capítulo 8

Todos estaban ya en aquella fiesta. Emiliano bailaba con su querida hermana Elda, mientras Dragos bailaba con Esmeralda, y Velkan hablaba con algunos jefes de la construcción y su mayor inversionista. Todos miraban a la chica de rojo, que lucía demasiado con aquellas piernas largas y esa cabellera blanca. Le molestaba que la miraran de esa manera, como si la desnudaran con la mirada, pero lo que más le molestó fue verla bailar con un tipo. Le hirvió la sangre cuando éste le tomó de la cintura. Bailaban un estilo de música definitivamente horrible, claro está que solo era para él, pensó. Así que no soportó más ver cómo aquel hombre le pasaba la mano por su cintura y salió de ese lugar. Erea se dio cuenta, pero decidió esperar a que terminara la canción. Y cuando ésta terminó, estaba decidida a ir a buscar a ese hombre que la cautivaba. Alguien la interceptó.

— Erea, me gustaría platicar contigo. No te quitaré mucho tiempo —dijo Esmeralda tomándola del brazo.

— Mira, Esmeralda, me quedó claro lo que me dijiste hace unas horas.

— Precisamente quiero hablar de eso —habló después de un largo suspiro—. Mira, tú y Velkan son adultos y él sabe lo que hace. Me lo ha demostrado en muchas ocasiones. Solo que tengo miedo de que lo lastimes.

— Entiendo, Esmeralda. Te preocupas por tu hijo. Es lógico que pienses en protegerlo —le dijo tomándola de los hombros y mirándola a los ojos para tranquilizarla.

— Lo digo porque tienes una vasta experiencia y él es tan... tan...

— Inocente.

— Sí, y siento que tú solo lo quieres para... bueno, tú sabes.

— Ja, ja, ja, llevármelo a la cama.

— Sí —contestó Esme con un semblante triste.

— No te lo voy a negar, Esme. Tienes un hijo hermoso, fuerte, atractivo, inteligente, responsable, trabajador, sensible —enumero cada cualidad con sus dedos—.

— ¿Amas a mi hijo, verdad, Erea?

— Con cara de asombro respondió, perdón.

— Estás igual que él. Los dos se gustan, se atraen, probablemente hasta se amen, y ahí están resistiéndose a lo inevitable —con una media sonrisa y negando con sus cabezas le aclaró—.

— No sé si lo amo, pero de que me gusta estar cerca de él, de escucharlo hablar, cuando coloca su lápiz en su boca tratando de solucionar algún error de sus planos, cuando frunce el ceño, cuando no le sale algo, es adorable. Erea dio un paso atrás tocándose el pecho y con un rostro de sorpresa expresó con asombro: ¡Oh por Dios!

— Sí, querida -respondió Esmeralda tomando las manos de Erea-, amas a mi adorado hijo mayor, Velkan.

— No se lo digas, Esme, por favor -con su rostro triste la miró a los ojos para terminar de decirle-: yo a él no le atraigo en lo más mínimo, le molesta todo de mí.

— Bien dicen por ahí que polos opuestos se atraen, además no te das cuenta de que Velkan lo hace para acercarse a ti, eres lo que él necesita y créeme que no le diré nada. Ahora ve, estoy seguro de que estará bajo un árbol escuchando música o mirando las estrellas.

— Después necesitaré tu ayuda para conquistarlo, ¿entiendes?

— Ja, ja, ja, eso será increíble y yo te ayudaré.

Velkan se encontraba recostado en el pasto recién podado, tal y como su madre le había dicho a Erea, cerca de un árbol muy frondoso, con los ojos cerrados, escuchando música clásica, específicamente a su violinista preferido, Niccolò Paganini, hasta que fue interrumpido al sentir en su rostro unas manos cálidas que le quitaron los audífonos.

— Velkan la miró con su rostro molesto porque lo interrumpieron, pero cuando vio quién era hablando un poco su rostro y dijo: "¿Qué hace aquí, señorita Erea?"

— Ignorando el tono y el rostro serio de Velkan, contestó: "Vine a disfrutar las estrellas, se ven hermosas, ¿no le parece?"

— La verdad no. Aquí en México es difícil ver las estrellas en la ciudad.

— Oh, bueno... no supo qué contestar porque realmente tenía razón, pero ¿por qué tenía que ser así de frío?, pensó Erea.

— ¿A qué ha venido? -de manera sarcástica le dijo- Ya se cansó de bailar.

— La verdad sí. El hombre con el que bailaba tenía un aliento muy desagradable, ya quería que terminara la música, pero ¿está usted de acuerdo en que no podía decirle a aquel individuo que no podía bailar o sí?

— No, claro que no.

— Que escucha jefe, alisó su vestido y se recostó junto a él en el pasto.

— Con una media sonrisa contestó: "No creo que te guste mi música, Erea. Lastimaría tus oídos".

— Con una sonrisa de oreja a oreja, respondió: "Gracias".

— "¡Gracias!", Intrigado se sentó recargándose en el árbol, para contestarle: "¿Por qué?".

— "Porque por fin me dijo solo Erea", simulando con su voz como si fuera el continuo hablando, y no por "señorita Erea".

— "Ja, ja, ja, no aguanto más Velkan", y por fin se rió sinceramente.

— "¿De qué te ríes?", dijo Erea con su ceño fruncido pero con ganas de reírse también.

— "Que trataste de arremedarme, de verdad así hago mi voz".

— "Pues claro que no, pero es lo mejor que pude hacer".

— "Pues ha reprobado, señorita Erea".

— "Me gusta más cuando solo me dice Erea".

— "No puedo llamarte así".

