Capitulo 14

La paciencia no era el punto fuerte de Johnny, incluso no le gustaba hacer la cola de la caja para pagar cuando iba a un supermercado. Así que se estaba empezando a impacientar, a pesar de que la señora gorda que estaba sentada en la recepción y que al parecer jugaba solitario en su ordenador, le había dicho que la doctora había salido un momento y volvería en diez minutos. Pero ya habían pasado unos largos quince minutos desde entonces. Además, el sonido de la aguja-segundero del reloj de pared de aquel lugar no ayudaba mucho.

Johnny estaba a punto de irse, cuando vio que se aproximaba una mujer rubia, alta, delgada y que portaba unas gafas que la hacía parecer interesante. «Esa debe ser la psicóloga» pensó.

- ¡Buenas tardes! – Dice cuando pasa frente a Johnny, y continua caminando hacia la señora de la recepción – ¿tengo algo pendiente?

- No doctora. Solo el joven que la está esperando, pero no ha reservado cita.

- Este bien, todavía tengo un momento antes de irme. Por favor no me pase llamadas por ahora – la psicóloga se voltea a ver a Johnny – ven, pasa.

Johnny se levanta y sigue a la mujer hasta una habitación que al parecer era su consultorio.

- Adelante, póngase cómodo – le indica la doctora mientras le señala un gran sofá para tres personas – mi nombre es Susana Castillo, soy psicóloga y consejera de la universidad.

- Mucho gusto, Johnny Marquez – el chico le extiende la mano y luego de estrecharla con la doctora se sienta en el sofá.

- A, si, Johnny. El profesor García me habló de ti – la mujer toma una carpeta y un lapicero del escritorio y se la entrega a Johnny – por favor necesito que llenes esto.

Johnny llena un formato que al parecer eran preguntas de datos personales «es solo protocolo» especuló. Luego se la devuelve a la doctora que ya estaba sentada frente a él con una libreta en mano.

- García me dijo que no te concentras en clase – dice Susana mientras lo mira por encima de las gafas - ¿es esto cierto?

- Bueno no es solo las clases – Johnny se quita el bolso de la espalda y lo colca en el sofá a su lado.

- ¿Me quieres contar? – la doctora cruza las piernas y toma con más firmeza el bolígrafo.

- Desde hace una semana atrás, no he podido dormir muy bien  - Johnny apoya su espalda en el sofá y junta sus manos – he tenido pesadillas o me despierto a cada rato. Antes era tal cual noche, pero ya van tres noches seguidas que no he descansado – estruja sus manos constantemente mientras habla - En el día me la paso agotado, he incluso me quedo dormido en todos lados. 

- ¿tal vez algo te está preocupando que no te deja dormir? – dice la doctora. Johnny baja la mirada – tranquilo, lo que digas aquí no saldrá de estas cuatro paredes.

El chico suspira.

- El último día del rencuentro universitario, casi muero ahogado en una piscina. De hecho ese mismo día tuve mi primera pesadilla. No quiero sonar loco, pero desde entonces he soñado con un mismo sujeto, que viste con manto negro y una capucha que oculta su rostro.

- ¿Qué fue lo que paso en la piscina? – la psicóloga toma algunos apuntes en su libreta

- Había tomado algunos tragos y me sentí un poco mareado, no recuerdo lo que paso, pero mis amigos me contaron que me acerque al borde de la piscina y me pudo el peso del cuerpo, así que caí al agua – Johnny empieza a mover las piernas inquieto, no es fácil para él contarle todo a alguien que acaba de conocer- una chica que estaba en ese momento conmigo fue la que me rescato. Pero estuve unos minutos inconsciente.

- Bueno es normal que después de una tragedia de este tipo se tenga pesadillas – dice Susana mientras termina de tomar algunos apuntes en la carpeta – hay personas que no duermen por meses después de algo así.

- ¿y qué me dice del sujeto de las pesadillas?

- Por lo que me contaste, estuviste al borde de la muerte – señala la doctora acomodándose las gafas sobre la cabeza – es normal que le tengamos miedo a la muerte. Si nos ponemos a ver como describes a este sujeto, tiene mucha similitud a lo que llamamos la «Parca». Así que es tu forma de percibir la muerte en tus sueños.  

