CAPITULO 28
Pablo la llevo del brazo a la pista de baile. Bailaron muy juntos un chamame romántico.
- ¿Qué hacías con el comisario? Le pregunto Pablo.
- Me salvo de un cargozo tomado... No entendía que no quería bailar... Lo acompañé a su mesa hasta que regresen mis tíos, que fueron a bailar y se tardan mucho. Le informo la Gringa.
- Sí... Me encontré con tus tíos... Estábamos hablando... Por eso tardaron... Me alegro de que estés bien. Le comento Pablo.
Mientras ellos bailaban el comisario los observaba, sentía celos por Fernández, tuvo la suerte de conocer una belleza semejante. Él tenía su familia formada, pero igual se daba el lujo de estar con otras mujeres, su posición como comisario le permitía que las mujeres se le regalaran queriendo obtener algo a cambio. Pero con la Gringa sintió algo diferente, ella no se mostró ni interesada ni impresionada por él, pero al aparecer con Fernández se incorporó como teniendo un imán que la jalo hacia él. Vio como lo miraba, con una admiración indescifrable.
Por su parte Pablo conocía las mañas del comisario por lo que le pregunto a la Gringa ¿Qué hacía con él?, y la respuesta que obtuvo lo tranquilizo, en parte, supo que no podía dejarla sola en ciertos eventos, nunca faltaría quien se le insinúe y la moleste.
- Debo advertirte... Que no le des confianza al comisario... Es muy mujeriego, por lo que buscara la manera de llamar tu atención y conseguir únicamente una cosa de ti. Le advirtió Pablo.
- Al menos conmigo no fue así... Me pregunto si tenía una relación contigo y se mantuvo al margen. Le contó la Gringa.
- Puede ser... Aunque nunca le detuvo nada antes. Le dijo Pablo.
- Pero él está casado... ¿No es así?. Pregunto la Gringa con ingenuidad.
- Sí... Pero eso no es impedimento para él... Se escusa diciendo que se le ofrecen... Él no hace nada... No es egoísta y les da lo que quieren. Le explico Pablo.
- Es increíble lo que me decís... Lo expreso sorprendida la Gringa.
Terminaron de bailar y se dirigieron a la mesa en donde ya se encontraban los tíos de ella. Los novios llamaron a que tiren la cinta todas las solteras para ver a quien le tocaba el anillo que significaba que sería la próxima en casarse. Y la Gringa fue para la tarea.
La torta era de tres pisos adornado con flores y campanitas en color blanco y cubierto de merengue formando delicadas cintas y florecitas.
La Gringa estiró la cinta y le toco un delfín símbolo de la fidelidad según su tía. Seguido fue el lanzamiento del ramo de la novia. Para entonces ella no tenía ganas de ir. Por lo que Pablo le miro y le dijo.
- Iba a esperar a entregártelo en la fiesta que nos van a hacer. Pero no puedo esperar... Y extrajo una pequeña cajita de su bolsillo y se lo entrego. Ella con emoción lo miro y lo abrió encontrándose con un anillo con un pequeño brillante.
- Oh por Dios... Es precioso... Expreso con emoción. Pablo tomo el anillo y se lo deslizo en el dedo anular izquierdo de ella.
- Es mi obsequio como símbolo de mi amor por ti y por nuestra unión como cónyuges. Le dijo Pablo con un tono tierno. La Gringa sonrío y lo abrazo dándole un beso en la mejilla cerca de la comisura de su boca. A Pablo ese gesto lo enterneció y la abrazo en correspondencia, él sabía que ella en público no lo iba a besar, no era como las demás que él conocía.
Se alistaron y se despidieron de los tíos. Pablo se comprometió en llevarla a su casa.
- Fue un gusto verlo nuevamente lo despidio el tío de Gringa pasandole la mano.
- Igualmente...Nos estaremos viendo. Le respondió Pablo.
La llevo hasta su casa a la Gringa y antes de que ella entre la despidió con un beso largo y tierno, que le hizo palpitar el corazón.
- Me gustaría pasar la noche contigo. Le susurro la Gringa.