— "Porque es mi jefe, ¿verdad?".

— "Así es, creo que siempre debe de haber ese límite entre jefe y empleado".

— "Pero ahora no somos jefe y empleado o sí", le dijo aquellas palabras mirándolo a los ojos y tomando su mano.

— "No".

— "Entonces por ahora solo dime Erea, o hermosa, o como tú quieras", le dijo guiñándole un ojo.

— "Ja, ja, ja, está bien, solo por hoy te llamaré Erea".

— "Me agrada la idea, ahora si me va a contestar qué escuchaba".

— "Escucho El Capricho n.º 24 en la menor".

— "Escuchas a Paganini".

— "¡Lo has escuchado!", dijo sorprendido.

— "Claro, a comparación de Arcangelo Corelli (1653-1713, Italia), no sé si sepas, pero es conocido como el padre de la sonata para violín y fue una influencia para los instrumentistas de su época y de toda la historia, adjudicándole una decena de obras para violín, que establecieron un récord en su momento.

— "O qué decir de Leopold Mozart (1719-1787, Alemania), padre y gran influencia del célebre Wolfgang Amadeus Mozart, es el creador del Tratado completo sobre la técnica del violín, además que escribió uno de los libros fundamentales en el estudio del instrumento que sirve hoy en día, sin olvidar que fue reconocido por la gran variedad de obras que compuso. También tenía una gran versatilidad para la composición, así que bien merecido tiene el lugar entre los grandes violinistas de la historia, pero para mí siempre será el mejor de todos Niccolò Paganini".

— Jajajá, creo que nunca terminaríamos de hablar sobre los mejores violinistas del mundo.

— Muy cierto, es increíble que sepas de estos temas -le dijo incrédulo-.

— Ese es tu grave error, Velkan, que das por sentado algo que no es. El león no es como lo pintan. Sabes, me encanta la música clásica, es de mis favoritas, pero también me encanta el rock, Metallica, y eso no me hace ni mejor ni peor persona. Cuando le tomas el gusto, ya no puedes dejar de escucharla, créeme.

— Bueno, con la música que escuchas en tu moto es... es...

— Desesperante.

— Sí, molesta mis oídos -aquellas palabras las dijo tapándose los oídos como si estuviera escuchándolos en ese momento-.

— Ja, ja, ja, ¿qué te parece si me acompañas mañana en nuestro día de descanso y me enseñas algo de México, alguna disco o bar, y te enseñaré a escuchar música diferente? ¿Te parece?

— Bueno... está bien.

— Gracias, nunca he viajado a otro lado, esta es mi primera vez y desde que llegamos no sé nada de México y he leído que es extraordinario en comida, vegetación y lugares para conocer.

En ese momento, Velkan le explicó que México es hermoso. Ella lo interrumpió y le comentó que a ella le gustaría conocer las pirámides de Teotihuacán. Velkan, con su falta de experiencia, no sabía qué decir, pero hizo a un lado su miedo y le dijo que si quería ir a conocerlas, ella se sorprendió y se lanzó a abrazarlo, diciéndole "Kan". Él se sorprendió por aquella muestra de afecto de alguien que no fuera su familia, pero por alguna razón le encantó sentir el calor de aquel cuerpo femenino. Después, cuando se soltaron de aquel abrazo, él le preguntó por qué Kan y ella realmente emocionada le contestó que era una forma de llamarlo cariñosamente. Pero que si le molestaba, no le volvería a decir así. Él no podía rechazar aquel acercamiento que tanto había pedido su subconsciente, así que le dijo que no había problema, pero que en la oficina seguiría siendo su jefe, a lo que ella le contestó "trato hecho". Se dieron la mano, pero él por un momento desvió su mirada a su escote, mirando sus atributos. A ella le encantó aquel atrevimiento, no lo negaría, y más cuando lo quería sentir completamente desnudo sobre ella, así que coquetamente tomó su barbilla para que se miraran a los ojos.

— ¿Te gusta lo que ves, Kan? — preguntó ella con una sonrisa.

— Lo siento, discúlpame. No debería haber visto tus... bueno, ya sabes. Fue inevitable — respondió él, tartamudeando y apenado.

— No te disculpes, Kan. Me encanta que me veas. Eso quiere decir que no te soy indiferente. En algún momento pensé que no soy de tu agrado.

— Por Dios, eres hermosa. Pero no puedo desviarme con distracciones de mi objetivo — dijo él, sin rodeos.

— ¿Y yo soy una distracción? — preguntó ella con una voz sugestiva.

— Sí — respondió él, sin titubear.

— Entonces ya molesta. ¿Qué te impide ser feliz, Velkan? ¿Por qué tienes que ser tan frío e insensible?

— Yo soy feliz — contestó Velkan con un rostro de superioridad.

— Por favor, ¿a quién quieres engañar? Tú no eres feliz.

— Mire, señorita Erea, no voy a discutir con usted. Será mejor que entremos.

— ¿Por qué habríamos de discutir? ¿Acaso tú discutes con tus socios o dialogas, mejor dicho? Sabes que no tiene caso. Lo que pasa es que eres un cobarde.

Erea salió de allí a paso veloz, dejando solo y pensativo a Velkan. ¿Por qué siempre tenían que discutir cuando todo estaba fluyendo de maravilla?, pensó ella.

El trayecto a la casa fue igual para ellos, en silencio y solo una que otra mirada. Aunque Esmeralda quiso intervenir un poco incluyéndolos en la conversación, Velkan sacó su laptop, se puso sus audífonos y comenzó a escribir, ignorando por completo a todos los que estaban allí. Llegaron a su casa, bajaron del auto y cada uno se fue directo a su habitación.

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