arrasada por una montaña

No debería si quiera pensar en lo que acaba de pasar y en el hecho de que sin lugar a dudas y lejos de cualquier perspectiva, ha sido el mejor oral que me hayan dado en mucho tiempo.

Si, me encuentro ahora agitada, mirando el techo de esta habitación que nada tiene que ver con la otra, sola porque luego de semejante maestría en la que me dejo temblando de pies a cabeza salió del cuarto dejándome como estoy agitada y debo admitir que confundida.

Recupero el aliento y me levanto de esta cama a duras penas ya que un cansancio invadió mi cuerpo de forma inesperada. Me dirijo al baño y la vista de una enorme tina me invita a que me adentre a ella.

Sin siquiera pensar en lo que hago, me quito el minúsculo vestido que llevo y lleno la tina para sumergirme en él.

Veo sobre el muble recipientes con diferentes sales aromáticas y luego de una breve impacción me decido por una de coco y vainilla. La tomo y esparzo un poco en el interior de la tina que al estar llenándose en poco tiempo las burbujas se hacen presentes.

En los armarios que hay en este baño que parece el cuarto de mi departamento, encuentro mullidas toallas blancas que dejo sobre el mueble al alcance de mi mano.

Me acerco a la tina y sierro la canilla y tomándome de una agarradera introduzco un pie para luego meter el otro. Me acomodo y suspiro, esto es relajante.

—Veo que ya te sientes como en tu casa —escucho la voz ronca de la mole cerca de mí.

—Mmm... un baño no se le niega a nadie —murmuro algo somnolienta.

—¿Con eso me dices que si voy a tu departamento me dejaras tomar una ducha? —pregunta y abro mis ojos para mirarlo.

—¿Acaso tu no haces de mi lo que se te antoja? —respondo con una pregunta. Lo veo acercarse y estando a mi altura se acuclilla sin dejar de verme, una de sus poderosas manos se sumerge en la espumosa agua que me rodean y rosa mi rodilla logrando que me paralice.

—Créeme cuando te digo que si hiciera de ti lo que se me antoja no estarías de espectadora —dejo de respirar cuando su mano llega hasta el nacimiento de mi muslo, pero la retira.

—¿Entonces porque hiciste ese trato conmigo? —pregunto tratando de entenderlo, no es que me tirare a sus brazos, pero quiero saber que pretende, aunque la respuesta es más que clara.

—Porque es la única manera en la que te tendré para mi —dice de espalda a mi dejándome más confundida que antes.

Sale del cuarto dejándome con la interrogante en mi mente. ¿Será que siente algo por mí? No, eso no puede ser cuando estoy más que enterada que le encanta fallarse hasta la sombra. Debe ser otra cosa.

Mi relajación es tal que casi me quedo dormida. Al salir del agua, no tengo fuerzas ni para caminar. Por lo que tomo las toallas para envolverme con ellas y casi arrastrándome me dirijo a esa cama que me pide a grito que la ocupe.

La suavidad de las sábanas me envuelve y no hace falta de mucho para quedarme completamente dormida.

—Señorita Diaz... —siento que alguien me llama con una voz tan arrulladora que me hace pensar que estoy soñando—. Señorita Diaz, despierte.

—Mmm... —murmuro adormilada tratando de descubrir de quien es esa vos suave.

—Señorita Diaz, el Señor Sebastián la espera para desayunar —al escuchar eso, mis ojos se abre de un solo movimiento y me encuentro con la mirada de una señora mayor que me sonríe cálidamente.

—E.... ¿Enseguida voy?... —trato de encajar mi mente y recordar donde estoy para saltar de la cama al comprender que me quede dormida en el PH de mi jefe—. Mierda —me incorporo para notar que llevo puesta una remera que las mangas llegan a mis manos.

—El señor pidió ropa para usted —dice la encantadora mujer señalando un paquete en la esquina de la enorme cama en la que me quede completamente dormida.

—Gracias, enseguida voy —murmuro murta de vergüenza, seguro que piensa que soy una de esas fulanas que visitan seguido al señor Grande.

La mujer me deja sola en la habitación y rápidamente salgo de la mullida cama para verme la remera que llevo puesta y reír al percatarme que debe ser del señor hago lo que se me antoja. Sonrisa que se me borra al instante en que me percato que yo no fui la que se colocó la remera, mierda.

Por si las moscas, levanto levemente la tela y me sonrojo al notar que no llevo nada debajo. Dios, que vergüenza.

Si claro ahora tengo vergüenza luego de lo que hice ante su mirada lujuriosa, que chistosita. Mi mente como siempre me reprende.

Levanto la mirada viendo las bolsas en la orilla de la cama y me acerco para ver el contenido. En el interior de una hay ropa interior de encaje color blanco. Tan delicado el diseño que me da pena usarlo. Pero a falta de pan buenas son las tortas, por lo que no me queda de otra que colocarme semejante pastel.

Me veo en el espejo y noto que el sostén realza mis pechos. Sin duda una buena elección de lencería. Eso me hace querer saber que contiene las demás bolsas. Tomo una y me encuentro con una caja de zapatos. La abro y me quedo anonadada al ver semejante tacones que ni en años luz podría comprar.

Como niña en dulcería, los tomo y me los coloco notando que me calzan perfecto. Son una maravilla de creación. Casi me siento la querida del jefe. ¿Acaso lo seré?

Barro ese pensamiento de mi mente antes de que me vuelva loca y tomo la última bolsa para sacar de su interior un vestido como los que suelo utilizar para trabajar, pero este tiene más escote. La falda es acampanada. Realizado en una hermosa tela liviana de color crudo tirando a beige. Me lo coloco notando que nuevamente acertaron en la talla.

