Gato

Sara corrió tan rápido como pudo. Al vislumbrar la cabaña, se acercó lentamente con cuidado y temor a hacer ruido. Se colocó en una de las ventanas para después escabullirse adentro. Adriel se sentía desesperado e impotente, salió del atascoso lodo y, ya estando en un árbol, comenzó a moverse con grandes saltos por la madera de los troncos hasta llegar a la cabaña.

Una vez adentro, Sara se movió con sigilo hasta donde se encontraba el bebé e intercambió el pequeño bulto con una manta envuelta para que su madre no se percatara de su ausencia. Pero en ese momento, todo fue en vano pues el bebé, al sentir la calidez de sus brazos, instintivamente comenzó a llorar. La mujer despechada, con el revólver en mano, caminó lentamente a la habitación decidida y fue entonces cuando lo descubrió: su bebé ya no estaba.

La rabia la cegó y la furia invadió su cuerpo mientras miraba un rastro de huellas de lodo regado por el piso. La madre sonrió complacida, pues no sería la única que partiría al infierno. Antes de morir, haría su último trabajo. Sabiendo que no estaba sola, miró con desagrado el arma en su mano porque quería que su víctima sufriera aún más. Así que guardó el arma y se dirigió al estante donde escogió un nuevo juguete: se trataba de un machete oxidado, al que miró fascinada observando su reflejo en la cuchilla. ¿Un machete oxidado?, podrán pensar. Resulta que al estar oxidado el dolor es mayor.

La mujer comenzó a recorrer los pasillos con sigilo, rozando el machete por los muebles haciendo sonar un ruido espantoso mientras las gotas de lluvia resonaban por doquier y la madera crujía conforme avanzaba.

Sara tenía miedo, suplicante le rogó al bebé que por un momento no llorara mientras se hacía bola en un pequeño cajón. De repente, el silencio reinó. Fue entonces que supo que algo andaba mal. Al asomarse por una pequeña hendidura, el terror recorrió cada parte de su ser. Tapó su boca para evitar gritar mientras miraba a la madre afuera esperando con expresión trastornada y risa siniestra.

Sus manos comenzaron a temblar. No había manera de que saliera sin ser herida. A este paso, sería asesinada de manera brutal. Siendo incapaz de defenderse, justo cuando la madre estiró su mano buscando abrir la pequeña puerta que las separaba, un gato apareció ante ella. Sus ojos grises la miraban fijamente mientras tomaba una postura dominante, como si la desafiara. Su blanco pelo estaba erizado mientras se acercaba lentamente, mostrando lo afilado de sus garras. Sus maullidos eran largos, prolongados, fuertes, parecidos a chillidos mientras mostraba hostilidad, lo afilado de sus colmillos.

La madre se sorprendió un poco, pues era la primera vez que veía a un animal tan pequeño ser capaz de infundir temor mientras alzaba su mano, buscando despedazarlo con su mortal juguete. En un momento de descuido, Adriel se arrojó a su cara clavando con fuerza sus garras en la piel de la mujer, quien manoteó con fuerza buscando derribarlo.

-¡Ahora! gritó Adriel mientras miraba a Sara salir disparada del cajón huyendo con el bebé en brazos con dirección al bosque.

La bella castaña estaba desorientada, corriendo sin rumbo mientras era perseguida por una homicida. Se encontraba cansada y justo cuando estaba a punto de colapsar, en la lejanía vio a un lobo de pelaje tan negro y ojos de fuego. Sara sonrió.

-Hermosa pesadilla, ven a mí- gritó- esta noche te daré tu última misión. Muéstrame el camino, llévame a casa, por favor.

El lobo la miró un momento para después conducirla a través del tempestuoso bosque. De repente, Sara sintió que alguien la observaba. Y justo cuando se preparaba para escapar, sintió un fuerte agarre en su brazo. Sara volteó sobresaltada para encontrarse con el rostro sorprendido del detective.

-¿Qué demonios pasa? ¿Cómo has llegado hasta aquí? - preguntó intrigado el detective mientras miraba la cara de espanto de Sara.

-La madre es la asesina. Adel murió en sus manos, pretendía acabar con su vida y con la del bebé, es por eso que he venido.

-¿Quién demonios eres, Sara Aravena? ¿Y qué conexión tienes con esta mujer?

-Me temo, detective, que no puedo responderle sin que me tome por loca, pero en este momento lo más importante es capturar a la fugitiva - exclamaba Sara. De repente, un disparo robó su atención, pues la homicida había disparado el revólver, acertando un disparo en el hombro del hombre de rubios cabellos.

El detective se desplomó herido, mientras Sara retrocedía lentamente. De pronto, Adriel salió de las penumbras, y tras de él, cientos de serpientes. La mujer entró en pánico, disparó su arma hasta quedarse sin balas, mientras era envuelta por tan letales reptiles, los cuales clavaban sus colmillos inyectando veneno, haciéndola agonizar hasta alcanzar la muerte.

Los ojos del detective se abrieron sobresaltados ante la escena ante sus ojos, para posteriormente ver a las serpientes partir.

-¡Bien hecho, Adriel! Sabía que podía contar contigo.

-Por supuesto, soy realmente confiable - exclamó con orgullo el joven de ojos ceniza- aunque mi trabajo sería mucho más fácil si mi protegida no saliera huyendo a la primera oportunidad.

-Lo siento mucho, seré cuidadosa la próxima vez. Pero ha valido la pena, ¿no lo crees? - exclamó Sara mientras miraba al bebé dormido en sus brazos.

-Por supuesto, cada momento.

El detective aún no podía superar la impresión mientras observaba a una joven y un gato conversar. No había duda de que el exceso de trabajo le estaba volviendo loco. Momentos después, ya estaban en el auto, mientras llamaba a los forenses. Sara se sentía débil y luego le entregó al bebé.

-Es importante que nadie sepa que estuve aquí, le dijo al detective.

- ¿Qué se supone que diga en el reporte?, exclamó el hombre de cabellos rubios.

- Que la información te fue dada por un informante, le decía mientras acariciaba el pelaje del lobo en sus pies. Es por tu bien, así evitarás que te tomen por un desquiciado, sonrió.

- Bien, si voy a cubrirte, al menos merezco saber la verdad, ¿no lo crees?

- Desde que nací, mis ojos son especiales. En ciertos momentos, se vuelven cambiantes y son capaces de ver cosas que normalmente son invisibles a la vista. La razón por la que descubrí el cadáver fue porque su alma me condujo a él. Adel, después de muerto, seguía velando por el bienestar de su hermano. Pero como verás, no soy tan fuerte, es por eso que pedí tu ayuda. El lobo fue enviado por mí. Mis abuelos no saben de esto, es por eso que es de vital importancia que se mantenga en secreto.

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