—Soy Layla, la investigadora. Sabemos que habitaron en una residencia cercana a la vivienda de la Desaparecida.
—Sí, señorita.
—¿Cuántas veces tuvieron conversaciones con ella?
—Muy pocas veces, señorita.
—¿Por qué estaban en ese lugar?
—Como ya mencioné, era una herencia de mi padre.
—¿Por qué eligieron vivir en esa ubicación?
—Decidimos hacerlo por la salud de mi hija.
—¿Qué padece su hija?
—Ella sufre de asma. Por eso consideramos que era prudente residir en ese lugar.
—¿Están familiarizados con sus vecinos?
—No, señorita, solo tenemos contacto con la señora Antonia y su familia de manera esporádica.
—¿Cuántas veces visitaron su hogar?
—Lo hicimos en dos ocasiones; la primera vez fue cuando nos llamó la atención la presencia de más jóvenes en el área.
—¿Jóvenes en la zona?
—Así es, señores… mi hija deseaba tener más personas de su edad, aparte de mí.
—¿Tenían conocimiento de Gilda?
—No mucho.
—¿Su hija conversó alguna vez con ella?
Interrumpe la joven: —Una vez ocurrió en su casa y la otra en el bosque, o sea dos veces en total. En cuanto a lo que hablaron en la casa, ella me preguntó cómo me sentía viviendo en este lugar y lo que todos oyeron.
—¿Podría decirnos, señorita Mireya?
—más bien ella fue la que hiso preguntas de que como sentía y si tenía amigos en este lugar y como ocupaba mi tiempo.
—noto alguna cosa fuera de si en las preguntas de Gilda?
—no, solo que era muy rara.
—a que le llama extraña?
—que no me quietaba la mirada.
La mamá de Mireya pregunta muy inquieta: —que pasa? nosotras no hemos hecho nada malo.
—solo estamos investigando señora Adelaida.
—¿dice usted que hablo con ella en el bosque Mireya, ¿que hacía usted en el bosque?
—recogía unas cuantas flores y tomaba aire.
—Y donde estaba Gilda y que hacia ella?
—ella estaba como una loca.
—¡Explíquese, por favor? —dice Esteban.
—Ella corría como si hubiera avistado al diablo por todo el bosque. Lo llamé, pero parecía que no me escuchaba.
Layla y Michael intercambian miradas mientras ella toma notas de la información.
—Señora Adelaida —pregunta Michael—, ¿afirma usted que encontró a la joven husmeando en su casa?
—Sí, le dije: «¿Qué busca, señorita Gilda?» Ella se marchó corriendo.
—¿Vio hacia dónde? ¿Podría decirnos?
—Claro, se dirigió al bosque y luego la perdí de vista, ya que abandonaron la zona —concluye Adelaida y dirige su mirada hacia Mireya.
—¿Qué sucede? —pregunta Esteban.
—La razón por la que se fueran fue por la ella… eso es intrigante. —dice Mireya.
Adelaida la interrumpe, agregando: —fue después de varios días, empezó a danzar y nos advirtió que debíamos abandonar el lugar o nos lamentaríamos. Había a su lado un hombre vestido de negro. No era alguien que conociéramos.
—¿Qué les dijo ella?
—Nos amenazó con matarnos, porque no informamos a sus padres. Nos advirtió que si lo delatábamos, no volveríamos a ver a mi hija.
—Señora, ¿practica usted las ciencias ocultas? ¿Pertenece a alguna secta?
—No, señores, nada de eso.
—Bueno, señora, si la necesitamos, la contactaremos nuevamente.
—Sí, lo haré. Pero quiero dejar claro que no tengo relación con la desaparición de la joven —declara Adelaida.
Los detectives registraron el testimonio de la mujer, el informe decía:
...«Los dos testigos confirman que la chica estaba acompañada por un hombre. Tendremos que vigilar a todos los familiares, tanto hombres como mujeres. Han pasado meses y aún hay indicios de que la joven siga con vida»....
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