SUMERGIDA

No es cierto… Christopher no pudo haberle pedido tal cosa ¿Acaso siempre han sido tan unidos? Permanezco quieta y en silencio, no existía hace mucho una persona a la que permitiría bajar mi valor y dignidad… Sin embargo, fingir ser su esposa es frustrante.

—¿Estás bien? —Pregunta Adeline ofreciéndome su mano —Tranquila… Este matrimonio falso terminará pronto.

—Estoy bien… Será mejor que nos dividamos para encontrarlo —Dictaminó en cuanto salimos del lugar —Si es un hombre lobo, nos centraremos en los tres bosques salvajes de Roma.

—Puede ser peligroso —Sostiene Charles observando mi enojo encubierto —Dividirnos no asegura las posibilidades de supervivencia.

Molesta me acerco a él señalando su pecho —Tienen autorización para disparar a cualquier cosa que se mueva, entiéndelo de una vez por todas… Las bestias deben estar muertas.

—Si ese es el caso… Iremos antes del levantamiento lunar para confirmar el rostro del Lycan.

Adeline suspira llevando sus manos al cielo —Sería muy triste que una estupenda estrella como Christopher fuera en realidad un hombre lobo.

Admito en silencio lamentar tal situación en caso de ser cierta, más creo tener el valor suficiente para apuntarle al corazón.

Después de unas horas, recae la tarde y cada uno de nosotros se dirige a su zona de caza.

Vestidos de trajes negros, gorros y bufandas de lino oscuro cubriendo la mitad del rostro salimos dispuestos a cualquier suceso, aparco en la noche y la tranquilidad inquietante del Bosco Macchia Grande, Árboles gruesos como enormes esconden el cielo y sus estrellas, aunque a medida que me adentro la luna como única capaz de exponerse, aclara los alrededores, sonidos de búhos contestan mis pasos que apenas perciben el tropiezo de las ramas, al igual que mi arma estoy intacta de un sonido infraganti.

Enciendo la luz nocturna en mis lentes, camino con cautela unos minutos mientras reportamos no ver anomalía más que de animales silvestres inofensivos en nuestros micrófonos, sigo algo más deprisa hasta tropezar con el sonido de una laguna corrediza, una hermosa entrada de piedras rojas viste el camino del agua, cautelosa me oculto en los arbustos que toca las gotas frías del sendero.

Distingo unos pasos en la lejanía… Subo mi rostro deteniendo al segundo mi impulso, la figura de un hombre corpulento y esbelto se colaba entre las flores de la laguna, sus pies ardían con el tocar de las rocas carmesí, aullaba de dolor con el afán de quitarse su piel misma, ¡Es un Lycan! Apunto al asesino desde sus piernas clavadas con ira hasta el rostro que traicionó mis últimos intentos de confiar.

—Christopher… —¡Cómo puede ser el! Cierro mis ojos con fuerza, más la misma terrorífica figura del hombre con quien conviví se alza como la bestia asesina más buscada de Roma, mis lágrimas caen con sólo observar sus manos y pies agrandarse entre sonidos estridentes de gritos y rayos del cielo.

—¡¿Christopher?! —Pregunta Adeline al otro lado del micrófono —¡Jules no!

—Carajo… —Contesta Charles incrédulo —Jefa no haga por el momento por favor, ¡Iremos enseguida!

Cada palpitar aumenta cuando aparecen sus enormes fauces hambrientas, aquellos ojos metálicos se han envuelto de un rojo a muerte espantoso, mi llanto silencioso apenas se percibe a los rugidos catastrales de su abominación.

Estoy cubierta de miedo… Mis manos apenas reaccionan y mis piernas solo ruegan por irse, da otro rugido que acapara un pelaje blanco distorsionado de unas garras que rasguñan las mismas piedras de fuego que en un inicio fueron su mayor molestia ¡No puede ser real! ¡¿Y si se trata del mismo?! ¡¿Y si Christopher fue la misma bestia que asesino a mi padre?! No puedo soportarlo.

Cada vez que veo su reflejo contrastando la metamorfosis de un grande lobo deseo más que nunca matarlo, es un tamaño igual que el de un león adulto —Terminaré con esto de una vez por todas…

Respiro hondo y acomodo el gatillo con la máxima fuerza posible de este odio adquirido por tantos años, vete a la mierda estrella de mentiras —3,2…1

—¡Alto Jules! —Responde la voz de Adeline sobre el micrófono —¡No lo hagas te lo ruego! Si es Christopher… ¡Si se trata de Christopher te suplico que lo entregues!

