CAPÍTULO 6

El olor a sal marina le hizo recobrar el sentido. Abrió los ojos y vio a Belinda frente a él, todavía inconsciente. Se incorporó mientras miraba a su alrededor. Se sacudió la arena, primero de la cara y después del cuerpo.

Belinda recobró el conocimiento y al verse junto a Edwin Grikken se angustió mucho. Se levantó y también ella se quitó la pegajosa arena de su cuerpo. Grikken, sin mediar palabra, la tomó del brazo como a una rehén.

-¿Qué haces? ¡Suéltame ahora mismo!- le exigió Belinda tratando de forcejear para liberar su brazo.

-No intentes escapar, porque por mucho que corras te alcanzaré y te mataré.

-¿Por qué no lo haces ahora? No tengo intención de ser tu dama de compañía.

-Pues es mejor que ser devorada por los tiburones como fue el destino de tu amadísimo marido.- dijo con ironía socarrona.

-Thomas no está muerto, sé que volverá para rescatarme.

-Por eso mismo no te quiero matar. Será divertido ver tu rostro cuando veas que Thomas está muerto. Andando.

Se adentraron en la selva. Al principio no escucharon ningún sonido que les inquietara de algún depredador, pero lo curioso es que tampoco se oía a los pájaros.

Poniendo los sentidos en escuchar cualquier cosa que indicara vida en la selva, siguieron andando tranquilamente, acompañados por el sonido de las ramas al chocar con sus brazos para hacerse paso.

Edwin Grikken paró en seco, palideciendo se volvió a su izquierda, puesto que había escuchado un terrible rugido. Belinda, ante la parálisis evidente de Edwin, logró zafarse y salió corriendo. Él fue tras de ella, pero otra vez escuchó el temible rugido y quedó de nuevo paralizado.

Ella siguió corriendo sin darse cuenta de que había cruzado una barrera dimensional. Al otro lado se encontró con una cueva y, sin pensarlo dos veces, se adentró en ella. Una vez dentro, anduvo lenta y apoyando su mano en la húmeda y fría pared de la cueva. Se adentró con paso vacilante y la respiración entrecortada. El goteo incesante y la humedad del lugar hicieron que Belinda tuviera escalofríos de miedo.

Otro paso más y quedó dubitativa, mirando con terror hacia la oscuridad. Un fuerte sonido la paralizó e hizo que temblara. Sus dientes tiritaban y de sus ojos salían lágrimas creyendo qué sería de ella sin Thomas a su lado.

Retrocedió y se volvió para andar el camino hecho. Su corazón empezó a latir con mucha violencia. Presentía que algo no iba bien. Al tercer paso volvió a escuchar el mismo sonido retumbando por toda la cavidad. Tras tomar tres respiraciones profundas, se volvió y siguió adelante. Tras dar varios pasos, se topó con algo que estaba atravesado en el suelo. Del choque dio tres pasos hacia atrás y, desequilibrada, cayó al suelo.

Entonces, adaptándose a la visión nocturna del lugar, logró ver una enorme sombra alzarse. Cuando vio que tenía un cuerpo descomunal y grande y una cabeza pequeña y redonda con colmillos afilados salientes, recordó con amargura la historia de terror que su padre le contaba. Era el Orco sanguinario que tenía amedrentados a todos los aldeanos de una aldea lejana. Dicho ser salía en las noches oscuras de luna nueva a zamparse humanos y beber de su sangre.

Con la respiración acelerada, se levantó y empezó a correr con dificultad, pues los tacones de sus zapatos no eran precisamente los mejores compañeros en un momento de peligro.

El Orco, al notar su presencia, fue tras ella con pasos que hacían temblar el suelo. Corrió y corrió, con la incomodidad de llevar un vestido con corsé que le presionaba el pecho y también llevaba atada por un cinturón la cintura.

La respiración era violenta y entrecortada. Paraba de vez en cuando a recuperar el aire, pero los pasos le recordaban que lo tenía cerca y seguía corriendo. A su mente le vino Thomas. ¿Dónde estaba? ¿Qué sería de él? ¿Estaría muerto? Ella pensó que si era así, pronto se reuniría con él.

Reanudó la carrera y esta vez le vino a la mente su padre, que siempre le reprochaba sus malos modales y su falta de interés en aprender las lecciones para ser una doncella.

La niñez de Belinda estaba marcada por los castigos que recibía cuando no se comportaba como una doncella. Entonces, su padre, malhumorado por haber sentido vergüenza por el comportamiento de su hija, la llevaba del brazo contándole las leyendas del Orco sanguinario del bosque de Terrathen. Luego la encerraba en un cuarto oscuro con la amenaza de que si no se portaba bien y lloraba, ese Orco aparecería para llevársela. Entonces, Belinda, asustada y sollozando lo más silenciosa posible, se sentaba al lado de la puerta abrazándose a sus piernas.

Afortunadamente, Belinda creció y se fue convirtiendo en una doncella de muy buenos modales y con ello, fueron desapareciendo los castigos y los cuentos amargos del Orco.

Pero, ¿por qué ahora aparecía? ¿Sería cosa del destino para demostrarle que eran verdaderas las historias que su padre le contaba? Si es así, eso significaría que su padre lo vio en uno de sus viajes pero nunca se lo contó. Iba tan distraída con sus pensares que no se dio cuenta de que uno de sus tacones se partió y la desequilibró, cayendo de bruces.

Una risotada retumbó por toda la cavidad, el Orco olía el miedo de Belinda. Con lo que disminuyó el paso, quería saborear bien el momento de atraparla como a un cervatillo tembloroso, sabiendo que iba a morir cuando le hundiera sus colmillos.

-¡No trates de huir!- exclamó con su fuerte vozarrón - No lo vas a lograr, por mucho que corras no te salvarás.

De nuevo, la risotada retumbó por toda la cavidad, el temblor fue tan grande que parecía que hubiera un terremoto, cayendo polvo de piedras y pequeñas piedras al suelo.

Un grito de desesperación salió de la boca de Belinda cuando tropezó y se cayó al suelo golpeándose en su cabeza. Los pasos del Orco se acercaban peligrosamente a ella.

Thomas, ayúdame. -dijo con un hilo de voz que se iba apagando. Cerró los ojos quedando inconsciente.

La sombra del orco se acercaba irremediablemente, hasta ocupar con su silueta el cuerpo inmóvil de Belinda. La cara del Orco se ensombreció con una sonrisa diabólica mientras alzaba sus dos brazos para unir sus manos en un puño demoledor.

Fin del capítulo 6.

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Elizza Diaz

Elizza Diaz

Maldito, ya me estás cayendo gordo /Panic/

2024-02-08

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