Ni yo lo puedo creer, nunca antes me había sentido tan cómoda con algo tan sencillo y a la vez delicado. No sé qué pensar, porque está más que claro que esa mole tiene una clara idea de todas mis medidas.

Sin tener con que maquillarme ya que no me encuentro en mi departamento, voy a baño y solo arreglo mi cabello, en la oficina tengo en mi neceser del baño maquillaje por lo que no me quedara de otra que maquillarme una ver llegue allí.

—¡Señorita Díaz! —tiemblo al escuchar su voz.

—Aquí estoy —digo saliendo del baño, encontrándome con la mirada de la mole que me inspecciona.

—Veo que acerté en su talla —menciona.

—No quiero ni pensar como pudo acertar de manera tan conveniente —digo saliendo del cuarto del baño—. La señora menciono que me esperaba para desayunar.

—Si, por eso estoy aquí, quería ver porque se demoraba tanto —su voz suena a regaño, ruedo los ojos para no insultarlo—. Vamos que debemos llegar a la empresa temprano.

—No imagino para que —digo siguiendo sus pasos.

—No recuerdas que tenemos una junta a la hora del almuerzo y debemos estar preparados —me sorprendo al haber olvidado dicha reunión a la que debo asistir acompañando a mi querido jefe en un almuerzo.

Llegamos al comedor y la mesa esta casi cubierta con todo tipo de alimentos. Creo que se me cae la baba. Enseguida siento mi estomago rugir, notando así el vacío producto de no haber cenado la noche anterior.

Sintiéndome en casa, olvidando los modales cuando se trata de buena comida, enseguida tomo un plato y me sirvo de todo un poco bajo la atenta mirada de mi jefe.

Me chupo los dedos al probar un poco de crema chantillí y sigo llenado mi plato con cosas deliciosas. El silencio en el comedor me hace levantar la mirada para encontrarme con la sonrisa de mi jefe instalada en mí.

—Me encanta verte sonreír —digo y enseguida me sonrojo al notar que lo he dicho y no solo fue un pensamiento.

—A mí me encanta verte ser tu —dice y toma un plato para imitar mi acción, aunque en su plato solo coloca fruta.

—Veo que te cuidas mucho en la comida —señalo acomodándome en una de las tantas sillas de este enorme comedor.

—Y yo no puedo comprender donde termina toda esa comida que te metes a la boca —dice y lo miro boquiabierta.

—¿Me estas llamando gorda? —pregunto indignada. Lo veo sonreír y a partir de ahí desayunamos en completa armonía.

Él se ríe al verme comer y si no fuera porque de verdad se ve muy bien con su traje le tiraría un poco de crema solo para molestarlo.

Esta calma me recuerda el momento compartido en la playa, esas horas en la que solo éramos dos personas normales sin ese vínculo de empleada jefe.

Verlo sonreír me afloja las piernas y quisiera que dejase de ser un paran las veinticuatro horas y se comporte como ahora.

Pero sé que este momento tiene caducidad y eso llega cuando su nivel de satisfacción culmina y nuevamente necesita ser succionado.

Partimos a la empresa y llegamos como si fuéramos amigos de toda la vida, como si anoche no hubiera pasado nada entre nosotros.

Al pensar en eso, caigo en la cuenta que no tocamos ese tema y ahora la vergüenza me invade. Entramos al ascensor y lo que dura el viaje que se me hace eterno no dejo de pensar en su boca haciendo maravillas en mi cuerpo y siento que en cualquier momento voy a estallas de lo caliente que siento mis mejillas.

—Señorita Diaz —murmura y casi salto del susto al escuchar su voz, pero sobre todo al percatarme que se ha acercado tanto a mí que creo que hasta el aire que respiro mi ha robado.

—¿Sí? —pregunto conectando mis ojos con los suyos.

—Deje de pensar en lo que paso, porque eso me dará la pauta de que le ha gustado y quiere más —dice y rosa mi mejilla con su nariz, contengo la respiración— y estoy rogando que así sea.

Las puertas del ascensor se abren en nuestro piso y sale inmediatamente, dejándome casi aplastada en las paredes del ascensor. Cobro vida tomando aire que había olvidado como se hacía y salgo de ahí, caminando lentamente.

Me adentro a la oficina que ahora comparto con mi jefe y lo encuentro mirando la gran ventana con vista a la ciudad. Enseguida dejo mi celular en mi escritorio y corro al baño.

Humedezco mis mejillas que parece que el carmesí no quiere menguar y trato de calmar mi loco corazón.

No sé qué a echo esa mole de mi pero solo deseó poder escalar esa enorme montaña y llegar a ese recóndito lugar donde late su corazón y adueñarme de él. Pero sé que eso no va a pasar porque esa mole no es de una sola mujer.

Ya más calmada, miro mi reflejo y decido que un poco de maquillaje no estaría mal y sacando mi neceser del botiquín me maquillo levemente los ojos, como labial solo paso un poco de humectante que le da un poco de brillo.

Salgo del baño, pero vuelvo a entrar siendo empujada por esa enorme montaña que arrasa con mi fuerza de voluntad y toma mis labios como suyos.

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Comments

Ros Gal

Ros Gal

Este capitulo fue satisfactoriamente liberador. Gracias autora

2024-10-20

1

Sandra Mora

Sandra Mora

más enamorado...o apentontado no podría estar ajajajaja la salió el tiro por la culata me encanta , gracias 🙂 😊

2024-09-30

0

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

😅🤣😂🤣😅😅😅🤣😂😂😅🤣🤣😂😅🤣🤣😂🤣😂😂🤣😂😂🫠🫠🫠🫠

2024-08-18

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