CAPITULO 18
Pablo realizó su guardia. Estaba cansado. Ocho horas parado vigilando son demasiado, más las diligencias que tuvo que realizar. Cuando llegó su reemplazo, se dirigió a su casa a descansar. El sueño le ganaba. Al ingresar, se encontró una nota de su padre que se despedía de él y que lo esperaba para las fiestas de fin de año. Así festejarían el cumpleaños de su madre. Sonrió porque decía que lo buscó pero le dijeron que estaba de guardia. Dejó la nota a un lado, se sentó en la cama, se sacó los zapatos y se quedó dormido recostado en su cama. Eran pasadas las 20 horas cuando golpearon su puerta. Se levantó como pudo y fue a atender. Era uno de sus compañeros de trabajo.
"Buenas noches, Pablo. Disculpa la hora, pero llegó este telegrama para vos en la comisaría. Es urgente", le comunicó su compañero Acosta.
"Muy bien... Gracias por traerme el telegrama", respondió Pablo mientras se ponía a leer. El telegrama le avisaba que su madre se había enfermado y debía ir a Corrientes para verla. Solicitaba su presencia. El compañero seguía parado esperando que termine de leer.
"El comisario me dijo que te avise que te podemos llevar. Vamos un grupo hacia Corrientes para llevar unos papeles y buscar a los que deben hacer el pase", dijo Acosta.
"Sí... Se los voy a agradecer", respondió Pablo con un tono preocupado por la noticia.
"Para las 5 de la mañana partimos. Te esperamos en la comisaría", dijo Acosta.
"Sí... Muy bien... Nos vemos. Gracias", respondió Pablo.
Pablo quedó pensando. El telegrama se lo envió su hermano Cristian. Se ve que su padre no se había enterado aún de lo que le pasó a su madre. Quizás cuando llegó se quedó con ella. Bueno, cuando vaya voy a saber qué pasó. Ingresó y armó su bolso. Metió unas camisas, pantalón y unos productos de higiene personal. Se bañó, se secó y se vistió. Se sentó en la cama, se recostó un momento para dormitar y quedó totalmente dormido.
La Gringa terminó de atender al último cliente y cerró su negocio. Su madre y su tía le habían comentado que Pablo le dejó el recado de que la llamaría a las 7.30 de la mañana. Pero ella no podía esperar, por lo que le preguntó a su tío, cuando vino a buscar a su esposa, si la podían llevar a la casa de Pablo para ver si estaba.
Bueno, hija, si está de acuerdo tu padre, está bien. La Gringa fue y habló con su padre, que estaba en su galpón extendiendo las hojas de tabaco para que se sequen y así hacer su propio cigarro.
- Si, hija, ve, pero no tardes...
- Los tíos me llevan...
- Bueno, si es así, me quedo tranquilo.
Subió al vehículo de sus tíos y la llevaron a la casa de Pablo. Vieron que había luz y ella se bajó y se despidió de ellos.
- Si no le molesta, que te acerque a tu casa, hija... Debemos ir a otro compromiso ahora.
- Si, tío... Gracias.
La Gringa entró dirigiéndose a la casa. Cuando iba a golpear, vio que la puerta estaba entreabierta, por lo que entró. Lo llamó, pero no respondió. Se dirigió a la habitación y lo vio tirado en la cama, la mitad del cuerpo colgaba de la cama y la otra extendida sobre ella. Se acercó y lo acomodó en la cama, levantándole las piernas hacia el colchón, le quitó los zapatos, las medias y lo cubrió con la manta. Vio ropa en una silla que era su uniforme, lavó la ropa y se la extendió para que se seque, tenía olor a transpiración. Se sentó al borde de la cama a escribirle una nota. En eso, Pablo se giró dormido para acomodarse y entreabrió los ojos. Al verla ahí, pensó que era un sueño y le tocó la mano. La Gringa se giró y le sonrió, acomodándole las mantas para que no tenga frío.
- ¿Gringa, en verdad eres tú? - le preguntó algo dormido.
