Capítulo 8
(...)
Compartieron la merienda y Pablo, con sus chistes, logró que Gringa sonriera. Pasó la tarde y no se dieron cuenta hasta que vio la hora.
-Debo alistarme para trabajar -le indicó Pablo.
Bueno -respondió Gringa.
Pablo se estaba vistiendo cuando miró a través de la puerta y vio a Gringa de espaldas guardando las tazas en la vitrina del comedor. No pudo contenerse, se le acercó y la abrazó por detrás, haciendo que ella se sobresaltara un poco. Se giró y la besó suavemente. Ella quedó embriagada por su aroma a colonia que traía puesta y lo besó con ganas, acariciando su cuello. Él la sostenía por la cintura, la atrajo hacia él abrazándola. Sus besos eran cada vez más apasionados. Pablo giró la cara y comenzó a besarle el cuello y la oreja con suavidad. Gringa no pudo contenerse y expuso un pequeño gemido. Él la miró a los ojos y la besó nuevamente en los labios. Sus manos se deslizaron bajo su blusa y acarició suavemente su piel. Ella sintió su mano caliente que rozaba su columna de arriba hacia abajo y se aferró más a él con fuerza. Él la siguió besando y se deslizó nuevamente a su cuello, hacia sus hombros, rozando con sus labios. Sintió la respiración agitada de Gringa y la tomó con las manos de la cara y la besó en los labios, rozando sus lenguas. Ella no podía dejar de besarlo, lo que le hacía sentir que la elevaba completamente. En un momento, él la levantó y la hizo que se sentara en la mesa. Ella lo rodeó con sus piernas y lo siguió besando. Se aferraron con más fuerza hasta sentir su masculinidad. Pablo no podía dejar de besarla. Cuanto más saboreaba su néctar, más quería y podía sentir que a ella le gustaba porque le correspondía. Decidió explorar con sus manos y se deslizó hasta sus lunas y las sintió suaves y firmes. Las acarició con suavidad. A Gringa le recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo, como un escalofrío que la empujaba a aferrarse más. Sintió que tenía un fuego en el vientre, lo sentía caliente y las piernas le temblaban.
Pablo deslizó sus manos y acarició sus muslos con suavidad, sintió cómo ella contrajo su cuerpo y la abrazó. La besó con ternura, la miró directo a los ojos y, conteniendo las ganas que tenía de seguir, pensó: "No es tiempo aún de tirar toda la carne al asador", era su manera de decir que aún no debía ir más allá.
"Nos vamos", le dijo, prendiéndose la camisa. La Gringa, un poco agitada, tratando de recuperar el aliento, asintió con la cabeza. Él la ayudó a bajar de la mesa, buscó su saco y se dirigieron al vehículo.
Antes de bajar, la despidió con un beso tierno. Gringa se sentía en las nubes y se dirigió a su cuarto ni bien entró a su casa. No quería olvidar nada y se puso a escribir en su Diario:
"ME TIENE ATRAPADA, EN UN REMOLINO DE PASIÓN. SUS BESOS SON TIERNOS, SUAVES, INTENSOS Y DULCES. NO PUEDO DEJAR DE SABOREAR SUS LABIOS, TIENE UN FRESCO ALIENTO, COMBINADO CON UN SABOR PECULIAR, QUE ME ENLOQUECE" (Aún siento sus besos, aún siento su aroma, mi corazón late por él).
Pablo le había escrito una carta a sus padres contándoles sobre la Gringa y las intenciones que tenía.
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FORMOSA, CAPITAL
PADRE:
Te escribo estas líneas para contarte que me va muy bien en mi trabajo. Me gusta lo que hago, he conocido muchos lugares. Te envío una foto mía junto con unos conocidos, estábamos en la fiesta de quince de la hija del jefe, él es el de lentes oscuros.
Él que está a mi derecha es mi mejor amigo, Gutiérrez Gregorio, y la chica de mi izquierda no tiene nada que ver conmigo, ni me acuerdo cómo se llamaba. A mí me gusta otra de la que estoy muy enamorado y me gustaría casarme con ella. Es una belleza, se llama Gringa. Cuando tenga una foto de ella, te la envío para que la conozcas. Tiene unos ojos color violeta-azulados y una cabellera larga. Seguro le va a gustar a mi madre. Es centrada, trabajadora y de una familia muy unida. Tiene su inocencia intacta, lo noto porque ante algunos comentarios míos se pone colorada y no sabe qué contestar. Bueno, me despido y espero verlos de nuevo.
