Lo estudio y veo que es un chico de mi edad o quizá uno o dos años menor.
-¿Qué quieres?- pregunto, no curioso, sino deseando que me deje solo. Después de ver por mi mismo la puerta del infierno, necesito pensar en una forma de abrirla y pronto.
-Mara me pidió que te buscara y te ayudara en todo lo que pidieras, también que respondiera tus dudas- responde el chico.
-Vaya, no me esperaba eso- y es verdad, no me esperaba que enviara a alguien -¿Dónde está ella?
-No puede venir ahora mismo- el chico evita mi mirada cuando dice esto. ¿Qué pasa con él?
-Ven aquí y dime quién eres- le pido. Él se acerca y se sienta frente a mí, justo donde le señalé.
-Soy el hermano mellizo de Mara, me llamo Nicolás- se presenta.
Así que mellizos…
-Pues no se parecen en nada- declaro, después de mirarlo un momento. Digo eso, pero puedo ver el parecido entre ellos, ambos rubios, pelo liso, ojos café claro, sus pieles blancas. Diría que lo que los diferencia es en realidad la altura y el peso. Mara probablemente está bajo el metro sesenta y Nicolás mide alrededor de uno setenta y cinco y mientras Mara es redondita de cara y un poco rellenita de cuerpo, su mellizo se ve como alguien de contextura normal.
-¿En serio? Todos dicen que nos parecemos- me mira extrañado, pero sólo me encojo de hombros.
-Bueno hermano, si estás aquí para ayudarme, eso significa que Mara te contó por qué estoy aquí y lo que necesito.
-En realidad no, no pude hablar con Mara lo suficiente para saber, simplemente me pidió que te buscara y te ayudara- me explica Nicolás.
-Ya veo- digo sonriendo, porque de verdad no esperé que Mara hiciera algo así. Supongo que es una chica interesante después de todo. -Es tu día de suerte hermano, porque estás conociendo a alguien que busca salvar el mundo.
Él me mira sorprendido y por un par de segundos no dice nada.
-¿Puedes no llamarme hermano? No me agrada- es lo que dice.
-No quiero. Ahora escucha lo que te diré, porque no pienso repetirlo- le advierto. Luego lo pongo al día de el Rey Dragón y de mi necesidad de entrar en el infierno, sin importar qué. -¿Alguna idea?- pregunto cuando termino.
-Un par- dice después de un momento. -El poder de manipular la puerta pasa de mujer a mujer dentro de nuestra familia directa. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre, todas ellas lo han heredado y probablemente haya sido así desde mucho antes también. La primera hija hereda el poder y cuando su hija nace, ese poder se traspasa- explica. -Siempre es sólo una mujer la que mantiene el poder, nunca dos. Es por ello que se hereda sólo a la primera hija, no importa si después nace una segunda o más.
-Lo entiendo y por lo que dijo Mara antes, ella no lo tiene.
-No. No lo tiene, nunca lo obtuvo en primer lugar y ese hecho ha convertido nuestra vida en un infierno- sigue, bajando la mirada a sus manos en su regazo. -A ella la culpan porque están tan llenos de arrogancia. Creen que son especiales por tener el secreto de la puerta y el poder de abrirla y acabar con el mundo... El no tener ese poder sólo los hace ser personas normales con una puerta que no lleva a ningún lado y eso les jode de una manera enferma. Me culpan por ser su mellizo y posiblemente ser la causa de que Mara no tuviera el poder, por algún tipo de error y cuando mi madre intentó tener otra hija y en su lugar nació mi hermano Johan, lo culparon por no nacer como una mujer… Es horrible y Mara se lleva la mayoría del hostigamiento y no puedo hacer nada- esa última frase suena cargada con una frustración y una culpa que no me gustaría tener sobre mis hombros.
-Dime qué hacen tus padres y la abuela con respecto a eso- pido.
-La matriarca siempre nos ha tratado más estrictamente que al resto y nunca se ha puesto de nuestro lado. Supongo que cuida de que no la acusen de favoritismo por ser nuestra abuela. Mi madre después de tenernos y que el poder no se transfirió, sigue ciegamente lo que la matriarca o mi padre dicen y mi padre…
-No tienes que decirlo, ya lo conocí- lo detengo, recordando al imbécil de antes.
-Sí… Ese es mi padre. El matrimonio de mis padres nunca fue por amor, sino concertado, pero aún así, en lo que se convirtió es algo retorcido.
-Entiendo mejor la situación ahora y es una mierda- digo simplemente. La verdad es que puedo entender, pero no podría sentirme de ninguna manera identificado. Nosotros los centinelas sufrimos otros tipos de problemas. Abandono, soledad, responsabilidad a temprana edad, cuidar de alguien que no sabe de tu existencia, entrenamientos permanentes, con la muerte constantemente pisando nuestros talones y cosas como esas.
-Lo es. Ahora que sabes la situación, puedo decirte una de las maneras que posiblemente abriría la puerta, pero no te entusiasmes demasiado, porque no es algo seguro y una vez abierta, no habría modo de cerrarla y supongo que sabes lo que eso significa.
-Mierda. Eso significaría que saldrían del infierno cosas que no queremos aquí- digo. -Suéltalo de igual manera, quiero saber mis opciones.
-Bien, se supone que siempre debe haber alguien de mi familia cerca de la puerta, ya sea quien tenga el poder sobre ella o lo haya tenido, eso es para mantener su estabilidad e impedir que se abra por sí misma- explica Nicolás.
-O sea tu abuela, tu madre o tu hermana- digo haciendo una mueca, entendiendo lo que eso implica.
-Exacto, si todo sigue empeorando, estas personas empezarán a irse de aquí y alguna de ellas tendrá que quedarse por obligación, aún si no hay esperanza de sobrevivir por mucho tiempo en este lugar- él toma un poco de pasto seco y lo arranca con rabia.
-Ustedes tienen tantas reglas que cumplir como nosotros los centinelas- digo, sintiendo simpatía por el pobre tipo.
Él me mira sin entender, pero no lo explico porque es irrelevante en este momento.
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