—Jules por favor cálmate, no hay forma de confirmar que se trate del mismo lobo que… Mato a tu padre —Pronuncia Charles agitado antes los llantos de mi compañera en la otra línea.

—Nunca lo entenderán… —Menciono jalando el gatillo.

—¡Jules! —Escucho a la deriva cuando un golpe brusco me sobrepone en la tierra, un rugido enorme se yergue a mi rostro.

Abro los ojos definiendo un par de patas de lobo encima de mi pecho, gotas de saliva caen a mis mejillas repercutidas con un rugido más feroz que el anterior… subo la vista para observar unos iris dorados y un pelaje cenizo, es… Otro lobo… Hay más de uno…

El golpe apenas deja en movimiento los árboles sobre mi vista, el peso de la bestia comienza aprisionar mi pecho y mi temeraria mano queriendo recoger el arma se detiene por su lengua suelta y desesperada por una mordida ¿Sufriré el mismo destino de mi padre?

Precede otro rugido a la lejanía insinuando mi cuerpo como el festín de los lobos, un aúllo agudo corea la bestia llamando al resto, ¡Mi arma está demasiado lejos! ¡No quiero morir! No es justo… No debía ser así…

Una lagrima cuestiona mi argumento con el sentir de la muerte, aquellas memorias hermosas con mi padre sobrepasan el peso impuesto por la venganza, la bestia ruge cayendo sus caninos próximos a mi brazo derecho, la negación de este irónico final impulsa mi grito, más… Cuando el olor a sangre advierte el hambre, consiento una liberación desconocida.

El mismo lobo que pensaba matar ha empujado de una mordida al cuello del otro dando escape de esta pesadilla, ¿Por qué lo ataco? Espantada retrocedo en el suelo hasta golpear mi espalda a un tronco, aquella escena expulsa furia al igual que la lluvia encargada de empapar cada milímetro de mi piel.

Un rasguño recae a los ojos del lobo cenizo, Christopher… Su pelaje blanco brilla con las gotas por sus movimientos de defensa, se comunican con rugidos repercutidos, quiero escapar más mi mente divaga en el vacío observando como aquel furioso lobo se marcha ante las desagradables heridas causadas por Christopher.

La estrella voltea en mi dirección con sus ojos carmesí llenando el aura de miedo, toda su postura indica hambre pero al mismo tiempo resignación, pienso que soy demasiado tonta al quererme acercar, he llorado tanto esta noche que no logro diferenciar mis lágrimas de las del cielo, estiro mi brazo a él —Tú… Gracias.

El lobo ruge sacudiendo su cabeza con molestia mientras se aleja con tanta rapidez que su sombra se enfría por su camino.

—¡Jules! —Gritan mis compañeros llegando al sendero —No lo hiciste cierto? ¡Por favor dime que no lo mataste!

Adeline voltea en búsqueda del cadáver ¿Qué se supone que deba decir? Ni yo soy capaz de entender como una bestia acaba de salvarme contra otra.

Al ver mi quietud, Charles alumbra mis pupilas con la intención de diagnosticarme —Ritmo cardíaco acelerado, pupilas levemente dilatadas, palidez… ¿Pasaste mucho tiempo en la lluvia?

—¡Dinos de una vez por todas si fuiste capaz de matar a la estrella más grandiosa que ha tenido este mundo!

—¡Para Adeline! —Repone Charles quitando de lado a mi amiga —Hay sangre por todos lados, tiene el brazo herido y ¡Tus malditos gritos no ayudan en nada! ¡Que importa si lo mato!

—No lo hice… —Murmuro a la vez que intento levantarme del suelo, sigo temblorosa después de todo.

Ambos me ayudan sin quitar sus rostros sorprendidos —¿Qué te detuvo?

Me apoyo en sus hombros —Hay más de uno… Y si existen dos… ¿Habrán tres o cien?

—¿Qué dices? —Cuestiona Charles incrédulo mientras nos acercamos al auto —¿Viste dos? ¡Debemos reportarlo de inmediato!

—¡No! —Replicó herida por esta confusión —¡¿Y si Christopher no está detrás de los asesinatos?!

—¡Es un hombre lobo Jules! Matan por instinto. ¡Caso resuelto! Ahora vámonos de Roma.

Niego más confundida por los hechos ¡¿Por qué Christopher me salvo?! —No lo haremos y punto… No sin pruebas.

Adeline sonríe y acaricia mi cabello empapado por la lluvia —Entra o atraparás un resfriado, será mejor que pases la noche conmigo.

Charles cierra mi puerta bruscamente a la par en qué llega al volante —Olvídalo Adeline, está noche la Jefe se quedará conmigo.

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