— Se ve que sus padres aman mucho, señor.
— Así es, Erea, y no has visto más muestras de amor. Es desagradable.
— Desagradable para mí es hermoso ver que dos seres tan distintos se muestren su amor de esa manera.
— ¡Seres distintos! - en tono molesto le dijo -, ¿qué quieres decir con eso?
— No me malinterprete, señor Kovacs, es que su mamá tiene un acento peculiar que no es italiano, y aparte tiene un tono de pelo muy negro.
— Ahh, ella es mexicana y su pelo es porque ella alguna vez me comentó que las mujeres indígenas tienen pelo negro y tupido y ella tiene descendencia directa indígena por parte de su padre, al parecer era de Oaxaca o algo así.
— Pues me encanta, su cabello es hermoso y su sonrisa es tan... tan... contagiosa.
— Sí, mi madre tiende a sacarle sonrisas a cualquiera, pero te recomiendo no verla enojada.
— Bueno, lo tomaré en cuenta.
Los dos guardaron silencio con una sonrisa en su rostro. Después se miraron fijamente uno al otro. Ella bajó la vista a la boca de él. Como estaban sentados al final del avión cerca de la cocineta, él pudo ver mejor lo hermosa que era. Le molestaba todo de ella, desde cómo se vestía hasta su música que siempre ponía o cuando la vio tomando cerveza con los trabajadores de su empresa, pero ahí estaba mirándola como un tonto enamorado. Miró también esos labios color rojo que lo incitaban a pecar. Ella, con su mano, le quitó una pelusa de su cabello. Aquella acción hizo que ella se acercara más y sucedió lo que ambos querían. Ella besó su boca y él se quedó estático. Jamás en su vida había besado, así que aquello lo tomó por sorpresa. Ella, al tener más experiencia en los coqueteos, se dio cuenta de su inexperiencia porque él no siguió el ritmo de aquel beso.
— No sabe besar, "señor".
— Eso es algo que no le importa, señorita Erea.
Él se levantó molesto porque no supo qué hacer y se metió a la habitación. Pero desgraciadamente, por estar platicando con ella, no se dio cuenta de que sus padres se habían escapado para darle rienda al amor y pasión. Su hijo dio un grito de sorpresa: "¡Por Dios!" y cerró rápido. A los señores Kovacs eso no fue motivo para seguir en lo suyo, pero su hijo salió despavorido por ver semejante escena. En su vida había visto algo así, solo lo había escuchado por sus mismos padres, pero él ni siquiera había visto alguna vez porno o revistas para adultos. Su hermano siempre le hacía burla, pero él estaba decidido a ser el mejor estudiante e hijo enfocándose solo en sus estudios.
— Pero no viste que se levantaron para irse al cuarto bobo - le dijo Elda abrazándolo por detrás.
— No me di cuenta, pequeña. ¿Estás bien?
— Sí, bueno, sabes que te amo, ¿verdad?
— Sí, lo sé. Y yo también te amo. Pero dime, ¿qué es lo que quieres? Porque solo te acercas así de acaramelada cuando quieres algo.
— Algo muy sencillo: que no te cierres al amor.
— ¿De qué hablas, pequeña traviesa?
— Por favor, sé que te gusta tu asistente. Es muy hermosa y tiene un cuerpo envidiable.
— Estás con lo de tu cuerpo nuevamente, Elda.
— No, pero es bueno reconocer cuando alguien tiene un cuerpo bonito y es bonita.
— Pues no me gusta que pienses eso. Todas las mujeres son hermosas, Elda, y lo sabes.
— Bueno, no estoy hablando de mí ahora, sino de ti. Si te gusta ella, no pierdas el tiempo. Quiero sobrinos, y tú eres el elegido de los dioses para ser el que me dé sobrinos.
— De verdad que estás loca. Mira que si no fueras mi hermana, ya te habría mandado a volar.
— Bueno, pero así me quieres. Ya en serio, yo creo que acá entre nosotros, el primero en darnos noticias de que será papá es Emiliano.
— Ja, ja, ja. De eso no tengo la menor duda, pequeña. Vente, vamos a dormir.
— Ah, no. Vente con tu novia.
— No es mi novia.
— Pero ya quisieras. Mejor ve con ella y límpiate tu boca, que tienes labial rojo.
— Y apenas me dices.
— Ja, ja, ja. Sí, sorry.
Velkan se sentó nuevamente con aquella mujer que le movía el tapete, pero llegó igual de serio como siempre.
— Lamento mi atrevimiento de hace rato, señor.
— No se preocupe. En realidad, yo tuve la culpa por no dejar en claro que yo soy el jefe y usted una trabajadora más.
— Eso me ha quedado claro. "Señor" - aquellas palabras salieron con una voz en tono sarcástico y amargo.
Los dos se quedaron dormidos, pero conforme pasaron las horas, los dos se acurrucaron juntos, recargando ella su cabeza en su hombro y él con una mano sobre su pierna y su cabeza recargada en la cabeza de ella. Sus hermanos, como siempre, de cartillas, le tomaron una foto a ambos. Así siguieron hasta que Esmeralda, muy cariñosa, se acercó a los dos y les dijo que despertaran y abrocharan sus cinturones.
— Lo siento por recargarme en su hombro, señor.
— Está disculpada, señorita Erea, pero yo también me recargué en usted.
— De verdad, ¿siempre es así? -dijo Erea enfadada-.
— ¿Cómo así?
— Tan cuadrado y sin mostrar un poco de alegría. Es una pena que siendo usted tan guapo y joven tenga cara de señor amargado y sin ser cogí… olvídelo.
— No sea usted vulgar. No tengo por qué agradarle a nadie, señorita Erea, y mucho menos a usted. Evite sus comentarios sin educación.
— El que no tiene educación es usted, hipócrita.
— Pero, ¿quién se cree…?
— Ya basta los dos -dijo Esmeralda viendo a su hijo y después a Erea-. Los dos parecen niños chiquitos. Tú que eres el jefe, muestra más madurez, Velkan.
— Pero mamá, yo…
— Nada. Estén en paz por Dios, hasta parecen matrimonio.
Los dos se miraron molestos y se ignoraron hasta bajar del avión.
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Comments
马里克鲁斯
jajaja con esa foto lo van a molestar 🤪
2023-09-02
0
Agueda Monroy
Jajajajaja con este capítulo 🤭🤭😂😂
2023-06-02
1