Helado.

Al día siguiente, al entrar al salón, Ariana comenzó a burlarse de Sara, puesto que esta, tenía la cara tan roja como un tomate, pues el día anterior le había ido muy mal, debido a que no había llevado la ropa adecuada al acompañar a su abuelo y este no se molestó en indicarle como debía vestirse para trabajar la tierra, por lo que termino con la piel roja a causa de la exposición al sol.

Sara solo se limitó a ignorarla, pues estaba tan cansada que el solo mover una pequeña parte de su cuerpo le causaba un gran dolor, tenía sueño, y le pesaban los pies al caminar, ¿cómo podía soportar su abuelo semejante tortura a los 60 años de edad?, era un misterio aun sin responder, por lo que en ese momento no se permitía gastar ni un poco de su energía en una chica tan molesta como lo era Ariana, quien al sentirse ignorada se comenzó a enfurecer.

Por su parte, Lucas miraba con curiosidad, los pequeños y enrojecidos cortes en las manos antes tan lindas de Sara, las clases trascurrieron rápidamente, para luego dar paso al descanso, Sara se limitó a mirar con anhelo los deliciosos postres del comedor, puesto que, sin la mesada de Cesar no tenía ni un centavo y sus abuelos tampoco le daban dinero, solo se podía conformar con un pequeño lonche conformado de acelgas, con una botella de agua, pero bueno, era mejor que nada.

Una vez que termino de comer se dispuso a explorar la hermosa biblioteca, ya que como era recién llegada aún no tenía amigas y las pocas chicas alas que hubieran podido agradar la odiaban por reprender al malcriado de Lucas.

La biblioteca estaba pintada de un pintoresco tono turquesa, sin duda, la directora tenía gustos un poco fuera de lo normal, se acercó lentamente a los estantes de madera y paso suavemente su mano por la repisa de madera de color caoba, en la que se encontraban hileras de libros de todos colores, había historias de dramas, misterios, tenebrosas historias de terror, y romances adolescentes, sin duda, quien los había escogido aún tenía corazón de colegiala, Sara al pensar esto no pudo evitar reír mientras tomaba un libro del estante.

- valla, señorita malhumorada, desconocía que podía reír- exclamo Lucas, que hacía unos momentos estaba parado en la puerta.

- no sabías que espiar es de mala educación- exclamo Sara.

- disculpa, no sabía que la biblioteca era de tu pertenencia, y por cierto que haces aquí, es muy raro verte sola.

-y con quien se supone que este, si las niñas me odian debido al incidente de la semana pasada con el libro que tomaste - argumento Sara con molestia.

-Lo siento... - Respondió Lucas con culpa.

- un lo siento, no basta, esta es la primera vez que asisto a una escuela después de años de estudiar en casa, y realmente estaba emocionada por poder coincidir con chicas de mi edad y ahora está arruinado -exclamo Sara.

Lucas suspiró un poco, lidiar con esta chica era realmente complicado.

- y bien, ¿qué es lo que lees?- pregunto Lucas, curioso por el libro que Sara había tomado.

- aún no lo sé, creo que es de misterio, estas historias son lo mejor.

- sí parece bueno- dijo Lucas mientras lo tomaba en sus manos, y bien que te ha pasado en el rostro, ¿acaso has ido a la playa?

- no, si hubiera sido eso estaría realmente feliz, y no tendría dolor por todo el cuerpo, lo que pasa es que mis abuelos son agricultores y debido a que se acerca la temporada de cultivo les estoy ayudando en el campo.

- eso explica los cortes de tus manos, porque no usas guantes, eso cuidaría tus manos, sería una pena que se maltrataran siendo tan lindas.

- por lo pronto no tengo dinero, pero es buena idea, lo tomaré en cuenta.

- si quieres puedo traerte los de mi hermana, ambas tienen manos pequeñas, creo que te podrían quedar - sugirió Lucas.

- no me digas que tu hermana es agricultora - dijo sonriendo Sara.

- no, pero ama la jardinería y creo que tiene un par extra que ya no utiliza.

- muchas gracias, realmente me ayudarían mucho - exclamo Sara alegremente.

-por cierto, esto es para ti - le dijo Lucas mientras ponía en sus manos un helado de chocolate.

- pero porque- exclamo Sara sorprendida.

- por compartir tu libro la semana pasada y ayudarme con la lección, realmente eres buena explicando, además, lo mirabas tanto hace unos momentos que parecía que ibas a babear- bromeó Lucas.

- gracias.

Sara se sentó en una de las mesitas y comenzó a saborear el helado, realmente parecía una niña, lo que hizo sonreír a Lucas, y si bien la miraba de cercas era una chica realmente linda, con sus preciosos ojos almendrados, color marrón, su cabellera castaña que corría por su espalda, sus labios carnosos, sutilmente rosados, el aroma de su perfume, lo tersa de su piel, hasta sus pequeñas pecas le parecían adorables, Lucas al percatarse de sus pensamientos volteo la mirada, pues no quería que Sara se percatara del rubor de su cara.

Mientras tanto, en el mundo espiritual, Bernal, el jinete de la muerte había mandado una convocatoria a los guerreros más fuertes con intención de seleccionar a uno de ellos, la noticia se extendió como pólvora, pues ante la eminente fecha de la presentación de los reclutas de los 4 jinetes, muchos pensaron que el jinete de la muerte buscaba a un sucesor.

Muchos guerreros se presentaron, y no solo guerreros, también demonios, ángeles, y uno que otro espectro, el combate se llevó a cabo en las tierras prohibías, donde la obscuridad reinaba y solo un camino de antorchas iluminaba el camino, el suelo era tan negro como el carbón, los árboles estaban muertos, sus ramas yacían secas sin ningún vestigio de color, sin ninguna hoja que los adornara.

Bernal calificaba los combates, en inteligencia, fuerza, y astucia, pues buscaba a alguien lo suficientemente fuerte como para resguardar la vida, y listo para solucionar cualquier problema que se le presentara, aunque si me preguntan también debió poner en su lista de requisitos a un guerrero que tuviera corazón...

Él observaba desde las alturas como amo y señor, sentado en un trono tan negro como la noche, con decenas de cráneos que adornaban el recinto, de repente entre las filas salió un joven que instintivamente llamo su atención, se trataba de un ángel caído, al que le habían arrancado las alas, tenía el cabello blanco como la luna, la piel pálida y fría como la nieve, de sus delgadas manos salían filosas y negras garras, de sus labios brotaban pequeñas gotas de sangre, y sus ojos grises, miraban embravecidos cualquier cosa que se cruzara, desatando su furia, destruyendo a cualquier oponentente con una fuerza abrumadora.

Ante una entrada tan llamativa, Bernal se puso de pie un momento aplaudiendo complacido.

- Elena, querida, creo que lo hemos encontrado, es perfecto - exclamo Bernal.

- no lo sé cariño, me preocupa un poco, ¿no crees que es un poco agresivo? -exclamo Elena con preocupación.

- un poco, sí, no te lo voy a negar, pero es algo con lo que mi niña puede lidiar, al final de cuentas es hija de la muerte, y un demonio o dos son cosas que deberá aprender a manejar, después de todo será su mascota.

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Elizabeth Sánchez Herrera

Elizabeth Sánchez Herrera

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2023-02-15

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