Capitulo 3

Johnny todavía estaba acostado en su cama. No podía sacarse de la cabeza la imagen de aquellos ojos escalofriantes que lo miraban desde aquel árbol.

Suena la alarma del celular, las cinco. Tomo el aparato y apaga la alarma. Se levanta cansado de la cama, como si en vez de haber estado durmiendo, hubiera estado en una larga jornada de trabajo. Se estira para relajar un poco el cuerpo y luego se dirige al baño.

Mientras se está cepillando los dientes, se mire en el espejo. Los ojos apagados y una barba que no se afeitaba desde hace algunos días, le muestra un rostro envejecido. Piensa que,  «desde los doce años no he tenido pesadillas», y ahora que tiene veinticuatro, en una sola semana ya era la segunda vez que soñaba con esa cosa.

La primera vez había sido la noche del reencuentro universitario. Johnny no recordaba casi nada de esa noche. El alcohol había hecho de las suyas. Pero si recordaba “haber estado parado en medio de un camino de tierra en la cual no se divisaba el final, a los lados estaba cercado por unos árboles gigantes que perecía unirse en sus ramas. A unos diez metros de él, la cosa del manto negro lo miraba fijamente con sus ojos amarillos. Johnny escucho el chirriar de madera que sonaba atrás de él. Voltea a mirar, una puerta de unos tres metros estaba abierta completamente, en su interior solo se podía observar una luz blanca. No sabía a donde llevaba esa puerta, pero el solo mirarla le brindaba alivio. Mira otra vez hacia el encapuchado, se había acercado más a Johnny. El pánico que sintió lo hizo correr hacia la puerta, aquella cosa también apresuro el paso, pero el muchacho logra cruzar la puerta antes de ser alcanzado por el monstruo. La luz del interior lo encandiló completamente. Cuando pudo abrir los ojos, estaba acostado en el suelo con la ropa mojada al lado de la piscina, mientras todas las personas lo observaban; incluido sus amigos y esa chica rubia llamada Lesly que apenas había conocido esa noche. Después de eso no recordaba nada más.

Las cinco y cuarenta. Johnny se dispone a preparar el desayuno. Mira por la ventana de la cocina. Afuera está lloviendo. Siente como si estuviera todavía en el sueño. Prende la cocina y coloca sobre ella un sartén para prepararse unos huevos revueltos. La comida preferida de su padre. Inmediatamente recuerda que él lo había estado llamando en su sueño. Eso le hizo pensar que ya hace más de un mes que no se comunica para la casa.

Cuando recién se había mudado para la ciudad para estudiar Administración de Empresas en una universidad reconocida de la región, solía viajar todos los fines de semana para su pueblo natal. Luego consiguió trabajo en el club nocturno Tragos y Copas como «barman», el cual ocupaba sus fines de semana. Y sus visitas se limitaron solo a llamadas telefónicas, que poco a poco se fueron distanciando más y más una de la otra.

Se sienta a desayunar. Toma el celular. Mira el reloj. Ya son las seis y diez. Luego entra a los contactos y marca el número de su mama sin pensarlo mucho. Mientras toma un sorbo de café, escucha el tono de espera.

- ¡Hola Johnny! – Contesta la mamá alegre – me tenías abandonada- le reprocha.

- Sí, un poco, entre la universidad y el trabajo casi no tengo tiempo de nada. Pero… ¿Cómo has estado?

- Bien mijo, tu sabes, aquí cuidando de mis animales y trabajando la costura para ganar algo de dinero.

- Pero porque no quieres mudarte aquí conmigo.

- Ya vas a empezar otra vez con eso, ya te he dicho que no me gusta la ciudad, además toda mi vida he vivido en el campo y no lo cambiaría por nada del mundo, admito que desde la muerte de tu padre ha sido difícil, pero aquí me siento en paz.

- Hablando de papá… - dice Johnny, pero inmediatamente se calla, cortado por el sentimiento de no querer preocupar a su mamá.

- ¿Sí, que pasa? – pregunta extrañada su madre.

- Nada solo que hoy me levante pensando en él.

- Si yo también lo recuerdo a veces – suena un poco nostálgica.

Continuaron hablando un largo rato. Se colocaron al día de los hechos ocurridos durante todo el tiempo que no habían hablado. Johnny no se atrevió a contarle lo de sus pesadillas. Siempre había sido muy cerrado para expresar sus problemas.

- Mami te dejo, se me hace tarde para ir a la universidad – dice Johnny tratando de finalizar la llamada.

- Bueno hijo cuídate, que Dios me lo bendiga.

- Gracias mamá ¡chao!

Al colgar el celular, se da cuenta de la hora. Son las seis y media.

Se levanta rápidamente de la mesa, toma el bolso y la chaqueta de cuero que reposaban sobre el sofá de la sala, y sale del apartamento. Tiene el tiempo justo para tomar el bus y llegar a la clase de las siete.

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Comments

Mildred Álvarez

Mildred Álvarez

seguiré leyendo se ve muy misteriosa como de ultratumba y no se porqué me da' la impresión de que la chica nueva en el trabajo tiene algo que ver con éstas aureas misteriosas que le rodean.

2024-11-29

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