- Ya me tendrás para vos todo el tiempo que quieras. Ahora descansa. Y la dejo con un último beso.
La Gringa cada ves que él la besaba sentía que sus labios ardían y deseaba más, pero como él le dijo faltaba muy poco para ello.
Los siguientes días prepararon todo para la fiesta. Pablo había venido a ayudar para empaquetar y llevar las cosas a Buenos Aires. Una vez que las cosas de su casa guardo y empaqueto. Le dejo pagado para que lo lleve un señor que tenía un camión.
- Bueno Gringa solo tus cosas faltan que carguen en el camión, lo que quieras llevar. Le comento al verla en la casa de sus padres.
- Si...Te quería preguntar...Le decía la Gringa cuando la interrumpió.
- Lleva lo que quieras y consideres.Le respondió. A mí me dieron tiempo hasta el viernes para regresar, cuando solicite para la mudanza.Le recordó Pablo.
- Si es así debemos hacer la fiesta antes del fin de semana. Le dijo la Gringa.
- Si...No te preocupes con tus padres ya hablé sobre el tema. La tranquilizó Pablo.
- Señor Fernandez que gusto verlo...Con todo lo relacionado a la mudanza...casi no se lo ve. Le dijo el Señor González.
- Si...Me asegure de llevar unas cosas de la casa y de cerrarla muy bien para que no la roben...Le comento Pablo.
- Dejenos la llave...Nosotros nos ocuparemos de cuidarla...Hasta que decida volver a Formosa...O le den el pase nuevamente. Se ofreció el señor González.
- Es muy amable de su parte...Eso me deja más tranquilo. Le respondió, a la vez que le pasaba la llave de su casa.
- No por favor...Así como yo le cuido su casa...Usted lleva algo muy valioso para mí...Y me gustaría que la cuide mejor que nadie. Le dijo don González en referencia a la Gringa.
- Pierda cuidado ... Así lo haré y más. Aseguro con vehemencia Pablo.
El día de la Fiesta llegó, en el patio de la casa de los padres de Gringa armaron una mesa larga cubierta con mantel blanco y en el centro adornaron con rosas blancas y rojas. Colgaron farolitos en los árboles para iluminar el lugar y guirnaldas en forma de corazones.
La Gringa luccio un vestido blanco con botones al frente, ajustado en la parte del torso y acampanado en la falda hasta la rodilla, tenía un motivo de encaje blanco transparente sobre el, unos zapatos blancos con punta fina y tacón bajo, se puso en la cabeza un sombrerito de seda blanco con un moño y pinto sus labios de un color rojos carmín, se perfumo con un aroma a flores por todo su cuerpo. No porque no se casará en la iglesia dejaría de arreglarse para la ocasión pensó.
Pablo por su parte se puso un traje color negro con una corbata a rayas haciendo juego, un par de zapatos de charol en negro y en prolijo su bigote haciéndolo ver más atractivo. Al ver a la Gringa su corazón se aceleró a mil, era increíble iba a vivir con él, solo iba a estar con él. Todo el dolor que pasó en el pasado a causa del desamor se desvanecía, junto a ella podía sentir que la felicidad la palpaba mano a mano, palma a palma.
Por su parte la Gringa al verlo tan guapo suspiro de emoción, pensar en que iba a estar con él hacía que olvide el temor, a que olvide en las opiniones de los demás, que más da que hablen, al fin y al cabo iba a estar con él con el hombre que la elevaba al infinito y la sostenía de regreso con ternura, ese hombre que supo hacerla sentir mujer, con el compartiría sus días y sus noches, sería un nuevo comienzo, una nueva historia que escribir en su diario de vida.
En la fiesta estaban presentes los tíos de la Gringa sus padres y el amigo de Pablo Gutierrez junto a una chica muy linda, que según la opinión de Pablo no le duraba mucho el romance, conociendo como es él.