- ¿Y qué debo hacer entonces?

- Sé que no me has contado todo – la doctora tenía razón, Johnny había obviado los detalles – sin embargo está bien por hoy – cierra la carpeta y le coloca una etiqueta por fuera – por ahora te voy a enviar unas pastillas que te ayudaran a dormir por las noches – se levanta para dirigirse a un archivador junto a su escritorio– sin embargo quisiera que nos volviéramos a ver. No me quiero adelantar pero puede que estés sufriendo un trastorno del sueño.

- Lesly también sufre de un trastorno – balbucea Johnny.

- ¿Cómo dices? – Susana mira a Johnny tras guardar la carpeta en unas de las gavetas del archivador.

- ¿que cuando puedo volver?

- ¿Te parece el jueves a esta hora? – señala la mujer mientras esculca un compartimiento de su escritorio.

-   Si, está bien.

La psicóloga continúa rebuscando su escritorio.

-   Pensé que tenía las pastillas aquí. Tal vez las tenga en el almacén – señala mientras cierra la gaveta del escritorio – vuelvo en un momento – y sale del consultorio.

La mirada de Johnny se clava inmediatamente en el archivador donde la Psicóloga guardo su carpeta, si estaba en lo cierto aquello era donde archivaba los expedientes de sus pacientes, incluso el de Lesly. Pero fisgonear iba en contra de sus valores. Sin embargo estaba solo, nadie sabría que él había echado un vistazo.

- ¡qué más da! – dice Johnny y se levanta del sofá para lanzarse hacia el archivador.

Abre la primera gaveta y se encuentra con un grupo de expedientes ordenados alfabéticamente que van desde la “A” hasta la “N”, iniciando con el apellido de cada persona. Rápidamente cierra la gaveta y abre la siguiente, la cual tiene otros expedientes con el mismo orden, pero este contiene las letras faltantes.

Johnny empieza a repasar cada expediente con sus dedos temblorosos, mientras también los repasa mentalmente «T…T…Torrealba…Torres Gabriel…Torres Layla, Torres Lesly»

- ¡Bingo! – dice victorioso mientras extrae el expediente y lo abre.

De pronto empieza a sudar cuando escucha que unos pasos de tacones se aproximan por el pasillo. Johnny trata de pasar su vista rápidamente por las hojas, pero los nervios lo traicionan y no comprende nada de lo que ve. Cierra la gaveta y se levanta. Afuera se escucha a la recepcionista hablar con la doctora.

- Doctora su esposo llamo para decir que si puedes buscar hoy a la niña al colegio.

- Esta bien, ya lo llamo – se oye mientras Johnny ve como la perilla de la puerta se mueve.

La Psicóloga abre la puerta y se sorprende al ver a Johnny.

- ¿Qué haces?

- Que gran colección tienes – dice Johnny que estaba parado frente a un estante de libros clásicos – ¿le gusta leer? – voltea a mirar a Susana tratando de disimular sus nervios.

- No, ya estaban aquí cuando comencé a trabajar. Me gusta como decora el espacio – le entrega el frasco de pastillas – debes tomarte una antes de dormir.

- Ok doctora, gracias – Johnny toma su bolso que estaba esparramado en el sofá y se dirige a la salida – entonces nos vemos el jueves.

  - ¡hasta el jueves!

Johnny empieza a caminar un poco rápido, aun le latía el corazón a mil.

- ¡Johnny! – lo llama la doctora desde la puerta del consultorio.

«Mierda» dice el chico a sus adentros cerrando los ojos, luego se voltea lentamente hacia ella.

- Tienes el bolso un poco abierto – le dice Susana con una sonrisa.

- ¡Gracias! – Johnny termina de cerrar el bolso y continúa su camino tratando de calmarse del susto que acaba de pasar. Pero con una sonrisa en su rostro porque ha logrado salir airoso de aquel acto (no común para él).

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Mildred Álvarez

Mildred Álvarez

Que dirá en el expediente de Leslie?

2024-11-29

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