Capitulo 16-17

Capítulo 16

La Gringa casi no durmió, como nunca. Se levantó a las 5 de la mañana, se bañó y se vistió de manera automática. Su mente divagaba, su ánimo la arrastraba. Al ingresar a la cocina, vio a su padre.

"Buen día, hija. ¿Qué sucede?", le consultó preocupado. Ella pensó un rato, sentía vergüenza al contarle a su padre, pero era mejor decirle antes que nada. Se tomó unos minutos para coordinar una frase, hasta que pudo decirle: "Padre... buen día...". Su padre ya sabía la razón de su tristeza, con su esposa se contaban todo antes de dormir. Solo esperaba que ella le contara su versión para darse una idea de cómo estaba. "Ayer me enteré de que... Pablo es... casado... y no se divorció porque no está permitido por ley... aunque hace dos años no son más cónyuges... ella le fue infiel..."

"¿Y qué piensas hacer?", le preguntó sin expresión alguna. Solo le importaba su felicidad y lo que ella decidiera estaba bien para él, aunque como todo padre soñaba con llevarla del brazo para entregarla en su casamiento. Pero si así eran las circunstancias con Pablo, eso no iba a ser posible. La Gringa suspiró y se tapó el rostro con las manos antes de contestar. "Lo amo... sé que lo amo... pero no estoy segura de lo que vaya a hacer".

"¿Y qué te dijo él?", le consultó don González.

"Él... asegura que me ama... y dijo que casarse no es un boleto a la felicidad... que cuando dos personas se aman, es lo único que importa..."

"De seguro él mejor que nadie te lo puede contar al respecto... deberías hablarlo con él antes de tomar cualquier decisión".

"Pero, ¿qué dirán las personas de mí?"

"Hija... no dejes de ser feliz preocupada por lo que dirán... te lo puedo asegurar... los demás siempre hablarán... nunca van a encontrar nada bueno en lo que se haga o se deje hacer... te puedo asegurar que si te dicen que hermosa estás, al darte vuelta te estarán criticando desde la cabeza a los pies... cuando me casé con tu madre, me criticaban de cómo me iba a casar con una mujer con hijos y que tenía la reputación de loca... pero eso no me importó porque yo la conocí mejor que todos esos que solo se guiaban por el chisme... su esposo dispersó ese cuento para justificar su nuevo matrimonio para anular el viejo... así que si lo amas y sabes que él te ama, solo eso importa".

La Gringa suspiró escuchando lo que le decía su padre. Se sirvió una taza de café y se lo tomó despacio, reflexionando sobre qué haría.

Para las 6 de la mañana, escucharon que golpeaban la puerta y don González salió a atender. Al rato, entró a la cocina y le dijo: "Hija, te buscan", y dejó pasar a la persona que estaba detrás de él y se retiró para que hablaran.

"Buen día", saludó Pablo. Y ahí recién ella levantó la mirada.

"Buen día... ¿Café?", le preguntó enseñándole la jarra e invitándolo a sentarse con un gesto.

Pablo tomó una taza y se sirvió el café, sentándose enfrente de ella. Mientras revolvía y endulzaba el café, tomó aire como para hablar, pero La Gringa inició: "Estuve pensando sobre todo esto... No voy a negar que me dolió enterarme de ello..."

"Gringa, antes de que continúes... Quiero que sepas que mis sentimientos por ti no cambiaron... Y que le hice firmar un acuerdo sobre que no puede realizar ningún reclamo y perdió todos los beneficios como esposa por su infidelidad".

"Eso está bien para vos... Pero ante la ley aún están casados... Y hasta que eso no cambie... Yo vendría a ser la otra... No nos podríamos casar... Aunque ahora que lo pienso, jamás me dijiste para casarnos... Solo que querías vivir conmigo..." La Gringa negó con la cabeza, con frustración. Se sentía estúpida, engañada. A esos sentimientos, unas dulces palabras no cambiaban cómo se sentía ella.

Pablo ya presentía lo que le iba a decir. Era notorio su malestar al respecto, por lo que se incorporó, tomó su café y le dijo: "A fin de mes termina mi pase a esta ciudad. Debo regresar a Buenos Aires... Si quieres, puedes acompañarme. Estaré gustoso de que vengas... Pero si ya no quieres saber nada de mí... Está bien, es tu decisión". Lo dijo tragándose el dolor que sentía, pero no podía obligarla a estar a su lado si ella no quería. No era de ese tipo. Para él, si amas a alguien y deseas su felicidad, que lo sea con él o sin él.

