capítulo 20

Queridos lectores, cuando tardo en subir un capítulo es porque tardan en darme autorización para el mismo. Créanme que quito palabras y las cambio por otras cuando los protagonistas tienen intimidad. No es tanto por mí. Gracias por su paciencia y por seguir leyendo mi novela. ¡Gracias!

Después de salir del trabajo, Velkan la llevó a su casa. Una vez estacionado su auto, le dijo que llegaría a la hora acordada. Ella estaba preocupada por cómo tomaría Kan las actitudes de su familia. Temía que, al ver lo desunidos y egoístas que eran en comparación con la familia de él, se sentiría insegura. Él tomó su mano y la besó como todo un caballero. Se percató de que alguien se asomaba por la ventana de la parte alta de su mansión. —No te preocupes, linda. Nos vemos al rato y recuerda que, pase lo que pase, yo estaré contigo. Se despidió con un beso simple y se bajó del auto. Luego le abrió la puerta y le dio su mano para que ella pudiera bajar del auto. A ella no le importó y le plantó un beso que le succionó levemente su labio. —Para que me recuerdes en el camino, dijo coqueta. Él le guiñó un ojo en respuesta y subió nuevamente al asiento del piloto para dirigirse a su casa.

No podía negarlo, Velkan se sentía nervioso. Jamás en su vida se imaginó tener novia, y mucho menos conocer a su familia. Se había terminado de bañar y de cambiarse. Estaba acomodándose el cabello frente al espejo cuando entró su madre. —Te ves muy apuesto, mi vida. Por fin conocerás a tus suegros. —Sí, madre. Y estoy nervioso. ¿Crees que les agradaré? —Por favor, Velkan, dijo con voz de incredulidad. —De verdad, cualquier suegro quedaría encantado con un hombre como tú y, si por alguna razón no lo hace, es un estúpido.

Los dos soltaron una carcajada. Esmeralda le acomodó el cuello de la camisa y le comentó que estaba preocupada por Elda. La notaba deprimida, aunque siempre fingía estar bien. Esmeralda ya había intentado hablar con ella sin éxito. Conocía a su hija y era como ella cuando era joven, queriendo solucionar las cosas por sí misma sin importar si salía lastimada o no. Le comentó que esperaba que él, por ser el hermano mayor, tenía más posibilidades de que se abriera con él.

Velkan entendía a Esme. Siempre había velado por cada uno de ellos, sin importar quién era el mayor o menor. Si su madre acudía a él, era porque Elda estaba atravesando un proceso difícil, como cuando descubrieron que le hacían bullying en la escuela en sus inicios por ser gordita. Así que, antes de salir a la casa de sus suegros, fue a la de su querida hermana.

«Tocó la puerta y, al mismo tiempo que la abría, preguntó: "¿Puedo pasar?". Elda contestó sin ganas: "Ya estás adentro, no"».

Él se acercó hasta la cama y acarició su cabello largo y rubio. «¿Qué tienes, pequeña? Tienes preocupada a mamá». «Estoy bien, guapo. Lo más seguro es que estoy sentimental porque no tarda en bajarme. Ya sabes, como soy cuando llega mi periodo», Elda se excusó bastante bien y su hermano la creyó. «Entiendo, pequeña. Eso explícale a mamá, que está preocupada», le dijo Kan con voz suave y, tomando su mejilla, le dio un beso en la frente y se despidió. Ya cuando él estaba por salir, ella le dijo: «Que te vaya bien en tu cita y rómpete una pierna, guapo».

Elda sacó su computadora y comenzó a revisar todo lo que le habían escrito en las redes sociales. Allí había imágenes que mostraban a su cuerpo con la cabeza de un cerdo y pezuñas en sus pies. Una tras otra las fotos le hacían preguntarse por qué la trataban así, si ella no era mala persona. En la escuela ayudaba a otros con sus tareas y su madre le había enseñado a aceptarse tal y como era. Pero, a veces, era difícil ignorar las burlas. Solo quería dormir y no saber nada, pero tenía que seguir aparentando para que sus padres no la avergonzaran más en su escuela.