- Shhh... Descansa - le susurró y se paró.
- Ven a mi lado un momento - le sugirió Pablo.
- Primero permíteme - y le señaló para quitarle la camisa, así quedó en camisilla. - Así estás más cómodo, ahora duerme.
Se acostó a su lado, él se le abrazó y durmió, ella quedó recostada velando sus sueños. Se notaba lo cansado que estaba. En un momento, ella se durmió y al despertar vio que eran las 11 de la noche.
- Pablo... - le susurró - Debo irme... Es muy tarde.
- Quédate un momento más... Así quiero estar contigo. Yo te llevo después... - y volvió a dormitar.
Ella, no viendo otra opción, se acomodó y se recostó por su pecho. Pablo, que hasta entonces creía que soñaba por el cansancio que tenía encima, al sentirla así, supo que no era un sueño. Abrió los ojos de par en par. Acarició el cabello de La Gringa y le susurró.
En verdad estás aquí.
Sí... ¿Qué creías?
Que estaba soñando.
Ella sonrió, se incorporó y lo miró -¿Sueñas conmigo siempre?
Pablo la estiró y la puso de nuevo entre sus brazos.
Así sueño que estás conmigo. Y parece tan real algunas veces, por eso no creí que estabas aquí en verdad.
Pues, sí estoy aquí.
Quédate conmigo esta noche...Temprano te llevo.
En realidad venía para hablar contigo...
Si estás aquí...Deduzco que aceptas mi propuesta.
¿Lo sabes todo? ¿Verdad?
No...La verdad contigo me resulta difícil saber qué piensas o harás...No eres como las demás...Eres única...Y eso me gusta de ti.
En verdad te gustó tal cual soy.
Sí...Y mucho.
Al oír eso la Gringa sonrió y se quedó a su lado. Pablo cerró los ojos y dormitó, acariciando la espalda de la Gringa.
CAPÍTULO 19
Pablo...Dime una cosa.
-Mmmm...Sí.
Si ya sabías que se terminaba tu estadía aquí...¿Por qué no me lo dijiste?
Pues...La verdad no pensé en ello hasta que mi padre me habló de Buenos Aires. No suelo tener los días muy presentes...Solo vivo el día a día...Lo disfruto...Y cuando me avisan qué día es, ahí me entero.
Y ¿a qué se debe esa actitud? Le intrigó a la Gringa la respuesta de Pablo.
Será porque estuve cerca de la muerte más de una vez y me salvé. Le dijo sin emoción alguna.
¿Me puedes contar cómo fue? Quería saber la Gringa.
Bueno... Respondió, suspiró profundo y mirando el techo recordó sin dejar de acariciar la espalda de Gringa.
"Fue hace dos años...Me fui a Buenos Aires a rendir para ser oficial...Y como salí bien, mi jefe me regaló un pasaje de barco como premio, era un pequeño paseo de un punto a otro de la costa...Esa tarde nos fuimos con mis compañeros a beber para festejar que salimos bien y se me olvidó del paseo en barco...Cuando fui ya era tarde, el barco zarpó...Me quedé a trabajar ahí, ejerciendo mi oficio y le escribí una carta a mi madre contándole lo bien que me iba...Tuve pases a diferentes puntos del país. Y un día recibí una carta de mis padres...Que me decían que me creían muerto porque el barco en el que debía ir se hundió y grande fue su sorpresa cuando les llegó una carta mía".
"Sí que tuviste suerte", le dijo Gringa.
"Bueno... Vamos, te llevo... Debo madrugar mañana", se incorporó Pablo, recordando que debía salir temprano.
"¿Debes trabajar temprano?", le preguntó intrigada Gringa.
"Me llegó un telegrama donde me avisaban que mi madre enfermó. Debo ir a las 5 de la mañana a la comisaría. Me llevan a Corrientes una comitiva que debe llevar unos documentos y traer a los nuevos...", explicó Pablo.
"¿Y hasta ahora me cuentas?", elevó la voz sorprendida Gringa.
