Capitulo 24-25

CAPÍTULO 24

"GRINGA"

Las emociones que siento son un remolino en mi interior. Verlo de nuevo hizo palpitar mi corazón. Bailar entre sus brazos me trasladó al cielo, sentía flotar. Es muy buen bailarín, sabe bailar de todo. Me sorprendió cuando bailó el vals con tanta delicadeza. Cuando nos sentamos con mis tíos, lo invadieron con preguntas a las que respondió con tanta tranquilidad como si estuviera acostumbrado a ese tipo de situación.

- Y dígame, Fernández, ¿qué hizo estos días que no se supo nada de usted? - preguntó mi tío.

- Mi madre sufrió un accidente en su casa... Se quebró un brazo y quería tener a sus hijos cerca... Estuvimos todos reunidos con ella, acompañándola y consintiéndola... Ahora mis hermanas la acompañan.

- ¿Cuántos hermanos tiene? - preguntó la tía.

- Somos seis en total... Yo soy el menor. Son tres mujeres y tres varones - les dijo Pablo.

- ¿Todos viven en Corrientes? - preguntó el tío.

- Únicamente mis dos hermanos mayores - respondió Pablo corto, sin mucha información, mientras bebía un vaso de vino.

- ¿Y cómo es que está aquí? - le preguntó la tía.

- El hermano de mi amigo se recibió de oficial y tengo que presentarme sí o sí el lunes ante mis superiores aquí.

Mis tíos se fueron a bailar y quedamos solos en la mesa. No sabía por dónde empezar, cómo hablar de lo nuestro desde el inicio.

- Gringa... ¿Pensaste en mi propuesta? - preguntó Pablo.

- Estos días... Fueron difíciles para mí... El no saber nada de ti me mataba... Hasta dudé en que volvería a verte.

- Esa inquietud puede desaparecer si vivimos juntos aquí.

- ¿Y dónde viviríamos?

- Puedo conseguir un lugar si así lo quieres - le dijo con humildad Pablo, para ver cuál era la reacción de Gringa.

- Debes hablar con mis padres antes...

- Si estás de acuerdo en mudarte conmigo... Lo haré con gusto.

En eso se acercó una mujer despampanante de una cabellera castaña y curvas desbordantes. Dirigiéndose a Pablo con voz seductora.

- Pablo... Qué gusto verte de nuevo - y antes de que contestara, le dio un beso en los labios. A la Gringa le saltaron los ojos de la impresión.

Hola Paola... Hasta él se vio sorprendido por el saludo... Te presento a mi novia. Y la miró de reojo con recelo.

Hola. Pablo y yo somos viejos amigos. Le dijo secamente a la Gringa.

Nos vemos Pablo... Llámame... No desaparezcas y se fue dejando atrás un perfume muy fuerte.

La Gringa se quedó mirándolo seria con los brazos cruzados.

¿Tienes más amiguitas así de confiadas?... No voy a tolerar que me dejes en ridículo delante de nadie... ¡Cómo que mi presencia no vale nada!... Pensándolo bien esto no va a funcionar. Esto último lo dijo entre dientes la Gringa sintiendo un gran dolor en el pecho, cómo podía amarlo tanto... Ella no lo conocía pensándolo bien, no sabía nada de él, nada de su familia, nada de su pasado, hasta el hecho de que era casado.

A mí me tomó de sorpresa... No lo esperaba. Se excusó Pablo, al notar el enojo de la Gringa.

Para que lo hiciera le habrás dado esa confianza y hasta dudo qué tipo de relación tenían. Lo dijo con molestia, no le gustaba que la tomen por tonta, él fue el primero en estar con ella en la intimidad pero no fue el primer hombre en su vida, sabía de las mañas que tenían la mayoría y al parecer Pablo no estaba muy lejos de ese grupo.

No tenía ninguna relación... Y Pablo maldice entre dientes, su pasado lo perseguía dónde sea que esté, con Paola solo tuvo un encuentro hace mucho, hasta que se enteró que era casada y se alejó, él no estaba de acuerdo en ser el amante. Paola era una de esas ricachonas que se creían libres de hacer lo que les complacía.

Vas a tener que poner en orden tus asuntos... No soy de esas que comparten a su hombre sin importarles nada... Porque conozco mujeres que con tal de tener su comodidad y no trabajar, aceptan que el marido ande con quién quiera... Y se conforman con que vuelva a dormir a su lado... No necesito de un hombre para tener lo que necesito... Sé trabajar y valerme por mí misma. Le expresó la Gringa con determinación.

