CAPITULO 36
* PABLO
Recién pude conseguir un vuelo dos dias despues para viajar a Formosa. Mire el paquete que me dejo la Gringa, me había tejido una bufanda y un par de medias y en una nota me escribió " Amor mío, no puedo esperar para entregarte tu regalo. Te los hice para que en las mañanas y en las noches no pases frío. Soy muy Feliz a tu lado. Feliz Navidad. TE AMO"... Ella misma me los izo, en que momento, no me percate que tejía y es un color azul oscuro muy fino y elegante. Si, acá a la mañana temprano hace frío, y a la noche se me ponen los pies helados, ella se me quejaba cuando nos acostábamos, pero igual no se apartaba de mi brindándome calor. Es tan detallista y única... Espero arreglar las cosas y que esté segura que es la única. Mi pasado me condena, por más que quiera alejarme me persigue.
Al llegar, siento el calor abrazador de aquí, como cambia el clima de una punta a la otra del país. De Buenos Aires salí con un día fresco lloviznoso y aquí el sol reina en su plenitud. Me cruzo con un conocido que anda haciendo su recorrido por el aeropuerto.
- Fernández... ¿Por aquí nuevamente?. Me saluda con un apretón de mano.
- Solo de paso... Le respondo.
- Si necesitas un aventón... Te puedo llevar... Justo regresaba a la estación... Se ofrece a llevarme.
- Te lo agradezco... Que esperamos llévame... Le digo en un tono tipo mandón.
- Ja, ja, ja... Enseguida...¿Cómo te va en Buenos Aires?. Me responde divertido.
- Bien dentro de todo... Mucho más trabajo que aquí. Le digo con un gesto cansado.
- Me imagino... Aca estabas en la gloria y con las muchachas que se te regalan por el solo hecho de verte con el uniforme... Ya no te quieres ir. Me dice con seguridad.
- Yo no pienso en eso... Ya tengo señora. Le aseguro.
- Sí...sí... Con la rubia despampanante... La verdad te envidian en la estación... Hasta el comisario quedo caliente...Ja, ja, ja... Ni la hora le dio... Solo en vos pensaba todo el tiempo esa rubia...
- ¿ Qué quieres decir? Con que ni la hora le dio.
- Se la cruzo en una fiesta... Ella estaba con sus tíos... Al no verte quiso probar suerte e invitarla a bailar... Pero lo rechazo de una...
- Fiesta a ¿Cuál fiesta?. Le pregunto con interés.
- La que realizan por navidad, para recaudar... Para los más necesitados... Es como una fiesta de beneficencia... Siempre la hacen antes de las fiestas... Así lo que recaudan le dan a las personas que necesitan como mercaderías, ropas, juguetes para los niños... Es algo que siempre hacen los de la estación.
- Y ¿ella asistió con sus tíos?. Le pregunto.
- Sí... No bailo con nadie... Y eso que invitación no le falto... Sí que tienes suerte... Y el comisario se pasó de copas... Nunca lo habían rechazado antes... Casi arma un escándalo... Lo tuvimos que frenar... Quería a toda costa convencerla y ella le había dicho con cortesía que no de una y otra manera... Hasta los tíos le pidieron que se retire... Sí que fue una fiesta única... Tu señora se retiró con sus tíos al notar que la cosa se estaba alterando... Ja, ja, ja... Le contaba riendo, al resultarle un acontecimiento único. Pablo se acomodó en el asiento del acompañante enderezándose y reflexionando en lo que le contaba su antiguo compañero.
- Hasta aquí está bien... Le dijo Pablo, en un momento al ver que llegaban a la casa de los padres de la Gringa.
- Bien... Fue un gusto verte de nuevo... Debemos compartir unos tragos antes de que te vayas, pasa por la estación. Le dijo al despedirse el oficial.
- Muy bien... Si voy a pasar a saludar. Le respondió y de paso le exigirá explicaciones al comisario por meterse con su mujer.
Llego a la casa y golpeo la mano, salió a atenderlo don González que andaba con su asada moviendo la tierra de su huerta.
- Muchacho... Buenos días... Pasa... Pasa... Me da gusto verte... Se te esperaba mañana recién... Según lo que nos dijo la Gringa.