Mientras tanto, Velkan estaba afuera de la mansión de Erea. Sus manos sudaban y sentía que estaba nadando en sudor, pero solo era su nerviosismo. Respiró profundamente, como su padre le había enseñado cada vez que se presentaba ante algún cliente, y tocó el intercomunicador. Esperó hasta que le dieron acceso y las puertas grandes de color negro se abrieron. Allí vio un inmenso jardín con una fuente en el centro rodeada de cuna de Moisés, traída seguramente desde México. Había un camino que conducía directo a la entrada. Cuando giró a la derecha para estacionar el auto, vio en la puerta a su hermosa Erea. Vestía un vestido rosa lleno de flores, descubierto de los brazos, le llegaba a la rodilla con unas zapatillas en color rosa claro. Su cabello recogido con adornos de flores y una sonrisa que hacía que Velkan se elevará al cielo y lo regresaba de golpe. Bajó del auto con un ramo de rosas blancas y una sola rosa roja en medio.

— Con ojos de completo enamorado y voz sexy, le dijo: «Te ves realmente hermosa». Después, la recorrió con su mirada completamente hasta llegar a sus ojos, insinuándole si traía ropa interior. Ella se sonrojó, probablemente por estar en su casa con su familia, pensó ella, pero le agradó el comentario de su hombre. Ella se acercó a su oído y le contestó seductoramente que lo descubriría más tarde y, pasando su mano sutilmente por su entrepierna, dijo: «quiero que me comas toda». Velkan miró para un lado y para otro, y la arrinconó en una esquina entre la puerta y la barda. La besó apasionadamente, era un juego de espadas para ver quién dominaba a quien. Se separaron por falta de aire y él acercó su boca a su oído, «te comeré toda, que me pedirás más y más», le mordió el lóbulo y con su lengua recorrió todo su cuello hasta llegar a su boca y una vez más hasta dejarla sin aliento, mojada y necesitada de ser tomada en ese lugar. Se separaron cuando escucharon unos pasos.

— Te traje este ramo de rosas, linda.

— Gracias, pero ¿Por qué una roja y las demás blancas? —preguntó dudosa.

— Muy fácil, linda, porque aunque las rosas blancas simbolizan a todas aquellas mujeres que presumen perfección ante la sociedad, cubriendo las apariencias, la roja es aquella flor que sobresale de todas ellas sin la necesidad de presumir su belleza, porque ya lo es.

Erea no podía creer que alguien dijera palabras con tanto significado para ella, que le reprochaban tanto no cumplir con la perfección de la sociedad según su familia. Ella, llorando, lo miró nuevamente a los ojos: "Eres lo mejor que me ha pasado en toda mi vida. Lamento mucho no haber sido la primera en tu vida, como yo fui en la tuya", dijo bajando la mirada. Ella sintió cómo él la abrazó fuertemente, comprobando que ese cuerpo que para ella era el más fuerte y sexy, la hacía sentir segura y protegida como nadie lo había hecho en muchos años. Él tomó su barbilla alzando su rostro para que ambos se mirasen, y le dijo: "No importa que yo no haya sido el primero en tu vida, mi amor. Yo soy el afortunado al tenerte y haberme liberado de mis miedos e inseguridades. Además, jamás bajes la mirada ante mí, ni ante nadie, y menos por algo que considero superfluo. Un himen no hace mejor ni peor a una mujer. Yo te amo como nunca pensé amar a una mujer y me encanta la mujer que veo ahora, porque esta es la que realmente eres", y la besó tiernamente.

Fueron interrumpidos por su madre, que escuchaba aquella conversación:

"Buenas tardes, lamento interrumpir", dijo la madre con un tono de dulzura que Erea jamás había escuchado. "Ya los están esperando en el comedor, querida".

"Madre, lamento la tardanza. Velkan y yo ya vamos para allá", respondió Erea, mientras los tres salían de la habitación.

Luego, los tres entraron al comedor y se dieron las presentaciones correspondientes.

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Comments

Elizabeth Mejill

Elizabeth Mejill

cómo no lo van a querer, si es un perfecto caballero y un excelente partido/Smile/

2024-01-30

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