"Pablo... Es muy reciente para mí... Aún no paso de la primera impresión... Entiende".

No se qué esperas de mí. Te fui sincero en lo que te expliqué. Para mí no es fácil, al igual que no lo es para vos. Con decirte que desde que me fui no volví a ver a mis padres en su casa porque no quería cruzarme con ellos en el camino y cometer una estupidez. Pero desde que te conocí, ese dolor se esfumó y ahora no me da miedo el ver a mis padres en su casa. Porque sé que el que estés a mi lado me hace fuerte y una persona totalmente nueva. Lo demás dejó de importar. Quedó en el pasado.

Dame unos días y te digo qué decidí.

Está bien. Se incorporó, se acomodó el saco y salió de la casa.

La Gringa terminó su desayuno y fue a ver las cosas de su negocio, acomodó, limpió. Y en eso ingresó su madre.

Buen día hija. Me comentó tu padre que vino Pablo a hablar contigo. ¿En qué quedaron?

Buen día madre. Le pedí unos días para pensarlo. Aunque él me dijo que le comunique mi decisión antes del 31 porque termina su pase y debe regresar a Buenos Aires.

¿Tan pronto? ¿Y por qué no le respondiste en el momento? - le preguntó doña Pocha.

No sé. Me puse nerviosa. Siento que todo esto me supera. Me dijo que si quiero lo acompañe. Eso sería alejarme de ustedes - lo dijo pensativa la Gringa, mirando hacia abajo.

CAPÍTULO 17

Nosotros, como padres, sabemos que a los hijos los criamos, damos la vida por ellos, pero no nos pertenecen. Llega el momento en que deben extender sus alas y volar. Te criamos y educamos lo mejor que pudimos. Mereces ser feliz y si sientes que es al lado de Pablo, pues adelante - le comentó su madre.

Pero ¿qué pasa si nada es lo que uno anhela? - lo expresó con tristeza la Gringa.

Lo bello de vivir es que cada experiencia te hace fuerte, aprendes de ello. Si no te sale, lo vuelves a intentar. No te rindes ante un obstáculo. Si algo en verdad quieres, luchas por ello - le aconsejó doña Pocha.

Lo que me quieres decir es que me arriesgue con él. Y si no funciona, será un aprendizaje - lo expresó con duda, mirándola de frente a su madre.

El que no arriesga no gana... No te quedes con la duda de si hubiera o no hecho eso... Sé la clase de mujer fuerte que eres...

Tal vez... tengas razón... Pero tengo miedo de cometer un error... Le confesó la Gringa.

Eso nos hace humanos... Nosotros anhelamos darte lo mejor... Y no pudimos... Pero nos enseñaste que eso no era necesario... No terminaste la escuela... Pero lees y calculas mejor que nadie... Has superado todos los obstáculos que te dio la vida... ¿Por qué tienes miedo esta vez? - le preguntó su madre.

Esta vez me enamoré de verdad... Esta vez en verdad deseo que con Pablo funcione. Lo expresó la Gringa titubeando.

Con más razón... Hazlo... Nosotros siempre estaremos aquí... Esta casa siempre será tu casa... Nosotros siempre seremos tus padres... No siempre se presenta la ocasión de que conozcas al hombre de tu vida... Menos en este pequeño lugar... Le recordó su madre.

Tienes razón madre... Gracias por escucharme y brindarme tus sabias palabras... TE QUIERO MUCHO... Y la abrazó.

Lo sé mi niña... Yo también te quiero mucho. Y le correspondió el abrazo.

Voy a ir a la casa de la tía y lo voy a llamar. Le dijo la Gringa.

Sí ve hija... Yo atiendo aquí. Le respondió su madre.

La Gringa se subió a su bicicleta y fue a la casa de su tía. Al llegar golpeó la mano. Su tía salió y la saludó con un abrazo. La Gringa en pocas palabras le contó todo lo sucedido a su tía que no salía del asombro y comprendía cómo ella se sentía y respecto a lo que le dijeron sus padres ella le dijo.

Escucha a tus padres, ellos saben de lo que hablan... Han vivido mucho... Han pasado por mucho... Saben de lo que hablan.

Sí tía... Lo sé... Siempre me lo han contado... Para que sepa valorar cada logro... Cada acción y aprendizaje... Ellos dicen que si todo fuera perfecto sería aburrido... jajaja... Si tienen razón.

