Adriel.

Después de muerta, Bernal tomó de la mano a su alma y se la llevó consigo. A ella se le negó el derecho a cruzar el río de la expiación y a tener un juicio, ya que aquellos que se quitan la vida son enviados al infierno.

Mientras tanto, en el reino de los cielos, Adriel, su pequeño hermano, se desenvolvía cada vez mejor. Era fuerte, inteligente y aguerrido, tanto que llamó la atención de la diosa de la vida para ser el guardián de Kaia, su hija y sucesora. Cada mil años, los jinetes eran sucedidos y se les asignaba un guardián. Adriel sería el guardián de Kaia, la siguiente diosa de la vida. Adriel estaba feliz porque al entrar al cielo, sus recuerdos habían sido borrados. Sin embargo, Liam, un ángel soberbio, le tendió una trampa. No creía que este niño le hubiera superado, así que se infiltró en el recinto de la diosa para robar los recuerdos de Adriel y devolvérselos junto con una visión que mostraba el paradero de Amelia. Esa noche, Adriel huyó del castillo, rompió la barrera y bajó al infierno en busca del alma de su hermana. Cuando llegó, ella no estaba sola, estaba siendo atormentada por demonios. Adriel luchó por mucho tiempo y al final logró romper las cadenas que sujetaban a su hermana para luego cargarla en brazos.

-¡Adriel, vete! Este no es lugar para ti. ¿Por qué has bajado? ¡Yo estaba feliz! ¡Estaba feliz de verte en el cielo! Feliz de que hubieras olvidado todo el martirio, tanta crueldad. ¡Feliz de verte sano! No solo caminando, sino surcando los cielos.

-Adriel, por favor, debes volver. Si vuelves ahora, puede que te perdonen. No quiero arruinar tu hermoso destino, no por segunda vez -decía Amelia con lágrimas en los ojos.

-¿De qué estás hablando? Tú nunca arruinaste nada. Te sacrificaste de más de una manera para que yo estuviera bien. Siempre pusiste mi bienestar primero que el tuyo. Tomaste un trabajo horrendo para poder sobrevivir. Todo lo hiciste por amor. ¿Cómo pretendes que lo olvide todo y te deje en este tormento? Amelia, ¡no lo mereces! Así que por favor, toma mi mano y volvamos juntos. Ahora es tu turno. Ahora eres tú quien merece ser feliz -decía mientras tomaba sus manos y se elevaba hasta el cielo.

Liam, quien lo había observado todo, se sintió temeroso, pues si Adriel regresaba, su pecado sería expuesto, así que bajó con espada en mano y lo retó cobardemente a un duelo, aunque sabía que el joven ante sus ojos estaba exhausto, totalmente herido puesto que había perdido mucha sangre. El combate comenzó y en un acto traicionero, Liam atacó por la espalda, clavando su espada en el cuerpo atormentado de su oponente. Adriel gritó de dolor, mientras sentía cómo sus hermosas y blancas alas eran arrancadas de su espalda, haciendo que se desmayara.

Cuando despertó, sintió un dolor insoportable, pues había sido mutilado, su hermana, había sido devuelta al infierno. Pues no se encontraba en el reino celestial, tampoco en el infierno, sino en la brecha entre los dos, los dominios del jinete de la muerte.

Afligido, comenzó a vagar sin rumbo, pero cierto día, un rumor se extendió por los confines de las tierras de la muerte. Bernal, había hecho una convocatoria a todos los guerreros del reino, en busca de un sucesor. Adriel, al escuchar el rumor, se llenó de esperanza, ya que si obtenía la reliquia de la muerte, podría recatar a su hermana del infierno.

Cuando Adriel se presentó al campo de batalla, derroto fácilmente a todos sus oponentes, quedando como ganador del torneo. Cuando fue anunciado vencedor, se percató de que estaba compitiendo no por la reliquia, sino para ser el guardián, del heredero del trono de la muerte. Adriel se sintió impotente, sus emociones lo cegaron y en cuestión de segundos coloco una daga en el cuello de Bernal. El señor, de ojos color rubí, sonrió divertido, pues creía que era realmente cómico, que semejante basura, creyera que él, un dios, caería con semejante acción.

