A veces las cosas no suceden como uno lo espera. Y la visita a Lesly había sido totalmente diferente a como lo había imaginado Johnny al levantarse ese día.
Tenía la esperanza de que hablaría con ella y con suerte le contaría la verdad de los que sucedió el domingo en la noche. Eso tal vez daría respuesta a donde estaba su collar y porque tenía esas pesadillas. Sin embargo, la visita había sido más corta de lo previsto.
Johnny no recordaba cuando un problema lo había afectado tanto. A decir verdad nunca había estado en una situación similar. Siempre se caracterizaba por ser una persona tranquila, que se tomaba las cosas con calma. Incluso sus amigos mencionaban que nunca lo habían visto enojado o preocupado. Pero tal vez esa idea había cambiado esa semana.
El sentía que algo esa noche lo había cambiado por dentro. No sabía que era, pero aquello estaba tomando control de su vida. No había un instante que no pensara en ello. Incluso en ese momento sentado en una banca, en el parque donde se vería con Mery, su mente se martillaba preguntándose si lo de Lesly y sus pesadillas estaban relacionados o eran dos problemas aislados.
Pero su cerebro se despejo de repente, al recibir imágenes de sus ojos que miraban aquella chica vestida con licra gris y camiseta rosada, que se acercaba hacia él. Entonces se empezó a cuestionar si debía contarle a Mery lo que le estaba pasando. Pero no pudo decidir porque en un instante ya estaba frente a él.
- ¡Hola Johnny! – Mery se inclina para darle un beso en la mejilla – ¿llevas mucho esperando?
- No tanto – Johnny le responde el beso.
Ella le toma el rostro de la quijada y levanta su cabeza para mirarlo bien.
- ¿Sigues sin poder dormir verdad?, Te vez terrible.
- ¡Lesly me llamo! – dijo Johnny de repente sin pensarlo mucho. Como si sus labios tuvieran vida propia.
- ¿Cómo?... - Mery se sienta en la banca a su lado - ¿Qué te dijo?.
- No mucho – empezó hablar Johnny.
Las palabras fueron fluyendo poco a poco. Tal vez hablar con Mery lo ayudaría a aliviar aquel peso que tenía. Hizo un repaso por sus pesadillas con el «Monstruo», de la llamada en la madrugada de Lesly y de su visita a su casa. No obvió ningún detalle.
Mery solo escucho. Sabía que él lo necesitaba.
- Desde que vi esa chica en el club, no me dio buena espina – acentuó Mery
- ¿A qué te refieres?
- No sé, Instinto femenino – Mery se acomoda su cabello para colocarse su gorra rosada, mientras se pone de pie – pero basta de hablar de ella. Vamos a lo que vinimos. Necesitas distraerte.
- Espero que no sea haciendo ejercicio porque soy muy malo para eso – Johnny también se pone de pie.
- Tranquilo que solo tienes que caminar.
Mery empieza a estirar su cuerpo y Johnny la imita solo con algunos movimientos de piernas y brazos. La caminata hacia la casa de Lesly había sido suficiente calentamiento.
En cambio contemplaba en silencio aquella mujer, mientras estiraba una pierna apoyando el pie en el banco donde estaban sentados y con los dedos de la mano tocaba la punta del zapato. Sus piernas y trasero rellenaban muy bien la licra que llevaba puesta; y esa piel caramelo que brillaba con los rayos del sol lo dejo hipnotizado. Johnny trata de disimular como un niño que hace algo malo cuando ella se incorpora.
- ¿Estamos listos? – Mery lo mira haciendo un movimiento de muñecas.
- ¿Para qué?
- Tú solo sígame y ya lo veras.
La chica se pone en marcha, Johnny la sigue mientras se adentran a un camino de tierra que se aparta del parque y da a una arboleda. Parecía que se internaban a una montaña secreta, a no ser por algunas personas que pasaban en grupos de turismo.
Después de treinta y dos minutos de caminata empinada, Johnny ya respiraba agitado, los zapatos le estaban matando en los talones y las sienes destilaban gotas de sudor.
- Creo que debemos descansar un poco – dice Johnny mientras se sale del camino para sentarse en una piedra grande que está a un lado.