- Buenos días... Un gusto verlo tan bien. Le respondo pasándole la mano.
- Aprovechemos a tomar algo fresco... Este calor es insoportable... Las mujeres salieron de compras... Ya sabes como es... Tardaran...Y cuéntame como les va... Al menos en las fotos se ve todo muy lindo.
- Sí... Nos va bien... Por suerte... La Gringa tiene facilidad para llevarse bien con las personas... Todos la aprecian... Por lo que estoy tranquilo cuando trabajo... Ella tiene a sus amigas que son las esposas de mis compañeros... Con las que se reúne a tomar el té y a charlar... Creo que armo un grupo donde hacen bordados y ella les enseña. Le cuenta Pablo a su suegro.
- Que bueno... Me alegro... Toma servite y le pasa un vaso de vino y un plato con bizcochuelo con nueces y pasa de uvas.
- Gracias. Le dice Pablo agarrando una porción del bizcochuelo.- Y por acá... ¿Cómo les va?.
- Bien... Dentro de todo... Resulto guapa nuestra sobrina... La que quedo atendiendo el negocio... Ya es como una hija más... No quiere volver más a su casa... Se siente a gusto aquí... Le comenta el señor González.
En eso se escucha un murmullo de voces y van ingresando a la cocina Doña Pocha con su sobrina y la Gringa por detrás.
- Mira vieja quien llego. Le avisa don González.
- PABLO....JAJA.... QUE GUSTO VERTE. Y lo saluda con un abrazo.
La Gringa lo miro y contuvo un momento la respiración y brindo una disimulada sonrisa y lo saludo con un beso tierno en la mejilla.
- Que gusto que estés aquí. Le dijo de manera cortes.
- Bueno... Bueno... Después se saludan y charlan... Ahora hay que preparar las cosas. Anuncio doña Pocha.
- ¿Qué van a preparar? Pregunto Pablo al ver la ansiedad en su suegra.
- Pablo... Vamos dejemos que hagan lo que tengan que hacer... Le dijo su suegro, agarrando su jarra con vino e hielo.- Agarra el plato de los bizcochos.
Pablo obedeció y acompaño a don González, se sentaron bajo la sombra de un enorme árbol de guapoo que daba una sombra amplia y se sentía fresco en esa parte.
CAPITULO 37
Las mujeres prepararon bizcochuelos, pan dulces, turrones. Todo para la fiesta de noche buena. Doña pocha le puso su condimento especial al cordero y al cerdo que se cocinaria al dia siguiente para que tome sabor, lo dejaba marinar bien. Ella era la unica que conocia la receta y tenia como tradicion de enseñarle a su hija una vez casada para que pase de generacion a generacion.
- Bueno Gringa... Como ya tienes tu marido... Sabras que al hombre se lo conquista también por el estómago... Asi que presta atención a como preparo esto y así te quedara como para chuparte los dedos el cordero y el cerdo. Le decía su madre a medida que combinaba los condimentos.- Y así una vez listo lo untas por encima, Lo dejas dos horas le das vuelta y lo untas del otro lado y repites. Cuando lo vayas a meter en el horno de barro, antes pásale nuevamente por encima así y lo dejas cocinar, tú debes controlar, este tamaño lleva casi dos horas cocinar, a fuego moderado, nunca lo expongas directamente, se quema y no sabe bien. Nosotros acostumbramos a cocinar primero el cerdo, temprano, lo dejamos enfriar y así lo comemos, para que no nos caiga pesado.
-¿Caliente no podemos comerlo?. Le pregunta la Gringa.
- Si quieres durante el día. A la noche cae pesado. Tu padre una vez se empachó cuando era chico y le llevo más de veinte años volver a comer cerdo. Conmigo lo izo nuevamente, como lo preparo no le cae mal. Le cuenta su madre mientras le pasa el pincel con el condimento al cerdo que lo tenía en una bandeja negra grande.
- Y ¿cómo se empachó?. Le pregunta la Gringa interesada.
- Mientras su tío cocinaba el cerdo en la parrilla él se sentó a lado a comer la gracita cocinada y el cuerito crocante que le pasaba su tío, le resulto rico y le pedía más y más, después vino su abuela y le dio un baso de licuado de banana fresca para que se quite el calor. Le dio un dolor de estómago y mal estar general que casi pasa al otro barrio. Nunca más pudo oler ni ver un cerdo asado. Le contó doña Pocha a su hija. La Gringa al escuchar la historia se carcajeó tanto que casi se moja.
