Con un ritmo de trabajo muy pesado, Velkan había traído a su asistente Erea. Solo le daba tiempo para comer, la llevaba de acá para allá, sacaba citas, copias, hacía llamadas telefónicas, realizaba escritos y le pedía que le tuviera preparado su café antes de que llegara él o en cuanto llegara ella. Estaba realmente agotada. Lo que no sabía nuestra adorada asistente es que en esos días tendrían que salir a México para resolver algunas anomalías en la empresa de su padre de aquel lado.
— ¿Tienes tu pasaporte y visa en regla, Erea?
— Sí, señor.
— Prepara tus maletas, nos iremos mañana en la mañana a México.
— ¡Mañana!, ¿a México?
— Sí, ¿tienes algún problema? Se supone que fui claro cuando entraste.
— Sí, solo que no pensé que viajaríamos tan pronto, y bueno, solo me sorprendí, eso es todo.
— Puedes irte ya, para que prepares tus maletas. Nos vemos mañana en el aeropuerto a las 6 de la mañana. El avión sale a las 8.
— Está bien. Le dejo los documentos que me dio en la mañana. Ya están todos los de la caja archivados, y los del escritorio ya están listos para enviar.
— Excelente. Antes de que te vayas, envíalos, por favor.
Así lo hizo. Después, ella se retiró a su casa y preparó sus maletas. Para variar, su familia estaba reunida en el comedor, hablando de las frivolidades de su vida, como qué carro habían comprado en ese mes, las joyas, la ropa y cosas así. Ese tipo de pláticas a ella le molestaban, pero también para qué engañarse, ella también utilizaba el dinero de su familia para comprarse uno que otro gustito, y más si era autos clásicos, motos o discos de acetato de música clásica. Después de que había preparado ya sus maletas, se acercó al comedor.
— Buenas noches, familia. Les comento que por mi trabajo viajaré.
— Todavía sigues con lo mismo, Erea -dijo su padre-.
— Sí, ¿por qué?
— ¿Cómo que por qué? Eres una Fusco. Más vale que dejes ese trabajo y te dediques a la empresa familiar. No de en balde tu carrera de Relaciones Internacionales.
— Pues yo te dije que quiero seguir en este trabajo hasta que tuviera los 30 años, así quedamos, padre.
— Ya vete, que cada vez que te veo vestida así, me dan ganas de desheredarte y quitarte mi apellido, eres una vergüenza.
— Adiós.
Erea salió con lágrimas en los ojos, subió su maleta al auto de la empresa de su padre y le pidió que la llevara al hotel que estaba enfrente del aeropuerto. Había decidido no dormir en la casa de su padre. Llegó al hotel y se quedó dormida llorando en posición fetal.
Mientras tanto, en la casa Kovacs, todos estaban como locos haciendo sus maletas. Aunque era un viaje de negocios, iría toda la familia en el avión privado. Querían visitar a Víctor, el amigo de Dragos, que hacía aproximadamente 23 años que no se veían. Víctor había llevado bien el negocio. En estos años habían comprado un terreno e hicieron unas oficinas hermosas. Así que ahí estaban todos preparando maletas.
— Por fin conoceremos a esa famosa asistente que te vuelve loco, hijo - dijo Esme.
— Cuando la conozcan, sabrán por qué me vuelve loco. Pero hasta ahora es muy buena haciendo su trabajo, así que no la puedo correr solo porque no tolere su música y la forma en cómo se viste y habla.
— Ja, ja, ja, pobre de ti, hermanito. Pero dices que del odio al amor hay solo un paso - dijo Emiliano - y le secundo su hermana.
— Hay sí, "tan, tan, tatan" - comenzó a tararear la marcha nupcial, burlándose los dos de él.
— Ya basta los dos, déjenme tranquilo. Ella y yo somos como el agua y el aceite. Estamos porque es nuestro trabajo.
— Jajajá, hay mi niño. Ya quiero conocer a esa muchacha - dijo Esme.
Dragos solo reía por las ocurrencias de sus hijos. Cómo es que siendo los menores pudieran desquiciar a su hermano mayor. A veces Dragos veía reflejado el carácter de Esme en su hijo mayor. Era noble, inteligente y siempre buscaba ver el lado bueno de las personas. Pero cuando se topaba con gente que no encajara en sus gustos, ni siquiera les dirigía la palabra. Por eso, su hijo mayor nunca se le había conocido un amigo más que sus hermanos.
Todos se dispusieron a dormir para salir directo al aeropuerto a las 5 de la mañana.
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Helena Ramirez Vargas
Te hará mirar las estrellas
2024-01-20
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