El cuarto fue adornado con globos en color negro y blanco, y tenía en la mano un tulipán negro llamado "la reina de la noche". Vestido con un traje negro brillante, Velkan había preparado una mesa adornada con velas blancas y una carne asada que él mismo había hecho con vino tinto. El cuarto estaba decorado con luces que Elda le había prestado y pedacitos de papel de color plateado distribuidos por todo el piso. Así que ahí estaba, esperando a que Erea entrara por esa puerta para disculparse y lo que tuviera que pasar después.
Erea entró a la casa y le pareció extraño no escuchar ruido alguno. Se fue a la sala principal, a la biblioteca, a la cocina y nada. Pensó que estarían en sus cuartos, subió las escaleras lentamente y cuando llegó a la parte de arriba encontró unas fechas rojas y un letrero que decía "sigue las fechas rojas". Solo rió por la ocurrencia. En algún momento pensó que sería Elda, al ser la más chica y divertida que siempre le saca sonrisas, quien le jugaría una broma. Así que siguió las fechas y cuando llegó hasta la última, vio que llegó a la habitación de Velkan. No quería entrar, pero antes de que se diera la vuelta para retirarse, una voz la detuvo de golpe.
—Habló Velkan con una voz muy segura, como si un negocio dependiera de ello—. Sé que estás allí afuera, entra por favor.
—Abriendo la puerta lentamente, asomó la cabeza para contestar—. ¿Cómo supo que estoy aquí?, pensó Erea. Pero cuando sus ojos vieron cómo estaba adornada esa habitación, se quedó rígida de la impresión. ¿Qué es esto?
—Velkan se acercó lentamente a ella y dijo—. ¿Te gusta? Es para ti.
—¡Para mí! —Impresionada y sorprendida, respondió y cerró la puerta para después mirarlo a los ojos.
—Sí, es una forma de decir "lo siento" por mi comportamiento de hace un rato.
—Bueno, es hermoso, pero con esto no te ganarás mi perdón así de fácil, Kan.
—Y sé que no será así de fácil —le pidió su mano y cuando ella se la dio, la llevó a la mesa servida—. Espero que te guste la carne asada que preparé para ti.
— Con sus manos cubriendo su boca de sorpresa, miró la mesa y después volteó a mirarlo a él para contestar: "¿Es en serio, lo preparaste tú?"
— "La comida sí, lo demás me ayudó mi mamá y la metiche de mi hermana pequeña."
— "Se ve rico, pues vamos a cenar, porque me imagino que no has comido desde que saliste de la oficina, ¿verdad?"
Velkan se acercó a ella por detrás, jaló la silla para que ella se sentara y lentamente acomodó la silla para que se sintiera cómoda, colocó una servilleta en sus piernas y después se sentó él. Sirvió la carne con unas patatas fritas, una salsa mexicana y el vino y una vez que dijo "comamos", habló.
— "Con respecto a que no he comido, la verdad no. Solo podía pensar en mi comportamiento. Perdona por salir sin avisarte y por mi forma de actuar."
— "¿Qué te parece si comemos y después platicamos un poco?", dijo con su voz suave y un brillo en sus ojos que Velkan no pasó desapercibido.
— "Me parece una buena idea", respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
En ese momento se dedicaron a cenar y mirarse a los ojos. Esas miradas que se decían más que mil palabras, el amor, el deseo y la pasión se sentían en el aire sin la necesidad del sexo. Todo el cuerpo de Erea quería poseer al hombre que tenía en frente cada vez que la miraba con esos ojos azules y levantaba levemente su ceja derecha. Y cuando él sonreía, maldecía por lo húmeda que estaba, así que tenía que actuar.
— "No quiero ser grosera, Kan, pero estoy muy llena. Me encantó todo, pero creo que si como otro bocado más, vomitaré."
— "Jajaja, entiendo. Deja, llevo todo a la cocina."
— "Déjalo, además todavía no te perdono completamente."
— "¡No!", dijo muy sorprendido y con su rostro que reflejaba preocupación.
— "No."
— "¿Qué más debo hacer para que me perdones completamente?"