- Jajajaja... Pero fue el licuado sobre el cerdo lo que le cayó pesado.
- Pero el me conto asi. Yo solo te digo lo que me dijo.
Estaban tan metidos todos preparando las comidas haciendo las compras arreglando la casa, que la Gringa y Pablo casi no pudieron quedar solos a hablar. Para ellos era una fiesta importante, estaban entusiasmados, se reunía toda la familia para las fiestas. A la noche cuando por fin pudieron tener privacidad en su habitación que le asignaron, Pablo le pregunto a la Gringa lo que tanto le daba vueltas en la cabeza.
- Gringa... Dime...Le dice Pablo mientras se cambiaba para acostarse a dormir. Ella que estaba detrás del biombo poniéndose su camisón le responde.
- Sí... ¿Qué quieres saber?
- ¿ Qué paso con el comisario en la fiesta? Le pregunto Pablo. Ella al oír la pregunta se sorprendió (¿ cómo lo supo?).
- Nada que no pueda arreglar. Le dijo de manera indiferente.
- Cuéntame... ¿Qué te dijo?. Le insistió Pablo. Me enteré de que te dijo algo que se ve no te gusto y te retiraste de la fiesta. Ella tomó un largo suspiro y salió para verlo de frente.
- Quería que baile con él... Le dije que no quería... Insistió y me volví a negar... Se retiró, creí que ya no molestaría más... Al rato regreso... Tenía un fuerte aroma a alcohol y comenzó a decir que...
- ¿Qué fue lo que dijo? Pregunto Pablo.
- Que no debo hacerme la difícil, si estoy con vos quiere decir que soy una facilona... Porque tú solo andas con las que se te abren fácil... Y hace un gesto torciendo la boca... Mis tíos al oírlo le pidieron que se retire, no era un comportamiento adecuado dado su posición y nos fuimos. Pablo al oír lo que le contó sintió que la sangre le hervía, que osadía tenía para hablarle así a su señora.
- Tú sabes que no es así... No te debe afectar lo que diga.
- Sí... Ya lo sé... Solo que me dolió el modo en que lo dijo y gritándolo delante de todos... Me hizo sentir humillada. Le respondió la Gringa. Pablo se incorporó y la abrazo. Ya se tomaría su tiempo para darle su merecido al desgraciado de su ex jefe, pero debía pensarlo con la cabeza fría, para no cometer una locura.
- Lamento no haber estado para defenderte. Le susurro al oído. La Gringa asintió y se le retiró para acostarse.- Por cierto, Gracias por el regalo me sorprendiste.
- ¿Te gusto? Le pregunto ella.
- Me encanto... Ya no tendré los pies fríos en las noches.
- Jaja...Sí... Me alegro. Le dijo divertida acordándose como la cargoseaba cuando se le quejaba por sus pies helados.
- Por lo que vi... No comentaste nada a tus padres de nuestro desacuerdo. Le dijo Pablo al meterse en la cama bajo las sabanas.
- Nuestros problemas debemos solucionarlo nosotros... De que sirve divulgarlo...
- Eso sí...es mejor hablarlo... Aunque usted señorita... Es de dejarse llevar por las impresiones... Y no me da tiempo a aclarar nada. Le dice Pablo haciéndole cosquillas.
- Ya... No hagas eso... Me vas a hacer gritar y despertar a todos...
- Pues... Hagamos algo en silencio... Le susurra al oído, besándole en el cuello.
- Pablo...Aún estoy enojada. Le dice la Gringa.
- Trataré de compensar mi falta... Le responde Pablo recorriendo con sus besos el hombro de ella y subiendo hacia su oreja.
La Gringa sentía que le recorre un escalofrío y las manos de Pablo acariciaban su cuarto mientras sus besos tibios le provocaba un cosquilleo en el estómago.
- No es justo... No puedes hacer... Que se me olvide... Trataba de apartarlo.
- Deja de hablar y solo permíteme disculparme por lo que tuviste que pasar. Le susurra despojandola de su camison y adueñándose de su cuerpo con besos y caricias.
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