Para la cena habían preparado asado, empanadas y ensalada de papa con huevo y mayonesa. Para tomar tenían gaseosa, cerveza y vino. Y cómo cierre una deliciosa torta de tres pisos, de crema en color blanco y decorada en los bordes formando pequeñas ondulaciones y unas rosas blancas que la adornaban en el último piso.
Pablo y la Gringa se sentaron en la cabecera de la mesa al ser en su honor la cena, se los veía felices juntos, tenían la sonrisa dibujada en sus rostros, no podían dejar de mirarse.
Cenaron, degustando lo que tenían en sus platos y para el brindis el señor González les dedico unas palabras.
- Esto se le dedico a los novios y a los presentes en esta humilde celebración pero que no deja de ser importante. Celebramos que nuestra querida hija se une a él señor Pablo Fernández que se compromete a cuidarla. Le deseamos lo mejor, que tengan una vida prospera juntos y nos lleguen los nietos, no muy pronto, pero que lleguen al fin. Salud.
Todos reían en este último comentario. Porque la Gringa casi se ahoga con la saliva por lo que le dijo su padre poniéndose colorada.
Pablo se incorporó y le brindo unas palabras.
- Es un honor que me acepten como parte de su familia y tenga por seguro que considero a la Gringa algo muy valioso para mí por lo que no dude que la cuidare muy bien. A la salud de todos.
Todos brindaron chocando sus copas. Una vez que terminó la fiesta fueron a descansar y por primera vez los padres de la Gringa le dijeron que se quede Pablo, le armaron una habitación y al día siguiente partirían a su nuevo destinó.
Cuando todos dormían, Pablo se fue a la habitación de la Gringa y se acostó a su lado, la abrazo de la cintura. Ella se sobresalto y al verlo sonrió.
-¿Qué haces? Le pregunto.
- Te extraño mucho y no puedo esperar ni un día más. Le susurro.
Los dos se besaron con frenesí, las manos de Pablo se deslizaban desprendiendo cada botón de la Gringa y bajo las sábanas la acaricio, haciéndola suya una vez más. Bajo el manto de la luna se amaron, solo su respiración escuchaban y ahogaban su grito de placer en besos profundos. Cuando se sintieron satisfechos se despidieron con un tierno beso. La Gringa aún con el corazón a mil, sentía las caricias y besos que le había marcado Pablo sobre su piel, durmió con una sonrisa soñando con él. Pablo regreso a su cama y miraba por la ventana la luna que lo iluminaba, cerro los ojos recordando la figura de la Gringa con la sensación en sus manos de haberla recorrido sintiendo la tibieza de sus besos aún posados en sus labios. A la mañana muy temprano se levantó se ducho y cambio para desayunar así alistarse para el viaje. Se dirigió a la cocina encontrándose con la Gringa ya bañada y lista desayunando junto a su padre.
- Buenos días señor González. Lo saludo. - Buenos días Gringa.
- Muy buenos días Pablo, le respondió el señor. Toma asiento sirvete, hay café.
- Buen día Pablo. Lo saludo la Ggi ga con una mueca de complicidad.
- Gracias señor, muy amable. Le respondió Pablo. Sentándose enfrente de la Gringa, le acaricio la mano de paso cuando iba a agarrar una tasa que estaba cerca de ella, se sirvió el café y lo bebió despacio, estaba muy caliente.
- ¿Para qué hora tienen que irse? Les pregunto el señor González.
- El vuelo lo tenemos programado antes del medio día, cosa de llegar a la siesta a Buenos Aires.
- Entonces vamos a poder almorzar juntos, un poco más temprano. Le dijo el señor González.
- ¿Gringa me vas a poder acompañar?, debo hacer unos trámites antes de viajar.
- Si, te acompaño. Mamá consiguió que una prima la ayude con el negoció, así no tiene que preocuparse cuando deba salir. Le comento la Gringa.
- Que bueno escuchar eso. Le dijo Pablo.
- ¿Me acompañan a tomar unos mates antes que salgan?. Pregunto el señor González.
- Por supuesto. Le respondieron a coro.
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Comments
Carmen Godinez Reyes
como se llama la protagonista no me gusta que la llamen "la gringa"
2023-05-25
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