Ya había pasado una semana desde que llegaron a México. Al tener una casa en ese país, no fue necesario que Erea se fuera a un hotel, así que ella vivía con ellos. Se sentía un tanto incómoda, y más aún porque ellos hablaban en español, cosa que no entendía muy bien. Pero ella tenía la facilidad de tener buena retentiva, así que decidió prestar más atención a sus pláticas para empezar a comprender, como las notas musicales en la partitura.
Día con día, ella se acostumbraba a la seriedad de su jefe, aunque le seguía pareciendo sexy con esos ojos azules y esa boca. Tenía unas ganas de comérsela y sentir ese cuerpo sobre ella, pensaba ella, y movía su cabeza queriendo que esos pensamientos se alejaran de ella.
Estaba revisando unos documentos de los tres archiveros que no habían puesto en orden. Velkan le había llamado la atención a Víctor, que era el encargado. Estaban a días de cumplir un mes ahí y no podían poner orden a los documentos. Víctor le explicó la situación por la que pasaba. Su hija de 20 años había tenido un bebé y, al ser mamá soltera, no podía dejarla sola. Velkan no es un jefe malo, pero tenía que poner un límite, se decía él. Entendió la situación y le dijo que podía tomar los días que necesitara y poner en orden su vida, ya que los años que le había dedicado a la empresa se lo merecía. Por eso, Erea estaba allí poniendo todo en orden. Tenía los folders y documentos desparramados en el suelo. Ella vestía un pantalón de mezclilla negro ajustado a su cuerpo y una blusa negra con imágenes roqueras. Estaba tan concentrada que no se percató de que Velkan la veía con ojos de enamorado. Se le caía la baba solo de verla. Pudo notar que tarareaba la Marcha turca de Mozart.
— Hermosa melodía, Erea. Pero dime, ¿qué haces ahí tirada en el piso?
— Erea levantó su cabeza para mirarlo a los ojos y dijo: "Señor, es más fácil acomodar los documentos así". Se iba a poner de pie, pero él la interrumpió.
— Déjame ayudarte —dijo, inclinándose un poco para sujetarla de los codos.
— No, yo puedo sola - movió su mano para alejar la de Velkan.
— No seas necia, deja que te ayude, te caerás por tanto papel - volvió a estirar sus brazos, porque sabía que se caería.
Pero Erea no hizo caso, y cuando se puso de pie, pisó una hoja que se deslizó con otra porque tenían hojas protectoras de plástico, pero cuando estaba a punto de caer, Velkan la tomó de la cintura, como lo había previsto, y también pisó otras hojas, cosa que no previno y como consecuencia él caería encima de ella, pero la sujetó más fuerte pegándola a él de manera que al caer fuera él quien recibiera más fuerte el golpe.
— Está bien, jefe - habló ella encima de él, con sus rostros muy cerca uno del otro.
— Se quejó Velkan haciendo una pequeña mueca - maldición, me lastimé la espalda un poco. Te dije que te caerías, pero como siempre, llevándome la contraria - mirándola a los ojos y después su vista bajó a sus labios para subir nuevamente a sus ojos.
— Usted tiene la culpa, por ser tan negativo, no se da cuenta de que usted mismo llamó a la caída, diciéndome “se va a caer” - le arremedó gesticulando su rostro como lo haría Velkan.
Velkan ya no le dijo nada, siempre era lo mismo con ella. Cuando quería ser un caballero, esa mujer irritante no se lo permitía, porque siempre que cruzaba palabra con ella, siempre salía discutiendo, pensó él con sus ojos cerrados.
Se pusieron los dos de pie y él habló.
— En la noche habrá una reunión con el único inversionista de México. Me gustaría que me acompañaras, pues toda la familia estará ahí y no te puedes quedar sola en la casa - sacudiendo sus pantalones, soltó aquellas palabras sin mirarla a los ojos.
— Mmm, gracias - con expresión triste contestó Erea - entonces no iré como su asistente, ¿verdad?
— No, irás como una invitada más, pero dime, ¿tienes que ponerte? - mirándola de arriba abajo, dándole a entender que si tenía otra ropa que no fuera esa que tenía.
— Sintiéndose incómoda por esa mirada que la sintió como cuando la miraban sus padres de manera despectiva, contestó - Pues claro que tengo que ponerme.
Reflexionó en sus palabras porque vio en el rostro de ella un rastro de tristeza y por eso contestó, "Bueno, será mejor que nos vayamos a la casa para que te cambies y estemos todos a tiempo".
Los dos salieron rumbo a la mansión Kovacs en un silencio incómodo. Cuando llegaron, todos saludaban a Erea como si fuera de la familia. Él hizo lo apropiado saludando a todos y a su madre dándole un beso en la frente. En ese momento se despidió de ellos para dirigirse a su cuarto. Todos sabían que él siempre actuaba así, por eso no les pareció extraño.
"Si hijo tiene algún problema para relacionarse", preguntó intrigada Erea a Esme.
