CAPÍTULO 17

Amaneció y Ellyan se incorporó para levantarse. Salió de la cueva, ayudado por su instinto, poniendo los brazos en posición de abrirse paso. Se acercó al riachuelo y se lavó la cara. Luego tomó unos sorbos de agua fresca. Notó que unas pequeñas patas subían hasta quedarse en su hombro derecho.

-¿Ojos verdes, tú también te has despertado? -notó un cosquilleo en su cuello provocado por los bigotitos del ratón.- ¿Qué me quieres contar? -El ratón se le acercó al oído. La cara de Ellyan cambió, su sonrisa infantil pasó a ser seria.

-¿Qué te cuenta ojos verdes? -les sorprendió Belinda. Ellyan miró en dirección de donde provenía la dulce voz de Belinda.

-Has madrugado tú también -volvió a sonreír a modo infantil Ellyan.

-¿Qué me escondes que no contestas a mi pregunta? -le dijo curiosa.

-Es hora de buscar un buen almuerzo. Eso me ha dicho -le contestó poniéndose de pie, ella se ofreció como apoyo.

Fueron dando un paseo en busca de raíces y luego subieron por un sendero donde cogieron frambuesas, moras y de un campo de árboles frutales manzanas. Regresaron a la cueva para que Belinda le volviera a poner la crema de manzanilla. Primero se tumbó boca abajo para que se la pusiera en la espalda, a continuación se sentó para que lo hiciera en el contorno de sus ojos. Ella lo hacía con sumo cuidado, sin darse cuenta se fue acercando a él hasta que sus frentes quedaron pegadas.

-Desearía verte una vez más. Tu pelo largo y sedoso -le decía mientras le acariciaba el pelo.- Tus ojos, tan lindos y hermosos.

-Sería maravilloso verme reflejada en tus ojos verdes, llenos de amor y ternura. Ambos se acercaron más hasta que la fisura de sus labios rozó.

Un extraño sonido les sobresaltó y alertó, a punto de darse un beso. Ella se levantó y lo ayudó a ponerse de pie. El ratón se salió de la cueva dando saltos y Belinda, tras cargar con Ellyan para que se apoyara en ella, siguió al ratón. Un grupo de esqueletos les rodeaba. Ellyan se separó de ella y sacó la espada. Se puso en guardia.

-Belinda, huye de aquí.

- No me iré sin ti - en eso, el ratón saltó delante de ella. - Me da igual cómo te pongas, ojos verdes, no me voy.

El ratón se puso a saltar como si quisiera atacarla, haciendo que ella retrocediera. Sin darse cuenta de que traspasó una barrera dimensional junto con el ratón. El lugar estaba soleado, las olas del mar con su sonido relajante morían en la orilla de la playa. Ella, molesta con el ratón por apartarla del lado de Ellyan, se enfadó con el ratón.

- ¿¡Qué has hecho!? Ellyan está solo y ciego, lo van a matar.

Detrás de ella apareció Thomas. Cuando ella escuchó los pasos, se volvió. Incrédula, quedó paralizada. Los esqueletos atacaron sin piedad a Ellyan, que movía la espada sin atinar un golpe a los esqueletos, solamente en el aire. En cambio, los esqueletos lograban desestabilizarlo más con sus golpes con los puños huesudos. Ellyan cayó al suelo recibiendo una paliza, hasta que apareció el minotauro con paso firme.

- Ellyan, Ellyan, no debiste escapar. Ahora no tengo más remedio que matarte.

- Eres un cobarde - le contestó desde el suelo, herido de nuevo y con voz apagada.

- A veces no es tanto los medios y sí el resultado. Con lo que si para lograr la llave sello nudo de brujas he de matarte, lo haré.

- ¿Y crees que mantándome la vas a conseguir?

- Tengo mis recursos para lograr mi fin.

Un rayo iluminó por sorpresa el cielo nublado dando paso a la oscuridad. Acto seguido, empezó el diluvio. Pronto, la tierra se convirtió en un imprevisto río. Un viento huracanado se abrió paso para llevarse en remolinos a los esqueletos. El minotauro se desplazó con zancadas largas y pesadas por el agua que se movía en dirección contraria a él. Buscaba desesperado el cuerpo de Ellyan que estaba siendo arrastrado. De dar zancadas, pasó a nadar a contracorriente, pero cada vez el agua que arrastraba barro fue cogiendo fuerzas y terminó por engullir al minotauro.

Ambos se miraron fijamente a los ojos. Cómo olvidar sus ojos color miel. Su corazón latía, pero no era como cuando estuvo frente a él la primera vez.

Thomas quiso abrazarla, pero ella dio un paso atrás, desconfiada. Mantenía la mirada fija puesta en sus ojos miel.

- ¿Qué te pasa? ¿No me reconoces? - preguntó.

Belinda seguía paralizada y sin poder articular palabra. No sabía qué estaba pasando. Por fin, de sus ojos salieron lágrimas. Thomas se acercó y la abrazó. El soleado día paulatinamente se fue apagando para dar paso a unos nubarrones negros que oscurecieron el lugar.

Belinda se abrazó, rompiendo a llorar desconsolada. La brisa soplaba ligeramente, fría al tacto de la piel. Ella se fue abrazando con más fuerza. Las olas se embravecían por momentos. Los relámpagos iluminaban el cielo. La lluvia descargó con toda su furia el aguacero.

- ¿Dónde has estado? - le preguntó.

- En el infierno - dijo con una risotada estridente. Belinda temblaba al ver que la figura de Thomas se esfumó, convirtiéndose en un ser etéreo oscuro.

Tomó a Belinda del brazo con fuerza, recordándole a su padre cuando la llevaba castigada a la habitación. Ella se resistía a ir con él. El paisaje de la playa nocturna en tormenta tropical pasó a ser un lugar lleno de llamas, con una temperatura asfixiante de calor.

El camino se hacía eterno, las risotadas no cesaban, retumbando por todo el sitio. Belinda lloraba recordando sus amargos castigos. A lo lejos se apreciaba una puerta, similar a la del cuarto en que era encerrada, sola en la nada de la oscuridad, en el vacío del silencio. Con la única compañía de la amargura de no ser querida.

- Pronto tendrás la compañía del Orco de los Bosques. Se va a poner muy contento cuando te vea - dijo el ser etéreo oscuro con risotadas estridentes.

Llegaron a la puerta donde la empujó a entrar y cerró tras ella la puerta.

Fin del capítulo 17.

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