PATÉTICA

El silencio nos guarda aquel momento, no sentía el motor de los autos, ni las luces cegadoras de la gran calle, el volteo a verme por primera con disgusto, sus cejas rubias disponían su fruncido ceño —Dígame algo Jules, ¿Qué la hace sentirse tan perdedora? Nada de lo que haga ahora podrá revivir a su padre.

—¡Charles!

—¿Estoy equivocado? —Sostiene con una rudeza desconocida —Jamás sentiría lástima por usted, me niego a sentirla, porque ha sido la única quizás en mantener un legado que con todo a su favor para terminarse sostiene millones de dólares y no es capaz de ir por más, máteme entonces, piense en mi como el asesino de su padre.

—Cállate...

—Adelante, es la única que puede hacerlo sin esperar una defensa de mi parte.

La frustración como la intensidad fueron aumentando nuestra situación, sus ojos esmeralda chispeaban de rabia al igual que los míos, ninguno dispuesto a ceder, sentía las lágrimas retorcer mis ojos sin posibilidad alguna de salir por la causa de mi orgullo.

El suspiro y sus manos me levantaron hasta el costado derecho de su hombro —¡Jefa se equivoca si piensa que voy a dejarla! Esta empresa no tiene más oportunidad que aceptar el negocio con el tribunal de Roma.

—Bájame —Menciono furiosa – ¡No estamos capacitados para cazar vampiros!

—Es una breve investigación ¿Olvida qué somos espías?

Permanecí muda, fueron las mismas palabras de mi padre, más sus intenciones eran completamente distintas… Él detuvo sus pasos hasta una pequeña tienda, permanecía sentada a las afueras del local recordando como me hacía tan frágil con la voz de mi padre, como deseaba ser igual a él.

—Toma —Responde Charles ofreciéndome una soda.

—Gracias.

—¿Se siente mejor jefa?

Asiento tranquila —Fue un día largo de trabajo.

—¿Y cuándo no lo es? —Pregunta y nos reímos cansados de la situación —Siempre hay una esposa buscando a la amante de su pareja, una viuda hurgando documentos sobre las propiedades del difunto, un sargento intentando encontrar a sus hijos o buscando a su novia, un banco colaborando con la agencia sobre la protección de sus datos, pero no algo suficientemente grande…

Doy un sorbo a mi bebida, observando el cielo gris —Aunque no lo creas, yo también quiero correr riesgos de vez en cuando…

Charles voltea emocionado —¡Es increíble que lo diga jefa! ¡Porque ya aparte la cita con el tribunal!

—¡¿Qué hiciste qué?!

Él sonríe culpable mientras mueve sus manos a modo de disculpa —Es solo una cita sobre el caso.

—¡Podrían descubrirnos!

—Usted es la mejor, ya lo solucionará —Responde nervioso a la par en qué corre al edificio.

—¡Charles me la vas a pagar! No… ¡¿Qué haré maldición?! Charles es un idiota, si aceptamos reunirnos con el tribunal es obvio que después debemos aceptar su petición o de otro modo, saldremos muertos y expuestos. ¡Imbécil ven aquí!

Iracunda boto la lata al cesto de basura corriendo a su misma dirección, estoy tan enfadada que los tacones se cruzan haciéndome tropezar con mis propios pies, ya a punto de caer una mano atrapa mi cintura evitando que mi cara se estropee con el duro concreto.

Abro los ojos nerviosa pensando que al menos no voy a terminar sin un diente.

—¿Está usted bien? —Dice la voz proveniente del hombre que aún me sostiene.

Avergonzada me aparto para voltear a ver el rostro de este salvador en desgracias matutinas —Si, descuide mi…

Dios… ¿Es real? Froto mis ojos para percatarme de no estar alucinando, sus ojos… como diamantes, sus cabellos oscuros escondidos en la campera y su total perfección visual, apuesto a que si intento hablar tartamudeo la primera palabra, veo sus labios con un cierto gusto desconocido, puedo detectar un aroma frío como las gotas heladas de las nubes al caer de las hojas, no entiendo que me pasa.

Incómodo asiente mientras se aleja con prisa perdiéndose entre la gente —¿Dónde…?

Imposible ya no estaba por ningún lado, no entiendo como alguien con ese aspecto procuraba esconderse con tanta notoriedad, es alto… pero también hay muchas personas altas en esta ciudad.

Llevo mis manos a las mejillas sintiendo acalorada mi piel, algo extrañada vuelvo a la oficina, pero siendo honesta sigo perdida en los ojos del extraño, sus labios rosas y definidos, una nariz fina, mandíbula fuerte y una postura firme, pero imperceptible por la cantidad de ropa oscura que ocultaba su cuerpo, incluso yo mido 1.70 y considero que su altura era de 1.89...

—¿Está de acuerdo jefa? —Pregunta Adeline viendo a mi dirección expectante.

—¿Sobre…? —Cuestionó finalmente despertando de aquel letargo.

Sorprendida Adeline continúa —Sobre el encuentro con el representante del tribunal, Trevor Carter.

—Con una condición —Mencionó en cuanto recuerdo el enredo de este nuevo caso —Ninguno de nosotros actuaremos como representantes de la agencia en esa reunión.

Charles frunce el ceño —Entonces jefa… ¿Pretende cancelar?

Miro de reojo a Charles —Ya no podemos negarnos, ira un actor de confianza en su lugar.

Adeline asiente segura de mi decisión —Es lo más conveniente, instalaremos un chip dentro de su cuerpo como precaución, al igual que un micrófono para comunicarnos.

Me levanto y la esencia de ese hombre perdura en cuanto mi vista se encuentra con el paisaje oscuro de la ventana —Está reunión terminó, los veré mañana.

—¡Descanse Jefa! —Responde juntos.

Debo tomar algo, la imagen de ese hombre se vuelve a cada minuto una maldición, entro a mi auto reorganizando mis ideas —No fue para tanto, porque me siento tan conmovida.

Irritada golpeó el volante y la carretera vacía me ayuda a controlar mi malestar, al llegar a casa todo el sistema de seguridad verifica mi identidad, las grandes puertas se amplían permitiendo mi paso. No por estar escondida entre las sombras a causa de mi trabajo debía vivir del mismo modo en mi hogar.

Creo que gran parte de mi fortuna compenso el ser marginada y humillada desde pequeña, al menos eres consciente que cuando no eres nada para el resto del mundo, crece más la necesidad de ser importante, en mi caso, la Impopularidad de mi apariencia convalido mi deseo por el conocimiento, tomo una ducha viendo con melancolía mi cabello, estos mechones blancos como el papel fueron la principal causa para ser considerada por lo demás niños como una anciana y una bruja.

Incluso en la adolescencia, ningún chico podría acercarse, todos pensaban que tenía un problema genético, no debería pensar más estas tonterías… No, quizás si deba recordarlo para entender que ningún hombre se interesaría en mí, una mujer que la vejez pareciera saludarla desde niña.

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Comments

Fernanda García

Fernanda García

Estaba esperando tu novelaaaa y me encanta autora

2023-03-24

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