"Recién me enteré... Y estaba dormido cuando llegaste... No sé si te acuerdas", respondió Pablo con una mueca de sonrisa.
"Sí... Tienes razón... Me sorprendió, eso es todo", dijo Gringa en un tono de disculpa.
Pablo se alistó y llevó a Gringa a su casa. Antes de despedirse, le dijo que la llamaría a la casa de su tía para mantenerla al tanto de cómo iban las cosas.
"Si no te molesta que sea a la siesta, después de las 13 horas. Calculaba el horario en que no estaría con su madre si estaba internada", explicó Pablo.
"¿Y temprano a la mañana no puedes?", preguntó Gringa.
"Cuando esté en Corrientes lo sabré, en principio a esa hora", respondió Pablo.
"Bueno", se despidieron con un beso y un abrazo. Gringa sintió una nostalgia... Tenía sus dudas si volvería... Pero eso no lo podía saber con exactitud.
Pablo viajó junto a sus compañeros que por el camino hacían chistes y reían. Pararon para comer, ir al baño y cargar combustible. Después de cuatro horas de viaje, Pablo llegó a la casa de sus padres. Lo recibió su hermano Cristian con un abrazo.
"Hola Cristian, ¿qué pasó?", preguntó Pablo.
"Mamá se mareó y cayó de la escalera tres escalones, pero igual se quebró un brazo y está internada. Ella demasiado quería verte... Nuestras hermanas vienen en camino, capaz lleguen pasado mañana", explicó Cristian.
"Bueno... Dejo mis cosas y vamos a verla", dijo Pablo.
"Sí... Estamos a tiempo para las visitas", respondió Cristian.
"Antes debo anunciarme en la comisaría... Me dijo mi jefe que lo haga", explicó Pablo.
"Sí... Te llevo. Te espero, ve a dejar tus cosas... En tu vieja habitación puedes hacerlo...", dijo Cristian.
"Bien... Ya vengo", dijo Pablo. Subió y dejó su bolso en su vieja habitación. Regresó y junto a su hermano fueron hasta la comisaría de la Federal. Se anunció y lo recibió con los brazos abiertos el comisario.
FERNÁNDEZ, TANTO TIEMPO. ES UN GUSTO TENERTE NUEVAMENTE.
SEÑOR... Lo saludo pasándole la mano y le dio un abrazo en saludo... Solo vine a anunciar mi presencia como me aconsejó el comisario Garay.
Sí... Ya me habló al respecto... Si deseas, puedes cumplir tus funciones aquí... Así estás cerca de tu familia.
Se lo agradezco... Pero tengo otros compromisos... Y a fin de mes debo regresar a Buenos Aires.
Bueno, bueno... Pero siempre eres bienvenido.
Gracias... Ahora debo ir a ver a mi madre.
Ve... Y dale mis saludos. Se despidieron y se encaminó al hospital donde estaba su madre internada, más que nada para controlarla, si la caída le afectó o no la cabeza. Al ingresar a la sala, la madre de Pablo lagrimeó de la emoción de verlo después de mucho tiempo, solo por cartas y fotos sabía de él.
Hijo... Mi niño... Qué gusto que estés aquí...
Madre... ¿Cómo estás? ¿Cómo te pasó esto?
Ya ves... Los años no vienen solos... Y sigo queriendo hacer cosas como si tuviera veinte, pero ya no es así.
Para mí sigues hermosa, madre.
Tú siempre tan halagador... Me hace muy feliz que estés aquí.
María pasó a saludar... Cuando escuchó el nombre Pablo, cambió la cara.
No me la nombres... No quiero saber nada de ella... ¿No te contó lo que hizo?
¿De qué hablas, tesoro?
Jamás le contó a su padre que nos separamos porque me fue infiel... Su padre fue a Formosa con ella para reclamarme que no cumpla mi papel de marido... Se lo conté todo... Y le hice firmar un acuerdo donde ella reconoce su infidelidad y no tiene derecho a reclamar nada...
Por Dios... No lo sabía... Con todo lo que pasó, tu padre no me pudo contar nada.
