Llegamos a su PH y siento mis manos sudar. Él se dirige al mini bar que tiene en su sala y se sirve un trago para vaciar la copa de un solo trago. Nuevamente se sirve otro y me mira antes de empinarlo.
—Me vuelves loco —espeta señalándome con la copa vacía—. ¿Ya te lo había dicho? —resoplo y me siento en el sillón que tengo cerca.
Cruzo mis piernas para no empezar a moverlas en un tic nervioso. Lo veo moverse de un lado a otro mientras se despoja de ese saco que marca su musculatura. Muerdo mis labios al imaginarme trepando sobre su espalda. Es tan amplia que creo que podría dormir en ella sin ningún tipo de problema.
Los músculos de sus brazos se hacen notar con cada movimiento y eso que no está ejerciendo ningún tipo de fuerza. Completa la tarea dejando a un lado el saco sobre una silla y prosigue a desprender los botones de las mangas de su camisa y la enrosca hasta los codos.
También afloja dos botones del cuello y me mira como si fuera la que provoca su asfixia.
—No sé qué tiene planeado decirme, pero creo que hasta aquí llego el rato alocado que teníamos —dictamino y veo como su mandíbula se contrae.
—¡No! —sentencia y brinco en mi jugar ya que de un solo paso lo tengo en frente de mi—. Te necesito a mi lado a como dé lugar.
De mi boca escapa una risa histérica. Definitivamente este hombre se ha vuelto completamente loco.
—Sea sincero ¿Para qué me necesita? Esta más que claro que disfruta de sus encuentros sexuales con esas mujeres —digo poniéndome de pie, llevando mis manos a mi cadera. El retrocede por mi acción—. Es más, en ese almuerzo estoy más que segura que habrían terminado teniendo sexo en algún lugar de ese restorán sin que yo tenga que interferir de alguna manera y la verdad ya no le encuentro sentido a todo esto, usted no me necesita —digo acercándome más a el—. Usted lo que quiere lograr con todo esto es que yo le ruegue, me tire a sus pies y haga de zorrita —apuntándolo con unos de mis finos dedos toco ese pecho duro que me hace temblar, pero con el enojo que cargo lo disimulo muy bien—, pero le puedo asegurar que antes de llegar hacer algo así yo solita me meto un tiro entre ceja.
Su mirada de asombro cambia en menos de un minuto al escucharme decir todo eso y suelta una carcajada que me hace retroceder.
—¿Tanto se cree? —dice y nuevamente rompe a reír—. Debería experimentar un poco lo que es para saber que se siente ser observado al tener sexo con alguien, pero estoy más que seguro que su mente fantasiosa le dice que el sexo es solo para las parejas felices, para demostrar el amor cuando solo se trata de una necesidad, necesidad que como usted bien sabe la puedo conseguir a la vuelta de la esquina y sí, es cierto que no la necesito, pero me gusta el morbo. Verla con su mente mojigata como se retuerce al sentir el placer que recorre su ser de solo mirar me llena de satisfacción —camina hacia su mini bar y se sirve nuevamente otra copa—. Aunque me cuesta admitir en una cosa si ha acertado —dice mirándome a los ojos para luego beber ese trago que se sirvió— y es que me encantaría verla arrastrase por mí, rogando que le haga todo lo que le hago a esas mujeres que solo obtienen de mi más que placer, pero ahora comprendo que eso no va a suceder no por su orgullo de mujer romántica sino porque es una frígida que se cree mucho cuando en realidad no es nadie.
Me quedo atonía ante esas palabras escupidas con bronca, pero lo que más odio me causo de todo su monologo maldito y carente de realidad es que me crea una frígida. Lo miro y dibujo una sonrisa gatuna que lo confunde de manera simultánea.
—¿Conque frígida? ¿E..? —murmuro y me acerco a él como si se tratara de una presa lista para ser atacada— Ya verás lo frígida que soy...
Por un momento un brillo cruzo en sus ojos, pero ni que crea que hare lo que él cree. Pasando por su lado, sintiéndome en mi casa, me adentro a su PH dirigiéndome a esa habitación que ya conozca de derecho y del revés. Busco con la mirada lo que necesito y ya con ellos vuelvo al salón donde sigue parado donde lo deje.