Bernal lo tomo como quien toma a un trapo viejo, y lo lanzo al campo de batalla, ordenando a sus súbditos masacrar al joven de cabello blanco. En ese momento, ante las miradas expectantes de todos, apareció Sara, Bernal sonrió complacido, pues no esperaba que su hija apareciera como candidata en su torneo.

Sara se colocó en frente de Adriel, e invoco a innumerables pesadillas de fieras de enorme tamaño, con garras y dientes, que en pocos segundos habrían arrasado con todos sus oponentes.

De repente, ante la conmoción, se escucharon las trompetas celestiales, pues Kaia la sucesora de la diosa de la vida, había llegado. Pues planeaba llevarse a Adriel, y aprisionarlo, pues el joven, de ojos de color ceniza, había irrumpido en las tierras prohibidas del infierno y había intentado liberar a un espectro. Kaia, no venía sola, traía consigo a diez hermosos arcángeles, con hermosas alas tan blancas como la seda, y entre ellos venía Liam, quien lo había delatado. Los ojos de Adriel lo miraron con furia, mientras los arcángeles caminaban lentamente buscando someterlo, Sara invoco pesadillas, pero Kaia, con un soplo de polvos, las disolvió, hasta dejarlas en la nada.

La niña, de castaños cabellos, se sintió angustiada, y en su interior, escucho a una amable voz, que en susurros la llamaba. Fue entonces que lo comprendió, siendo humana podía invocar a un alma para que la poseyera, por lo que grito con fuerza el nombre del espectro de Amelia.

Amelia apareció en el campo de batalla, imponente, poderosa, pues la sangre de Sara, la había fortalecido, los ojos de Adriel se conmovieron al ver a su hermana. Al poseerla, de sus manos salieron pequeñas cadenas tan negras y tempestuosas, pues Amelia, había traído consigo, las cadenas que la aprisionaban en el infierno, pues de tanto que se regeneró, las cadenas se habían fundido con su carne.

Las cadenas de Amelia, sometían a los arcángeles, mientras que Adriel combatía con Liam.

Kaia, al ver que estaba perdiendo lanzo una flecha que atravesó a Sara, Sara salió ilesa, pero Amelia agonizaba con una herida mortal, al verla herida, la niña de ojos de color rubí se humedecieron por las lágrimas.

- ¡Amelia, perdóname!, si tan solo yo no te hubiera llamado tu alma, no estaría muriendo - exclamaba Sara con tristeza - si tuviera un deseo que me concediera un milagro, sin duda pediría que tu alma reencarnará, que todo lo que te robaron se te fuera devuelto, pues tú más que nadie, mereces ser feliz.

Una lágrima cayó por sus mejillas, y al tocar el alma de Amelia, esta se transformó en hermoso polvo dorado, que una ráfaga de viento sutilmente se llevó, los ojos de los espectadores estaban asombrados, incluso Bernal estaba con la boca abierta, pues Sara sin saber, había mandado el alma de Amelia al mundo humano, para que ella pudiera trascender.

Amelia se sentía feliz, aunque no tenía recuerdos, se paseaba plácidamente por un hospital en donde una mujer, acababa de saber que estaba embarazada, sigilosamente se fundió en su vientre y el hermoso polvo, poco a poco se empezó a moldear, en un pequeño cuerpo, con lindas manitas y lindos piecitos, la beba aunque sin recuerdos derramo una lágrima y sin saber por qué, de sus labios salió una palabra que no conocía, llamada, gracias, para después quedarse dormida.

Kaia sé lleno asombro e incertidumbre, pues, solo los sucesores de la vida podían hacer que las almas trascendieron, por lo que, ahora, su visita tenía un nuevo objetivo y era Sara.

Los arcángeles soltaron a Adriel y se abalanzaron a Sara, quien se sentía sumamente débil, pues agotado casi todo su fuerza vital, por lo que solo tenía una carta que jugar, y eso consistía en utilizar al joven de ojos ceniza como su guardián. Por lo que con lo último que le quedaba le formo unas hermosas alas, pero no eran alas blancas, pues ella solo podía crear vividas pesadillas, por lo que las alas ante sus ojos eran tan negras como el carbón, grandes, tan bellas, como las alas de un cuervo.

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