En verdad me sentía liberada, porque por fin un hombre me trataba con atención y cariño. Su forma de hablarme, cómo me tomaba la mano y su mirada llena de comprensión me hacían sentir que podía confiar en él mis más tenebrosos secretos. Pero fue tres días después del acontecimiento cuando me confesé con él.
Paseaba por la calle soleada con mi sombrilla y, curiosamente, iba pensando en él y en su forma tan tierna de despedirse de mí. Cuando al volver la esquina lo vi de frente, con su sonrisa infantil y sus hermosos ojos miel, ambos quedamos mirándonos unos instantes sin saber qué decirnos, con el corazón acelerado, al menos el mío así estaba.
Él rompió el silencio para pedirme acompañarme en mi paseo. Acepté, y mientras andábamos, volví a preguntarle por el tema de los valores para rápidamente contarle lo que mi corazón guardaba celosamente. Quedó perplejo por las formas de mi padre, pero lejos de centrarse en el comportamiento de él, me habló con dulzura de mí, de cómo debía hacerme valer como señorita ante los demás. Nos vimos en varias ocasiones a lo largo de dos meses, aprovechando mis paseos al sol, hasta que en uno de los paseos me confesó sus sentimientos hacia mí. Sentí un calor en mi pecho cuando se declaró, pero sentí desfallecer cuando me dijo que le iba a pedir mi mano a mi padre.
Fue en una cena que el mismo Thomas convocó días antes de su partida hacia tierras de Vilherman con intención de desembarcar y regresar a tierras meridionales, en el mismo hotel en que se hospedaban ambos. La petición fue muy emotiva para mí, pero vi que mis padres miraban con desagrado a Thomas; aun así, aceptaron el casamiento con una condición: que los bienes que obtuviera con la venta de las telas y vasijas fueran a medias. Todo un señor, Thomas aceptó sin malicia ni trampa. En nuestra casa, mi padre parecía satisfecho con el negocio que había hecho a costa de mi matrimonio, pero sacando el valor que aprendí de Thomas, me rebelé.
- Padre, no voy a consentir que conviertas mi matrimonio en un negocio.
- Una niña como tú no me va a decir cómo he de hacer las cosas - dijo y me golpeó con fuerza en la mejilla. Dolorida, puse mi mano sobre la mejilla abofeteada. - Si no hay negocio, no hay matrimonio.
- Entonces olvídate de tu negocio y olvídate de tu hija.
Esas fueron mis últimas palabras con mi padre. Me fui de allí sin nada de equipaje. Llegué al hotel donde hice llamar a Thomas desde recepción. Cuando le conté todo a Thomas, partimos de inmediato juntos hacia Vilherman. Mi casamiento se produjo en Vilherman. Mis padres recibieron la invitación, pero no acudieron a la boda.
Sentí dolor al ver que mis padres no asistieron a mi ceremonia, algo tan importante para mí. Me sentí despreciada, rechazada y ninguneada por ellos. En mi interior pensaba que era un castigo de mis padres por no obedecerles y que en cualquier momento aparecería el Orco para comernos a mí y a Thomas por desobedecerlo.
Cuando nos atacaron Edwin y sus hombres y se desató la tormenta, pensé que mi maldición por desobedecer a mis padres se estaba cumpliendo. Ver cómo tiraban a Thomas al mar embravecido y posteriormente ver por primera vez al Orco de los Bosques me confirmó mi desagradable pensamiento de estar recibiendo el castigo por desobedecer a mis padres.
La aparición de Ellyan ha supuesto una segunda oportunidad en mi vida para deshacerme de esa maldición y empezar de nuevo siendo yo misma. Pero verlo en su estado ciego y moribundo me desgarra el alma porque presiento que mi maldición hará daño a todos los que se acerquen a mí.
(Fin de la Historia de Belinda parte 2)
Estaba llorando amargamente cuando una mano temblorosa acarició la mejilla húmeda de Belinda.
- Belinda, no llores.
- Todo es mi culpa, estoy maldita por desobedecer a mis padres. Me fui de casa porque no quería que mi matrimonio se convirtiera en un negocio y mis padres me maldijeron.
- No, tú no estás maldita, Belinda. Es Onion quien, despechado, maldijo la isla para invocar a la oscuridad y con ello lograr encontrar la llave sello nudo de brujas para poder abrir la puerta que nos separa del inframundo y así, junto con el señor de la oscuridad, crear un universo donde el mal impere.
- Pero, ¿quién es Onion?
El hermano de mi padre. Ambos son hijos del dios Olean. Su reinado se inició en el mar, pero se enamoró de una diosa estelar. Juntos gobernaron en paz y armonía los dos imperios universales, los regidos por el sol (aire, agua, naturaleza y día) y los regidos por la luna (fuego, niebla, inframundo y noche). Hubo una traición que rompió el pacto de la unión entre la diosa estelar y el dios Olean.
¿Qué pasó?
En eso llegó el ratón con un manojo de diferentes hierbas que arrastraba con un cordel atado a su cuello sin causarle asfixia. Ella le puso la mano para que subiera. Le quitó el nudo y le acarició el lomo.
- Ojos verdes, ya estás de vuelta - exclamó feliz Belinda. Lo volvió a bajar al suelo.
Tras dejar a Ellyan en el suelo con sumo cuidado, cogió los manojos, dejándolos en el suelo. Salió en busca de un palo y una piedra. Instruida por las indicaciones de Ellyan, hizo algo parecido a una crema con planta de manzanilla. Se la colocó en la espalda y también por el contorno de las cuencas de los ojos. Ellyan sintió que sus heridas ardían. Ella lo volvió a tomar en sus brazos sentada, con muchísimo cuidado.
- ¿Te duele?- le dijo preocupada.
- Es buena señal, me está haciendo efecto.- la tranquilizó cariñoso.
- Ellyan, no me dejes sola, por favor - le suplicó con un nudo en la garganta.- me aterra perderte y quedarme sola en esta isla maldita.
- Confía en mí, siempre te protegeré. Y no voy a permitir que nada malo te suceda.
- Y yo cuidaré de ti. Siempre.
Fin del capítulo 16.
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