capítulo 16

Habían pasado dos días después de aquella reconciliación y les faltaba una semana más de estadía en México antes de regresar a Rumanía, como habían planeado.

Emiliano se había ido a Estados Unidos hacía dos días porque quería ser policía y estaba estudiando en Rumanía. No encontraba la acción que buscaba allí, así que había pedido su transferencia. Sin embargo, no se animaba a contárselo a su familia, que siempre estaba muy unida, especialmente a su madre, que era su confidente. Solo tenía dos semanas para estar en la academia y pasar una segunda evaluación, tras la cual le asignarían el área donde estaría. No sabía cómo abordar el tema y se encontraba reunido con todos contemplando a cada uno. Miraba a su padre como si fuera su madre, con ojos de un completo enamorado, y a su madre, que lo miraba con una mirada cómplice e insinuando sugestivamente tener un momento de pasión. Luego miraba a su hermano con su novia, que estaban hechos el uno para el otro, y se veía con una gran sonrisa y un brillo que hacía años no veía, más que cuando le dedicaba tiempo a su pequeña hermana. Ahí estaba ella, con una cara picarona que estaba completamente seguro de que su novia tenía la mano metida entre sus piernas. Esa mujer lo volvería loco. Y ahí estaba su hermana pequeña y consentida, escuchando y haciendo bromas. Los amaba demasiado y se llevaban muy bien. Definitivamente los extrañaría. Así que se armó de valor y pidió la palabra.

—Familia, lo que les diré es difícil, pero he tomado una decisión. En una semana me iré a Estados Unidos para terminar mi carrera de policía —dijo Emiliano sereno, pero con aquella voz fuerte y decidida de su padre. Pero como él sabía, la primera en protestar fue su madre.

—Pero si estás bien en Rumanía, ¿por qué tomar esa decisión tan drástica? Allá corres más peligro —dijo su esmeralda con lágrimas en los ojos.

—Por eso, madre —dijo Emiliano suspirando—. En Rumanía no hay casos que perseguir, pero en Estados Unidos sí.

Esmeralda no soportó más, se levantó de la mesa diciendo que se le había ido el apetito, subió a su habitación y comenzó a llorar. Su hijo se iría a una tierra extraña y lejos de su familia. Después de tantos años, por fin sucedía lo que toda madre temía: que se fueran. También Dragos pidió disculpas y se retiró de la mesa. Subió por las escaleras hasta su habitación para encontrar a su hermosa mujer llorando acostada, abrazando su almohada.

— Sabías que en algún momento tus hijos se irían, mi amor —dijo Dragos acercándose a ella y abrazándola por la espalda.

— Sé que cuando se casaran tendrían que irse, pero sabía que los vería seguido —dijo Esmeralda hipando cada que hablaba como niña pequeña—. Sin embargo, si se va a otro país en donde la violencia está a la vuelta de la esquina, estaré siempre con el Jesús en la boca esperando a que me llamen para decirme que mi hijo está muerto, y eso no lo puedo soportar —todo aquello lo dijo gritando de la desesperación. Dragos lo único que hizo fue abrazarla fuertemente, demostrándole nuevamente que estaba ahí para ella, mientras en la mesa seguían sus hijos y Erea.

— Ahora sí te volaste la barda, hermano —dijo de broma su hermana Elda, que también se le escapaban unas lágrimas pero que las secó rápidamente—. Solo te digo de corazón que deseo que te vaya bien y logres tus objetivos, y no te olvides de tu familia —en eso se levantó y corrió a su habitación.

Su hermano, que lo miró serio, se levantó de la mesa y cuando creía que se iría también, Velkan se acercó y lo abrazó como hacía mucho tiempo no lo hacía, comentándole al oído: "Eres mi gemelo y siento lo que tú, y estoy orgulloso de la persona que eres y sé que lograrás ser el mejor agente, porque sé que ese es tu objetivo y somos unos Kovacs Montés, así que yo sé que de mí no necesitarás nada, pero sabes que estoy aquí para ti siempre. Te amo, hermano". Emiliano, como cuando eran pequeños, lloró en su hombro y le dio las gracias. Después, Erea se acercó y también le deseó suerte aunque se conocieran poco. Se quedó solo, sabía bien que sus dos amores no lo tomarían bien, así que decidió subir y dormir para relajar su mente y ya mañana sería otro día.

Lo que no esperaba Emiliano era que su hermana Elda, en la madrugada, se metiera en su cuarto y le diera un susto de muerte al acostarse en su cama.

— Maldición, Elda, por poco te rompo la cabeza —dijo él con una botella de desodorante que tomó de la mesa.

— Jajajaja, ¿y pensabas lastimarme con un desodorante? —dijo ella entre risas para no hacer ruido—. No podía dormir y quería que me abrazaras como cuando era niña, y platicábamos de nuestras travesuras.

Emiliano se rió con ella, diciéndole que la que contaba sus travesuras era ella y no él, pero la abrazó y platicaron como en los viejos tiempos, y así se quedaron dormidos. Hasta la mañana siguiente, cuando los despertó su hermano mayor brincando en la cama, como cuando eran niños, y se agarraron a almohadazos cuando su hermana pequeña lanzó el primer golpe a su hermano mayor. Después, se unieron sus padres y, por último, Erea, un poco confundida por aquella escena que en su familia jamás habían hecho. Así que ahí estaban todos, disfrutando de su convivencia por última vez.

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Comments

Elizabeth Mejill

Elizabeth Mejill

es tan difícil, para los dos. han tenido diferentes circunstancias pero de ellos depende superarlas/Smile/

2024-01-30

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