Sus manos tallan mi cintura y su boca se adueña de cada espacio de la mía. Me siento en una nube. Mis manos cobran vida y pasando por sus enormes brazos llego a su cara. Suelta mis labios y besa mi cuello, sus manos inquietas no dejan de tocar mi piel y apretarla tanto que juro que dejara marcas.
Sus dientes muerden mi oreja y un suspiro sale de mi boca. Mis manos tratan de explorar todo su pecho, pero es inmenso, y el lugar en el que estamos es pequeño.
Nuevamente su boca busca la mía y sus manos traviesas juegan con el dobladillo de mi vestido. Siento como mis muslos son acariciados y presionados a la vez. Me levanta sin mucho esfuerzo y mis piernas se enroscan en su enorme torso.
Mi espalda choca con la pared y mis manos jalan su cabello. Lo aparto de mi boca un segundo para encontrarme con esa mirada hambrienta.
Halo su cabello para que incline su cabeza y así poder besar su cuello. Sus manos presionan mi cadera junto con las suyas y puedo sentir el calor que emana su pantalón.
Un gemido sale nuevamente de mi boca cuando sus dedos quieren ir más allá del razonamiento. Tomo aire y nuevamente lo separo de mí.
—Debemos trabajar —digo con la voz ronca por el deseo.
—Te deseo tanto... —murmura tratando de atrapar de nuevo mis labios.
—Es lo noto, pero como te dije debemos trabajar —tomando la fuerza de no sé dónde para no terminara arrancándole la ropa y sentarme sobre sus piernas y brincar como una completa ninfómana, me aparto de él.
Coloco mis pies el suelo y lo escucho gruñir, lo miro a los ojos notando la desesperación en ellos. Lo siento cariño, pero eso no va a pasar, pienso.
—Luego de esa junta tú y yo debemos hablar —dice aceptando el hecho que debemos concentrarnos y dejar actuar como unos puertos.
Salimos del baño y como si se tratara de una secuencia el trabajo entre los dos fluye de manera concisa. No sé qué pensar con lo que paso recién en ese cuarto de baño, pero lo que tengo muy seguro es que ese hombre no va a descansar hasta que logre su cometido y al parecer soy parte de ese deseo que corre por sus venas convirtiéndome, quizás, en un trofeo.
No quiero eso para mí, debo ser clara con respecto a eso. Yo no seré una más de esas fulanas a las que le gusta coger y luego pasar la página. Si quiere conmigo, deberá tomárselo en serio. De lo contrario la ciudad es grande y puedo buscar un buen trabajo en otro lado.
Cerca de la hora del almuerzo, con todo listo para la reunión que se llevaría a cabo en unos de los restoranes más prestigiosos de la ciudad, mi jefe sale de su baño, porque si esta oficina cuenta con dos baños, con su cabello peinado y con su saco puesto a la vez que el perfume que emana su escultural fisonomía, que no solo me invita a que escale, hace estragos en mi mente. Se para en frente de mí y me observa mientras yo juro que necesito un pañuelito para limpiar las babas que imaginariamente corren por la comisura de mis labios.
—¿Ya está lista? O desea seguir comiéndome con la mirada, porque yo más que dispuesto para que lo haga con esa boquita suya —dice terminando de acomodar un botón de la manga de su camisa.
—Ya quisiera que mi boquita haga cosas más que hablar —digo levantándome de mi lugar, tomo mi celular junto con las carpetas para la reunión.
—Eso no te lo niego —dice mordiendo su labio recorriendo mi cuerpo.
—Eres un descarado —digo queriéndome alejar de esa tentadora montaña que no veo las horas de poder explorar.
—Y tú eres deliciosa —dice deteniendo mi escape tomándome de la cintura, su boca roza mi oído—. Todavía siento tu sabor en mi boca —murmura acompañando sus palabras con las carisias de sus manos que buscan adentrarse por el borde de mi falda.
Con mi trasero lo empujo, sintiendo demás, y salgo caminando apresurada. Escucho su risa y sonrió. Salimos de la oficina y nos montamos en su coche donde su chofer nos lleva al dichoso restaurante donde se dará el almuerzo con una nueva clienta.
El muy descarado en todo el camino no dejo de meter sus manos en mis piernas, me la paso quitando esos enormes dedos que solo imagino haciendo una sola cosa y más de una vez trago y rezo para ser fuerte y resistir a la tentación.
Llegamos al restorán entre manotazos de mi parte y risitas de la suya que acentúan las mías. Escucharlo y verlo reír es todo un acontecimiento.
El restorán grita a lo lejos rico y no hablo de la comida porque estoy más que segura de que es un hecho de que lo que se sirve en este lugar está lejos de ser rico, debe ser un manjar o así lo amerita el costo de cada plato.
Entramos y somos guiados a una mesa donde una despampanante rubia exuberante nos recibe con una sonrisa dibujada en su rostro, más para la mole que para mí.