"Le cuesta relacionarse porque siempre ha estado enfocado en sus estudios. Lo llevábamos a fiestas de sus compañeros como a todos nuestros hijos, pero él siempre se aislaba y se ponía a leer. Solo con su hermano y su padre fue muy juguetón y platicador, además de que siempre era el mismo. Lo llevé con especialistas creyendo que podía tener algún trastorno, pero todos salieron negativos. Así que nos recomendaron que lo dejáramos ser, que su personalidad era así", explicó Esme.
"Increíble", moviendo sus cejas con sorpresa, "hay veces que siento que es un adulto en mente de niño".
"Mi hijo te gusta, ¿verdad?", preguntó Esme.
"No te puedo mentir, Esme", mirándola a los ojos respondió, "me encanta Velkan".
"Mi muchacho no tiene experiencia con mujeres, Erea", la miró con un rostro serio y cierta molestia, "y te pido que tengas cuidado con lo que haces, porque por mis hijos soy capaz de todo".
"¿Por qué me dices eso?", respondió sorprendida por aquella voz intimidante.
"No te quiero juzgar, pero si solo quieres acostarte con él y llevártelo a la cama, piensa bien lo que harás. Él quiere llegar virgen al matrimonio y mira que estoy rompiendo un secreto de él que tuvo hacia mí hace mucho tiempo. Así que si piensas acostarte y dejarlo y lo lastimas, sabrás quién es Esmeralda Kovacs".
"Poniéndose de pie, Erea contestó: 'Sé que amas a tus hijos y tomaré en cuenta lo que me acabas de decir, Esmeralda'. Ahora me retiro para cambiarme", subió las escaleras con lágrimas en los ojos. Sentía que nuevamente era juzgada sin que la conocieran realmente.
Todos ya estaban listos para ir a la fiesta, solo faltaba Erea y Elda. Cuando las chicas bajaban por las escaleras, todos estaban boquiabiertos. Las dos se veían hermosas, pero Velkan, cuando la vio, estaba sin habla. Se preguntó cómo era posible que esa mujer tan irritante que siempre le llevaba la contraria para todo lo estuviera convirtiendo en un lujurioso que soñaba todas las noches con tomarla de una manera salvaje pero con amor. Y más con aquel vestido rojo pegado a su cuerpo, dudaba que pudiera resistir.
"Las dos dejarán a muchos enamorados que mi hermano y yo tendremos que espantárselos", dijo Emiliano para hacer reaccionar a Velkan.
"No exageres, Emi, pero si necesito tu ayuda, créeme que no dudaré en llamarte", levantaron sus dos cejas y con una sonrisa pícara le respondió Elda.
Dragos, al ver que su hijo Velkan ni con el comentario que hizo su hermano reaccionaba, tuvo que intervenir.
"No tomarás del brazo a Erea, Velkan", le tomó su hombro y lo apretó un poco.
"Sí, sí, lo siento", extendió su brazo mostrando caballerosidad a Erea y dijo: "Nos vamos".
Erea tomó el brazo de Velkan, que también ella no dejaba de mirarlo, con ese traje azul que combinaba con sus ojos y se enmarcaba en su cuerpo ligeramente trabajado sin llegar a lo grotesco. Pensó en cuánto tiempo tardaría en quitárselo. Ese hombre la estaba volviendo loca. No sabía si solo era ya un capricho por tenerlo entre sus piernas o porque ese hombre estaba moviendo algo en su corazón que hacía años había metido en un muro para que no saliera lastimado nuevamente. Pero ahí estaba ella debatiéndose entre si era atracción física o algo más.
Los dos solo se miraban uno al otro en todo el camino. El que venía manejando era su padre. Todos platicaban, incluida Erea, que se reía de los chistes y ocurrencias de Elda. Ella notó cómo Velkan abrazaba a su hermana con mucho cariño y movía la cabeza en cada chiste. Si serio es atractivo, riéndose era mucho más, decía Erea en su mente.
Esmeralda veía y sentía una gran tensión sexual en ambos, había meditado sobre las palabras que le había dicho a Erea. Su hijo ya era mayor de edad y ella no tenía por qué meterse de esa manera en su vida. Pero, ¿cómo no hacerlo si era su hijo el más tranquilo, el más serio y reservado? A diferencia de Emiliano, que sabía que no era un santo, pues con respecto a su vida sexual era igual que su padre. Pero estaba decidida a ayudarles a ambos, y a todos sus hijos, pues se notaba a leguas que así como el destino junto a Dragos con ella, también esa pareja dispareja estaba más que destinada.
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Updated 33 Episodes
Comments
Elizabeth Mejill
bueno espero que esta historia se ponga Interesante 😃
2024-01-29
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hermosa "🍵"
muy cierto, Wendy y duele mucho
2023-06-10
0
Wendy López
Como padres no queremos ver a nuestros hijos sufrir, pero tenemos que dejar que vuelen alto aunque al hacerlo tengan caídas, pero duele mucho ver a un hijo sufrir.
2023-06-10
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