Lo sé Gringa... Eso admiro de vos... Yo te quiero como mi compañera... Una con quién luchar hombro a hombro para nuestro bienestar... No una que se cuelgue de mi bolsillo... TE AMO... Solo contigo quiero estar. Le dijo Pablo con una voz tierna, porque le decía en verdad lo que sentía.

Me siento insegura... Eres un hombre muy encantador... Más de una quiere tenerte. - Le confesó La Gringa.

Pero mi corazón te pertenece. - Y Pablo le tomó de las manos al decirle esto, dándole un beso en ellas.

La Gringa sentía que su corazón le iba a salir del pecho, su manera de tratarla tan dulce la tenía embrujada, la razón no tenía cabida en ese momento, por más que trataba de pensar bien.

En eso regresaron sus tíos de bailar. Se sentaron y le dijeron:

¿Por qué no bailan? En un rato debemos irnos. - Le dijeron a La Gringa. Ella asintió con la cabeza y Pablo se paró pasando la mano para ir a bailar. La Gringa se incorporó y fue del brazo con Pablo hasta la pista de baile. Se deslizan como flotando en el aire. Hacen tan buena pareja que despiertan la envidia de las demás. Cuando terminan de bailar, se despiden y La Gringa regresa con sus tíos. Ella tomó la determinación de que Pablo arregle sus asuntos antes de comprometerse a algo más.

Pablo entendía cómo se sentía La Gringa, ella no estaba acostumbrada al mundo en el que él se movía, ahí era común los engaños y las mentiras, las relaciones múltiples. Pero si él en verdad quería algo serio con ella, debía acomodar sus cosas y dejar en claro que ya no podían tener nada con él. Porque recordaba que algunas tenían la costumbre de llamarlo cuando querían pasar el rato sin compromisos. Eran chicas muy libres en su modo de relacionarse con los hombres.

Nos estamos viendo - se despidió con nostalgia y le dio un beso con ternura en la mejilla.

Nos vemos - le respondió La Gringa correspondiendo el beso en la mejilla y abrazándolo.

Los tíos observaron el tierno momento y no pudieron soportar tener que separarlos, por lo que el tío le sugirió que si querían quedarse un rato más en la fiesta entenderían, pero que la lleve al hotel porque debían regresar a Formosa al día siguiente.

Pablo, cuídala... Y llévala al hotel, mañana debemos regresar a Formosa - le aclaró el tío de La Gringa.

Muy bien, señor... Cuente conmigo - le respondió Pablo.

Capítulo 25

Pablo y la Gringa disfrutaron un rato más de la fiesta. Después, Pablo la invitó a ir a caminar y la llevó a recorrer un poco la ciudad. Cuando ella mostró incomodidad al caminar, los zapatos le hacían doler los pies, por lo que tomaron un taxi y la llevó a un hotel donde solía parar. El gerente lo conocía y siempre le tenía reservada la habitación en la que él paraba. Cuando pasaba muchas horas de guardia y sentía que no llegaba a su casa, se quedaba en ese hotel, y más que nada porque la casa le resultaba muy grande y aún no quería enseñarle a la Gringa dónde iban a vivir. Quería prepararla mejor para su llegada.

- ¿En este hotel paras? - le preguntó la Gringa.

- Sí... Cuando hago muchas guardias, este hotel está más cerca de la comisaría - le respondió. - ¿Quieres algo de tomar o comer?

- ¿Se puede pedir algo? - le consultó la Gringa.

- Tengo una pequeña nevera, veré qué hay. - Y se fue a la cocina, que era pequeña y delicada. Miró en su interior y le dijo: - Tengo gaseosa o cerveza.

- Gaseosa está bien - le respondió la Gringa. Se sentó en el sofá apoyando sus manos entrelazadas.

Pablo sirvió en un vaso la gaseosa y se lo entregó, sentándose en frente de ella. La miró mordiéndose el labio. Debía encontrar la manera de convencerla para que se quedara.

- ¿En verdad quieres irte? ¿No te gustaría quedarte conmigo, ya que estás aquí?

- Pablo... Debo regresar... No puedo solo dejar todo y arriesgarme... No te conozco muy bien... Sería una total locura...

- Comprendo... Pero no te voy a alejar de tus raíces... Tienes la libertad de verlos cuando consideres... Hasta te puedo acompañar... Pero si te dejo ahora, ya nunca te tendré... Y no quiero perderte.

- Tú me dices tantas cosas lindas... Pero las mujeres siguen tirándose sobre ti...

Pablo se incorporó y se acercó a ella. Le tomó de las manos y la ayudó a pararse. Él suspiró y le acercó las manos de ella en su pecho. Con una mirada tierna, le observó a los ojos.

