IVÁN
Sigo a Mara mientras que nos alejamos de la comunidad y no puedo dejar de sentirme mejor. Por alguna razón esa gente me pone los pelos de punta. No es que les tenga miedo, simplemente creo que hay algo mal con ellos, aunque no estoy seguro de qué es eso. Parecen una especie de secta.
-Así que… ¿Es verdad que sabes quién manipuló el planeta?- pregunta Mara de pronto, mientras pasamos entre los árboles, dejando atrás el sendero.
-Claro que lo sé. El maldito nos ha estado jodiendo la vida desde siempre, pero ahora se excedió… Olvida eso, siempre se ha excedido. No tiene ni una pizca de sentido común- y eso es decir poco.
-¿Quién podría tener tanto poder como para hacer algo así?- pregunta ella, curiosa.
-¿Quieres saber?- le pregunto divertido -¿debería decirte?
-Me gustaría saber.
-No estoy seguro, creo que no quiero que el resto de tu comunidad se entere- decido.
-No les diré- asegura.
-¿Será verdad? Ya una vez me mentiste- me sigo metiendo con ella.
-Es cierto, pero si digo algo tú puedes delatarm…- la detengo poniendo una mano sobre su boca, luego me inclino hablando directamente en su oreja.
-Es mejor que no hables tan fuerte. Acaban de sumarse dos personas a nosotros- le informo.
Ella asiente y me quedo cerca de ella, para que así nuestros vigilantes no puedan escucharnos.
-Tienes razón y en realidad no es que sea un secreto, simplemente no quiero que la gente con la que vives lo sepa. Si nunca lo saben, mejor para mí- sigo- qué me dirías si te dijera que fue un Dragón.
-¿Un Dragón? Tienes que estar bromeando. Los Dragones no existen- niega inmediatamente, deteniéndose para mirarme.
-Las puertas al infierno tampoco- devuelvo con una sonrisa irónica.
-Tienes un punto- dice, volviendo a caminar -pero ¿en serio? ¿un Dragón?
-Un Dragón, más específicamente un Rey Dragón. Un ser tan poderoso, que casi no sobrevivo cuando nos topamos con él por casualidad. Y soy malditamente fuerte- ese maldito Rey Dragón casi nos convierte en ceniza y eso que puedo controlar el fuego. Si no hubiera estado Ryu allí también, para ayudarme a enfriar el aire, estaríamos muertos.
-Un Dragón- murmura Mara, sonando todavía incrédula.
-Que nunca hayas escuchado de ellos, no quiere decir que sean tan raros. He visto a muchos. Mi cuñado es uno de ellos- digo, recordando a Alex. Espero que le esté yendo mejor que a mí.
-¡¿Tu cuñado?!- casi grita, sorprendida.
-Shhh, más bajo- la reprendo.
-Lo siento. Sólo es que no puedo imaginarlo- murmura.
-Bueno, son impresionantes cuando están transformados en Dragón, eso debo admitirlo y también es genial volar sobre ellos- pienso en eso- aunque soy genial también.
Mara me mira por sobre su hombro, -Veo que no tienes ningún problema de confianza.
-No muchos- devuelvo sin ninguna vergüenza.
Aunque en realidad alguna vez sí tuve algunos ¿O quizá no fueron de confianza, sino otra cosa? ¿Problemas afectivos quizá?
-Estamos llegando- me distrae Mara de mis pensamientos.
-Que bien…- es todo lo que alcanzo a decir, antes de que una niebla baja, de alrededor de medio metro de alto, nos rodee. -¿Qué mierda?
-Este lugar es siempre así, lúgubre.
Seguimos avanzando y mientras lo hacemos, los árboles, antes verdes y frondosos, se vuelven troncos muertos.
-¿Qué es ese olor?- pregunto unos momentos después.
-Agua estancada- responde Mara y unos pasos después puedo verlo. En un estanque rancio y turbio, dos árboles oscuros, casi como si estuvieran quemados, emergen del agua, sosteniendo una puerta de algún metal oscuro, tallada con inscripciones.
Es una vista impresionante, pero al mismo tiempo inquietante.
Lo peor de todo es el ambiente que rodea el estanque. Te provoca una sensación de miedo, y tengo la impresión de que hay muchos ojos observando hacia nosotros con malicia, es sofocante. Casi quiero salir corriendo de este lugar.
-Está es la puerta que buscabas, pero no puedes abrirla, nadie de nosotros puede, aunque de eso dependa nuestras vidas o las vidas de todo el planeta… Lo siento…
-Sí, bueno. Ahora que la encontré, descubrir cómo abrirla debería ser más simple ¿sabes?- digo, estudiando todo el lugar -En realidad no creía que existía para empezar y aquí está.
-Pero si no creías que existía, ¿por qué viniste a buscarla de igual manera?- pregunta, mirándome como si no pudiera entenderme bien.
-Porque era lo único que podía hacer. Una esperanza aunque poco probable, es mejor que ninguna esperanza- respondo, mirando el cielo, que por alguna razón está oscuro en este lugar, cuando unos tantos metros atrás todavía podía ver el sol.
-Supongo que tienes razón en eso.
-La tengo y encontraré una manera de abrir la puerta ¿Alguna idea?- pregunto.
Espero una negativa y eso es lo que obtengo.
-Ninguna- dice ella, pero puedo reconocer que duda por un segundo.
Supongo que sí tiene una idea. Pero puede que la detenga de decirlo el que sea una locura o un secreto, me pregunto cuál. De todos modos, voy a descubrirlo pronto.
-Vi suficiente, volvamos- le digo. Tendré que volver luego, sin ese par de vigilantes.
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