Capitulo 8

Johnny se encuentra parado en la acera al frente de Tragos y Copas Club. Ha decidido intentar llamar a Lesly una vez más, después de terminar su turno de trabajo. Se estremece al sentir un viento helado que sube por su espalda, a pesar de tener puesta su sudadera. Con el auricular del teléfono en su oreja, escucha los repiques del tono de espera, parecen eternos, hasta que cae nuevamente la contestadora. Frunce los labios y cuelga.

Por un momento se siente incómodo. Voltea y echa un vistazo a tres hombres que hablaban a tan solo unos metros de él. Aquellos sujetos lo miran de forma sospechosa. La incomodidad se cambia por nerviosismo y se mezcla con el frio de la noche. Los hombres dejan de mirar a Johnny y retoman su conversación, cuando se percatan que Carlos sale del club.

- ¿Estamos listos? – pregunta Carlos mientras cierra el lugar.

- ¡Si! – contesta sin apartar la vista al grupo.

- ¡Vamos entonces!

Suben los dos al «Aveo» de Carlos. Como es ya de costumbre, el jefe lo lleva a su apartamento al terminar el trabajo. Johnny no despega la vista de los tres sujetos que se reflejan en el espejo retrovisor del carro. Cree reconocer a uno que tiene una barba de candado. Carlos se repara de lo que está pasando.

- ¡Estos borrachos!– señala mientras mira también por el retrovisor.

Johnny asiente con la cabeza.

El motor se enciende y el auto se pone en marcha. En un instante Carlos está conduciendo por las oscuras calles de San Felix. Aquella penumbra que se ve interrumpida solo por la luz de los semáforos, posters, letreros de moteles, farmacias de 24 horas y restaurantes de comida rápida.

- ¿Te contestó? – entabla conversación Carlos.

- ¿Qué dices? – pregunta Johnny que estaba mirando por la ventana del copiloto.

- Lesly, ¿Qué si te contestó?

- Si…no… bueno solo la primera vez, pero no dijo nada, no sé si me escuchaba. Después de eso he intentado varias veces pero cae contestadora.

- Te dije que no contestaría, yo la he llamado toda la semana y no me ha contestado – Carlos se detiene en un semáforo en rojo – lastima, era una buena chica, atendía muy bien. Pero no la culpo, se veía muy afectada cuando la deje en su casa con lo sucedido el domingo – el semáforo cambia a verde – tal vez no vuelva a trabajar.

- ¿Fuiste a su casa? – Johnny gira la vista hacia Carlos.

- ¡Si claro!, después que te dejamos, a ti y a Mery en tu apartamento, yo me ofrecí para llevar a Lesly a su casa, no podía dejarla irse sola después de lo que paso – Carlos gira el volante en una esquina.

- ¿Y no has vuelto a su casa?, ¿digo, para saber si continuara trabajando?.

- No me ha quedado mucho tiempo.

- ¿Qué te parece si vamos ahora?

- Johnny, ¿no te has fijado en la hora que es? – Señala el radio del carro que muestra en números verdes la una de la madrugada – ella debe estar durmiendo.

- Tienes razón – dice Johnny mientras vuelve su vista hacia la ventana.

- ¿Parece que te urge hablar con Lesly? – dice Carlos después de un breve silencio.

- Nada que no pueda esperar.

Otro silencio.

 - ¿Me podrías dar su dirección?, tal vez tenga un tiempo en la mañana y pueda ir a su casa – dice al fin Johnny.

- Si, te lo paso en un mensaje, de una vez intentas en convencerla para que vuelva a trabajar con nosotros.

Johnny no responde.

- ¡Bueno ya llegamos! – Carlos se orilla al lado de la acera frente al apartamento de Johnny.

- Nos vemos mañana- dice Johnny mientras se baja del carro, antes de cerrar la puerta se inclina para mirar a Carlos – no se te olvide enviarme la dirección.

Carlos le hace una seña con la mano, como su fuera un guardia saludando a su superior.

Johnny se sube a la acera y se queda un momento mirando el carro que se aleja rápidamente y dobla en la esquina.

Luego voltea para abrir el apartamento: Una pequeña estructura de entrada independiente; cuenta con una sala, una cocina-comedor, una habitación y un baño. Lo suficiente para una sola persona. Aquel lugar es de un abogado, que vive a las afueras de la ciudad. Por lo que le había contado a Johnny, lo heredo de su padre cuando murió. No quería venderlo porque pensaba que tal vez lo necesitaran sus hijos cuando entraran a la universidad. Mientras tanto lo alquilaba a estudiantes que viven lejos de la ciudad.

El chico entra al apartamento y enciende la luz, lo primero que resalta es el plato de comida que ha dejado sobre la mesa en la mañana cuando salió de prisa. Abandona su bolso en el sofá de la sala y levanta el plato para llevarlo al fregadero. Aprovecha el impulso y lava los trates que tiene sucios. Luego, abre el frigorífico y saca una jarra con agua. Se sirve un vaso. No tiene hambre, ya que en la tarde, después de dejar a sus amigos, se ha comido una hamburguesa en un puesto de comida rápida de la calle, antes de ir al club.

Se dirige a su habitación. Al pasar el interruptor, el bombillo no prende.

-¡Genial! – gruñe.

Saca su celular y se alumbra con el flash. Le profiere unos toquecitos al bombillo y este le sega los ojos al encenderse (ya lleva un par de días que está molestando).

Se quita la chaqueta y la cuelga en un perchero que esta junto a la entrada. Solo se quita los zapatos, coloca el celular en la mesa junto a su cama y vuelve apagar la luz, para lanzarse de golpe en la cama. Esta demasiado cansado, ha sido un día largo. No tarda mucho, cuando pasa a un sueño profundo.

El hombre empieza a soñar. Más que un sueño es un recuerdo. Él tiene once años y está sentado en el asiento del copiloto del «Malibu» de su papá, el interior huele a fresa, el olor que profiere el ambientador que cuelga del espejo retrovisor. El señor Márquez conduce de regreso a casa.

-  Tú mama nos va a matar – dice el padre.

Johnny le lanza una sonrisa y continúa viendo a través de su ventana.

Han pasado todo el día en la ciudad. Después de hacer las compras del mercado, se han dado una escapada al cine, ya que no iban a la ciudad muy seguido. La madre de Johnny se preocupaba cuando se tardan y no avisan.

De pronto, cuando van pasando por un cruce, un ruidoso bocinazo acelera el corazón de Johnny y lo hace virar hacia su padre. A través de la ventanilla ve como se aproxima a toda velocidad una camioneta que los impacta…

Johnny se despierta con un brinco que lo deja sentado sobre la cama. Pero todavía escucha un sonido que lo perturba. Luego cae en cuenta que es su teléfono, la cual anuncia una llamada. Lo toma extrañado. Número sin registrar, Johnny contesta:

- ¡Halo!

- ¡Lo siento! – se logra escuchar seguido de un chisporroteo.

- ¿Lesly ere tú?

- ¡Lo siento Johnny! ¡El me obligo! – Dice llorando - ¡El me obligo! – y cuelga.

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Comments

Mildred Álvarez

Mildred Álvarez

Quién la obligó ,a qué la obligó,que le hizo ella a Jhonny?

2024-11-29

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