— "Platicando. Ven, vamos a sentarnos", tomó su mano para sentarse nuevamente en la silla. "Dime, ¿por qué te comportaste así con tus trabajadores?"
— "Mira, siempre he sido muy serio. Nunca he tenido amigos. Sé que pensarás que soy disco rayado, pero siempre fijé mi meta en los estudios y ser el mejor arquitecto, y los amigos y todo me quitaban el tiempo. Mi hermano, que es el revoltoso, sí que me metía en problemas, pero nunca dije nada. Mi hermana, nuestra pequeña, es la bromista desde pequeña."
— Te estás desviando de la pregunta que te hice, Velkan.
— Sí, sí, lo siento. Siempre he pensado que al involucrarse con los trabajadores, con el tiempo, ellos tienden a confundir "empleado amigo" y eso, a la larga, en una empresa no es bueno. Es mejor dejar claro la jerarquía desde un principio.
— Tiene lógica tu respuesta. Ante eso, no puedo reprocharte nada, pero de vez en cuando puedes convivir con ellos y conocer, aunque sea un poco, de la vida de cada uno de ellos.
— Lo tomaré en cuenta. Gracias por tu consejo. Ahora sí, ¿ya estoy perdonado?
— ¿Por qué te importa tanto si te perdono o no?
— No sé, por... por qué sí.
— Esa no es una respuesta.
— Porque me gustas, Erea. Por alguna maldita razón, me importa lo que pienses de mí. No quiero decepcionarte. Quiero que siempre estés orgullosa de mí. - Maldición - dijo Velkan un poco molesto.
— Hubo un silencio en aquella habitación y después ella contestó: No eres el único, Kan. Desde que te vi por primera vez sentado en ese escritorio para entrevistarme y escuché tu varonil voz, me cautivaste completamente, Kan - ella tomó el rostro de Kan para que se miraran a los ojos-. Jamás en la vida había conocido a un hombre como tú. Eres único, Velkan. Y todos los días que te veo bajar por esas escaleras con tu más impecable vestimenta, me siento orgullosa de ti. No necesitas hacer algo más. Para mí, es suficiente con ser quién eres.
— Erea, en un movimiento rápido, se colocó a horcajadas sobre Velkan en la silla. - Me encantas, Kan. No sé si sea cierto lo que me dijo Esme, tu mamá, pero me gustas mucho. Creo que es algo más que solo gustar - tomando con sus manos su rostro.
— Incómodamente por la posición en la que estaba, Erea contestó: ¿Y qué te dijo mi hermosa madre, linda?
— Que el destino tiende a manifestarse de muchas formas y que si el destino lo quiere, estaremos unidos de una u otra manera.
— Esto sí es raro y más porque cuando mi madre mete al destino en sus pláticas, significa amor y matrimonio.
— Con la frente junta a la suya, miro sus ojos para contestar — Así es, Kan, te amo, te amo, y no sé cómo ni cuándo pasó. Solo sé que cuando estoy contigo, no quiero separarme de ti. Sabes, bajo exactamente dos minutos antes de que bajes tú, solo para verte bajar las escaleras. Y cuando estás trabajando, tengo que mirarte cada cinco minutos para ver qué expresión tienes en el rostro. Cuando sales, estoy en la ventana esperando a que regreses. Por Dios, Kan, sé que puede ser enfermizo, pero de verdad... Fue callada con un beso.
— Él la calló con un beso suave y después le contestó — Yo también hago lo mismo, linda. Solo que soy más cobarde. Nunca me he interesado en ninguna mujer y ni sé cómo hacer o qué decir.
— Lo sé, amor. Y créeme que me encanta saber que soy la primera. — Con un largo suspiro, ella continuó hablando.
En ese momento, Erea comenzó a contarle sobre sus relaciones anteriores y que ella tenía experiencia, a diferencia de él. Él tenía sus manos sobre las caderas de ella y la escuchaba con atención, mirándola a la cara sin ninguna expresión. Ella, al verlo así, se levantó de la silla y fue directo a la ventana, creyendo que Kan la estaba odiando por la cantidad de hombres que habían pasado por ella antes que él. Y así se quedaron por unos minutos, en silencio total.
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