Mery que iba más adelantada lo voltea a mirar.
- Que mala condición física tiene Johnny.
- ¿Tú crees? – Johnny vira hacia ella - Pero mírate, parece que eres visitante frecuente de este lugar.
- Desde los nueve años – dice orgullosa mientras se acerca para tenderle una botella de agua mineral – cuando era pequeña mi papá nos solía traer a mi mamá y a mí una vez al mes. Él decía que el aire fresco ayudaba a depurar tus pensamientos.
- Se ve que era un hombre sabio – destapa la botella y le da unos cuantos tragos.
- Después que se fueron de la ciudad, cuando a papá se le presento una oportunidad de trabajo en la capital, yo me quede para culminar mis estudios en la universidad. Sin embargo, sigo el ritual de subir cada mes. En cierto modo me hace sentir cerca de ellos.
- Me hubiera gustado conocerlos.
- Tal vez algún día – Mery le quita la botella de las manos – continuemos que nos falta poco.
- Descansemos otro rato.
- No sea flojo. Te prometo que cuando llegues al final, no te vas arrepentir.
- Creo que ya me estoy arrepintiendo – Johnny se pone en marcha nuevamente.
Mery no estaba mintiendo. Solo caminaron quince minutos más cuando llegaron a una planicie de grama rodeada por árboles.
- Bienvenido al Mirador de San Felix– dice Mery con los brazos abiertos mostrando el paisaje.
Aquello era como una toma de una película de «Holly Wood» que hacia méritos al nombre de «Mirador». Desde ahí se podía observar toda la ciudad de San Felix. Inclusive la universidad donde ellos estudiaban.
Johnny contemplaba la vista con una cara que a pesar del cansancio, dibujaba un toque de serenidad.
- ¡Mery, es asombroso!
- Te dije que no te arrepentirías – Mery se sienta en la grama bajo la sombra de un árbol y palmea el suelo invitando a Johnny hacer lo mismo.
- Es increíble que nunca haya escuchado hablar de este lugar – el chico hace lo propio.
- Tranquilo. Muchas personas que han nacido en San Felix, no han subido para acá.
Por un largo rato permanecieron en silencio disfrutando del lugar. Alrededor varias personas estaban en la misma actividad que ellos. Solo se escuchaba el canto coordinado de las aves y el aire era más frio que abajo en la ciudad. Johnny dio un suspiro que sintió en sus pulmones como si tuviera un caramelo de menta en la boca.
- ¿En qué piensas?- pregunta Mery.
- Es irónico, pero este lugar también me hace recordar a mis padres – Johnny no aparta la vista del paisaje – atrás de la casa de ellos hay un bosque parecido a este lugar y yo siempre iba con mi padre a buscar leña a aquel lugar, además de un rio en el que me bañe un par de veces.
- Tú nunca me habías hablado de ellos.
Johnny era muy reservado. Mery estaba pasmada de todo lo que había hablado con ella ese día. Era la conversación más larga que habían tenido estando solos y sin tener unas cervezas en su sistema. Era otro Johnny y a ella le gustaba.
- Mi madre es una mujer luchadora que nunca se queda quieta – Johnny se acuesta completamente en el suelo llevando una mano por detrás de la cabeza para apoyarla – a pesar de que vivía con papá, trabajaba para ayudar en la casa. Hoy en día sigue viviendo en mi casa de la infancia, en donde trabaja la costura y cría gallinas para mantenerse. Siempre la he querido traer para la ciudad para que viva conmigo, pero ella me ha dejado claro que no deja por nada el campo.
- ¿Y tu padre? ¿Ya no vive con ella?
- El murió cuando yo tenía once años. Pero era un hombre alegre, de muy buen humor.
- ¡Lo siento mucho!– Mery le toma la mano a Johnny que reposa sobre su abdomen.
- supuestamente se suicidó, pero mi madre no lo cree aun.
-¿Por qué? ¿Cómo murió? – ella se acuesta de lado, mirando a Johnny, apoyando su cabeza en la mano derecha
- Después de un accidente de tránsito que tuvimos mi padre y yo cuando volvíamos de la ciudad, estuvimos dos días hospitalizados. Yo me había partido la muñeca izquierda y mi padre se había reventado la cabeza, pero nada grave. Sin embargo, nos hospitalizaron para descartar cualquier gravedad ya que ambos duramos inconscientes por unos minutos debido al choque.