—¡Sebastián, querido! —dice encrespando mis sentidos—. Que grato es verte —lo saluda dejando dos besos en su mejilla, rozando sus pechos falsos con descaro.
Ignorándome olímpicamente se sientan y puedo ver como mi querido jefe, ya sueno como Briza, no hace nada para darme mi lugar. Bien. Me acomodo y suelto las carpetas llamando la atención de ambos.
—Bien, señora Brown —escupo casi con rabia, remarcando el “señora” faltando decir perra en celo, pero me contengo y doy inicio a la reunión.
En todo momento la sonrisa burlona de esa mole no abandono mi rostro y yo tenía ganas de ser Superman y quemarlo con mis rayos.
Cada vez que ese lagarto plastificado tenía que dirigirse a mí, lo hacía mirando a mi jefe y él le sonreía descaradamente mientras sus ojos se desviaban al escote de sus pechos falsos, logrando que la sangre me hierva.
Maldito hijo de puta, primero me come en su PH y luego en la oficina casi me succiona la existencia para ahora comportarse como un reverendo hijo de su difunta madre, que en paz descanse.
Nos traen el almuerzo y me quedo mirando el plato sin siquiera probar bocado, mi apetito se fue a la luna junto con mi humor. Ellos platican como viejos amantes, mientras la descarada rosa las enormes manos de la mole que no hace nada para apartarla.
Sueno patética ¿Por qué lo haría? Esta más que claro quien será su nueva presa y más que seguro que esta noche tendré que presenciar como estos dos se comen mientras yo me quedo con la ilusión de lo que paso anoche era un antes y un después. Que tonta e ilusa soy.
—Si me disculpan voy al tocador —anuncio poniéndome de pie, pero como era de esperar ninguno me presta atención y me dirijo al baño.
Hago mis necesidades y lavo mis manos. Me tomo de la batea para respirar hondo y no querer salir de este lugar como una loca psicópata a querer arrancarle las extensiones a ese maniquí falso con perfume importado.
Salgo y me dirijo nuevamente a la mesa, solo porque deje mi celular en ella. Para mi esta reunión ya termino y si estos dos quieren más tiempo, pues yo tengo trabajo que hacer.
Estoy llegando y veo como el espectro ese tiene metida una de sus piernas en las caderas de la mole, que solo sonríe mientras la mujer coqueta masajea su....
Bufo llegando a la mesa y tomo mi celular junto con las carpetas, los miro con enojo al no percatarse de mi presencia. Es como si de pronto me hubiera hecho invisible y de verdad que odio eso, más cuando el muy descarado ese que sonríe por lo que esa tipeja le hace, juro que todavía tiene mi sabor en su boca. Ja, maldito.
—Buenos días y gracias por el almuerzo —digo y volteo para salir de este lugar.
—Señorita Diaz, ¿Dónde cree que va? —escucho la sexi voz de mi jefe.
—Tengo demasiado trabajo en la oficina como para quedarme de espectadora mientras se manosean y que yo sepa el trato que tenemos usted y yo no me obliga a estar en este lugar si no es en la habitación de su PH —escupo con bronca y veo la cara de sorpresa de la pastica esa. Sí bonita piensa lo que quieras. No me quedo a esperar su respuesta y me marcho de ahí.
Maldito, no lo puedo creer. Quien se cree para actuar de esa manera. Ilusa yo que pienso que soy importante para él y que puede llegar a tener algún tipo de sentimientos por mí. Me rio de mi por tonta.
El chofer me abre el coche y entro sin abrir la boca, cuando creo que la puerta sera serrada, una sombra ocupa mi vista periférica y el aroma de ese perfume que moja mis bragas hace acto de presencia ocupando el lugar libre a mi lado.
No sé qué le dice al chofer, pero estoy tan enfadada que ni lo miro, ni miro a donde nos dirigimos, pero cuando la silueta de un edificio muy conocido últimamente por mí se refleja en mi retina lo miro boquiabierta. No puede ser que tuvo el descaro de seguir con sus planes perversos con esa mujer ahora mismo.
—Si hablan antes de entrar a mi PH lo único que sentirás al llegar será mi miembro en tu garganta —amenaza y baja del coche, abre la puerta de mi lado y me tiende su enorme mano que tomo dudosa y algo enojada.
De pronto siento unas enormes ganas de replicar.
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Comments
Iris Camacho Ortiz
Ne daría asco andar con un hombre así que se acuesta con tantas mujeres frente a mi debería buscarse a otro y pagarle con la misma moneda para que se le quite.
2025-01-29
1
Carmen Moreno
será que usa condón cuando se come a todas esas mujeres? o lo hace a rin pelao.
2024-07-16
1
GiovannaXchelMayaCejudo
definitivamente un patán...
ha pero como enamoran esa clase de hombres...
2024-04-02
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