CAPÍTULO 20

En la cavidad, el calor parecía aumentar por momentos. El minotauro saciaba su hambre y ansiedad comiendo almas en pena cuando un Orco se le acercó.

- Mi señor quiere verte. Está en su celda - dijo agachando la cabeza y golpeándose el pecho.

- Encuéntrame más almas que guarden un gran dolor, cuanto más dolor sientan, más satisfechas me dejan - dijo el minotauro.

- Si, mi señor - dijo el Orco haciendo la misma reverencia de golpearse el pecho.

El minotauro se marchó hacia uno de los pasadizos, siendo engullido por la oscuridad. El Orco se fue a buscar las almas que le había pedido. Llegó a la celda y allí, sentado en una vieja cama de piedra, estaba su padre. Sostenía en una mano la cabeza de Grikken y en el suelo estaba su cuerpo despedazado.

- Creí que te lo habías comido para completar tu regeneración - le dijo mostrando indiferencia.

- ¿Quién dio la orden de enviar a las aves a atacar a Ellyan?

- ¿Cómo? ¿Ellyan vive? Eso es imposible, fue atacado por los esqueletos de las catacumbas y luego la tormenta hizo el resto, lo enterró con el barro.

- ¡Eres un inútil, no puedo confiar en ti! - tronó su padre levantándose de golpe y lanzándo la cabeza contra la pared con furia. - No puedes dar por muerto a alguien si no lo has despedazado o devorado por ti mismo. ¡Cuántas veces te lo tengo que decir!

- Alguien te está traicionando padre y no soy yo. Deberías confiar más en tu hijo que te es leal aunque no haga las cosas perfectas.

- ¿Quién me puede traicionar? Todos saben que yo soy quien manda aquí y la mínima traición es vivir sometido a una eterna tortura.

- No si logran el mismo objetivo que tu padre... la llave sello nudo de brujas. Y te recuerdo que no eres el único que la desea en el inframundo.

- ¡Cumple como un hijo digno de tu padre y sal ahí fuera a cogerme al traidor para servíme su cabeza en bandeja!

- Lo haré padre - y mirando al que una vez fue Edwin Grikken - ¿qué vas a hacer con él? Reservarlo para cuando llegue el momento me pueda servir de as en la manga.

¿Puedo saber qué tramas?

- No puedes saber nada, sal y haz lo que te he dicho.

El minotauro se fue meditabundo, pensando en quién era el traidor y también en cómo acabar con Ellyan.

Empezaba a serle una gran molestia en sus planes. Se dirigió hacia otro pasadizo, bajando por las escaleras que llevaban a un submundo más perverso que el inframundo. Llegó abajo de las escaleras y se dirigió hacia unas mazmorras, en las que la oscuridad era máxima y se bastaba con los infrarrojos de sus propios ojos para visionar lo que allí había. Se acercó a una de las puertas de madera con hierros en la ventanilla que tenía.

Abrió la puerta, dos enormes ojos anaranjados se abrieron como si acabara de despertar de un largo letargo.

- Escúchame bestia inmunda. Quiero que me traigas a Ellyan vivo para tener el honor de matarlo y devorar su alma.

- Sí mi señor - Tronó ferozmente, se levantó y concentrando toda su ira arrancó con furia sus cadenas.

- Date prisa, tengo otra misión para ti cuando esta la hayas completado y si cumples con ambas te daré libertad para que actúes con maldad sin orden ni mandato.

El monstruo, que era un enorme ogro centauro, salió al trote hacia las escaleras. El minotauro se dirigió a otra celda y la abrió.

El frío estaba llegando a unos grados tan extremos que dolía respirar. Belinda, medio congelada con el cuerpo ya casi completamente cubierto de hielo, luchaba por no perder la conciencia y respirar era tan doloroso que tenía que hacer grandes esfuerzos por respirar.

-Ellyan, ven pronto. No puedo más.- rezaba en sus pocas fuerzas que le quedaban.- quiero verte, antes de morir.

Ellyan sintió un pinchazo en su corazón. Se detuvo y el ratón le preguntó.

-Ojos verdes, algo no va bien con Belinda, lo presiento. - El ratón volvió a meter su hocico en el oído de Ellyan para hablarle. - ¿Qué Belinda está en el infierno de hielo? ¿Eso dónde queda? ¿Lo sabes? - El ratón le contestó. - Así que es un lugar ilusorio, para las personas que se aferran a la soledad de no sentirse amadas, entonces corre el riesgo de morir congelada. No puedo consentirlo, dime ¿qué puedo hacer? - Le dijo en un nudo en la garganta. - El ratón le explicó lo que debía hacer. - ¿Debo conectarme emocionalmente con ella y hacerle sentir el amor que siento? - Ante la afirmación del ratón, Ellyan cerró los ojos y pensó en ella.

Se sentía mareada al cerrar los ojos cuando un calor emanó de su corazón y creyó escuchar la voz dulce de Ellyan.

- Belinda, Belinda ¿me oyes? Voy a rescatarte. Por favor, aguanta. Pronto estaré contigo - dijo Ellyan.- déjame que cuide de ti.

- Ellyan, ven te necesito. Quiero estar en tus brazos.- Una lánguida sonrisa apareció en su azulado rostro.

El calor regresó a su cuerpo, aunque no era suficiente para ir eliminando la capa de hielo que la estaba cubriendo. Con más determinación, Ellyan inició el camino en busca de Belinda. El ratón le indicaba por dónde tenía que ir.

El minotauro volvió a subir a la cavidad donde se amontonaban las almas en pena. Se dirigió a un grupo y empezó a devorarlas con más ansias. Su furia iba en aumento, no soportaba que su padre lo ninguneara.

En la celda, Onion seguía enfrascado en sus pensamientos, tratando de analizar los últimos acontecimientos dados sin él ser sabedor de ello. Gracias a su visión intuitiva, percibió los movimientos de las aves extrañas y también la sorprendente tormenta desatada cuando tenían a su merced y vencido a Ellyan.

Alguien quería adelantarse a sus objetivos, ¿pero quién? Pronto lo sabría y no le iba a consentir que se saliera con la suya. Fuera quien fuese, llegado el momento oportuno, iba a pagar muy caro su osadía de traicionarle.

Fin del capítulo 20.

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