"Su Hijo Pablo"
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Como compañero de la Federal, había ido a ver a su familia. Su padre le había entregado una carta en respuesta a la suya para que se le entregara de inmediato al regresar a Formosa. Por lo que en respuesta, recibió la siguiente carta:
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SANTO TOMÉ, CORRIENTES
Querido hijo Pablo,
Dando contestación a la tuya, me alegro mucho saber que tienes novia, pero lo que no me gusta es que hables de casamiento. Antes debes solucionar el tema que dejaste aquí y cuando lo hagas, tú no te casarás hasta que yo te diga que te cases. No te olvides del pacto que tenemos. Puedes tocar y oler, y nada más. No te dejes caer en la trampa de la chica de enganche. Ten cuidado, eres muy chiquito todavía. Con un chalet y un coche último modelo, y luego cuando tengas ya la edad de 40 años, podrás pensar en eso. Iré contigo para conocer a esa mujer, decir que es tu novia y hablaremos con los padres. Espérame para el 31.
Tu padre, Ceferino.
P/D: Tu madre te envía mucho cariño y después te enviará unos pantalones que te está haciendo y un suéter que tejió.
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Pablo se rió para sí de lo que le decía su padre. Como era el menor de los varones, él no quería que se casara aún.
"Gutiérrez, Fernández". Le sobresaltó el llamado de su jefe.
"Si señor", respondió, dejando a un lado la carta.
Deben ir de guardia a un convento. La madre superiora está preocupada de que se metan hombres en las habitaciones de las novicias.
CAPÍTULO 9
Vayan y pongan orden por ahí.
Le susurró su amigo Gutiérrez. - Y bueno amigo, nos tocó una tranqui, no pasa gran cosa en un convento, deben ser ideas de la madre superiora.
¿Quién sabe? Le respondió Fernández.
Por cierto, les dijo el jefe, a media noche los reemplazan, así que vayan.
"Sí señor", respondieron unísono y se fueron.
En el convento los recibió la madre superiora, agradecida por su presencia, les comentó que suele escuchar ruidos que le preocupan por si era algún ladrón o venían a estar con las novicias, algún desubicado, haciendo mención a que le preocupaba el bienestar de las que estaban ahí. Les brindó un recorrido por el lugar, indicando dónde estaban las habitaciones, la única entrada y todo el lugar.
"Bueno", le respondió Fernández. "Nos ubicamos en el patio en dirección a las habitaciones para vigilar."
"Cualquier novedad le comunicamos", agregó Gutiérrez.
Durante el día transcurrió todo tranquilo. Unas monjas mayores les acercaron un paquete de algo para comer y agua. Al abrir el paquete eran unas tortas de queso muy ricas.
La madre superiora les solicitó un favor. - "¿Pueden hacer el favor de fijarse que tranca las cañerías del baño, no corre el agua? Lamento pedirles esto, pero no sabemos cómo arreglarlo y el señor que lo hace no puede." Pablo y su amigo se miraron y se arremangaron la camisa.
"Bueno, no se preocupe", le respondió Fernández.
En el patio hicieron un pozo e introdujeron un alambre que les facilitaron, extrayendo lo que trababa y al ver lo que era, Gutiérrez y Fernández se miraron con un movimiento de cabeza, no podían creer y comenzaron a tirar en el medio del patio todo aquello, que eran preservativos en gran cantidad.
-Por lo visto no eran tan santas las novicias, dijo Gutiérrez. Las que al ver todo aquello se hacían las desentendidas.