- ¿Sientes cómo late mi corazón? - ella asintió. - Solo late por ti... Tú eres la única mujer que me interesa... No existe nadie más. Al concluir de decir esto, la besó.

La Gringa lo rodeó con sus brazos su torso y él la abrazó de la cintura. Sus besos tiernos y apasionados la hacían sentir en las nubes. Tenía una manera única de besar que la embriagaba de placer. Sentía un cosquilleo en el estómago al sentir sus labios rozar los suyos.

Por su parte, Pablo al besar los labios carnosos de ella, quería sentir más y más de su dulce néctar. Sus besos lo elevaban e inspiraban a besarla con más ímpetu, hasta enredar sus lenguas y convertir esos besos tiernos en apasionados, llenos de deseo. Les invadía el deseo y la lujuria. Pero Pablo manejaba a su ritmo la situación, sabía cómo llevarla al cielo y regresarla a la tierra. Pero en esta ocasión, el deseo mutuo los quemaba por dentro. Hacía tanto que no la sentía así, que no la besaba así... Sus cuerpos se extrañaban y por primera vez se vio despojándola de su vestido y ella no pudo resistencia, por primera vez sentía su cuerpo desnudo bajo sus manos y su piel suave y delicada lo excitaban más. Y así como él le despojó de su vestido al abrir el cierre que tenía en la espalda, haciendo que caiga al piso, ella lo despojó de su traje pieza a pieza y por primera vez ella tomaba esa iniciativa sin que él se lo dijera. Se sintieron piel a piel con el torso desnudo. Ella tenía un fondo fino y transparente que dejaba a la vista sus curvas, como formadas por los propios dioses según Pablo, que la vio al retirarse para sacarse los pantalones y dejar la luz de los veladores nada más encendidos. La guió de la mano a la cama y con delicadeza la recorrió con besos. La Gringa cerraba los ojos disfrutando de esa sensación, se sentía en el cielo, como si tocara el sol por el calor que le brotaba de su interior. Pablo la observaba en cada recorrido, grabando cada parte de su cuerpo en su memoria, cada lunar, cada marca y vio una cicatriz al costado de su rodilla izquierda mientras la recorría con besos.

- ¿Cómo te hiciste esto? - le preguntó Pablo mientras le marcó con un beso el lugar.

- Me caí del caballo... Cuando buscaba el ganado... Se asustó por una víbora y me tiró...

¿Cuándo te pasó eso? -preguntó interesado Pablo.

La Gringa se sentía invadida por una oleada de placer que le costaba responder, y con un jadeo le salió:

-Cuando... tenía 8 años...

Fue todo lo que pudo decir, agarrando las sábanas con fuerza para no gritar. Los besos de Pablo la recorrían y sus manos la acariciaban, provocándole sensaciones únicas jamás vividas. En un momento, Pablo se elevó besándole desde el vientre, subiendo a sus lomas y llegando a su boca de nuevo, colocándose sobre ella. Y La Gringa pudo sentir cómo se deslizó en su interior con tanta facilidad. Él, con su trato delicado y dulce, tomándose su tiempo, logró que ella se pusiera a punto caramelo para que él la invadiera sin ningún inconveniente, y así fue, lo sintió completo. Pablo la besaba y se movía a un ritmo constante, y con suavidad tomó las piernas de ella, haciendo que las enredara por su cintura, teniendo mejor acceso y estando completamente en su interior, sin que existiera ningún espacio entre los dos. Se tomó su tiempo, gozando a cada segundo y haciendo que ella lo disfrutara también. Para Pablo, que La Gringa disfrutara al tiempo que él lo hacía era importante. No era como los demás que solo les importaba su propia satisfacción. Para él, era importante que tanto ella como él disfrutaran de ese momento juntos. Y siendo el primer hombre que la convirtió en mujer, por decirlo de algún modo, se tomaba la tarea muy en serio de ir enseñándole los secretos para que disfrutara de cada descubrimiento de una nueva posición junto a él. Por fin, tenía algo que consideraba suyo y únicamente de él. Nunca nadie, ningún hombre, descubría lo que él estaba descubriendo esta noche de La Gringa. Qué besos y caricias le provocaban escalofríos, y cuáles le hacían gemir de placer. Sus manos la recorrían al igual que sus besos. Los dos estaban en una nube de placer única de la que no querían bajar.

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Comments

Liliana Guzman Bonilla

Liliana Guzman Bonilla

Que lindo amor, ojalá y puedan seguir así

2024-06-09

0

Griss Romero

Griss Romero

Que amor ta bonito y verdadero, pero tienen tantos obstáculos que vencer para hacer una vida juntos 💖

2023-07-20

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