Pero tú y el tío siempre se los ve tan unidos, sin inconvenientes...

No te creas... Tenemos nuestras diferencias... Pero lo hablamos... Nos lo decimos... Sin necesidad de tirarnos los platos... aunque ganas no nos faltan.

"Jaja... Qué cosas dices, tía. No los imagino así. Son únicos y dulces", dijo la Gringa.

"Contéstame algo... ¿Pablo te hace reír? ¿Te trata bien?", preguntó la tía.

"Sí, tía. Es muy amable, gentil y me hace reír con sus anécdotas", respondió la Gringa.

"¿No te obligó a nada?", preguntó la tía.

"No... No lo hizo... Hasta me dio la posibilidad de elegir si lo quiero acompañar o no... Nunca me impuso nada", aclaró la Gringa.

"Pues... Al parecer es bueno... Aunque uno nunca conoce del todo a una persona", comentó la tía.

"En eso tienes razón... Es corto el tiempo que lo conozco... Pero recuerda que a Luis lo conocí por más tiempo y como no me moldeaba a la clase de mujer que él quería, me cambió...", recordó la Gringa.

"Sí... Es admirable que a pesar de ello acompañaste a tu hermana. Pablo, en cambio, me aceptó de un principio tal cual soy...", dijo la tía.

"Y bueno, hija... Ve y llámalo", animó la tía.

La Gringa ingresó a la casa, se dirigió a la mesita donde estaba el teléfono, tomó coraje y marcó el número de la comisaría.

"Buenos días", respondieron del otro lado.

"Buenos días. ¿Está Fernández Pablo, por favor?", preguntó la Gringa.

"Un momento. ¿De parte de quién?", preguntó el oficial.

"De Gringa", respondió la Gringa.

"Espere... No corte", pidió el oficial.

El oficial que atendió se incorporó y preguntó por Pablo, pero justo había salido a hacer su ronda.

"Señorita... Fernández acaba de salir... ¿Le deja algún recado?", preguntó el oficial.

"¿A qué hora regresa?", preguntó preocupada la Gringa.

"No lo sabría decir", respondió el oficial.

"Bueno... Gracias", respondió la Gringa con pena y cortó.

La Gringa suspiró fuerte y se mordió el labio. No logró encontrarlo a tiempo. Acomodó el teléfono y fue al patio donde estaba su tía regando las plantas con una regadera.

"¿Y pudiste hablar?", preguntó la tía.

"No... Salió justo. Bueno, tranquila hija. Ya lo verás en algún momento", consoló la tía. La Gringa se encogió de hombros.

Se despidió de la tía y regresó a su casa. Le contó a su madre que no pudo hablar con él y se puso a atender el negocio.

Pablo, por su parte, como nunca estuvo ocupado atendiendo las órdenes de su jefe y le tocó guardia, por lo que no tenía tiempo para ir a ver a la Gringa. Cuando regresó a la comisaría a firmar su hora de salida, le informaron que había recibido una llamada de la Gringa. Miró la hora y se tomó un momento. Llamó a la tía de la Gringa y ésta le dijo que ya no estaba ahí, se fue a atender el negocio.

Puede hacer el favor de avisarle que la llamaré mañana a las 7:30 de la mañana. No podré ir a verla, tengo guardia.

- Si, como no. Se lo diré.

- Gracias, muy amable.

Pablo colgó y se alistó para ir a hacer su guardia.

La tía de la Gringa se vistió y fue a la casa de ella. Al llegar, la recibió doña Pocha.

- Hola... ¿Qué milagro?

- Jajaja... No exageres. Hago de cupido... Traigo un mensaje de Pablo para la Gringa.

- Ella justo salió a buscar unas cosas para el negocio.

- Qué mala suerte... Pablo dijo que la llamaría en casa a las 7:30 horas, no puede verla porque tiene guardia.

- Bueno... Cuando vuelva se lo diremos... Pero pasa, tomemos unos mates.

- Está bien... Pero agrega tu bizcochuelo... Es riquísimo.

- Como siempre, golosa...

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Lilyben

Lilyben

Sabías palabras de una madre que pasó por mucho en su vida. La traición, el engaño y la mentira, son sentimientos que pasó y supo superar. Por lo que escuchar sus consejos es bueno, tiene bases suficientes para darlos.

2023-05-07

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