Ático.

Ala mañana siguiente Sara se levantó un poco cansada, pues eso de viajar por el mundo espiritual consumía mucha energía, por suerte era sábado así que pudo dormir un poco más de lo habitual, aunque el ajetreo y los gritos la hicieron incorporarse rápidamente, esa mañana su padre, o el que creía que lo era, se presentó desde muy temprano en casa de su abuelo, llevaba un sobre amarillo entre sus manos, el cual contenía un documento en el que decía explícitamente que ya no pasaría pensión alimenticia a Sara, puesto que ella no era su hija, en ese momento al cruzar la puerta Sara pudo ver a su abuelo realmente furioso, apretaba los puños con fuerza, tenía el ceño fruncido, y el rostro rojo tan rojo como un tomate a causa de la furia, pues no solo dejaría de pasar dinero a su casa, sino que retiraría su apellido de Sara, dejando al descubierto la vergüenza de Elena.

Cesar había esperado tanto y ahora por fin era el momento, pues desde que se casó con Elena no había podido pensar en otra cosa que en deshacerse de su hijastra, tal vez si hubiera nacido con algún parecido a Elena le hubiera tomado un poco de cariño, pero a muy a su pesar, era la viva imagen de aquel que la había hecho bastarda, y eso le hacía hervir la sangre, pues miraba a Elena reconfortarse con su preciada hija como si al verla recordara al hombre que una vez tanto amo.

Una vez que Sara naciera, había hecho de todo para darla en adopción, pero su madre, se opuso rotundamente y al final amenazo con separarse si algo le llegaba a pasar a su bebe, puesto que él sabía que ella no lo amaba y por lo único que estaba a su lado era por su pequeña hija.

Una vez que Cesar se marchó su abuelo la miro fríamente, aunque un poco sorprendido, puesto que su padre la había rechazado, esta no mostraba ninguna reacción de tristeza, sino que se mostraba en calma, sería que su madre en un momento de debilidad se lo habría confesado.

- Sara, como veraz tu padre, o mejor dicho Cesar, a partir de hoy dejara de apoyarnos económicamente y como sabrás el techo que se te brinda cuesta, al igual que lo que comes, a partir de hoy dormirás en el ático, se te brindara alimento por supuesto, pero deberás costearlo con trabajo, todos los días al llegar de la escuela trabajaras conmigo el campo y de ahí se te proporcionara lo correspondiente para los gastos escolares que tendrás a partir de hoy.

- o bien puedes dejar la escuela y quedarte conmigo a ayudarme a los deberes de la casa y así evitarías un trabajo tan pesado como lo es el cultivo - rio maliciosamente su abuela.

- gracias abuela, pero me temo que debo rechazar tu oferta, puesto que, no es muy provechosa para mí, y gracias abuelo, en unos momentos acondicionaré el ático para mudarme inmediatamente, siento que estar a solas, me vendrá bien, y en cuanto al trabajo, estoy a tu servicio, prometo esforzarme - exclamo Sara con una sonrisa.

Su abuela la miro disgustada, pues esperaba el verla llorar, como podía ser esta mocosa tan arrogante.

Una vez que Sara se encontraba a solas, se sentó de rodillas mientras enormes gotas cristalinas brotaban de sus ojos como un manantial, por supuesto que le dolía, el hombre que tanto había amado, a quien tanto había admirado, solo buscaba deshacerse de ella, su encantadora madre quien siempre se miraba feliz no era más que una triste prisionera, al lado de un hombre al que no amaba y que constantemente abusaba de ella, estaba lejos de sus hermanos, en casa de unos viejos que no la querían y que muy poco había visto, sentía que su mundo se desmoronaba poco a poco, pero no, no les iba a dar el gusto de verla llorar, no demostraría debilidad a esos que esperaban verla rota, así que como pudo se tragó sus lágrimas, y levanto la mirada, ergio su pecho con orgullo, puesto que su padre no la quisiera, era la digna hija de su madre y todos aquellos que en esos momentos le daban la espalda, en un futuro estarían a sus pies.

Así que seco sus lágrimas y sonrió, si veía el lado positivo, ahora no tendría que compartir habitación con sus abuelos, ahora tenía una propia, con una gran y hermosa ventana de cristales de colores, si bien ahora el ático estaba lleno de costales de pastura, al moverla dejaría un lugar espacioso, donde colocaría su cama y confeccionaría un closet, y lo llenaría con la hermosa ropa que en vida su madre le había comprado, sería su propio espacio, su lugar secreto, su guarida, su hogar.

Aunque solo fuera por poco tiempo, pues su abuelo le había dejado claro que solo podría acogerla hasta julio de sus 18 primaveras, pues siendo mayor de edad esta debía dejar su casa.

A la mañana siguiente se levantó muy temprano con los primeros rayos del sol, su abuelo ya la estaba esperando, puesto que, hoy sería su primer día de trabajo y debía acompañarlo al campo, ya que debían acomodar los postes que rodeaban la parcela para que los animales no se comieran el cultivo, cuando este se sembrara.

La mañana era preciosa, tan fresca, el aire que se respiraba era tan puro, y por doquier había árboles, sobre todo sauces, con troncos gruesos, hojas delgadas de precioso color verde manzana, al verlos, no podía evitar recordar a su madre, pues creía que los sauces eran realmente fuertes, incluso más fuertes que los robles, ya que estos bailaban en la tempestad de una tormenta, mientras que los otros por ser tan duros, se rompían. También había pirules, de color verde esmeralda con pequeñas semillas de color rojizo que colgaban alegremente como si le adornaran, había pasto, pero no como el césped de las casas en verano, este era diferente, era alto y rebelde, cubierto de flores silvestres de todos colores que parecían bailar con el viento, cada vez que este soplaba, también había un río, con agua tan azul que se podían ver los peces nadando en ella y un pequeño puente de madera de tan solo medio metro que su abuelo había improvisado meses antes para poder cruzar, si esta era la vista del trabajo tan horrendo que describía la abuela, no podía estar tan mal, ¿verdad?.

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Comments

Blanca Montero Angulo

Blanca Montero Angulo

vieja infeliz 😡 😒.

2023-06-12

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