Me paro frente a él y de inmediato me saco el vestido quedando solo en ropa interior. Su mirada se dirige a mi pecho y luego me recorre entera, su mirada se oscurece aún más.
Me volteo y me dirijo al sofá donde anteriormente me encontraba sentada y olvidándome de quien soy le demuestro lo frígida que soy, utilizando esos juguetes que el dejaba a mi disposición y que nunca utilice solo porque me da vergüenza, pero como el anteriormente lo dijo el sexo es una necesidad y pienso satisfacer la mía muy en frente de el para demostrarle que la nadie según él puede obtener de él lo que él quiere de mí.
Porque si, ahora el que me va a rogar va a ser el, no yo.
Entrando en un estado de lujuria inter dimensional, porque sé que después de esto no lo podré ver a la cara y estoy más que segura que plantare mi renuncia muy temprano en la mañana, utilizo todos esos juguetes volviéndome loca, jadeando con desespero, haciendo cosas que nunca me imagine hacer en frente de otro ser.
Estaba tan metida en mi delirio que cuando él se acercó a mi para tomar mis manos y detener mis movimientos casi grito del susto más de frustración. La excitación corría por mi piel y termine haciendo lo que él quería, rogar.
—Hazlo —solo dije, sabiendo que me arrepentiría y más cuando lo veo dibujar esa sonrisa perversa en su cara.
—No solo te tragaras tus palabras, Afrodita —dice mientras libera la bestia que habita en su pantalón— Te dejare tan rota que no te olvidaras nunca de mí.
Promete y de una sola estocada quita todo el aire que habitaba en mis pulmones.
—¡Te odio idiota! —gimo cuando jala fuertemente mi cabello y sigue arremetiendo contra mi cuerpo causando más delirio del que ya llevo en estas cuatro horas.
Si cuatro horas de no para. No sé de dónde saco fuerzas a esta altura, solo sé que lo necesito. Esa maldita mole es como una droga, solo que con forma de montaña.
Mi deseo de explorar su cuerpo, su espalda, sus brazos la llevo clavada en mi retina. Sus brazos fuertes tomando mi cintura, su cuerpo debajo de mi mientras me convierto en una baquera, su espalda que lleva grabada los dibujos trazados por mis uñas. Todo un monumento que puedo asegurar me está encantado recorrer, pero que odio de igual manera por haber caído en su red.
—Tu odio alimenta mis ganas, Afrodita —me saca de mi posición, manejándome a su antojo y nuevamente me tiene sobre él.
Sus manos abarcan todo mi cuerpo y es divino ver el contrate de su piel con la mía. Me rompe en pedazos nuevamente, pero no me deja tomar respiro y sigue con su hazaña.
Las horas pasan y parece que esto no tiene fin, el me grita, me muerde, jala mi cabello y me insulta. Lo mismo hago yo y lo único que logramos es incrementar las llamas que habitan en nuestros cuerpos.
Pasada la medianoche, transpirada, cansada, hambrienta y con dolores inimaginables me quedo tendida en la alfombra de la sala, encontrándola de lo más cómoda.
Miro a mi lado, no puedo creer como esa mole pudo hacer todo eso que me hizo. En las horas que llevamos aquí me ha llevado al cielo tanto como al infierno y más que arrepentida estoy sedienta.
El me mira y veo su mirada triunfadora. Sin mediar palabras me levanto como puedo y me coloco el vestido que llevaba puesto desde esta mañana.
No solamente estoy sintiendo la vergüenza recorrer mi cuerpo, sino también la certeza de que sus palabras se cumplirán porque ya me siento más que rota.
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Comments
Iris Camacho Ortiz
Que tonta hasta flojera me da esta historia de que se humille tanto y caiga en su juego como tonta.
2025-01-29
0
CARMEN GARCIA
y ahora cm penita 🤭🤭🤭🤭
2024-10-06
0
Adriana Giovachini
No me gustó que calentona tonta que dejó joder,,, el tenía que rogarte tontita...
2024-04-22
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