- ¡Que terrible!
- Cuando estábamos en la casa recuperándonos, mi padre empezó a cambiar su comportamiento: siempre se la pasaba serio, amargado, hasta había empezado a discutir con mamá; algo que no sucedía anteriormente.
- ¿Por qué discutía?
- Nunca lo supe, ya que no discutían delante de mí – Johnny se incorpora un poco para mirar a Mery mejor – un día cuando yo llegaba de la escuela, al entrar a la cocina, ellos estaban discutiendo pero al verme se callaron. Yo los salude pero solo mi madre me contesto. Mi padre salió de la casa por la puerta de atrás, tomo el bolso de herramientas y por la ventana de la cocina lo vimos irse al bosque.
- ¿No le preguntaste a tu mamá que había pasado?
- sí, pero ella solo dijo que estaba frustrado por el accidente - Johnny vuelve a la posición anterior y se queda mirando el cielo - El siempre que salía al bosque solía llegar a la cinco de la tarde o por muy tardar a las seis. Pero ese día se dieron las siete y media y no aparecía. Mi madre preocupada reunió unos vecinos amigos para salir a buscarlo, y todos salieron con linternas y abrigos. Tardaron una hora llamándolo pero no lo encontraban, hasta que un vecino vio cerca del rio el bolso de herramientas – los ojos de Johnny se colocan llorosos - Todos salieron corriendo y cuando llegaron al rio… el cuerpo de mi padre estaba flotando sin vida en el agua. En su pie derecho tenia amarrado una piedra la cual lo mantenía en el mismo lugar.
- ¡Lo siento Johnny! – dice Mery nuevamente con sus ojos llorosos y dándole un abrazo.
- Yo conocía bien a mi padre y el no haría una cosa así, aunque los hechos muestren lo contrario.
Mery apoya su cabeza en el pecho de Johnny sin decir más nada. Solo sintiendo el latido de su corazón. Permanecieron en esa posición un largo rato sin pronunciar palabra. Ambos necesitaban un momento para recuperarse de aquel relato.
- Tu padre tenía razón cuando dijo que este lugar servía para depurar los pensamientos – interrumpe el silencio Johnny
- No creo que él se refiriera a recordar nuestras tragedias.
- No, pero pensando en eso, me hizo recordar que cuando mi padre murió, por semanas tuve pesadillas. Tal vez el espectáculo en la piscina me haya hecho recordar la muerte de mi padre y por eso regresaron las pesadillas también.
Mery levanta la cabeza para mirar a Johnny de frente, pero no se percata de la distancia y queda a centímetros de su rostro.
- Te dije que no te arrepentirías – y le profiere una sonrisa.
Johnny también se sonríe y se encuentran en una mirada profunda. A Johnny le salta el corazón de repente y lo invade un cosquilleo en el estómago. Siente la necesidad de besarla, pero no lo hace por miedo a perder la bonita amistad que tiene con ella. Mery vuelve apoyar su cabeza en el pecho de su amigo, quien pasa saliva tratando de mojar su garganta.
Se quedan en silencio otro largo rato, solo sintiendo la caricia del aire fresco de montaña y escuchando la melodía de los arboles agitándose, mientras se funden en el contacto de sus cuerpos.
Por primera vez en esa semana Johnny se sintió calmado. Tranquilo. Incluso se quedó dormido por un corto tiempo. O así lo sintió él, porque cuando un leve movimiento lo despertó, el sol estaba empezando a ocultarse y el frio se había vuelto más intenso.
- ¡Johnny! ¡Johnny despierta! ¡Tenemos que irnos! – dice Mery mientras lo mueve con una mano en su pecho.
- ¿Qué pasa?
- Ya es tarde y no queras estar aquí cuando anochezca.
Mery sabía que cuando la oscuridad reinaba en el Mirador, aquello se convertía en sitio de reunión de ladrones que se aprovechan de los turistas.
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Comments
Mildred Álvarez
y cosa maléficas pueden pasar.
2024-11-29
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