Bueno... Ya lo sabes... Y debe regresarme la casa.
¿Vas a vivir aquí? Le consultó algo emocionada por la idea su madre, porque ella quería tener a sus hijos cerca de ella.
No, mamá... Solo que yo construí ladrillo por ladrillo esa casa y no es justo que ella viva ahí después de lo que hizo...
Bueno... Por un momento me emocioné al pensar que vivirás aquí cerca de nosotros.
No... Por ahora no... Bueno, ¿y cuándo te dan el alta?
Hoy el doctor me ha confirmado que primero debe revisar los resultados del análisis que me hicieron. Bueno, por este tiempo me tendrás a tu lado. Tengo permiso para acompañarte. Eso me pone muy feliz, hijito. Y lo estira hacia ella dándole un beso en la mejilla. Al día siguiente le dieron el alta a su madre. La acompañó a casa y para entonces ya habían llegado sus hermanas. Con todo el movimiento de esos días, Pablo no pudo llamar a la Gringa. Por lo que cuando unos oficiales se iban hacia Formosa, les entregó una carta dirigida a ella para que se la llevaran, porque si era por correo tardaría en llegarle y para entonces él estaría con ella. Mientras estaba en la sala charlando con sus hermanos y hermanas, contándose anécdotas y cómo le iba en la vida, a media mañana del jueves apareció María Dos Santos con la excusa de que iba a ver a la señora Fernández. "Buenos días", saludó a los de la sala cuando la dejó pasar el mayordomo. Se produjo un silencio sepulcral. "Oh, vamos, deben tener mejor cara, su madre está viva". "Estamos felices por ello. Tu presencia nos desagrada", le dijo su ex cuñado Cristian. "¿No era que te fuiste con tu padre al Brasil?", le dijo Pablo con molestia. "No... aún no... tuvo que atender un negocio... mientras armó las cosas que voy a llevar", le dijo de manera irónica. Ella pretendía ganárselo a como diera lugar. Total, ante la ley seguían casados. Por lo que ir a ver a la señora Flor solo fue una excusa. Se vistió con un vestido ajustado al cuerpo en verde manzana brillante con un escote en V que sobresaltaba sus enormes lunas llenas. Era una morocha despampanante, de ojos verdes y labios gruesos. Su cabello rizado le daba un toque de rebeldía a esa figura moldeada por los mismos dioses, según la opinión masculina. Se enteró de la llegada de Pablo, por lo que se arregló provocativa al propósito. Sabía que le gustaban así las mujeres. "Espero que lo hagas pronto", concluyó Pablo, retirándose de la sala y dirigiéndose al comedor.
María no dijo nada, pero le molestó la actitud fría de Pablo hacia ella, por lo que se dirigió a ver a la señora Flor. Al verla, la señora le tiró un sermón más largo que un rosario y ella se mostraba arrepentida ante ella y se disculpaba con miles de excusas.
"Sé que estuve muy mal, doñita... Es algo de lo que a diario me reprocho... Me sentí muy sola y en un momento de debilidad cometí semejante error..."
"Tienes debilidad ante un chocolate... Que te acuestes con otro es una cosa totalmente diferente... Lo haces porque quieres... No como hicieron con mi hijo que lo casaron a punta de pistola... Por un capricho tuyo..."
"Lo amo... Quiero estar con él."
"No lo amas... Solo es capricho... Sos una niña mimada... Cuando quieres algo, haces lo imposible para conseguirlo... Pero no lo cuidas... Una vez que lo obtienes, te deshaces de él como si fuera basura."
"Es muy cruel conmigo", le dijo entre sollozos.
"No me engañas con lágrimas de cocodrilo... Retírate y no vuelvas."
"¿Por qué? Le juro que cambié."
"No me jures... Vete, es mejor que no vuelvas... Mucho daño provocaste."
María salió de la casa como alma que lleva el diablo. Pero buscaría otra manera de retenerlo, quizás con un hijo, ¿pero cómo? Debía pensarlo bien.
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