blanco que conocemos, además de su hijo. Mientras que el resto, está tratando de sobrevivir y salvar a todos los que pueden.
En cuanto a la historia de mierda que estoy siguiendo y por qué lo estoy haciendo… En la leyenda sobre cómo se originaron los centinelas, había una referencia a otros Dragones, tan poderosos como el Rey Dragón. Ellos fueron asesinados por el Rey Dragón y ahora busco la manera de conseguir que uno de ellos nos ayude a encontrar al Rey Dragón o que solucione el problema él mismo. Para ello, por supuesto, tengo que meterme en el infierno y conseguir ayuda de alguno de ellos, además de sacarlo de allí, lo que puede que provoque otro desastre, si es tan idiota como el Rey Dragón. Fácil.
No sé cómo mierda se les ocurrió buscar una solución así. Lucas está loco.
Para ello, he seguido una información poco confiable, con la que contaba mi tío Lucas, donde corría el rumor de que en este lugar había una puerta al infierno.
No sé de dónde sacó esa información y la verdad es que ni siquiera quiero saber. Pero hasta ahora he estado cinco días en este lugar y nadie sabe nada.
Lo peor es que cada momento que pasa, más y más personas mueren en todo el puto mundo.
Y si encuentro la puerta y existe el infierno, probablemente sea yo quien muera.
Llego a mi campamento y pronto estoy acostado, pensando en Lina, mi hermana, Marie mi Dragón, mi tío Lucas y el resto. En si estarán bien.
Las comunicaciones se cortaron hace ya un tiempo atrás, también lo hizo la electricidad, de modo que no puedo saber de ellos.
Al menos puedo saber que Marie está viva, ya que estoy vivo.
Pero vivo, no es lo mismo que bien. Esa chica a la que salvé, pudo haber quedado viva, pero esas ratas estaban listos para violarla.
Ni siquiera le pregunté qué estaba haciendo sola por la noche…
No le pregunté, pero puedo adivinarlo. Comida, la que está escaseando cada vez más o quizá buscaba a algún ser querido perdido, puede que sea alguna otra razón, pero cualquiera que sea, espero que esté más preparada la próxima vez.
Al día siguiente, me muevo hacia la ciudad nuevamente y durante el día y la noche, interrogo a todo el que me encuentro. Mi manera de preguntar es equivalente a la calidad de la persona a la que estoy preguntando y no tengo problemas en meterme con las peores ratas, después de todo soy un centinela. Alguien entrenado como el mejor militar o el más eficiente asesino.
Y si eso no fuera suficiente, tengo mi maldito fuego. Soy tan genial que da miedo.
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