En un momento, ya era entrada la tarde, cuando comenzaba a oscurecer, ven un movimiento y van a ver de qué se trataba. Ven como el padre se estaba bajando de una ventana del segundo piso, colgado por un atado de sábanas. -¡ALTO AHÍ!-, le gritan. Cuyo grito sobresalta al escabullido que se asusta y cae, justo en un pozo que tenía cal y su ropa negra se tiñó de blanco. Quedando de esta manera resuelto el misterio de los ruidos y el por qué había tanto preservativo bloqueando la cañería. Terminado su turno, se retiraron después de informarles a sus compañeros lo sucedido, desternillándose de risa. -Y Fernández, vamos por unos tragos y algo de compañía-, le sugiere su amigo. -No, Gregorio, mejor voy a descansar-, le responde. Cuando dejó a su compañero, se dirigió a su casa, pero no podía dejar de pensar en la Gringa. Así que un impulso lo llevó a la casa de ella. Observó y vio que todas las luces estaban apagadas. Deben estar durmiendo, pensó. Y sin pensarlo, ingresó al terreno, se dirigió hasta el fondo, donde daba la ventana de la habitación, con su linterna observó y vio que era ella la que dormía ahí. Le golpeó un poco el marco de la ventana a ver si se despertaba. La Gringa escuchó un ruido, abrió los ojos y se incorporó. En eso, él le susurra "Gringa soy yo". Ella lo ve en la ventana y le hace un gesto con la mano "ya voy" le responde. Se pone un poncho sobre los hombros, se calza un par de zapatitos tipo mocasín y sale. Sorprendida, lo abraza y le dice "¿Qué haces?", susurrando para no despertar a nadie. No podía irme a dormir sin saludarte. Ella lo abraza, sintiéndose feliz de que esté ahí. Pero a la vez le invade el temor de despertar a los padres. Se miran a los ojos, ella coloca su espalda contra la pared y Pablo le abraza la cintura besando con ternura sus labios. Ella tenía puesto un camisón con botones al frente. Mientras la besa, desliza sus manos al frente y desprende uno a uno los botones y acaricia sus suaves senos. Ella posa sus manos en la espalda de él. Un cosquilleo recorre todo su cuerpo. Sus lenguas se rozan suavemente. Ella ahoga un gemido al sentir cómo él apretó suavemente su pezón.
"Te extrañé", le susurra Pablo inhalando su aroma a flores que lo enloquece. Le recorre el cuello con sus labios, posando suaves besos y rozando su lengua. Ella lo mira a los ojos y le susurra "Quédate un poco más". Él la vuelve a besar apasionadamente. Sus manos se deslizan sobre sus muslos, acariciándolos suavemente de arriba hacia abajo. Una mano la lleva a su cintura, deslizándola a la mitad de su espalda, y la otra la sumerge suavemente entre su ropa interior, acariciando con suavidad. Gringa siente un ardor en todo su cuerpo, un cosquilleo de placer que por primera vez experimentaba. ("Oh Dios, ¿qué me pasa?", piensa, "deseo más, quiero más") Y lo besa con más intensidad. Siente cómo la acaricia con delicadeza, su mano abarca toda ella, con suaves movimientos de sus dedos la recorre de arriba abajo, haciendo crecer un fuego en su interior. Pablo siente la tibieza de su intimidad, cómo se va mojando, y el placer que vivía en ese momento juguetea entre sus dedos, la sima de su clítoris, y eso la hace estremecer ahogando un grito de placer al besarlo.
"Quiero sentirte", le susurra Gringa al oído.
"¿Estás segura?", le consulta Pablo, deseando poder acceder en ella.
"Sí...", le responde en un jadeo y se quita su ropa interior.
Por lo que la eleva, enredando sus piernas en su cintura, se desabrocha el pantalón y abre su cierre. La Gringa se lo abraza, él la sostiene de sus nalgas. Ella puede sentir su masculinidad y con suavidad siente la firmeza y tibieza que le ofrecía. Al sentirlo, se aferra con fuerza apretando su espalda y su cuerpo tiembla ante esa nueva sensación, su respiración se agita. Se besan devorándose, Pablo hace que apoye un pie en el suelo y la otra pierna la tiene enredada por la que sostiene con una mano y con suaves movimientos se va amoldando a ella, la siente tan apretada que al principio le costó un poco. Podía sentir cómo se moldeaba a él en cada movimiento, su tibieza lo enloquece, no puede dejar de besarla, sus manos posadas en su trasero la guían en el movimiento. Con movimientos suaves, la va invadiendo hasta sentirse completamente parte de ella.
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Updated 38 Episodes
Comments
Veronica Varón
cuando tengas 40, o sea no quiere que tenga hijos sino nietos?🤷🤔
2023-08-19
0
Maria Teresa Espino
buena novela, relata la vida de cualquier pueblo de Mexico.
2023-07-11
0
Ester Sanches
Me encanta la historia ,típica de un pueblo del interior
2023-05-30
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